Revelación I. Historia de las Religiones. REL. NO CRIST.
Categoria:
Religión No Cristiana
1. Religiones históricas. Diversas religiones atribuyen más o menos explícitamente algún carácter revelado a sus enseñanzas, moral o culto: algunas de las que se pueden llamar "históricas", en cuanta tienen un origen o fundador históricamente determinado y perduran en la actualidad, y muchas de las religiones antiguas y de las llamadas primitivas. Si no se atribuyen un carácter revelado en sentido propio y estricto, de alguna manera se relacionan o hacen depender de una R. en ese sentido, o al menos hablan de ella o admiten su posibilidad. Sin embargo, pocas religiones se atribuyen una exclusividad o un valor absoluto y universal, para todos los hombres, considerando a las demás falsas o incompletas.Entre las religiones históricas destaca el cristianismo (v.); la Iglesia católica se presenta como única depositaria y transmisora de la R. divina plenamente auténtica, perfecta y completa, dirigida a toda la humanidad. En cuanto a las relaciones del cristianismo con las demás religiones, y a las valoraciones que de éstas pueden hacerse, son diversas: en unos casos las religiones no cristianas se rechazan completamente, como falsas o inconvenientes; en otros se reconocen en ellas algunos valores que pueden ser preparatorios para descubrir la verdadera y plena R., en cuanto conservan o desarrollan elementos de lo que suele llamarse R. natural y religión natural; o se consideran precursoras de la R. cristiana, en cuanto quizá conservan elementos de la R. primitiva en los albores de la humanidad.Respecto a los grupos y organizaciones denominadas "cristianas" pero separadas de la Iglesia católica (v. ORTODOXA, IGLESIA; PROTESTANTISMO; SECTAS), el criterio de su valoración será semejante. Desde luego no se puede decir que sean propiamente fruto de la R., sino que son responsabilidad de los hombres que realizaron la separación o que originaron la confesión o secta de que se trate. Por tanto, tampoco contienen la verdadera R.; los elementos que conserven de la R. pueden servir a algunas personas, en la medida que actualmente estén de buena fe y busquen sinceramente la verdad, para llegar a la verdadera Iglesia de Jesucristo y a la salvación (aun cuando ello estará dificultado por los errores o distanciamientos que tengan de la Revelación). Lo mismo puede decirse del judaísmo (v.) posterior a Jesucristo; ya se ha hecho también referencia a él en la segunda parte del artículo anterior (v. Introducción, 2). Pero no es éste el lugar de tratar todo esto con amplitud; para ello, v. IGLESIA II y III,2; FE V; APOSTOLADO; ECUMENISMO; LIBERTAD IV; así mismo puede verse JESUCRISTO, y los artículos siguientes (II-III).
Fuera del cristianismo, muy pocas religiones se atribuyen un carácter más o menos absoluto o exclusivo. Hay que nombrar primeramente la religión islámica o musulmana, que se considera receptora de una R. divina a través de Mahoma destinada a toda la humanidad, y que aprecia en el judaísmo veterotestamentario y en el cristianismo una Revelación anterior. Es fácil reconocer la superioridad del islamismo respecto a otras religiones en diversos puntos; p. ej., el monoteísmo, la inmortalidad, la oración, cte., tomados fundamentalmente de la R. bíblico-cristiana. Al mismo tiempo no es difícil apreciar otros puntos más débiles o inferiores; Mahoma no hace, esencialmente y desde el punto de vista religioso, más que reproducir o modificar lo que encuentra en otros lugares; su personalidad se muestra en ocasiones grande y ardiente y en ocasiones débil y poco noble (V. MAHOMA; ISLAMISMO).Buda se considera un "iluminado", descubridor en sus reflexiones de unas verdades morales y de unas prácticas ascéticas para lograr paz o felicidad, cuya propagación se convirtió en la misión de su vida y dio origen al budismo. Las distintas tendencias budistas interpretan diversamente su doctrina; algunas han divinizado su figura y le dan culto, o admiten un politeísmo más o menos amplio; otras se reducen a mantener enseñanzas budistas de carácter moral y ascético, algunas valiosas, como el dominio de sí, la benevolencia hacia los demás, etc. (V. BUDA Y BUDISMO). El brahmanismo, en cuyo seno se formó y del que se desvió Buda, considera como sagrados, y en cierto modo como más o menos contenedores de alguna R., a los libros llamados Vedas (v.) y otros. En ellas se encuentran diversas y elevadas enseñanzas de carácter moral y espiritual, como la oración o meditación, una rigurosa ascesis, cte.; por otra parte se afirma la metempsicosis (v.) o transmigración de las almas, como también en el budismo, y su fondo, que parece era originariamente de tendencia monoteísta, es en general más bien panteísta y también politeísta, según las interpretaciones (V. BRAHMANISMO; HINDUISMO).El mazdeísmo de Zoroastro, en el antiguo Irán (v.), se presenta más claramente como una R., pero más bien sólo como una corrección y mejora de la religión irania entonces existente y dentro de sus límites, implantando una moral y culto mejores y más exigentes. Es discutido si Zoroastro interpretaba su dualismo (v.) del bien y del mal en un sentido monoteísta; en todo caso en su interpretación y propagación posterior a través del maniqueísmo (v.), fuera de los límites del Irán y hasta los primeros siglos de la era cristiana, aparece como un dualismo teológico estricto (v. MAZDEÍSMO; ZOROASTRO). Ya desaparecido, sólo se han conservado elementos mazdeístas, algunos de notable valor y con tendencia monoteísta, entre los grupos parsis de la India, emigrados del Irán ante las invasiones musulmanas (v. PARSISMO).Las demás religiones actualmente existentes, como el sintoísmo (v.) japonés, el confucionismo (v.) chino o algún otro resto de religiones antiguas o primitivas en territorios todavía no cristianizados, no se consideran propiamente reveladas; si hablan de R. lo hacen en un sentido metafórico o en el sentido históricamente indeterminado de los antiguos mitos. En todas ellas, en los elementos valiosos que contienen, no cabe duda se encuentran expresiones de la R. natural, y tal vez, en algún caso, de la R. primitiva. Pero de esta, así como de los mitos y religiones primitivas, nos ocuparemos en el apartado siguiente. Lo normal es que la mayoría de las religiones no cristianas se consideren más o menos iguales o semejantes a las otras, atribuyéndose alguna exclusividad o cierto valor absoluto o revelado únicamente en detalles o peculiaridades de finalidad local, racial o política, o sencillamente de simple elección entre otras posibles. Es conocida a este respecto, p. ej., la actitud de eclecticismo y de sincretismo relativista de la antigua Roma (v.) y de su religión; hay otros ejemplos, antiguos y contemporáneos, y también notables excepciones.Es claro que si Dios ha hablado y se ha revelado verdaderamente, debe escucharse y seguirse su voz, y no basta entonces limitarse a vivir una religiosidad y una moral más o menos "natural" o relativista, tradicional o sincretista. El deber de amor y obediencia a Dios es un deber moral elemental y obliga siempre, aunque expresamente no viniese exigido por la R. sobrenatural (V. CREDENTIDAD). Por otra parte, aunque hay un cierto fondo común y analogías más o menos grandes entre muchas religiones, hay también diferencias y contrastes, a veces en cosas fundamentales; en primer lugar la misma R. existe o no existe, el premio o castigo en la otra vida es eterna o no, Jesucristo es Dios-Hombre o no, etc.; y no pueden ser ciertos a la vez todos los términos de esas disyuntivas. Por tanto, se impone buscar si hay una verdadera R.; para el que ya es cristiano le basta comprobar lo que es el cristianismo.Aceptar o considerar todas las religiones como más o menos iguales, además de suponer en muchos casos una ignorante superficialidad, supone un autoengaño y el pecado de indiferentismo (v.), es decir, el no cumplimiento de la obligación de amar y obedecer a Dios como conviene, de buscar y respetar la realidad de las cosas, especialmente las más divinas. Precisamente ese "fondo común" de todas las religiones, además de ser insuficiente por ser mínimo, lo es porque supone siempre esa obligación. Por eso, aparte de la doctrina y organización que se puede llamar oficial en cada religión, que cada alma individual vivirá o no y tratará de comprender o no a su manera, es lógico que una persona noble o de recta conciencia se plantee el tema de saber cuál es la verdadera R. y la verdadera religión. El estudio de esta cuestión, es decir, de la posibilidad, conveniencia o necesidad de una R., de su existencia de hecho, de cómo nos llega y de los criterios para discernirla se expone más adelante (en los dos artículos del apartado ni de esta voz; respecto a la obligación de aceptarla, aparte de lo que allí se dirá, ha de verse también: CREDENTIDAD, MOTIVOS DE; FE IV-V; GRACIA).2. Religiones no cristianas en general. Aparte de las religiones, y de su concepto de R., consideradas en el apartado anterior, podemos agrupar las restantes como’ en dos grandes bloques: las "antiguas" y las "primitivas". Estas corresponderían a las de los pueblos más primitivos, esto es, más remotos en la historia. Conforme aparecen en ellas tradiciones, leyendas o mitos religiosos más desarrollados, con un culto más elaborado y una organización social mayor, van dejando de ser primitivas, y les aplicamos aquí el calificativo de "antiguas". En gran parte, frente a estas últimas, y a su desarrollada mitología politeísta, unida generalmente a más o menos extensas degeneraciones y corrupciones morales, reaccionaron generalmente las religiones históricas de las que hemos hablado. Estas religiones antiguas y primitivas, y lo mismo las históricas, "no son naturales, en el sentido de que no expresan la Revelación divina a través de la naturaleza en su estado puro, sino que son más bien simples elaboraciones de esa Revelación; no lo son tampoco en otro sentido, en cuanto son históricamente manifestaciones religiosas de hombres que viven en un mundo que, desde sus orígenes, es un mundo de gracia y pecado" (1. Daniélou, Dios y nosotros, 13).Respecto a todas ellas se puede decir que la tradición católica ha adoptado una postura que es consecuencia del conocimiento, revelado, del estado de la naturaleza humana, dañada por el pecado pero no corrompida del todo. Se rechazan las perversiones que ofrecen: idolatría (v.) o politeísmo (v.), panteísmo (v.), maniqueísmo (v.), etc., así como la magia (v.) u otros cultos indignos, aberrantes o inmorales, falsos o erróneos preceptos éticos, etc. Además se consideran superadas, desde el momento que Cristo es la plenitud de la R. divina, que viene a salvar a todos en una religión más sublime. Pero no se niega la existencia de valores auténticamente religiosos en ellas, elementos de la R. natural, expresión de una asistencia que jamás ha negado Dios al hombre, y como piedras de contraste con el judaísmo y cristianismo. "Os predicamos -dice S. Pablo a los habitantes de Listrapara convertiros de las vanidades al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto hay en ellos; que en las pasadas generaciones permitió que todas las naciones siguieran su camino, aunque no las dejó sin testimonio de sí, haciendo el bien y dispensando desde el cielo las lluvias y las estaciones fructíferas, llenando de alimentos y de alegría vuestros corazones" (Act 14,16-17).Los trabajos e investigaciones de la ciencia y de la historia de las religiones (v.) han mostrado también que, con frecuencia, eran manifestaciones de una religiosidad auténtica doctrinas y ritos que, a primera vista, podrían parecer expresiones de degenerada superstición. Cuando antiguas religiones rendían culto al sol (v.), o a la naturaleza (v.), o a los ídolos, etc., no lo hacían tanto dirigiendo su adoración a esos fenómenos naturales o a esos ídolos, sino más bien en cuanto eran manifestaciones de un poder superior o un recuerdo de la presencia divina. A veces será difícil discernir la mezcla o contaminación de idolatría, superstición o magia, pero no impide que tuviesen un conocimiento y adoración del Dios único y verdadero, más o menos claros, según la calidad de las almas y su correspondencia a las gracias de Dios.La Biblia, tanto el A. como el N. T., recuerda con frecuencia, que, además de en la R. primitiva y en la R. sobrenatural a Moisés y las Profetas que culmina en Cristo, Dios se manifiesta a todos los hombres con su Providencia (v.) en la R. natural (Gen 5,24; Ps 19,1-5; 53,1; lob 38-39; Sap 13,1-9; Act 14,15-18; 17,26-27; Rom 1,2023; 2,14-15; etc. v. luego, II, A). Antes de hablar a nuestros primeros padres y por medio de Moisés, los Profetas y Cristo, Dios ha hablado a todos los hombres a través del cosmos y de la conciencia. El A. T. también testimonia como ciertos hombres, que no eran israelitas de raza ni de religión, es decir, que eran lo que llamamos paganos, conocieron y reverenciaron al Dios verdadero; así Noé, Henoc, Melquisedec, Lot, Job, etc. (cfr. Daniélou, Les saints pciiens..., o. c. en bibl.). En las religiones paganas hay al menos una expresión de la R. natural; pero recibida en unas inteligencias y conciencias dañadas al menos por el pecado original, sin el apoyo de una R. positiva, sin que por otra parte se puedan suponer desprovistas de toda ayuda sobrenatural, esa R. natural difícilmente llega en toda su integridad a las almas. Podrían recibirla, y de ahí se sigue que en sus desviaciones sean frecuentemente culpables (Sap 13,6; Rom 1,18-19) y que algunos hayan podido percibirla.De todas formas, esa R. natural a través del cosmos y de la recta conciencia, cuya expresión deficiente son las religiones no cristianas, es incompleta, en cuanto la R. judía y cristiana les aventaja infinitamente; son una etapa superada en la historia de la R. (v. in, 1,3). Por tanto, detenerse en esas religiones es un defecto; pueden ser verdaderas en algunas de sus partes y de su ser, pero al mismo timpo inaceptables. Pueden ser consideradas precursoras de Cristo, lo mismo que Buda, Zoroastro o Confucio; pero lo propio del precursor es desaparecer como tal y seguir a Aquel a quien de una forma u otra han anunciado, y así ha sucedido en muchos casos; y si no lo hace se convierte él mismo en un suplantador o falsario. Para un más amplio desarrollo de las relaciones del cristianismo con otras religiones y de las diversas valoraciones que de ellas pueden hacerse, y para el importante tema de las relaciones entre R. y religión, ha de verse el artículo RELIGIÓN III.3. Religiones antiguas y primitivas. En cuanto a los mitos, que se encuentran en las religiones antiguas cuanto menos primitivas son, no es éste el lugar de ocuparnos extensamente de ellos; para sus orígenes, diversas clases, historia e interpretaciones, v. MITO Y MITOLOGÍA I-II. Nos ocuparemos únicamente del sentido en que se habla en ellos de Revelación o Revelaciones. Los mitos religiosos de las antiguas religiones son muy variados y en general más politeístas cuanto más numerosos y desarrollados son. La mayoría son cosmogonías (v.), relatos sobre el origen del mundo y de los hombres, o incluso Teogonías (v.), relatos sobre el origen de los dioses (! ). Característica general suya es que no son explicaciones causales, salvo en aspectos o casos concretos (p. ej., explicar por qué y cómo ha empezado a existir el mundo, o los hombres), sino más bien relatos y descripciones de cómo es el otro mundo, el de los dioses o el del más allá después de la muerte, del cual es un reflejo o sombra lo que ocurre en este mundo, con sus ciclos y repeticiones; sus dioses son sobrehumanos o preternaturales, más que sobrenaturales. Este mundo ha sido originado por ellos, o es eterno y cíclico como ellos; en todo casa la Revelación o Revelaciones en los mitos contenidas o aludidas son ahistóricas e intemporales en general. Y ésta es una diferencia esencial con los relatos de la R. bíblica, que es eminentemente histórica, en la que Dios es único y el único eterno, en la que el mundo ha sido hecho por Él, comenzando así la historia y el tiempo humano, y en la que se relatan no historias de otro mundo, sino de éste. Los relatos de la R. bíblica no son sucesos ocurridos en un tiempo arquetípico o ejemplar como en los mitos, sino en el único tiempo existente, en el de los hombres, en el que Dios, movido por su misericordia (no por celos, por odio, o por ambición) ha intervenido para ayudarles, para reparar sus pecados y salvarlos.Basta aquí transcribir unos párrafos de Daniélou (Dios y nosotros, 33 ss.) que resumen excelentemente la cuestión: "Para algunos, los misterios cristianos no son de naturaleza distinta de los mitos cósmicos. Ya Porfirio y Celso (v.) relacionaban la maternidad virginal de María con los nacimientos milagrosos de la mitología, y la Resurrección de Cristo con la de Adonis. Simone Weil, en su Carta a un religioso, insiste en relacionar la viña de Dionisios y la de San Juan de la Cruz, la cruz de Cristo y el árbol cósmico. Para deshacerse de esta asimilación, Bultmann (v.) quiere hacer una desmitologización (v.) del cristianismo, pensando que las representaciones por las que se expresa son mitos, ya se trate de la Encarnación, de la Resurrección o del juicio, y que la fe es un acto de adhesión al mensaje de salvación de Jesucristo por encima de toda representación". Pero en realidad "la Revelación bíblica y cristiana no deben nada a los mitos. Habla de acciones divinas individuales sin precedentes, y no de ese fondo permanente de lo humano. La veneración a María no es, como quiere Jung, la del elemento femenino de la divinidad, como sucede en las madres vírgenes del helenismo o del hinduismo, sino que se apoya exclusivamente sobre el papel que desempeñó en el momento único de la historia de la salvación. La cruz de Cristo no es el símbolo cósmico de las cuatro dimensiones, sino el patíbulo infame en que fue suspendido el Salvador del mundo. La viña no es el símbolo de la inmortalidad dionisiaca, sino el del pueblo de Israel, plantado por Yahwéh. La Resurrección no es la expresión del triunfo cíclico de la vida sobre la muerte en el resurgir anual de la primavera, sino el hecho histórico único que, una vez para siempre, introduce a la humanidad en la vida trinitaria".Una de las diferencias características de los mitos y su religión cósmica con la R. bíblica es que en los primeros Dios se manifiesta a través de la regularidad y repetición de los ciclos estacionales, mientras que en la Biblia se revela a través de acontecimientos históricos particulares. "Cristo murió y resucitó de una vez para siempre. Adonis, símbolo de la vida biológica, muere todos los años en otoño y resucita en primavera. Sólo con el cristianismo el tiempo adquiere un valor propio". "De ahí resulta que el ropaje mítico que Bultmann piensa que hay en los misterios cristianos está fuera de la esencia del cristianismo". Por lo demás, los mismos cristianos primeros conocen ya los mitos, son conscientes de que nada deben a ellos, y más aún de que han de ser completamente rechazados y evitar cualquier relación con los mismos (cfr. 2 Tim 4,3-4; 1 Tim 4,6-7 y 1,3-4; Tit 1,14; 2 Pet 1,16; v. t. MITO Y MITOLOGÍA 1, 4, donde se analizan estos textos y se estudia más ampliamente esta cuestión). En los mitos hay, pues, sólo expresiones, en general insuficientes y deformadas, de la R. cósmica o natural, de la manifestación de Dios que siempre es su creación (v.) y providencia (v.); para esas deformaciones, v. POLITFISMO; DUALISMO; PANTEÍSMO.Pero además de contener expresiones y elementos de la R. natural ¿hay en algunos de esos mitos y mitologías restos de la R. primitiva, o de posibles Revelaciones particulares hechas por Dios a almas más sinceras y piadosas? Diversos autores han respondido afirmativamente. En la Antigüedad, algunos Padres de la Iglesia ya pensaron que los elementos o verdades generales válidos de las religiones paganas habían sido tomados de la R. mosaica; pero muchas de ellas por razones de cronología, o de geografía, no han podido hacerlo. También se ha planteado y admitido la continuidad y transmisión de la R. primitiva a Adán y Eva en el Paraíso (v.) terrenal, después del pecado y a través de la propagación y dispersión del género humano. Especialmente, en el s. xix, con el romanticismo (v.), se expuso y defendió ampliamente esta idea; uno de los autores más representativos en este sentido es Lammenais (v.). Incluso se llegó, en esa época, a dar tal valor a la tradición y a la transmisión de la R. primitiva, que se consideraba incapaz a la razón humana por sí sola para descubrir la simple R. natural; esta doctrina fue ya rechazada por la Iglesia como herética (V. FIDENMO Y TRADICIONALISMO; v. t., luego, III, 1,5).Recientemente, en el s. XX, W. Schmidt (v.) y la escuela etnológica histórico-cultural (v.) se han esforzado en mostrar, más en concreto, los restos de la R. a los primeros padres de la humanidad en las ideas religiosas de los pueblos primitivos (v.). El estudio científico de éstos ha demostrado efectivamente que en ellos se encuentra una forma de religiosidad bastante pura y elevada, en general claramente monoteísta, junto con bellísimas oraciones (V. ORACIÓN I) y formas de piedad y culto individual y familiar profundas y sencillas. Al mismo tiempo, junto a estos elementos, que pueden ser considerados de R. natural, se encuentran ideas sobre la creación y el pecado original, sobre la misma existencia de la R. primitiva a los primeros seres humanos o al primer antepasado, sobre posibles salvadores, o sobre un enviado de Dios para instruir a la humanidad, etc. (v. CREENCIA); algunos piensan que estas ideas pueden ser resultado de una transmisión de esa R. primordiál. De todas formas, sea lo que sea de esa posible transmisión, lo único que puede decirse con certeza es que la existencia de la R. primitiva está atestiguada por la Biblia; aparte de esto, es difícil reducir a ella los elementos de las religiones primitivas, y es imposible precisar la continuidad histórica de la misma a través de los muchos milenios de historia humana entre Adán y los comienzos de la R. sobrenatural históricamente datable con Abraham (v.).Sin embargo, son un data definitivo las características apuntadas de las religiones primitivas (V. PRIMITIVOS, PUEBLOS II); y es simplemente probable, aunque por ahora históricamente indemostrable, el que esas características dependan de la R. primitiva. Aunque si se considera que Dios quiere la salvación de todos los hombres, esa probabilidad es considerada por muchos como certeza, ya que Dios no ha podido dejar a gran parte de la humanidad sin elementos de la R. sobrenatural, al menos de la primitiva. Pero otros consideran que basta la R. natural y la ayuda de gracias sobrenaturales, o incluso Revelaciones particulares, a las personas piadosas y sinceras, para que muchos, mientras no reciban la R. sobrenatural, puedan llegar a la salvación (evidentemente, y en todo caso, al llegar la R. sobrenatural, si no se busca o si se rechaza, la salvación es imposible) (V. BAUTISMO III, 6).V. t.: RELIGIÓN; CREENCIA; MORAL I y IV; CULTO I; ORACIÓN I; PRIMITIVOS, PUEBLOS; MITO Y MITOLOGÍA I-II.JORGE IPAS.
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