Sebastián de Portugal
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Biografía GER
Hijo póstumo del príncipe Juan, heredero de Juan III, y de Da Juana, hija de Carlos V, n. en Lisboa en 1554. Muerto su padre el 2 en. 1554, su nacimiento fue celebrado con inmenso júbilo, puesto que de él dependía la frustración de la temida unión ibérica. De aquí el sobrenombre de Deseado con que le conoce la historia portuguesa.Regencia de Da Catalina. Contando S. apenas tres años a la muerte de su abuelo, Juan III, en 1557, se encargó de la regencia Da Catalina de Austria, viuda del difunto monarca. Mujer sagaz y de gran inteligencia, Catalina gobernó con exquisito celo y moderación. Nombró como preceptor para su nieto a Alejo de Meneses, noble de gran cultura, a la vez que excelente soldado; hizo frente a las intrigas que el cardenal-infante D. Enrique, tío de S., realizaba para lograr la regencia, y cuando los marroquíes se levantaron pensando haber llegado el momento oportuno para sus intenciones, logró someterlos a su autoridad. Sin embargo, pocos años duró la política de la regente. Durante la adolescencia de S., dos jesuitas, Luis Camera, confesor del monarca, y su hermano Martín, habían logrado captarse su voluntad, de manera que, desviándolo de la educación de su preceptor, lo habían convertido en un príncipe idealista y en muchos aspectos intolerante; luego, alimentando la general aversión popular contra el gobierno de una mujer, máxime si era española, lograron que Catalina cediese la regencia a D. Enrique (1567), tras diez años de haberla desempeñado. La regencia de D. Enrique fue poco duradera, puesto que llegado S. a los 14 años (1568), la nobleza -según unos autores- o los jesuitas -en opinión de otros- le incitaron a reclamar el gobierno, con ánimo de evitar las influencias del partido rival. Por ello, el 20 de enero del mismo año, S. era declarado rey.Gobierno de D. Sebastián. El carácter del nuevo monarca, ya fuera por la educación recibida, como pretende la vieja historiografía, ya por taras congénitas, como quiere Marañón, adolecía de excesivo idealismo. A pesar de haberse insinuado como joven inteligente y de gran viveza a su subida al trono, mostraba una exaltada imaginación, no pensaba sino en luchar por la fe y creíase encargado por la Providencia para realizar una misión divina. Este espíritu le inclinó también a un profundo horror hacia la mujer, de manera que, cuando la corte pretendió su matrimonio con Margarita de Valois, hermana de Carlos IX de Francia, agradeció la intromisión española, puesto que produjo la ruptura de las negociaciones. Luego intentaría dar marcha atrás y realizar dicho enlace con el objeto de atraerse a Carlos a una alianza contra el turco. El compromiso de Margarita, primero, y los sucesos de la Noche de S. Bartolomé, después, no permitieron tales proyectos.Es en este momento (1574) cuando S. trata de realizar sus ilusiones en el Norte de África. Aunque la primera expedición no supuso grandes triunfos, apoyado en parte por sus validos, Pedro de Alcacovas y Álvaro de Castro, pero en contra de la opinión de Da Catalina, de D. Enrique y del resto de la corte, S. se entrevistó con Felipe II (1576) para recabar su ayuda -cosa que no logró- y esperó la ocasión para intervenir. Ésta se la ofreció Muley Hamet, rey de Marruecos, al pedirle ayuda contra su tío Abdel-Malek, que pretendía su trono. S., viendo llegado el momento, organizó sus efectivos, y el 24 jun. 1578 zarpaba rumbo a África. Tras una serie de errores y desastrosas acciones, el ejército portugués se vio frente al de AbdelMalek en Alcazarquivir, el 4 ag. 1578. La batalla fue un completo desastre para los portugueses, puesto que murió su rey, lo mejor de su nobleza y desapareció la mayor parte de su ejército.Preocupado por estos problemas, en nada atendió S. los intereses de sus colonias asiáticas. Si bien éstas lograron mantener su extraordinario auge durante el gobierno de Luis. de Ataide (1568-71), con sus sucesores -Antonio de Noronha, Moniz Barreto? etc.- comenzó la división que ocasionaría la pérdida del imperio.J. M. RODRÍCUFZ GORDILLO.
BIBL.: F. DE ALMEIDA, Historia de Portugal, III, Lisboa 1929; M. D’ANTAs, Les laux Don Sébastien, París 1866; A. RAMOS, La batalla de los Tres Reyes y sus caudillos, "Rev. de Historia militar" 111,5, Madrid 1959.
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