Samos, Monasterio de REL. CRIST.
Categoria:
Religión Cristiana
Enclavado en la prov. de Lugo (España), su fundación data de la época visigoda, como consta por la lápida de Ermefredo (s. vii). En él tuvieron vigencia las distintas reglas de vida cenobítica por que se rigieron los monasterios hispanos hasta que arraigó definitivamente en ellos el código benedictino. Fueron primero las normas del monacato oriental, condensadas en las Sententiae, que seleccionó y vertió al latín S. Martín de Dumio (m. 580; v.). A mediados del s. vii, al ser restaurado por el obispo lucense Ermefredo (653-656), se introduce la regla de S. Fructuoso (v.). Hacia el 759, es restaurado, después de la Reconquista contra los árabes, por el abad Argerico, un siglo más tarde por el abad-obispo Fatalis y, poco después, por el abad Ofilón. Los tres procedían del sur de España. Parece obvio que la regla isidoriana ocupase entonces un puesto de honor entre las del Codex regularum. Los s. viii y ix fueron en S. de notable actividad espiritual, cultural y social. Fruela I (reinó del 757 al 768), Ramiro 1 (842-50) y Ordoño I (850-66) lo favorecen con regia largueza. Alfonso II el Casto (791-842) pasa allí los años de su adolescencia. En tiempo del abad Ofilón se amplía el radio de acción religiosa: el abad samosense es como el superior general de las iglesias y cenobios comarcamos, a los que debía visitar mensualmente para mantener en ellos la disciplina. Un monumento de estos lejanos tiempos es la capilla prerrománica que aún hoy subsiste.En los albores del s. x siguen arraigadas en él las formas peculiares del antiguo monacato galaico; S. aparece como dúplice. Hubo, no mucho después, una quiebra en la observancia, a la que en 922 puso oportuno remedio S. Virila, abad de Penamayor (Lugo). Esta fecha marca el comienzo del apogeo a que llegará S. en los s. xi y xii. Cinco de los abades de este periodo son elevados a la dignidad episcopal. Se multiplican las donaciones de reyes y de particulares, de las que se benefician largamente los pobres y los peregrinos jacobeos. Entre sus bienhechores regios descuellan los monarcas de León, Ordoño II (914-24), Fernando II (1157-88), Alfonso IX (1188-1230; v.) y, sobre todo, DI Urraca (1109-26; v.), que lo visitó en tres ocasiones. Entre otros personajes que en él se hospedaron, se cuentan los obispos compostelanos Pedro de Mezonzo (986-1000) y Gelmírez (1100-39; v.). En 1167 tenía 40 monjes, y 50 en 1195. Dependían de él unos 25 monasterios y 105 iglesias parroquiales, y poseía más de 200 villas y 500 lugares, con amplia jurisdicción espiritual, civil y criminal sobre los mismos. El espíritu, renovador de Cluny (v.) y su celo por la observancia de la regla benedictina impregnan, desde principios del s. xll, la vida de los monjes de S., si bien es cierto que no estuvieron nunca bajo el gobierno de la abadía de Cluny.En 1505 S. abrazó la reforma de S. Benito de Valladolid, la cual fue, justo es confesarlo, altamente beneficiosa para el monasterio. Formáronse en sus claustros sujetos aventajados en santidad y en letras: entre los primeros citamos a los abades Lope de la Barrera y Cristóbal de Aresti; entre los segundos baste mencionar al P. Feijoo (v.). Dio seis obispos a la Iglesia y tres generales a la Congregación vallisoletana. En la organización de ésta figuró siempre entre los ocho monasterios grandes. A fines del s. xvii contaba 52 monjes, y 70 un 1785. Al tiempo de la exclaustración seguían dependiendo de él siete prioratos y las, 34 parroquias existentes dentro del coto de la abadía, territorio nullius dioecesis, que abarcaba ocho leguas de circunferencia. Estuvo desierto desde 1835 hasta 1880, año en que fue restaurado de nuevo por el P. Gaspar de Villarroel, antiguo monje de Celanova. En 1951 sufrió un pavoroso incendio. Nueve años duró su reconstrucción, realizada con la excelente perfección que todos admiran. La ingente mole del actual edificio consta de dos claustros (s. xvi-xviii): el de las Nereidas y el del P. Feijoo, cuya estatua de piedra se yergue majestuosa en medio del patio. En la iglesia abacial, monumento neoclásico de calidad, se veneran preciadas tallas de Moure y de Ferreiro.MAXIMINO ARIAS.
BIBL.: P. ARIAS, Historia del real monasterio de Samos, Compostela 1950; M. DURÁN, La real abadía de Samos, Madrid 1947; A. DE YEPES, Crónica de la Orden de S. Benito, III, Irache 1610; f. 211 v.-222 r.; Flórez 40,202-227.
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