Sentidos CIENCIA
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1. Introducción. El conocimiento sensitivo. El conocimiento, en términos generales, es la operación por la que un ser se hace presente otro, es decir, una forma de otro de un modo inmaterial. Los s. son las facultades del conocimiento sensitivo, que, como todo conocimiento, exige un cierto grado de inmaterialidad; en él se reciben las formas sin la materia, pero conservando las condiciones de la materia, y esto se debe a que las facultades del conocimiento sensitivo están arraigadas en un órgano corporal.En todo conocimiento sensitivo hay un proceso que va desde la pura sensación externa a los juicios de la sensibilidad interna, especialmente la estimativa (cogitativa en el hombre). Este conocimiento sensitivo es un proceso unitario, preámbulo, en el hombre del conocimiento intelectual. En un primer momento el conocimiento sensitivo está integrado por la recepción de las formas sensibles -especies sensibles impresas-, a lo cual están ordenados los s. externos y el sentido común (v.): la sensación (v.) no es otra cosa en definitiva que esa recepción. El momento siguiente del conocimiento sensitivo está representado por las operaciones de los demás s. internos: la imaginación (v.), la memoria (v.), la estimativa o cogitativa (v.), que, recogiendo las especies sensibles impresas recibidas de los s. externos y del sentido común, llevan a cabo sus propios actos, elaborando las especies sensibles expresas, culminando así el conocimiento sensitivo en el mismo punto en donde en el hombre comienza el proceso intelectual. Sin embargo, las esferas de uno y otro quedan perfectamente delimitadas: por la retención de las condiciones de la materia en el primero y por la precisión o ausencia de tales condiciones materiales en el segundo, lo cual conlleva una neta diferencia entre la vida psíquica animal y humana; además, en el hombre, el conocimiento sensitivo está penetrado y parcialmente gobernado por el conocimiento intelectual, que a su vez depende del conocimiento sensitivo, pero superándolo (V. CONOCIMIENTO; SENSACIÓN; PERCEPCIÓN).Los sentidos. El s. es una facultad: el ser vivo reacciona ante los estímulos y, por tanto, hay que admitir una potencia capaz de realizar estos actos. A la vez esta potencia es pasiva, pero no significa que sea puramente pasiva, "receptividad de las impresiones", como afirma Kant, sino que se quiere indicar con ello que el s. solamente entra en actividad y pasa al acto si es movido, es decir, excitado desde fuera; a su vez el s. no es ni corporal, ni espiritual, sino del conjunto, aunque a veces se diga que es una facultad del alma, porque el alma es la que vivifica al cuerpo y, por tanto, la raíz de la sensibilidad. En contra del esquema cartesiano se debe afirmar que "sentire non est proprium corporis, neque animae, sed coniuncti" (S. Tomás, Sum. Th. 1 q77 a5).Como se ha indicado, en el proceso del conocimiento sensitivo intervienen tanto los s. externos como los internos. Generalmente cuando se habla de s., sin especificar, se suele tratar de los s. externos. El presente trabajo se refiere, pues, de un modo especial a ellos, estudiados en una visión global y con un enfoque psicológico. Para el estudio en conjunto de los s. internos, v. PERCEPCIÓN I, A y para el estudio específico de cada uno de ellos, v. SENTIDO COMÚN; IMAGINACIÓN; FANTASÍA I; MEMORIA. Un estudio fisiológico de los s. externos se encuentra en las voces ojo II; OÍDO II; OLFATO; GUSTO; TACTO. Conviene hacer aquí, sin embargo, una breve referencia a la distinción entre los s. externos e internos. Estos últimos son también de alguna forma "externos" porque su objeto, aun siendo interior al cuerpo, es exterior al sentido. Aunque de suyo el objeto es externo, sin embargo, está de algún modo interiorizado y elaborado (a través de la especie expresa) por el sujeto. La distinción no se refiere a los órganos de los s., sino a sus objetos: los externos son los que tienen un objeto puramente externo, y los s. internos, los que se refieren a objetos previamente conocidos y elaborados, es decir, interiorizados. Por tanto, como se ha visto anteriormente los s. internos únicamente pueden actuar después de haberlo hecho los externos.Respecto al número, tradicionalmente se han distinguido cinco s. externos: vista, oído, olfato, gusto y tacto, aunque ya indicaba Aristóteles que el tacto no es un s. único. La Psicología experimental distingue otros muchos (v. SENSIBILIDAD). "Pese al interés que tienen muchas de estas distinciones, es conveniente observar que algunas veces se abusa de ellas, incrementando con exceso el número de los sentidos por la falta de un criterio esencial que permitaencuadrarlos en una división inteligiblemente organizada" (A. Millán Puelles, Fundamentos de Filosofía, 8 ed. Madrid 1972, 342). Respecto al número de s. internos, v. PERCEPCIÓN I, A.2. Leyes de la actividad sensorial. El estudio psicológico de los s. se ha centrado alrededor del problema de la relación entre el estímulo físico y la sensación (v.). Se han individuado así tres cuestiones básicas: la especificidad de los órganos sensoriales, la existencia de umbrales de sensibilidad y la constancia de las sensaciones a pesar de la variación relativa de los estímulos, dentro de ciertos límites.J. Muller (v.) formuló la ley de la energía específica de los s., según la cual un mismo estímulo procura sensaciones distintas en los diversos órganos, y diferentes estímulos operando sobre un mismo órgano causarían la misma sensación. Exagerando se decía, incluso, que si fuera posible conectar el nervio óptico a los centros corticales de la audición, y el nervio auditivo a los centros nerviosos visuales, entonces veríamos el sonido y oiríamos la luz.En realidad se sabe que si se estimula, eléctrica o mecánicamente, el nervio óptico, se produce una sensación luminosa; o que un ruido muy intenso puede percibirse como sonido por el oído, y como vibraciones por el tacto. Son hechos que se explican suficientemente teniendo en cuenta que cada sentido posee un sensible propio, y que esta relación ha de reflejarse de alguna manera en el órgano sensorial específico. Pero muy distinta es la sensación verdadera producida por un objeto luminoso del efecto conseguido al estimular la retina comprimiendo, p. ej., el globo ocular.La ley de la energía específica, corregida de las exageraciones citadas, manifiesta que en toda sensación concurren inseparablemente un órgano y una facultad psíquica, y que ésta no se limita a registrar -en forma de fenómenos de conciencia- las modificaciones fisiológicas del órgano, sino que termina efectivamente en el conocimiento del objeto estimulador.Más importancia ha tenido el estudio de las condiciones que ha de reunir un estímulo para producir una sensación. Se introdujeron así los conceptos de umbral absoluto y umbral diferencial, que indican, respectivamente, la intensidad por debajo de la cual un estímulo no es percibido, y la diferencia de grado que ha de haber entre dos estímulos para dar origen a dos sensaciones diferenciables. Es conocida a este respecto la ley de Weber-Fechner, que afirma que la intensidad de la sensación es proporcional al logaritmo de la magnitud del estímulo. Matemáticamente se expresa: S=k log E (S, sensación; E, estímulo; k, constante propia de cada sentido).Un estudio más atento de estas cuestiones ha llevado a concluir que la sensación no es una mera respuesta automática a los estímulos físicos. Los umbrales, absoluto y diferencial, están influenciados por las condiciones subjetivas, anímicas, del sujeto cognoscente. La percepción de un sonido no depende sólo de su intensidad. Influye aún más su significado cognoscitivo. El ruido de la circulación pasa, p. ej., inadvertido, mientras que se capta el murmullo casi imperceptible de una voz que pronuncia el propio nombre. La sensación, más que un fenómeno biológico, es una actividad psíquica, ligada al resto de los procesos cognoscitivos y afectivos de la persona total.Esa misma realidad se manifiesta en las leyes de la constancia, características de la sensación. P. ej., la luz reflejada por una superficie se mide en unidades mililamberts (mL). Un pedazo de carbón expuesto al sol puede reflejar 100 mL, mientras que una hoja de papel llegará quizá a los 900 mL. A la sombra, en cambio, el carbón descenderá a sólo 1 mL y el papel a 9 mL. A pesar de todo, el carbón se sigue viendo negro y el papel blanco; los colores son constantes. Igualmente: obsérvese el pulgar de la mano, colocado a 10 cm. del ojo. Conforme se extiende el brazo, alejándolo, la imagen retiniana del dedo se empequeñece, como manifiesta el hecho de que la zona del campo visual cubierta es cada vez menor. Sin embargo, la sensación del tamaño del pulgar permanece constante: no vemos el dedo más pequeño.Todo esto -la constancia de los colores, de la figura, de las dimensiones, etc- se podría explicar porque se trata de objetos familiares: sabemos que el carbón es negro y el papel blanco; como que la longitud de nuestro dedo no puede cambiar repentinamente. Sin embargo, resulta que este mismo fenómeno se verifica con objetos que son perfectamente desconocidos. La explicación está más bien en el proceso cognoscitivo típico de los s. Así, la vista no sólo capta el color, sino también la luminosidad; como no percibe únicamente la figura y el tamaño de un objeto, sino también la distancia y su posición con respecto al ojo. Al mismo tiempo, pues, que conoce los sensibles propios, aprehende también los comunes (v. SENSACIÓN). Todos los datos de los s. son, posteriormente, integrados por el sentido común (v.).En esta misma línea, se explican otra serie de hechos como las ilusiones, los llamados errores de los s., etc., que en realidad consisten en una defectuosa elaboración de los datos sensoriales, a nivel del juicio, sensitivo o intelectual. Entre el estímulo que modifica el órgano y la sensación hay una correspondencia inmediata, a no ser que interfiera algún factor patológico, es decir, un defecto por parte del órgano, como sucede en el daltonismo, sorderas, etc.3. Función de los sentidos. Tradicionalmente suelen dividirse los s. en inferiores y superiores, según su relación más o menos física con el objeto, y, sobre todo, según su perfección cognoscitiva. Así se consideran sentidos inferiores el tacto, el gusto y el olfato, en cuanto que requieren un contacto físico con el objeto que captan, y proporcionan un conocimiento muy limitado y circunscrito. Esos s. se hallan en el límite entre la corporeidad del sujeto cognoscente y el medio ambiental.Por el tacto (v.) -y más exactamente por el s. de la presión- advertimos la dureza o blandura, la lisura o rugosidad, lo aguzado o lo romo de los objetos que rozan la piel; mientras que su temperatura y su cualidad agradable o dolorosa es captada por la sensibilidad termoalgésica. Existe también un s. táctil profundo, localizado en el sistema locomotor, que transmite la sensación de los propios movimientos y de la posición de las extremidades móviles con respecto al tronco. Todo el conjunto del s. del tacto está fundamentalmente al servicio de la conservación del individuo, de su orientación inmediata en el mundo circundante -en el llamado espacio táctil- y de su independencia y dominio sobre él, mediante la capacidad motora y manipulativa.Los s. del gusto (v.) y del olfato (v.) están limitados a una parte bien localizada del cuerpo. Por el gusto percibimos las cualidades de lo dulce, lo amargo, lo ácido y lo salado. Los olores, en cambio, ofrecen una gama variadísima de sensaciones. Mientras aquél está íntimamente ligado a la tendencia a la conservación individual, interviniendo en la selección e ingestión de alimentos, el olfato tiene una función más amplia, relacionada con la vidaafectiva elemental, y más en concreto con la tendencia a la conservación de la especie. Para los animales el olfato es el s. que descubre tanto la presa como la pareja sexual.La visión y la audición son los sentidos superiores, porque al actuar a distancia amplían notablemente el espacio del mundo sensible circunstante, facilitan una gran riqueza de conocimiento, y además sirven de vehículo al mundo espiritual. Con el oído nos llega la palabra hablada, y por la vista la escrita. La superioridad de estos s. se refleja incluso en lo complicado y fino de sus órganos.El sentido auditivo (v. OÍDO II) tiene una función orientadora en el medio. Gracias a la percepción de ruidos y sonidos se ensancha la realidad conocida; acústicamente se descubre la presencia de objetos que, de otro modo, pasarían inadvertidos. Es un s. anticipatorio: capta los objetos en movimiento antes de que entren en otros campos sensoriales. Además, por ser un órgano bilateral, percibe la dirección de los movimientos.Sin embargo, la función más importante del oído es la de comunicación entre seres vivientes. Los animales tienen una especie de lenguaje rudimentario, que contribuye a su comportamiento gregario y social. En el hombre, el lenguaje es fruto de una actividad intelectiva, que confiere a los sonidos un significado conceptual. El lenguaje humano transmite así conocimientos. El oído no descubre el significado de las palabras, pero, al percibir los sonidos, construye la imagen auditiva de la que el entendimiento descifra el concepto.El s. más perfecto es, sin duda, la vista (v. OJO II). Con las sensaciones cromáticas, propias y específicas de la visión, se aprehenden también inmediata y distintamente la forma y el perfil de los objetos, sus relaciones espaciales, su cualidad estática o la velocidad y trayectoria de sus movimientos. También, como en ningún otro s., el ojo muestra el mundo circunstante en su estructura tridimensional. Por eso es la vista la sensación más objetivadora, en cuanto que -con la captación de la profundidad, de la distancia- transmite la experiencia más nítida de la distinción entre el sujeto cognoscente y la realidad conocida.Dentro del proceso perceptivo, la visión proporciona el marco sensible en el que se insertan las cualidades captadas por los demás s., construyéndose así una unidad cognoscitiva que, al menos en buena parte, en su orden responde a la que posee físicamente el objeto. Este s. nos da la "visión de conjunto" del mundo que nos rodea, en su singularidad y concreción sensible. Normalmente, la imagen global figurativa que poseemos de la realidad es de naturaleza óptica.La sensación, como todo proceso cognoscitivo, es de naturaleza inmaterial. Sin embargo, como se ha visto, está muy ligada a la condición orgánica de los s., que por eso mismo únicamente proporciona un conocimiento concreto y particularizado, ligado a las características del aquí y del ahora del estímulo, exigiendo además la presencia efectiva del objeto estimulador. Por eso el alcance cognoscitivo de los s. es muy limitado. Sólo a la inteligencia está reservado desentrañar la naturaleza y relaciones más profundas de las cosas.4. La educación de los sentidos. Se trata de un concepto ambiguo, ligado a una concepción fraccionaria de la pedagogía (v.), que está cayendo en desuso. No puede existir una educación de los s. entendida como un perfeccionamiento de los órganos receptores: aquí cabe sólo la intervención correctora o terapéutica de defectos somáticos. En cambio, se puede mejorar el rendimiento de los s., aprendiendo a utilizarlos de una manera adecuada, sobre todo en los movimientos de exploración y en las claves de reconocimiento. P. ej., ésa es la educación que recibe el médico que aprende a auscultar los ruidos cardiacos, o el técnico de radar que ha de interpretar las señales de la pantalla.En el fondo, educar los s. necesariamente ha de consistir en un aprendizaje que va más allá de la esfera sensorial, y de la misma función perceptiva, hasta armonizar todos los procesos cognoscitivos, y, en primer término, el conocimiento racional.5. Consideraciones históricas. El tema de los s. ocupó un lugar importante en loss de la moderna Psicología (v.) empírica. Fechner, Helmholtz, Hering y Muller, entre otros, publicaron en el s. XIX estudios experimentales sobre la función de los receptores (v.) sensitivos, que aún hoy continúan considerándose válidos. Con ellos se desarrolló la Psicología fisiológica (v.). Sin embargo, la primera obra sistemática corresponde a Wundt (v.). Este autor consideraba las sensaciones (v.) como el elemento simple y absolutamente irreductible que entra en la composición de los demás fenómenos cognoscitivos complejos.La escuela de la Gestalt (Wertheimer, Koffka, Kbhler, Lewin y otros), crecida en la primera mitad del s. XX (v. PSICOLOGÍA DE LA FORMA), presentó un punto de vista diametralmente opuesto al elementarismo wundtiano. La unidad más simple de conocimiento sería la percepción (v.), que efectivamente no puede interpretarse como una simple suma de sensaciones.El punto de vista gestaltista se ha impuesto, de manera que el interés actual de la Psicología se ha desviado casi exclusivamente hacia la percepción. Y ésta se estudia, más que como proceso cognoscitivo, en cuanto función de la personalidad (v.) y de las relaciones sociales. Los s., en cambio, han pasado al campo de la Psicología aplicada (v.) En este terreno tiene ciertamente interés, p. ej., para la seguridad del tráfico y del medio laboral, el perfeccionamiento de los medios audiovisuales de comunicación (cine, TV, altavoces, etc.), y el estudio de los modelos fisiológicos sensoriales para su aplicación a la tecnología.J. CARRASCO DE PAULA.
V. t.: CONOCIMIENTO; SENSACIÓN; PERCEPCIÓN; SENSIBILIDAD. BIBL.: M. BARBADO, Estudios de Psicología experimental, 2 vol. Madrid 1946-48; R. E. BRENNAN, Psicología general, 4 ed. Madrid 1969; N. DEMBER, The psychology of perception, Nueva York 1969; J. GREDT, De cognitione sensuum externorum, 2 ed. Roma 1924; 1. HOCHBERG, La percepción, México 1968; R. JOLIVET, Psicología, 5 ed. Buenos Aires 1966; D. KATz, Psicología della forma, Turín 1950; P. H. LERSCH, La estructura de la personalidad, 6 ed. Barcelona 1968; A. RIERA MATUTE, La articulación del conocimiento sensible, Pamplona 1970; R. VERNAux, Filosofía del hombre, 3 ed. Barcelona 1971; M. VERNON, La psicología della percezione, Roma 1963; R. WOODWOTH y H. SCHLOSBERG, Psicología experimental, Buenos Aires 1954.
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