Ruso-japonesa, Guerra HIST.
Categoria:
Historia
Factores y orígenes. Junto con la guerra de Cuba entre los Estados Unidos y España, y la de los bóers, constituye uno de los "conflictos periféricos" desencadenados en el quicio de los s. XIX-XX, como consecuencia del expansionismo de las grandes potencias.En la confrontación r.-j. hay que tener en cuenta tres factores: a) el naciente imperialismo nipón, que arranca de la nueva época Meiji (V.), con la consiguiente y sorprendente transformación del viejo Imperio del Mikado en una gran potencia mundial; b) la política rusa de expansión por el Extremo Oriente, idea que llegó a seducir al propio Dostoievski, y que la propaganda de San Petersburgo consideraba como una "misión providencial" encomendada al Imperio de los zares; y c) la descomposición interior de China, incapaz de mantener por más tiempo la hegemonía en sus áreas habituales de influencia; en este caso, sobre Manchuria y Corea, que quedaban así abiertas a la disputa r.-j. También, para comprender el planteamiento de aquella lucha, es preciso tener en cuenta el carácter localizado y limitado de los "conflictos periféricos". En el presente caso, Rusia y Japón entran en guerra en 1904, es decir, en el mismo año del establecimiento de la Entente Cordial (v.) entre Francia y Gran Bretaña, aliados respectivamente de rusos (v. ENTENTE FRANCO-RUSA) y nipones. Éstos y aquéllos fueron al conflicto a sabiendas de que no podrían contar con sus habituales aliados.La tensión se hizo inevitable desde la firma de la paz de Shimonoseki (1895), que puso fin a la guerra chinojaponesa (v.), y en la que los rusos presionaron para refrenar el expansionismo nipón sobre Manchuria y el golfo de Pekín. La diplomacia de San Petersburgo logró no sólo evitar que los vencedores se quedaran con Port Arthur, sino que la codiciada plaza acabaría cayendo en manos rusas (1898). El zar Nicolás II (v.), adulado por algunos de sus consejeros, se consideraba "el salvador de Extremo Oriente", y reclamaba para Rusia una zona de influencia hasta más allá de Pekín. La Compañía del Yalu, en la que tenían intereses algunos miembros de la familia imperial, había comenzado la explotación de los yacimientos de Manchuria, e incluso de Corea, que los japoneses consideraban ya como coto propio. Al mismo tiempo, progresaba la construcción del ferrocarril transmanchú, prolongación del transiberiano. En 1903, el gobernador de Port Arthur, Alexeiev, fue nombrado virrey del Asia Oriental Rusa, asesorado por el negociante Besobresov, fundador de la Compañía del Yalu. Aquel mismo año, los japoneses firmaron su alianza defensiva con la Gran Bretaña, que descartaba la intervención en el conflicto de un eventual amigo de Rusia; y acto seguido comenzaron los preparativos de guerra.Planteamiento estratégico. Rusia, dotada de una capacidad demográfica de dos a tres veces superior a la del Japón, tenía una proporción todavía mayor en lo que se refiere a límite de hombres movilizables. Los arsenales rusos estaban mucho mejor dotados que los de sus adversarios en volumen de armamentos, no tanto respecto de su calidad. El ejército ruso gozaba fama de invencible, sobre todo en acciones defensivas. En cuanto a fuerzas navales, si bien estaban más igualadas, se registraba también superioridad rusa: 60 navíos de línea, por 48 de los nipones.Ahora bien, el conflicto iba a estallar en Extremo Oriente, muy cerca de las bases japonesas y a la vera de sus propias aguas metropolitanas; en tanto que las comunicaciones del centro del imperio ruso con sus avanzadas orientales imponían limitación y lentitud, tanto por mar como por tierra. El transiberiano, línea única y de una longitud desmesurada, no permitía más que un lento trasiego de tropas y material, que sólo habrían logrado acumular los efectivos exigidos por una guerra de mediana envergadura, en un plazo superior a seis meses. Por otra parte, las bases, arsenales y medios logísticos de que disponían los rusos en Extremo Oriente de ningún modo hubieran permitido la acumulación simultánea de todo su inmenso potencial de guerra; los japoneses, en cambio, podían descargar el golpe sobre aquel punto utilizando la totalidad de sus fuerzas. Unamos a ello la imprevisión de San Petersburgo, que no se molestó en concentrar en la zona fuertes efectivos iniciales. La guerra se limitó así al choque de todas los contingentes nipones de mar y tierra, contra sucesivas oleadas de refuerzos rusos, cada una de ellas inferior a los efectivos contrarios.Las operaciones. A fines de 1903, el jefe de Estado Mayor nipón, general Oyama, exponía a su Gobierno, en nota confidencial, la conveniencia de comenzar la guerra cuanto antes, para aprovechar la momentánea superioridad propia. El 13 en. 1904, Japón envió una nota conminatoria a Rusia, exigiendo respeto a la soberanía china en Manchuria. El 5 de febrero Tokio rompió sus relaciones con San Petersburgo, y tres días después sus fuerzas entraban en acción, sin previa declaración de guerra. La flota japonesa pudo destruir fácilmente a la escuadrilla rusa que se encontraba en Port Arthur; el resto de la flota zarista del Pacífico, bloqueada por los hielos en Vladivostok, no pudo intervenir hasta más tarde, y sería destrozada por el almirante Togo en otra acción parcial. Entretanto, el general Kuroki avanzaba con poca resistencia por Corea del Norte, sobre el río Yalu; en aquellos momentos, los japoneses tenían movilizados 200.000 hombres, y los rusos 100.000, la mayor parte sin poder desplazarse de Manchuria. Al mismo tiempo que se libraba la batalla del Yalu, en la primavera de 1904, el mariscal Oyama desembarcaba con un cuerpo de ejército en la península de Liaodong, y aislaba Port Arthur. La plaza resistió heroicamente por espacio de nueve meses, durante los cuales uno y otro bando agotaron los medios técnicos entonces disponibles; pero al fin, carente de abastecimientos, hubo de rendirse (2 en. 1905).Mientras tanto, y después de la batalla del Yalu, en la que los japoneses lograron una victoria relativamente fácil, Kuroki desparramó sus fuerzas por Manchuria, explotando al máximo su mayor rapidez de movilización. En el verano de 1904, las tropas niponas se encontraban en los alrededores de Mukden, la ciudad más importante de Manchuria, frente a la cual pudieron ser detenidos. Los continuos refuerzos que recibía el mariscal ruso Kuropatkin, a pesar del defectuoso funcionamiento del Transiberiano, y de lamentables retrasos administrativos, le permitieron primero estabilizar la situación, y luego, ya en el otoño, tomar la iniciativa. Sin embargo, la contraofensiva de Kuropatkin falló, debido en gran parte a la superioridad japonesa en armas automáticas, patente sobre todo, como entonces era normal, en acciones defensivas. También fracasaron los intentos rusos por liberar Port Arthur, que, como ya sabemos, capituló en enero. Libres de este segundo frente, los japoneses concentraron todas ’sus fuerzas frente a Mukden, en la primavera de 1905, y, aprovechando el desgaste de la ofensiva rusa, se apoderaron en un golpe afortunado de la ciudad.Sin embargo, la guerra no presentaba un final seguro, puesto que los rusos seguían recibiendo indefinidamente refuerzos, mientras que los recursos del Japón -los humanos, y sobre todo los financieros- estaban llegando a su límite, cuando vino a decidirla un nuevo encuentro naval. Fue la batalla de Tsushima (27 mayo 1905), librada entre la escuadra rusa del Báltico -que llegó al mar del Japón agotada tras una odiseica travesía- y la flota de Togo, que logró una victoria decisiva.Resultado final. Rusia ya no podía tener interés en defender unas bases en el Pacífico para una escuadra inexistente. El descontento cristalizó en una serie de desórdenes en San Petersburgo y otros lugares, en 1905 y 1906, que hicieron ver lo impopular de la política belicista. Nicolás 11 pidió la paz, que se firmó en Portsmouth (Nueva Hampshire, USA) el 5 oct. 1905. Rusia cedía Port Arthur y la mitad meridional de la isla de Sajalín, y dejaba al Japón las manos libres en Corea y sur de Manchuria; prácticamente, renunciaba a toda su política en Extremo Oriente. Japón logró su última victoria fácil. Desde entonces, su expansionismo estaría vigilado por las potencias occidentales, y, sobre todo, por los Estados Unidos.J. COMELLAS GARCÍA-LLERA.
BIBL.: J. R. SALis, Historia del mundo contemporáneo, II, Madrid 1960; P. RENOUVIN, G. HARDY y E. PRÉCLIN, L’époque contemporaine, II, París 1960; A. ZICHSKA, Le ]apon dans le monde. L’expansion nipone, 1854-1934, París 1934; H. NORMAN, ]apanese emergency as a world poder, Nueva York 1914; K. KRUPINSKI, Russland und ]apan, Berlín 1940.
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