Sarampión MEDICINA
Categoria:
Medicina
También conocido por otros vocablos, según idiomas: morbili, rougeole, measles. Del gr. xerampelinos. de color rojo encendido. Enfermedad infecto-contagiosa aguda, que se caracteriza por la aparición de manchas rojas en la piel, pasados tres o cuatro días de intenso catarro óculo-nasal y fiebre.La primera descripción que poseemos de la enfermedad data del s. X y se atribuye al médico persa Rhazés (v.). En los s. XV y XVI, se describieron varias epidemias en Europa, y en 1759 Home logró transmitir la enfermedad de hombre a hombre, mediante la aplicación de sangre de un paciente, en la fase inicial de su enfermedad, sobre una escarificación en la piel de un sujeto sano. Los estudios más importantes sobre la clínica y epidemiología de la enfermedad fueron realizados por Panum, en 1846; pero no es hasta 1954 cuando Enders y Peebles aislaron en cultivos de tejido renal su agente causal.Causas y mecanismo de producción. El s. está producido por un virus de unas 140 milimicras, cuya capacidad para vivir fuera del organismo humano es escasa, por ser muy sensible al aire y a la luz; a temperaturas de - 15° a -70° C. puede sobrevivir durante varios meses; el formol suprime su poder infectante.La distribución geográfica del s. es mundial y su contagiosidad, extraordinaria. Este factor, unido a la inmunidad duradera que deja la enfermedad, es la explicación al hecho de que sea un proceso propio de la infancia. El contagio se efectúa generalmente por vía directa, a través de las gotitas expulsadas al toser o estornudar; aunque, en ocasiones, puede producirse a través de más de una persona. Los niños menores de seis meses están inmunizados contra la enfermedad, si previamente la padeció su madre, pues los anticuerpos contra el s. atraviesan la placenta.Cuadro clínico. Si el individuo contagiado carece de inmunidad, tras un periodo de incubación de 11 días, comienza con fiebre y malestar. Veinticuatro horas más tarde, aparecen síntomas catarrales (secreción nasal, estornudos y tos) y conjuntivitis. Entre el segundo y tercer día de enfermedad, aparece en boca, cerca de los primeros molares y en cara interna de las mejillas, unas manchas blanquecinas típicas, parecidas a granos de azúcar, denominadas "manchas de Koplik". Aproximadamente al tercer día de haberse iniciado estos síntomas, se observa la aparición de una erupción -exantema-, que consiste en manchas de color rojo, de tamaño creciente que, con tendencia a confluir, se tornan pálidas si se ejerce presión sobre ellas; localizadas al principio en cara y cuello, se extienden rápidamente al tronco y, en dos o tres días, a extremidades. El apogeo de las manifestaciones cutáneas coincide con la máxima elevación febril. Cuando la enfermedad no se complica, entre los días primero v segundo del exantema desciende la temperatura y se inicia una regresión, disminuyendo los síntomas catarrales; al mismo tiempo palidece la V erupción, de la cual, tras ofrecer una descamación pulverulenta, pronto sólo quedan unas manchas pigmentadas que desaparecen en una semana. Si éste es el curso que comúnmente ofrece el s., es indudable que puede adoptar, en determinadas circunstancias, otras formas clínicas; la más frecuente de ellas es el llamado "sarampión modificado" que ocurre en niños que poseen inmunidad parcial por habérseles administrado gammaglobulina y en lactantes de cinco a ocho meses que todavía poseen cierto título de anticuerpos maternos; la sintomatología es similar a la de la enfermedad clásica, pero mucho más atenuada. Con mayor rareza puede asistirse a una forma grave del s., denominado "sarampión negro o hemorrágico"; se caracteriza por una elevación súbita de la temperatura de 40° a 4P C., C., acompañado de convulsiones y hemorragias en piel y aparato digestivo.Complicaciones. Las lesiones inflamatorias que el virus del s. provoca en el árbol respiratorio, conjuntivas y piel, puede facilitar en determinadas circunstancias una superinfección bacteriana de las mismas. En tales casos, a los síntomas típicos descritos se añadirán otras manifestaciones, presididas generalmente por una prolongación de la fiebre y matizadas por la localización del proceso. Si se trata de una otitis media, la más frecuente de las complicaciones, el paciente presentará dolor de oídos (o irritabilidad, si el niño es pequeño) y, a menudo, supuración de los mismos; la aparición de la dificultad respiratoria obligará a descartar una neumonía, la segunda complicación en frecuencia, así como una posible laringitis obstructiva, cuadro que ocasionalmente puede también agravar el curso de la enfermedad. Aproximadamente en el uno por mil de los casos el virus puede afectar al sistema nervioso provocando una encefalitis. Esta grave complicación, que se manifiesta por fiebre, dolor de cabeza, vómitos, convulsiones, somnolencia e incluso parálisis y coma, es de evolución muy variable, pues si bien puede conducir a la muerte o curar con secuelas, no es raro que regrese más o menos lentamente hasta una curación total. La otitis y la neumonía, así como otras complicaciones raras (ulceración corneal, apendicitis, septicemias, cte.), poseen actualmente un pronóstico mucho más favorable que antaño, gracias a la antibioterapia.Prevención y tratamiento. La prevención o profilaxis puede efectuarse con la administración de una vacuna o con gammaglobulina. En general, es preferible el primer procedimiento, pues la inmunidad que produce es duradera. No obstante, algunos autores se muestran todavía poco decididos a utilizarla, ante la posibilidad teórica de que la duración de su protección fuera menos persistente de lo previsto, con el subsiguiente riesgo de que la persona vacunada pudiera padecer la enfermedad en épocas posteriores de la vida. La gammaglobulina puede prevenir la enfermedad o atenuarla, según el momento en que se administre. Si se da antes del quinto día de incubación (quinto día a partir del posible contagio) es capaz de prevenirla totalmente, aunque, por supuesto, el individuo no queda protegido para ulteriores contagios. Por el contrario, si se administra entre el quinto y octavo día de incubación, suele producirse el llamado "sarampión atenuado" (seroatenuación), que confiere una inmunidad similar a la de la forma florida. La seroprevención está indicada en niños menores de un año, así como en pacientes portadores de alguna enfermedad importante. La seroatenuación sería deseable en todos los casos, pero es difícil de realizar, pues durante el periodo de incubación (cuyo a menudo es una incógnita) el paciente no muestra signos de enfermedad.El tratamiento debe centrarse fundamentalmente en medidas generales, pues no existe todavía un fármaco eficaz contra el virus. La alimentación debe ser blanda, con abundancia de líquidos y azúcar. Conviene que la habitación esté bien ventilada y, si la luz molesta al paciente, algo oscura. Carecen de eficacia las bombillas rojas, costumbre muy extendida. El tratamiento farmacológico complementario deberá ser dirigido siempre por el médico.J. ARGEMI RENOM.
BIBL.: M. CRUZ, Pediatría y puericultura, Barcelona 1972; S. KRUGMAN y R. WARD, Enfermedades infecciosas de la infancia, México 1965; H. OPITZ y F. SCHMID, Enciclopedia Pediátrica, V, Madrid 1967.
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