Sensación II. Psicofisiologia. CIENCIA
Categoria:
Ciencia
Todo organismo precisa de su relación con el mundo exterior. Esta relación, o mejor aún, el conocimiento de las cosas que le rodean, se realiza a través de los sentidos (v.). A los órganos de los sentidos se les añade la posibilidad que permite al ser vivo de moverse y buscar lo que necesita y el hecho de notar lo que en alguna ocasión se mostró útil o perjudicial y recordarlo en un momento oportuno.Las relaciones entre un organismo y el mundo exterior dependen de dos funciones principales: receptora y efectora. En su nivel más inferior estas funciones pueden pertenecer a una misma célula, que posee a la vez irritabilidad (función receptora) y contractibilidad (función efecooea); pero en los organismos superiores existen tres sistemas especializados y distintos: los órganos receptores, los órganos electores y los órganos de transmisión entre receptores y efectores. En una breve síntesis de la secuencia de acontecimientos físicos mínimos para que se produzca una s. nos encontramos con los siguientes elementos: a) Estimulación de los órganos de los sentidos (función receptora). b) Los órganos receptores, una vez activados por los estímulos, convierten dicha estimulación en impulsos nerviosos. c) A través de los órganos de transmisión, que son las vías nerviosas y un centro integrador, se produce primero una transmisión aferente o centrípeta (de información), a la que sigue otra eferente o centrífuga (de respuesta). d) Los órganos efectores, por modificaciones bioquímicas, dan origen a reacciones, que en gran parte de los casos son de tipo muscular. Ninguna otra transmisión que pueda hacerse por vía no nerviosa (p. ej., humoral) da lugar a una s. Hay, pues, en el plano fisiológico un fenómeno: excitación-reacción; y una consecuencia: la S. (V. SISTEMA NERVIOSO).1. Concepto y delimitación. Se habla de s. cuando la excitación "es transmitida por fibras nerviosas en forma de mensaje, hasta los centros que rigen la conducta global del ser viviente y que registra la experiencia de manera que aseguran la adaptación de esta conducta, no sólo actual sino también anterior" (Pieron). Es decir, que en la s. no sólo se hace constar la existencia de una serie de fenómenos físicos, sino también la experiencia subjetiva resultante de la estimulación de unos órganos de los sentidos. Por eso, para López Ibor (v.), la s. es un hecho psíquico que tiene lugar en la esfera de lo afectivo-sensible.Los estímulos capaces de provocar una excitación de los órganos sensoriales pertenecen a todas las formas de energía físico-química. Sin embargo, hay ciertas formas de energía que no provocan la excitación de los receptores (rayos X, ultrasonidos, etc.) y éstos, unas veces de manera relativa y otras de manera absoluta, establecen una escala de especialización según los distintos tipos de energía que pueden excitarlos; así es como responden mediante una misma s. cuando un receptor (v.) es estimulado por diversas formas. P. ej., el ojo humano puede ser estimulado por ondas electromagnéticas de 10-5 a 10-° cm., pero también por una corriente eléctrica o por una presión mecánica; en todos los casos la s. recibida es de tipo luminoso o coloreada, dependiendo la especificidad de la s. de la zona de la corteza cerebral donde terminan las vías aferentes que provienen del receptor.De este hecho se deduce que nuestras posibilidades de captar la totalidad de los fenómenos sensibles son limitadas, ya que, p. ej., tan sólo somos capaces de conocer los sonidos cuya vibración mecánica esté comprendida entre los 20 y 20.000 herzios y no los que posean vibraciones por debajo o superiores a esa escala. Según la intensidad de la excitación, un mismo estímulo puede ser captado por distintos receptores y puede producir, por tanto, s. diversas. Así, p. ej., las ondas electromagnéticas, si son superiores a 10-5 cm. no producen excitación en ningún receptor y, por tanto, tampoco dan lugar a s. de ningún tipo; si la amplitud de onda es de 10-5 a 10-4, el receptor adecuado para captar dicho estímulo es la retina y, consecuentemente, aparece la s. de luz y de color; pero si estas ondas electromagnéticas son de 10-4 a 10-z cm., el receptor lo constituyen las células cutáneas, con lo que nuestra s. será de frío o de calor.Por tanto, no sólo captamos una parte de la realidad física, sino que de aquellos procesos para los cuales poseemos órganos sensoriales sólo nos son conscientes los que alcanzan cierto grado de intensidad ("umbral de excitación"). Y esto que en principio puede ser considerado como una limitación no da lugar a grandes inconvenientes, sino más bien a ventajas, pues si no fuese así estaríamos continuamente perturbados por impresiones que, al estimular habitualmente nuestros órganos de los sentidos y no servirnos en principio para poder encauzar nuestras propias necesidades, interferirían continuamente nuestra relación con el mundo exterior.2. Sistemas sensoriales. Existen en los seres vivos una serie de sistemas encargados precisamente de registrar las experiencias sensibles del mundo exterior. Son los llamados sistemas sensoriales, que en el hombre están constituidos por el sentido de la vista (v. ojo n), oído, sensibilidad (v.) cutánea, química y los que proporcionan información sobre nuestro propio cuerpo. Cada uno viene arepresellítar una determinada función de tal forma que captan aspectos según su diferenciación. La piel, p. ej., contiene cuatro sistemas receptores que corresponden a: s. de presión (tacto), variaciones térmicas (frío y calor), excitaciones intensas (dolor). La especificidad depende de las fibras de transmisión. Además existe una adaptación para las modalidades de tacto, frío y calor, pero muy poco para el dolor, es decir, que una s. de carácter constante cesa rápidamente de producir dicho efecto. Para la sensibilidad química el estímulo está constituido por cuerpos químicos en solución acuosa gusto) o en forma gaseosa (olfato). Respecto al gusto (v.) existen cuatro tipos de células receptoras que corresponden a las sensaciones de ácido, salado, azucarado y amargo. Los receptores del olfato (v.) son células nerviosas ciliadas, situadas a nivel de una zona limitada de la mucosa nasal. Su excitación es transmitida por el nervio olfatorio, sin escala en el tálamo, a una zona limitada del hipocampo (v. SISTEMA NERVIOSO).Los receptores que proporcionan información sobre nuestro cuerpo nos dan a conocer la posición en el espacio y la resistencia al movimiento (V. CENESTESIA). Existen dos sistemas de receptores: a) receptores de la sensibilidad motriz que comprenden formaciones variadas de tipo táctil (Ruffini de Golggi, etc.) situadas en la región profunda de la dermis, en las articulaciones, en la inserción de los tendones y quizá en los huesos musculares (V. TACTO). Las s. que provienen de los mismos informan sobre las actitudes de los segmentos corporales y sobre los movimientos; b) sensación estatocinética: los receptores comprenden células ciliadas situadas, por una parte, en las cavidades vestibulares del oído (utrículo y sáculo) y, por otra parte, en los tres canales semicirculares orientados en tres planos perpendiculares. Estas diferentes cavidades contienen un líquido llamado endolinfa. Los desplazamientos angulares producen, por el hecho de la inercia del líquido, una excitación de las células de los canales semicirculares, suministrando de esta manera información sobre la dirección del desplazamiento (V. OÍDO II).3. Leyes de los sistemas sensoriales. Hay establecidas unas leyes que determinan aspectos fijos y característicos de la s. (v. SENTIDOS, 2). Las más conocidas son las siguientes:Ley de Muller. Todo sistema sensorial produce exclusivamente un tipo específico de s. independientemente de la clase del estímulo. P. ej., la s. que produce una excitación de la retina es siempre y únicamente luminosa, independientemente de que el estímulo sea mecánico (un golpe en el ojo), eléctrico (estimulación experimental) o luminoso (luz) (V. CUALIDAD II; SENTIDOS, 2).Ley de Weber. Esta ley afirma que "el umbral diferencial está en relación constante con el estímulo de partida". En otras palabras, que la intensidad del estímulo tiene que aumentar en proporción constante para que sean percibidos como más intensos los estímulos sucesivos. Se llama umbral absoluto a la intensidad mínima de estímulo necesaria para producir una s. y umbral diferencial al aumento de intensidad del estímulo suficiente para que el sujeto perciba una modificación de la s. En los estímulos intensos se precisa de un mayor aumento para producir una s. más intensa; en los estímulos débiles es suficiente un pequeño incremento. De esta manera nuestros órganos sensoriales diferencian las intensidades tanto más toscamente cuanto más intensos son los estímulos y tanto más delicadamente cuanto más débiles son éstos.Ley de Fechner. La intensidad de la s. aumenta proporcionalmente al logaritmo de la intensidad del estímulo correspondiente. Es decir, para que la s. aumente en progresión aritmética es necesario que el estímulo lo haga en progresión geométrica.4. Sensación y percepción. Al hombre adulto le resulta difícil captar lo que son s. puras, pues ya no le es posible vivenciarlas de modo inmediato, porque toda s. viene acompañada de otras, se sienten muchas cosas a la vez y, además, este conjunto de s. está modificado en el sujeto por una serie de factores diversos. Así, pues, respecto del sujeto que se halla de una manera espontánea en su relación cognoscitiva con el mundo que le rodea, hay que hablar de "qué percibe", mejor que de qué siente (v. PERCEPCIÓN).Sólo en la primera infancia las s. permanecen todavía aisladas y tienen que ser puestas en relación entre sí. Cuando un niño observa por primera vez una manzana, p. ej., no la percibe como tal, sino que la ve, la toca y quizá la come. Entonces relaciona estas tres sensaciones atribuyéndolas a un solo objeto: manzana. En adelante bastará sentir un solo aspecto para percibir la manzana como tal.V. t.: SENTIDOS; RECEPTORES.S. CERVERA ENGUIX.
BIBL.: M. CRUZ HERNÁNDEZ, Lecciones de Psicología,_ Madrid 1969; C. T. MORGAN, Introducción a la Psicología, Madrid 1972; R. E. BRENNAN, Psicología general, 4 ed. Madrid 1969; R. H. DAY, Psicología de la percepción humana, Barcelona 1973; E. G. BORING, Sensation and perception in the history of experimental Psichology, Nueva York 1942; D. M. ARMSTRONG, La percepción y el mundo físico, Madrid 1966.
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