Serpiente I. Biologia. BIOL.
Categoria:
Biología
Caracteres generales y anatómicos. Las s. constituyen el suborden ofidios, que con los saurios constituyen el orden escamosos, el mejor representado de la clase reptiles (v.). Las s. son animales ápodos de forma característica; de cuerpo largo y cilíndrico, sin párpados móviles, sin tímpano ni cavidad timpánica. Con la lengua bífida y retráctil, y la abertura cloacal transversa. Los dos huesos dentarios que constituyen la mandíbula inferior no se sueldan por su sínfisis anterior, sino que se unen entre sí mediante un ligamento. Los dientes, implantados directamente en los huesos de la cavidad bucal, son de reemplazamiento y presentan forma general de gancho más o menos curvo y de distinto desarrollo; algunos más robustos tienen un canal de comunicación con las glándulas bucales, pudiendo así conducir el veneno(V. VENENOS III). Los dientes se utilizan solamente para la prehénsión del alimento, nunca para masticar, pues los ofidios, gracias a la especial disposición de la boca, ingieren presas enteras.Provistas de al menos un centenar de vértebras (370 y 435 en la s. pitón), se han hallado fósiles hasta con 560. Son vértebras procélicas (v. VERTEBRADOS), cortas y altas, con gran amplitud de movimiento. La casi totalidad de las costillas están articuladas al cuerpo vertebral y son libres en el otro extremo; no hay resto alguno de esternón o cintura escapular. Existen, en cambio, vestigios de cintura pélvica en algunos tipos, como la s. pitón, en forma de garfios pericloacales. La disposición descrita del tronco y de todo el cuerpo permite el considerable desarrollo metamérico de músculos segmentarios, que dan a la marcha agilidad para movimientos sinuosos semejantes a los de la anguila, y así la posibilidad de practicar una curiosa natación terrestre (V. LOCOMOCIÓN), apoyándose en diversos objetos del suelo, o un desplazamiento lateral a base de imprimir movimientos generales de rotación a lo largo del cuerpo.Mudan la piel de manera característica, seguramente gracias a la acción de ciertas hormonas (tiroides e hipófisis), relacionadas con problemas de crecimiento. Cada muda -se han contado de 10 a 14 al año, sobre todo más frecuentes en el periodo juvenil- se opera por entero de una vez, abandonando una camisa. Para ello, la capa córnea de la epidermis se separa del epitelio subyacente, tomando el animal un aspecto particular, de color grisáceo o apagado.Venenos. Radican en glándulas salivar-labiales superiores, dispuestas un poco por detrás de los ojos, modificadas y que reciben el nombre de parótidas. Su secreción es más o menos eficaz según sea el aparato inoculador; se diferencian cuatro grupos: a) aglifas, s. cuyas glándulas no poseen relación con dientes inoculadores; el veneno se mezcla a la saliva y la presa no sufre sus efectos nada más que cuando se la insaliva y desgarra intensamente (se las considera culebras no venenosas); b) opistoglifas, dientes venenosos por detrás del maxilar superior; envenenan cuando la presa ha progresado mucho dentro de las fauces, y por esta razón son poco peligrosas; c) proteroglifas, peligrosas, pues sus dientes están hacia adelante; son muy tóxicas; d) solenoglifas, con garfios venenosos provistos de surco, muy grandes y distintos de los restantes dientes, implantados en el maxilar superior, muy corto, pudiendo enderezarse casi verticalmente durante el ataque; dicho diente de veneno, único funcional, está sometido a reemplazamiento periódico. Tan sólo las s. de los dos últimos tipos inoculan veneno en la víctima antes de ingerirla, paralizándola previamente gracias al veneno. Las más peligrosas son las solenoglifas, pues los dientes del veneno, gracias a la especial disposición descrita del maxilar, se proyectan horizontalmente durante el ataque y actúan correlativamente como una punta de flecha; algunos elápidos proteroglifos lanzan el veneno (irritante para la conjuntiva) 2 ó 3 m. lejos, en forma de gotillas.Los venenos se alteran con el calor o disueltos en agua pura, mientras conservan sus propiedades desecados (al aire o al vacío). La reserva de veneno a inocular varía con las circunstancias: tamaño del ejemplar, número de mordeduras que ha dado, etc. Es de 10 mg. en Vipera aspis y de 100 mg. de promedio, a 350 mg. en las cascabel y surucucú. En general son mezclas de sustancias, cada una con toxicidad propia; suelen ser enzimas, pero también simples toxinas, proteínas en que dominan aminoácidos de la serie aromática. Su acción es profundamente hemolítica y neurotóxica, por lo menos las dos de mayor importancia para el hombre. Las neurotoxinas producen lisis de los centros nerviosos, reguladores del funcionamiento del corazón y de los órganos respiratorios (abundan en las s. marinas y en las cobras). Las hemorraginas alteran los endotelios de los vasos capilares, provocando hematomas en los músculos, vísceras y tejido conjuntivo; son característicos de las víboras. Las hemolisinas producen la rotura de los glóbulos rojos, y sus secuelas: accidentes alérgicos de gran importancia. Las citoxinas se confunden con los venenos hemorrágicos, pues también atacan las paredes de los capilares. De los enzimáticos, el más importante es una coagulina que completa la acción tóxica de las toxinas. Todas estas proteínas sirven como antígenos para la elaboración de sueros en caballo, ricos en anticuerpos protectores. Solamente un 10% de 2.500 especies mundiales de s. (260) son peligrosas por su veneno.Clasificación. Se diferencian tres superfamilias de ofidios: tiflopoideos, boideos y colubroideos; la última integra a las verdaderas s. y está representada en la península Ibérica.Los tiflopoideos constituyen un grupo muy arcaico, quizá emparentado con la culebra ciega (Blanus cinereus, v. REPTILES). La boca es pequeña y está situada bajo un rostro saliente, que demuestra su aptitud para la vida subterránea; los ojos son además reducidos. Residen en África, Asia y América tropicales.Algunos boideos presentan ciertos vestigios de cintura pélvica; ambos pulmones están casi igualmente desarrollados, en la tercera superfamilia uno de ellos está siempre muy reducido. Se trata de s. constrictoras y aglifas. Los representantes del género Python habitan en los lugares húmedos de los bosques ecuatoriales del antiguo mundo; la s. pitón africana puede rebasar los 7 m. de longitud. Las boas residen en lugares similares de los bosques de América tropical, Madagascar e islas del océano Pacífico. A este grupo pertenece la gigantesca anaconda (Eunecte), que rebasa los 7 m. y es arborícola, de América tropical; el constrictor (Boa constrictor), también neotropical y de las Antillas, y la s. de Calabar, residente en los bosques ecuatoriales de África, que presenta hábitos minadores.Las s. más evolucionadas se hallan en la superfamilia colubroideos, constituida por un elevado número de especies, cuya sistemática es todavía muy imperfecta. Cabe destacar cuatro importantes familias: Colúbridos o culebras propiamente dichas, que comprenden toda suerte de culebras opisto y aglifas, no capaces de inocular veneno: la culebra verdi-amarilla (Coluber viridiflavus); las de Esculapio (Elaphe longissima, E. scalaris); las de agua (Natrix) y las de collar (Coronela) están representadas en la fauna ibérica con un total de siete u ocho especies; algunas se aproximan a los 2 m. de longitud.La familia elápidos, próximos parientes de los colúbridos, son proteroglifos venenosos y temibles. Las cobras (Naja) son terrestres, semiacuáticas y arborícolas eventualmente; residen en África y Asia tropical. También se integran en este grupo las peligrosas mambas de los bananeros, propias del antiguo mundo, y las vistosas s. coral (Elaps y Micrurus), desde EE. UU. a la Argentina, confundibles con los inofensivos colúbridos del género Lampropeltis. La familia hidrófidos encierra varios géneros de venenosas (proteroglifas) marinas de los océanos del trópico.La importante familia vipéridos, los temibles solenoglifos, encierra dos subfamilias: viperinos y crotalinos. En ambos, el maxilar es corto y la cabeza generalmente triangular. Los viperinos no poseen fosetas faciales y son típicos del antiguo mundo. Entre ellas el áspid (Vipera aspis), residente en la mitad norte de la península Ibérica, alcanza la altitud y los territorios fríos, gracias a sus hábitos ovovivíparos (v. REPTILES). También reside en la región cantábrica una raza de peliade (V. berus) y en la mitad sur V. latastaei. Las víboras cornudas (Cerastes) son propias de África del Norte y el Sahara; residen escondidas en la arena, lo mismo que los géneros Bitis, Echis y Causus. Los crotalinos, provistos de fosetas faciales y con escamas poscloacales o subcaudales impares, están representados por los temibles Crotalus, serpientes cascabel, propias de los secos desiertos rocosos de las regiones Neártica y Neotropical (v. ZOOGEOGRAFÍA). El cascabel de estas s. está constituido por una serie de anillos córneos en la extremidad de la cola que agitan en movimiento vibratorio al desplazarse. Otros géneros también americanos son Sistrurus de lugares húmedos, Agkistrodon o mocasines, que alcanzan también el antiguo mundo y Malasia, en residencias similares, sobre todo campos de arroz, lo mismo que Lachesís (el surucucú brasileño), Bothrops y Trimesurus, este último exclusivamente del Sudeste de Asia.V. t.: REPTILES; VENENOS III.E. BALCELLS R.
BIBL.: F. ÁNGEL, Vie et moeurs des serpents, París 1950; P. P. GRASSÉ y CH. DEVILLERS, Zoologie, 11, París 1965; I. A. PETERS, Dictionary o/ Herpetology, Nueva York y Londres 1964; G. SCORTECCI, Los animales, cómo son, dónde viven, cómo viven, Barcelona 1960; K. P. SCHMIDT y R. F. INGER, El mundo de la Naturaleza. Los reptiles, Barcelona 1959; I. Z. YOONG, La vie des vertébrés, París 1954.
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