Sigilografía TECNOL.
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Concepto y nomenclatura sigilográfica. Del griego sfragis o del latín sigillum, la Esfragística o S. es la disciplina histórica que estudia los sellos. Es un valioso auxiliar para la Historia y, en especial, para la Diplomática (v.), pues la finalidad primordial del sello fue cerrar y garantizar la integridad del texto y autentificar el documento. Presta servicios considerables a la Arqueología, Genealogía, Heráldica, a la historia de las armas, de la navegación, de la vivienda y, en fin, suministra noticias sobre el estilo de una época determinada.Entendemos por sello la impresión sobre una materia plástica de una matriz de una sustancia dura, metal o piedra, en la que se ha grabado la imagen u otros caracteres peculiares del poseedor del sello. Por lo que hace a su materia, los sellos pueden ser de cera o de metal. La cera se empleó inicialmente virgen. Para darle consistencia se mezcló después con pez. De color blanco en un principio. a partir de finales del s. XI y durante el XII se usa cera de color rojo o verde. En el s. XIII es parduzca, llegando a negra en los de las órdenes militares. Las distintas cancillerías dieron a sus sellos una especial tonalidad. Los sellos metálicos se conocen con el nombre de bullae, debido a que resultan de la opresión de una bola metálica entre dos matrices. Bramante construyó una máquina destinada a confeccionar por este procedimiento sellos metálicos para la cancillería pontificia, que habitualmente selló sus documentos con sellos metálicos; de ahí el nombre de bulas dado a los documentos más solemnes emanados de la cancillería papal. Los metálicos son generalmente sellos de plomo y, más raramente, de plata e incluso de oro. En sentido estricto, sólo a los de plomo conviene el calificativo de bullae, pues los de plata u oro han sido confeccionados mediante dos hojas muy finas, cuyo relieve se obtenía por el procedimiento del estampado.Respecto a su forma, los sellos adoptan las más diversas variedades. La más antigua y frecuente es la redonda, en especial en los metálicos, consecuencia lógica de la opresión de la bola metálica entre las dos matrices. En el s. XII aparece el sello gótico de naveta, que desde entonces es la forma preferida en los sellos eclesiásticos de todo orden y rango y en los de personajes femeninos. La oval suplantó a partir del s. XVI a la forma redondeada en los sellos de los laicos. Otras formas, aunque menos frecuentes, son la cuadrada, pentagonal, hexagonal, de media luna, en losange y festoneada. Las dimensiones o módulo de los sellos también son muy variables y no están en relación con la categoría de sus poseedores. Los de plomo, durante el Medievo, tuvieron casi siempre un tamaño menor que los de cera. La cancillería que observó una mayor regularidad en el módulo de sus sellos fue la pontificia, puesto que desde finales del s. XII lo mantuvo inalterado.En S., se entiende por tipo las representaciones que quedan estampadas en el sello y, a grandes rasgos, pueden reducirse a cuatro: figurativo, ecuestre, heráldico y simbólico. El figurativo representa la efigie de una persona: de cuerpo entero, de medio cuerpo o simplemente la cabeza. Entre los figurativos se destaca el tipo mayestático, propio de los sellos de los reyes y altos dignatarios eclesiásticos. Los reyes se representan investidos de los atributos de majestad, en pie o sentados; las reinas, generalmente, de cuerpo entero, de pie, con corona y en la mano el cetro, una flor o un pájaro. Los eclesiásticos figuran en traje pontifical, sentados o de pie, y en actitud de bendecir o sosteniendo un libro que apoyan en el pecho, cosa frecuente en los electos y no consagrados. Los grandes señores suelen ir en traje de corte, de pie o con símbolo de su autoridad o con el atuendo guerrero, de pie también y empuñando la espada o la lanza; acostumbran a llevar, en ambos casos, la cabeza cubierta. El tipo figurativo es muy raro en los sellos particulares; los que se encuentran tienen la figura de pie, con distintivos de su profesión o cargo. El tipo ecuestre, privativo de monarcas y señores territoriales, representa al rey o a los magnates a caballo, peleando o llevando el azor al puño. En el hagiográfico, las figuras son imágenes sagradas, en especial de la Virgen. El heráldico, que aparece en el s. XIII, presenta el campo del sello ocupado por un blasón; es el tipo más importante para clasificar el sello sin leyenda, supuesto un puntual conocimiento de Heráldica. Los tipos simbólicos son más propios de corporaciones que de individuos; así, los sellos de concejos, de gremios y asociaciones llevan símbolos alusivos a la topografía, a los atributos propios del oficio a que se refieren, etc.La imagen o representación que constituye el tipo del sello va acompañada de una inscripción, marginal u horizontal, que se designa con el nombre de leyenda y que está en íntima relación con el personaje del que es el sello. Los sin leyenda se denominan sellos anepígrafos. Tres aspectos deben distinguirse en la leyenda: paleográfico, idiomático y redacción de la misma. El primero entra de lleno en los dominios de la Paleografía e incluso de la Epigrafía (J. M. Navascués, El concepto de la Epigrafia, Madrid 1953) y suministra valiosos elementos críticos en torno al selló y, naturalmente, al documento.En cuanto al idioma, el latín se usó en los sellos reales y en los eclesiásticos; en los particulares, alternó con el romance. Las leyendas se redactan encabezadas con el signo de la cruz, colocado en la parte superior del tipo, y el término sigillum seguido del nombre del poseedor del sello y de otras precisiones. Las palabras que constituyen la leyenda, desarrolladas o abreviadas por síncope o apócope, pueden ir separadas entre sí por uno, dos o tres puntos verticalmente colocados, puntos que se sustituyen a veces por escudos o pequeñas cruces. La extensión de la leyenda está en razón inversa de la antigüedad del sello. Breves en un principio, estaban constituidas por invocaciones o frases sacras: Deum timere; Miserere me¡, Deus; In te, Domine, speravi; Sigillum veritatis. Luego se hacen más extensas y llevan el nombre del personaje o corporación a que pertenece. Se atribuye al rey franco Carlos el Calvo la introducción de la fórmula Dei gratia, sustituida en algunos sellos por Dei miseratione. Los obispos añaden desde el s. XIII la expresión et apostolicae gratiae. Los sellos concejiles presentan variedad de leyendas alusivas al concejo. No es raro que la leyenda se repita en el anverso y reverso, y que la del anverso se continúe en el reverso. El modo de fijar el sello al documento se llama aposición. Dos son las formas de aposición: o el sello va adherido directamente al documento y entonces se denomina sello de placa, o el sello va unido al documento mediante filamentos de una materia flexible y tenemos así el sello pendiente.Clases de sellos. Atendiendo al poseedor del sello podemos dividir la S. en cuatro apartados: sellos reales, eclesiásticos, municipales y particulares. El sello real más antiguo de León y Castilla que ha llegado a nosotros es de Alfonso VII. Ambrosio de Morales dice que tuvo noticias de otro más antiguo, perteneciente a Alfonso VI y que se guardó en el archivo de la ciudad de Toledo, pero que él no llegó a ver. Noticias indirectas revelan que, efectivamente, Alfonso VI y Da Urraca usaron en sus documentos sellos pendientes. García Villada (Catálogo de los códices y documentos de la catedral de León, Madrid 1919, 136) da cuenta de un privilegio de Alfonso VI que contiene un sello de cera roto que "parece -dice- el más antiguo que se conoce en España", pero posteriormente y, tras un detenido examen, su autenticidad fue puesta en tela de juicio. Así, pues, entre los actualmente conservados, el más antiguo es de Alfonso VII; es de cera blanca, gran módulo (99 mm.), tipo mayestático con el rey en su trono y esta leyenda: Adefonsus Imperator Hispaniae. Fernando II utiliza el sello de cera de gran módulo y doble impronta. En el anverso introduce el tipo ecuestre, y en el reverso ofrece un león pasante a la derecha. Alfonso VIII usa el tipo ecuestre. El sello de plomo aparece en los últimos años del reinado de Alfonso IX con la misión de validar las confirmaciones. A partir del s. XIII, los sellos de cera pendientes se emplean sólo en las cartas abiertas con las cuales desaparece a mitad del s. XIV. Generalmente, son de cera blanca y doble impronta con tipo ecuestre en el anverso; es excepcional el mayestático, que aparece en uno de Sancho IV, con castillos y leones en el reverso.El sello de plomo para validar privilegios rodados, cartas de privilegio y plomadas, es de gran módulo hasta el reinado de Enrique III, en que se reduce extraordinariamente su tamaño. Sus tipos son el ecuestre en el anverso, y el heráldico en el reverso. En cuanto al sello de placa, se puede afirmar que el más antiguo es de Alfonso X. Generalmente estos sellos reproducen el tipo heráldico. La leyenda en el llamado "sello mayor" es idéntica a la de los plomados, mientras que en el de "la poridad" es menos solemne. En los Estados occidentales de la Península no aparecen los sellos de cera hasta Ramón Berenguer IV de Cataluña y Sancho VII de Navarra; los de plomo, hasta Pedro II. Todos ellos son, en general, monofaciales o de doble impronta; aquéllos adoptan el tipo ecuestre, y éstos el mayestático en el anverso. La leyenda se reparte por ambas caras y con los mismos elementos que en los castellanos, sustituyendo Dei gratia por Dei misericordia en el reinado de Pedro IV. Los de plomo pertenecientes a los Reyes Católicos presentan a los monarcas sedentes: en el anverso el rey, y en el reverso la reina. Los de placa llevan el águila de S. luan.Los sellos episcopales se conocen por el nombre de la diócesis y del prelado. El sello episcopal más antiguo entre los de España pertenece al s. XII; es del obispo de Osma, Martín. Con el arte gótico, la S. eclesiástica adopta formas acordes con el gusto de la época, y en el s. XV sus formas se complican, llegando a representar verdaderos retablos. Los sellos capitulares son las más de las veces de tipo iconográfico.El uso de los sellos municipales no es tardío, si bien los más antiguos conocidos datan del primer tercio del s. XIII, siglo de gran trascendencia en la vida municipal de la Edad Media. Las fuentes legales que regulan la vida de los concejos aluden en sus disposiciones al uso del sello. Pueden distinguirse cinco grupos regionales en los sellos concejiles: 1) castellano-leonés; 2) navarro; 3) aragonés; 4) de Levante; y 5) catalanes. Los del grupo castellano-leonés son los más importantes. Se extienden del s. XIII a la primera mitad del xiv. En su mayoría, de doble impronta, de gran módulo (82 mm. de diámetro), y la cera empleada es de color natural. En el reverso presenta el tipo heráldico propio del reino: un castillo o un león. Los navarros son de la primera mitad del s. XIV y de impronta de módulo más pequeño que los castellano-leoneses: de 45 a 50 mm. de diámetro. La cera es de color natural y, a veces, se colorea de verde. Tipo frecuente en esta serie es el hagiográfico. El grupo aragonés es menos numeroso; comprende la S. concejal de unas 10 poblaciones aragonesas, en una cronología que se extiende hasta el s. XVII. Son de una sola impronta, excepción hecha del sello viejo de Zaragoza. Los de Levante son del s. XV; algo más abundantes que los aragoneses, pero de menos interés. Los catalanes siguen en número a los castellano-leoneses y son de los s. XIV y XV fundamentalmente.En todos los grupos señalados pueden establecerse subgrupos, debido a la influencia regional de unos en otros. Sus leyendas, de gran variedad, están redactadas en latín o romance, y no son raros los casos de leyendas bilingües: en el anverso latín, y en el reverso esta misma leyenda puesta en romance o la palabra sigillum y concilia en latín y el resto en romance. Lo más característico de los sellos concejales son el tipo, en que quedan reflejados los avatares históricos por los que atravesaron los municipios. Los sellos episcopales se identifican por el nombre de la diócesis y de los prelados. Los capitulares presentan de ordinario el tipo figurativo-iconográfico. Los particulares ofrecen una gran variedad en sus tipos y leyendas; los de gremios y dignidades aluden a tales estamentos y los nobiliarios imitan a los sellos reales.L. NÚÑEZ CONTRERAS.
BIBL.: Remitimos, como obras de tipo general, a los tratados de Diplomática (v.). Aparte éstas y entre la gran bibl. existente destacamos: F. SAGARRA Y DE SISCAR, Importancia de la Sigilogralía como ciencia auxiliar de la Historia, "Memorias de la R. A. de Buenas Letras de Barcelona" VIII (1903) II; F. ARRIBAS ARRANZ, Sellos de placa de las cancillerías regias castellanas, Valladolid 1941; J. GONZÁLEZ, Los sellos concejales de España en la Edad Media, "Hispania" XX (1945) 339-385; J. MENÉNDEZ PIDAL, Catálogo de los sellos españoles de la Edad Media, Madrid 1921; G. DEMAY, Paléographie des sceaux, París 1881.
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