Risorgimento HIST.
Categoria:
Historia
Concepto y naturaleza. Se conoce con este nombre el periodo histórico que concluye con la formación del Estado unitario italiano, dominado por la burguesía y ordenado constitucional, jurídica y administrativamente en el ulterior desarrollo de la sociedad burguesa y de sus contradicciones internas, es decir, el periodo correspondiente al y a la conclusión de la revolución burguesa en Italia. Dicho esto, y a fin de evitar disolverlo tout court en la historia de la Edad Moderna y Contemporánea de Italia, debe precisarse que el reconocimiento del objetivo carácter clasista del R. fue corregido y moderado por el hecho de que el complejo proceso históricosocial del R. encontró su unidad y la posibilidad de un preciso destino en la conciencia que de él tuvieron los hombres que fueron sus activos protagonistas.Según el historiador W. Maturi, el R. no puede ser determinado totalmente en el concepto historiográfico de revolución burguesa, sino que es también un concepto histórico, es decir, una idea fuerza, un mito ético-políticonacional, que sirvió para el triunfo de la burguesía, si bien sin llegar a identificarse con la misma. Por lo que respecta al comienzo del R., el problema se presenta bastante complejo, dado que los elementos negativos y positivos, nacionales e internacionales, que se unifican y concurren efectivamente al fin unitario sólo en 1848, no pueden ser individualizados y situados en un momento cronológicamente preciso, porque se fueron acumulando y sobresaliendo poco a poco. En el plano subjetivo, la conciencia de una comunión espiritual de todos los habitantes de la Península y la conciencia de su independencia de la influencia extranjera estuvieron difusas desde la edad comunal, pero dejaron de ser patrimonio infecundo de minorías intelectuales para constituirse en una activa aspiración política sólo en el s. XVIII.Antecedentes y orígenes. Recientes estudios han puesto de relieve que, si se puede hablar de orígenes del R., deben ser situados en el reformismo setecentesco. Con todo rigor, sin embargo, no se podría hablar aquí aún de R., porque falta de él la noción, pero sí, no obstante, de su arranque objetivo. Hay que tener en cuenta, además, que después de 1748 (v. AQUISGRÁN, PAZ DE) se presencia la caída de la hegemonía francesa y la exclusión absoluta de las hegemonías española y austriaca, el triunfo del josefinismo y del regalismo, es decir,. la primera afirmación liberal y laica del Estado, en otras palabras, la desautorización de la Iglesia como potencia europea y, por tanto, italiana, circunstancias éstas que pueden considerarse como elementos "pasivos" de la situación internacional que prepararon la unidad nacional.Cuando V. Alfieri (v.) da el primero forma al R. como mito ético-político-nacional, la conciencia, que se irá formando, del R. como voluntad de Italia de ser un Estadonación no será más que la reacción a la crisis moral, económica, política, militar y diplomática de los Estados regionales de Italia, y la heroica indicación de la única vía de superación de la misma. No obstante esto, el elemento catalizador de mayor importancia no será tanto el reformismo setecentesco como la Revolución francesa y las guerras napoleónicas; gracias a ello, el interés político-nacional se extenderá a la burguesía y a los pequeños intelectuales de la Península.Parte decisiva en la formación del espíritu del R. y en la preparación de la unidad de Italia tuvieron los jacobinos. Recientísimos estudios han demostradb su decisiva importancia. Por ellos, el R. moral y civil de las reformas se transforma en R. político, con una idea unitaria-nacional. El experimento de las repúblicas jacobinas tuvo como consecuencia la abolición del régimen feudal y la introducción de un sistema fiscal proporcional a las rentas, además de la difusión de las ideas de libertad e igualdad y el concepto de representación. Es necesario además hacer notar que "los jacobinos italianos presentan una apertura democrática debido a haber sentido la revolución política también como revolución social, como realización de un ciclo revolucionario entre el campo y las ciudades. El sanfedismo de la plebe rural y el cesarismo napoleónico impidieron que esto se llevara a efecto; el fracaso jacobino, a su vez, sí hizo que, cuando después de 1815, el proceso del Risorgimento sea reprimido, él -si como pasión patriótica atañó a elementos de todas clases sociales- como fuerza activa encontró su base en los estratos más progresivos de la burguesía y socialmente tuvo un carácter conservador" (A. Saitta).Los jacobinos fueron los primeros que agitaron ante la opinión pública los problemas de la unidad de una Italia moderna, aportando así una contribución fundamental a la formación de la conciencia italiana del R., y anticipando directamente las corrientes radicales de la Carbonería y del movimiento mazziniano. Y la República Cisalpina fue el primer embrión de Estado nacional italiano, con administración, ejército y bandera propios. El despotismo napoleónico y después el hundimiento del Imperio, la ocupación austriaca y la restauración borbónica, si cerraron el paso a la realización de los ideales unitarios y liberales, provocaron la reconciliación entre partisanos y adversarios de Napoleón contra los gobiernos de la Restauración, dando así comienzo al amanecer del R. nacional.Una labor incesante y subterránea fue promovida inicialmente por las sectas agrupadas en torno a la Carbonería y a las organizaciones de F. Buonarroti (Adelfia, Sublimes Maestros Perfectos y Mundo). La primera operaba en el reino de Nápoles, mientras la segunda lo hacía en la Italia septentrional, mediante sociedades secretas dependientes de la Adelfia, pero autónomas formalmente. Sostén de la oposición liberal en Milán y Turín fue la secta de los Federados, los cuales, a través de la rev. "II Conciliatore", crearon el animus del liberalismo moderado del R. La lucha de las sociedades secretas desembocó en los primeros motines del R., napolitanos, piamonteses y lombardos, de 1820-21 (V. ITALIA V, 6), cuyo límite regional y la falta de entendimiento entre carbonarios (v.) y murattianos de Nápoles, y carbonarios y federales de Turín y Milán, determinaron su fracaso.Evolución. El hundimiento de la monarquía de Carlos X y el advenimiento de Luis Felipe (v.) en Francia darán de nuevo fuerza a los revolucionarios, y las sublevaciones de 1831 (v. REVOLUCIÓN DE 1830), aun con total fracaso, prolongan el problema político italiano. La hostilidad francesa al predominio austriaco transforma el R. en un problema internacional, mientras que el desplazamiento del epicentro revolucionario al Estado pontificio incluye en el R. el secular problema de las relaciones entre Estado e Iglesia. Asistimos, además, en las sublevaciones de 1831, al hecho capital de la ósmosis entre ideales patrióticos e intereses económicos de la burguesía terrateniente y comercial. Demostraron también la insuficiencia de un movimiento de origen sectario para resolver la situación italiana. Es la decadencia definitiva del viejo revolucionarismo, del sectarismo posnapoleónico, de los métodos y de los dirigentes de la Carbonería.De todo ello surgió la necesidad de buscar otros caminos al R., necesidad de la cual se hizo intérprete G. Mazzini (v.), creando una organización revolucionaria de nuevo tipo, la Joven Italia, que hacía su reclutamiento no ya en restringidos grupos de conjurados, sino en un gran movimiento popular de emancipación nacional. El ideario mazziniano se resumió en la famosa fórmula: "Dios y pueblo, pensamiento y acción", y en el doble lema de la bandera blanca, roja y verde de la asociación: "libertad, igualdad, humanidad, independencia, unidad". Entre Mazzini y Buonarroti se abrió en seguida una disensión irreducible. Mazzini, evitando agitar el grave problema económico-social y poniendo en primer plano el político de la unidad y de la independencia, atrajo la causa del R. a fuerzas que no hubieran jamás aceptado el programa de Buonarroti, pero su método de insurrección popular y de guerrilla falló, porque resultaba irrealizable sin el apoyo de las masas rurales, las cuales podían ser conquistadas para la causa del R. sólo con la atracción de un traspaso de la propiedad de la tierra, completamente extraño al programa mazziniano. Por otra parte, la doctrina religiosa de Mazzini hacía difícil la adhesión de la mayoría del clero y de los católicos. Suscitó, sin embargo, gran aceptación en los ambientes ciudadanos, en la juventud universitaria, en los intelectuales y en la burguesía de los profesionales; y su incansable actividad, si bien constelada de fracasos (expedición a Saboya, expedición de los "Hermanos Bandera", expedición a Sapri), alcanzó el fin de difundir por toda Italia la conciencia patriótica y unitaria.El fracaso de los métodos mazzinianos indujo a la burguesía y a la intelectualidad moderada a buscar una vía más inmediata y eficaz para resolver el problema italiano e instaurar un régimen liberal, y dar vida así a un partido de los moderados o reformistas, cuyos teóricos fueron V. Gioberti (v.) y C. Balbo. El programa giobertiano (neogüelfismo) apuntaba a la formación de una liga federal entre los Estados italianos bajo la presidencia del Papa, conciliando así liberalismo y catolicismo, fidelidad a las dinastías locales y al patriotismo regional, y aspiraciones a una Italia libre e independiente.Las ideas neogüelfas eran contrastadas por los liberales toscanos, a la cabeza de los cuales se encontraban G. Vieusseux y G. Capponi, y por los neogibelinos, encabezados a su vez por F. D. Guerrazzi y G. Montanelli. Escaso peso tuvo el republicanismo federalista de G. Ferrari y C. Cattaneo, aun agitando ideas que volverían a considerarse más tarde en la polémica sobre el ordenamiento administrativo del Estado italiano. El periodo reformista de 1846-47 pareció dar la razón inicialmente a las tesis moderadas, neogüelfas y federalistas, y la retirada del apoyo dado por Pío IX a la guerra de liberación provocó, por un lado, el replegamiento de Carlos Alberto hacia una concepción de la guerra estrictamente saboyana y piamontesa, y, por otro, la reactivación de los demócratas.En la defensa desesperada de las Repúblicas italianas de Roma y Venecia, los democráticos, guiados por Mazzini, Garibaldi (v.) y Manin, firmaron con sangre una delas páginas más bellas del heroísmo del R. Pero esto fue sólo un fúlgido resplandor. Después de 1848 (V. REVOLUCIÓN DE 1848) el R. perdió su pathos democrático, y la iniciativa pasó a manos de la monarquía saboyana y de su ministro, Cavour, cuya función histórica fue la de "imprimir un desarrollo liberal nacional orgánico al Estado saboyano, transformándolo a los ojos de los italianos y de Europa, vencer los municipalismos, absorber muchas energías dispersas en las vías del exilio, convertir a una acción común y concorde bastantes republicanos del 48-49" (C. Morandi).
Por obra de Cavour (v.), el R. derivó hacia una "diplomatización" de la cuestión italiana (guerra de Crimea, congreso de París de 1856, convenio de Plombiéres con Napoleón III); y, a través de la absorción en la Soc. Nacional de ex republicanos, como Garibaldi, Manin y La Farina, y el enganche a la política personal de Napoleón III (v.), asumió un doble carácter: revolucionario hacia el pueblo italiano, que se soliviantaba contra Austria y los viejos principios, y conservador y legalista hacia los Gobiernos europeos (II guerra de Independencia y Expedición de los Mil). Esto permitió llevar a término la unificación de Italia, que se concluyó con la anexión del Véneto (III guerra de Independencia de 1866) y la conquista de Roma (20 sept. 1870). En el plano de las realizaciones políticas prácticas, el R. se concluyó así, si bien el compromiso monárquico-moderado, con el que se concluía, no era, o era sólo en parte, el R. que habían pensado los más puros partidarios del mismo.GIOVANNI STIFFONI.
BIBL.: Questioni di Storia del Risorgimento e dell’unitá d’Italia, dir. E. RoTA, Milán 1951; C. SPELLANZON, Storia del Risorgimento italiano, Milán 1933-50; G. CANDELORO, Storia dell’ltalia moderna, Milán 1956-64; A. OMoDEo, L’etá del Risorgimento, Mesina 1931; íD, Di/esa del Risorgimento, Turín 1951; L. SALVATORELLI, Pensiero e azione nel Risorgimento, Turín 1943; W. MATURI, Interpretazioni del Risorgimento, Turín 1962; A. GRAMSCI, Il Risorgimento, Turín 1949; R. ROMEO, Risorgimento e capitalismo, Bar¡ 1959; P. PIERI, Storia militare del Risorgimento, Turín 1962; G. SALVEMINI, Scritti sul Risorgimento, Milán 1963.
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