Seurat, Georges
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Biografía GER
Pintor francés, n. en París, distrito de La Villette, el 2 dic. 1859, m. en la misma ciudad el 29 mar. 1891. Pese a la modesta profesión de su padre -alguacil-, la familia estaba en confortable situación económica, y Georges jamás tuvo que angustiarse por escasez de dinero. Luego de su segunda enseñanza, ingresa en la Escuela de Bellas Artes, donde el rendimiento del alumno parecía tan mediocre que de 80 alumnos, ocupaba el lugar 47 en aplicación; pero es que, al mismo tiempo, él se administraba una enseñanza propia, copiando en El Louvre pinturas de Rafael, Poussin, Holbein e Ingres, esto es, los artistas en que advertía mayor grado de disciplina y rigor. También admiraba a Puvis de Chavannes (v.) y copió El pescador, de éste. En 1879-80 cumple su servicio militar en Brest, donde toma contacto con el mar, que tanto le atraerá más tarde. Al volver a París, se dedica preferentemente al dibujo; desdeña el detalle y atiende ante todo a la configuración de la masa y construcción del modelo. Dos de estos dibujos fueron presentados por S. al Salón de 1883, pero sólo se aceptó uno, el retrato de su colega Aman-Jean. Envía al Salón de 1884 su magnífico lienzo, consecuencia de muchos estudios previos, Bañándose en Asniéres, y es también rechazado. Pero esta obra maestra, ya índice de la manera personalísima del artista, y hoy orgullo y gala de la National Gallery de Londres, pudo ser expuesta en el Salón de los Independientes.Deja transcurrir el verano de 1885 en el puerto de Grandcamp, junto a El Havre, por consejo de Signac, ya su amigo inseparable, y allí pinta una serie de deliciosas marinas, entre ellas Le bec du Hoc, que parece haber sido el único cuadro vendido en vida por el artista, en 300 francos (hoy, en la Tate Gallery, de Londres). En mayo de 1886, y en la postrera colectiva de los impresionistas, expone su sensacional cuadro Un domingo por la tarde en la isla de la Grande-fatte. Esta maravilla de construcción dibujística, de ambiente, de color y de luz había sido precedida en S., como de costumbre, por numerosos estudios parciales, de los que el mejor acaso sea el mismo escenario, reducido sólo a paisaje (Nueva York, col. John Hay Whitney). La obra definitiva, monumental tanto por su contenido como por sus descomunales y desacostumbradas dimensiones (2,03 X 3,06 m.), se encuentra en el Art Institute, de Chicago. Cual no podía ser de otro modo, desencadenó un escándalo, pero S. contó con la adhesión de Émile Verhaeren y del mejor crítico de arte del momento, Félix Fénéon.S., que no tenía que vivir de los compradores, aun agradeciendo estas defensas y desconociendo las ofensas, proseguía su camino. De 1887 data El puente de Courbevoie (Londres, Courtauld Institute); de 1888, Domingo en Porten-Bessin (Otterloo, Króller-Müller Museum); y de 1889, La torre Eiffel (Nueva York, col. Seligman), paisajes todos admirabilísimos. Al mismo tiempo, se interesa más y más por la figura humana. Les Poseuses, de 1888 (Filadelfia, col. Me Ilhenny), La Parade (Nueva York, Metropolitan Museum), Le Chahut (Otterloo), de 1890, y El circo, de 1891 (Louvre), juntamente con algunos paisajes, no sólo ratifican la estética del artista, sino que podríamos asegurar que la extreman.Al sustantivo dibujante que era S. no le hacía falta sino encontrarse con Signac (v.) para participar de su divisionismo, de su teoría del reparto del color científico y metódico contra el sensualismo de los impresionistas que pudiéramos llamar clásicos. Aun así, S. supeditaba todo a la armonía, por él entendida como "la analogía de los elementos opuestos y parecidos del tono, del color y de la línea, que, según los rasgos esenciales y la influencia de la luz, constituyen un todo sereno o triste". Esta declaración, anterior en siete meses a la muerte del artista, ocasionada por un derrame cerebral, nos hace lamentar aún más este temprano final a los 32 años de brillante producción, pues es verosímil que, de haber vivido más, hubiera podido, aparte producir muchas más obras maestras, dejarnos una base teórica de su pintura, cual hicieraSignac. En fin, la suerte de S., como la de Rafael, Rosales, Fortuny, La Fresnaye y Juan Gris, fue la habitual en los elegidos de los dioses, condenados a morir jóvenes.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: J. REWALD, Seurat, París 1948; L. ZAHN, Seurat, Londres 1965 (hay coedición española, Barcelona 1965); J. RUSSELL, Seurat, Londres 1965.
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