Rónalduse, Eleonora
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Biografía GER
Famosa actriz italiana, una de las más grandes trágicas del teatro. Hija y nieta de actores, n. en Vigevano, Piamonte (3 oct. 1859). Su familia recorre Italia constantemente y corresponde a la imagen clásica de los "cómicos de la legua", aunque con cierta formación y con un repertorio escogido. Sobre este ambiente se inicia la educación de la actriz, comenzando a actuar desde los cuatro años de edad. Dotada de unas muy poco comunes aptitudes, una sensibilidad extraordinaria y una fuerza de voluntad de superación, consigue que su nombre figure entre los contados comediantes de gran talla internacional. A los 14 años de edad interpreta a Shakespeare en los papeles de Ofelia y Julieta y hace la Cosetta de Los miserables de Víctor Hugo y la Teresa Raquin de Zola.Su definitivo debut como actriz, a la que le ayuda la moda posromántica con su sensibilidad nerviosa en una atmósfera cargada de nost9,lgia, se realiza en el Teatro Carignano de Turín con La princesa de Bagdad de Alejandro Dumas. A partir de este momento, la figura de E. D. va a adquirir una luminosidad propia. Sin embargo, su carrera artística está llena de incidencias. No solamente obran en ella las corrientes literarias y las modas escénicas, sino la atormentada vida de la actriz, que llega a retirarse de la escena en varias ocasiones. Desde 1880 a 1910 el mundo artístico conoce la violencia sensorial del naturalismo, exaltador del apasionamiento, destacándose los actores en obras de acción intensa. El actor se muestra gesticulante, excitado por un fuego devorador intenso. Un repertorio formado por Shakespeare (Romeo y Julieta, Antonio y Cleopatra), Goldoni (La locandiera, Pamela nubile), Verga (Cavallería rusticana), Dumas (Dama de las camelias, Demi-Monde), Renán (La abadesa de Jovarre) y Sardou (Teodora, Cleopatra) es el representativo de este momento y en el que se destaca E. D., con el que recorre Italia y el extranjero. A España llega en 1890, y en su actuación en Madrid (Teatro de la Comedia) tiene la virtud de ganar para el teatro a María Guerrero (v.). Esta pasión atormentada, resuelta escénicamente con la rara movilidad de su fisonomía, se compenetra con la agitación sentimental que E. D. padeció toda su vida.Una de sus grandes preocupaciones fue la de nunca dejarse dominar por el pecado de la vulgaridad. En esta búsqueda constante de la originalidad, muchas veces rayando en el exhibicionismo, se encuentra la justificación a la mayor parte de las leyendas acerca de su excentricidad, que sólo tienen parangó9 en Sarah Bernhardt (v.). El apasionamiento sensorial qél naturalismo deja paso al esteticismo, cultivado como -una auténtica religión de la belleza por su máximo représentante G. D’Annunzio. La filosofía esteticista cambiará el sentido de la representación, dejando olvidados el dramatismo gesticulante para resaltar, de un modo sereno y reposado, el culto a lo bello. Obras de esta tonalidad son las escenificadas por E. D. a partir de 1907, preferentemente D’Annunzio (II fuoco, Sogno dun mattíno di primavera, Citta morta, Francesca di Rimini, Gioconda) e Ibsen (Casa de muñecas, Hedda Gabler) y Maeterlink. Se deja impresionar por el cine, actuando en un guión sacado de una novela de G. Deledda (Cénere).Una aureola de leyenda comienza a envolver su figura, de la que la propia actriz quiere huir, atormentada esta vez por una crisis religiosa, agravada por la tragedia de la 1 Guerra mundial. Sale de ella con un elevado y sincero sentido cristiano, siendo el teatro, para ella, un consuelo. Desde 1921 el cambio de E. D. es total, su teatro está lleno de misticismo, de serenidad, de espiritualidad. Con una declamación lenta, sin aquellos gestos trágicos cargados de intensidad de sus primeros tiempos, ni los efectos exaltadores del esteticismo, tendiendo dar a su palabra un sentido ascético. Durante toda su vida procuró E. D. que se materializase su deseo de creación de un Teatro del Arte, que fuese el origen de la renovación total de la escena. E. D., que m. en Pittsburg 21 mar. 1924 durante una gira a América, seguida de Ruggero Ruggeri, Emma Grammatica y Ermete Zacconi muy de cerca, representa los primeros y más valiosos intentos en esta búsqueda constante de superación, que es la característica más notable del teatro contemporáneo.F. DE SOLANO PÉREZ-LILA.
BIBL.: A. SYMONS, Eleonora Duse, Londres 1926; E. SCHNEIDER, Eleonora Duse. Souvenirs, notes et documents, París 1925; E. A. RHEINHARDT, The lije ol Eleonora Duse, Londres 1930; PH. HARTNOLL, The Ox/ord companion to the Theatre, Londres 1967.
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