Renacimiento Il. Ciencias, Filosofia y Teologia. HIST.
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Historia
1. Características generales. De los dos siglos renacentistas, el más destacable filosóficamente es el s. XVI; igualmente ese siglo es importante en la historia de la Teología, y ese renacimiento teológico está unido al mayor vigor filosófico de determinados autores y a un importante desarrollo de las doctrinas jurídicas y políticas. El pensamiento del s. XV, en cambio, es más pobre, y tiene poco interés respecto a logros anteriores, como los del siglo de oro medieval, el s. XIII. En lo que se refiere a las ciencias más empíricas, hay un cierto empeño en cultivarlas, pero todavía se pueden señalar pocos logros notables; su cultivo se mezcla en muchas ocasiones con la magia, la alquimia, los ocultismos u otras extravagancias que florecen abundantemente en el Renacimiento.A mediados del s. XV se ha producido ya una gran acumulación de textos clásicos recopilados y traducidos durante un siglo por los llamados humanistas, en toda Europa y principalmente en Italia (v. HUMANISMO I, 2). Los temas de carácter filosófico, o teológico, tratados por los humanistas habían sido muy reducidos: el hombre como centro y modelo del mundo, como imagen del universo, la felicidad humana y algunos temas de educación y moral; en cualquier caso su trabajo fue más de erudición y literario (v. III, 1) que de investigación; y en gran parte lo seguirá siendo después, aunque desde 1450 puede decirse que ’hay un mayor interés por las ideas y el pensamiento -y no sólo por la forma en que se expresan- de los filósofos griegos. Así, hay más amplitud de temas cultivados, e incluso se estudian algunas corrientes de pensamiento griegas, más o menos pintorescas o de poco interés, como los epicúreos (v.) y el atomismo (v.), que lógicamente no habían sido atendidas ni tenidas casi en cuenta. En esta época se ha recuperado casi la totalidad de la obra de Platón, los textos de Aristóteles se manejan en sus originales, se estudian con interés los estoicos, etc. Ya eran conocidos en la Edad Media a través de diversas fuentes (v. MEDIA, EDAD III, 3-6); ahora sobre todo en sus originales. Es sabida la contribución de los bizantinos a la recuperación de escritos antiguos; los trajeron consigo a Occidente a raíz del Conc.de Florencia (1438) y de la caída de Constantinopla en poder de los turcos (1453).
Una de las primeras manifestaciones de lo dicho hasta ahora fue la controversia provocada en Italia por griegos llegados de Constantinopla acerca de un punto de discrepancia entre Platón y Aristóteles: el de si la finalidad existente en el mundo natural es de carácter consciente o inconsciente. Los aristotélicos de Padua interpretaban el texto de Aristóteles (Physica, I1,8,198b-199b) desde un punto de vista averroísta, defendiendo que la naturaleza estaba dominada por una especie de indeterminismo; intervinieron Gennadio, Gaza, Callisto y Trebizonda del lado aristotélico. En cambio, partidarios de la doctrina de Platón, según la cual la naturaleza obra siempre con razón y sabiduría, se mostraron Pletone, Bessarion (v.), Apostolios y Perotti. La controversia terminó en 1472 con la muerte de Bessarion, que había adoptado una postura conciliadora. Si bien el episodio no es importante, es buena muestra de una parte de la filosofía renacentista. La polémica, la exégesis, la crítica y la lucha aristotélicosplatónicos, con un mayor desarrollo de la filosofía inspirada en Platón, son algunas características del pensamiento filosófico en ese periodo en el que tantas transformaciones importantes se suceden (viajes y descubrimientos, la imprenta, América, guerras con los turcos, de sectas protestantes, etc.) y que quizá en el principio no permiten o no dan tiempo a los espíritus a filosofar con más vigor.Es así imposible encontrar rasgos que definan al pensamiento renacentista, fuera de la dispersión general de las investigaciones y del empobrecimiento en muchas corrientes filosóficas. Astas son muy diversas: neoepicúreos (Valla), neoestoicos (G. du Vair, J. Lipsius), neoplatónicos (Academia florentina), neoaristotélicos (escuela de Padua, averroístas), platónicos (Cusa, Telesio, Bruno, Ficino, Campanella), lulistas; algunos de todos éstos, preocupados por la ciencia y conocimiento de la naturaleza, son también cultivadores de extrañas o pintorescas doctrinas como las de la cábala, astrología, magia, ocultismo, etc. (desdePico della Mirandola y Reuchlin a Paracelso, Telesio, Campanella, etc.); hay también escépticos (Montaigne, Charron), otros más o menos independientes y críticos (Vives, Erasmo, Huarte de San Juan); abundantes son los continuadores de la tradición nominalista, mayoría en las escuelas y universidades del s. XV, que tanto influirían en la formulación de las ideologías luteranas, y que al mismo tiempo inician su declive; en el protestantismo, con influencia neoplatónica, aparecen combativos pseudomísticos de carácter alumbrado o teosófico (Weigel, Bóhme); junto a los nominalistas, y en polémica con ellos, se encuentran en las escuelas universitarias escotistas y tomistas, etc.
La línea más rigurosa y más propiamente filosófica es la que no pierde el contacto con la obra de S. Tomás de Aquino. Dicho de otro modo, la renovación filosófica y teológica, con verdaderos logros, se produciría por los que superan el escolasticismo y las meras cuestiones lógicas del nominalismo así como las disquisiciones eruditas de aristotélicos, platónicos y humanistas en general, pero beneficiándose del estilo literario humanista o de las precisiones nominalistas, y volviéndose a lo sustancial de los problemas y a lo real de las cosas. Aprovechan también los grandes maestros del s. XIII, especialmente S. Tomás de Aquino, cuya Suma Teológica comienza a ser usada como base de las explicaciones de cátedra precisamente en el R.; el primero que así lo hace es Pedro Crockaert (m. 1514) en París. Figuras de este renacimiento filosófico y teológico, que, iniciado en el s. XV se consolida y extiende en el s. XVI, y que se prolonga en el s. XVII, son Capreolo, Cayetano, Vitoria, Cano, Báñez, etc.Al mismo tiempo, en el terreno de la ciencia natural, las diversas aportaciones de interés, especialmente en Astronomía (Vine¡, Copérnico, Kepler y Galileo), se unen a interpretaciones filosóficas de las mismas, muchas veces poco acertadas, tanto si provienen directamente de los experimenialistas como de otros que se dedican a interpretarlos o divulgarlos. Es destacable el desarrollo de la ciencia política y el Derecho internacional, con figuras como Moro, Maquiavelo, Vitoria, Soto, Bodino, Grocio, etc., de las que hay que resaltar Vitoria y la Escuela de Salamanca. La Teología viene estimulada, sobre todo en el s. XVI, además de por el descubrimiento y actualización de la Suma Teológica de S. Tomás, por las ediciones y estudios escriturísticos (Políglota de Alcalá, etc.; v. BIBLIA VI, 8); además las controversias suscitadas por los protestantes hacen ocuparse a buen número de teólogos en cuestiones de Teología polémica, apologética, histórica, etc. (Alveldt, Ferber, Hoogstraeten, Cocleo, Eck, Canisio, Alfonso de Castro, Vega, Gregorio de Valencia., Hosius, Allen, Catarino, Possevino, Belarmino, etc.).Para completar y perfilar este cuadro general de autores y corrientes que se acaba de esbozar, hay que ver también el artículo MODERNA, EDAD III (n° 3 y 4) de esta Enciclopedia. Dicho artículo se complementa con éste, y trata especialmente del renacimiento filosófico y teológico que en el terreno práctico se volcó en el estudio de la Moral y Derecho, y entre cuyos máximos representantes se encuentran los autores de la llamada Escuela de Salamanca.2. Aristotélicos (averroístas y alejandrinistas). La multiformidad renacentista se manifiesta incluso en el interior de una misma tendencia. Existen aristotélicos independientes, dentro de la ortodoxia, como los españoles Ginés de Sepúlveda (1490-1573) y Vallés (1524-92), o como el veneciano Ermolao Barbaro (1454-93), humanista, contrario tanto a la interpretación escolástica como a la averroísta de Aristóteles; también existe un aristotelismo v. MELANCHTON; PROTESTANTISMO II, 1). NO obstante, lo más significativo dentro de la interpretación de Aristóteles en esta época se halla en Italia, donde dos escuelas, primero los averroístas de Padua, un poco más tarde los alejandrinistas, mantienen viva la polémica con los platónicos de Florencia.El origen del averroísmo en Italia data de comienzos del s. XIII, tras las traducciones de Averroes por Miguel SCOtO (v. AVERRONTAS LATINOS). Más adelante, tras la condena de París de 1277, esa interpretación se hace heterodoxa y se extiende por Padua, Venecia, Mantua y Ferrara. El averroísmo italiano no es, a pesar de todo, un movimiento coherente; las diferencias entre sus seguidores son apreciables. En ocasiones, pocas de las tesis condenadas en París coinciden con las de ellos, a la vez que el límite entre la ortodoxia y la heterodoxia es a menudo impreciso. La cuestión más tratada fue la de la unidad del entendimiento agente; algunos defendieron también la del entendimiento posible. La mayoría de estos pensadores sostuvo la teoría de la doble verdad, aunque sea difícil precisar su significado concreto, que se asemeja en muchas ocasiones a la separación efectuada por el nominalismo entre el campo de la razón y el de la fe (v. RAZÓN II, 4). El grupo de averroístas renacentistas más importante enseñó en Padua: Elia del Medigo (m. 1493), Nicoleto Vernias (m. 1499), Marco Antonio Zimara (1460-1532), Alessandro Achillini (1463-1512), Agostino Nilo (1473-1546), lacopo Zabarella (1533-89) y Cesare Cremonini (1550-1631).Una personalidad de mayor relevancia filosófica se encuentra dentro de la tendencia alejandrinista en la interpretación de Aristóteles, difundida a partir de 1495 con la traducción del comentario de Alejandro de Afrodisia al De Anima (v. ARISTOTÉLICOS): Pietro Pomponazzi (1462-1524), profesor en Ferrara, Padua y Bolonia, que aparece como uno de los precursores del racionalismo posterior. Su obra principal es el Tractatus de inmortal¡tate animae (1516). Contra la interpretación de Averroes y los averroístas de que Aristóteles se declarara en favor de la unidad del entendimiento agente y posible, Pomponazzi hace suya la refutación de S. Tomás de Aquino, pero siguiendo el materialismo (v.) de Alejandro de Afrodisia, representado en la Edad Media por David de Dinant y Amalarico de Bene, niega que la inmortalidad personal del alma humana sea demostrable usando únicamente la razón. Según él, Aristóteles habría afirmado que el alma humana es mortal y se corrompe con el cuerpo. Piensa que el alma no ha sido hecha a través de un acto creador sino por generación; es la forma del cuerpo, material y mortal, que no puede actuar sin los órganos corporales; al ser inseparable del cuerpo debería morir con él. Sin embargo, Pomponazzi, en cuanto cristiano -y aquí aparece de nuevo el tema nominalista y averroísta de la separación entre razón y fe- admite que la inmortalidad es una verdad de fe, una verdad que puede probarse con argumentos derivados de la Revelación; sólo por ella sabemos que el alma es inmortal. Al mismo tiempo, la moral cristiana es sustituida por la estoica, al situarse el premio o el castigo de la acción en la bondad o el mal de la acción misma. De acuerdo también con el estoicismo, el universo está sometido a una necesidad universal, en este caso impuesta por Dios, considerado como alma del mundo. La Providencia divina y el libre albedrío son incompatibles (De fato, libero arbitrio, praedestinatione, providentia Dei, 1520); sin embargo, en esta cuestión, como en la de la intervención divina que puede alterar el orden de la causalidad natural, Pomponazzi se somete a la autoridad de la Revelación y de la Iglesia.Diversas tesis suyas fueron condenadas en 1518 en Venecia, pero una retractación ante León X en el mismo año confirmó a Pomponazzi en, su cátedra de Bolonia hasta su muerte.En la controversia sobre la posibilidad de demostrar con argumentos naturales la inmortalidad del alma intervinieron además los averroístas y otros muchos autores, como Cayetano (v.), y se prolongó hasta la segunda mitad del s. xvi (v. RAZÓN II, 4). Con respecto a la ciencia de la Naturaleza, tanto los averroístas como los alejandrinistas no intentaron otra cosa que una exégesis de Aristóteles y de su concepción del universo; ambas tendencias permanecieron aisladas y en contra de las adquisiciones científicas de los últimos años de la Edad Media y del R., p. ej., Copérnico, Galileo, etc.3. Platónicos. Las tendencias platónicas habían jugado ya un papel importante en la Edad Media (v. MEDIA, EDAD III). El pensamiento de Plotino y de Proclo se había mantenido en Occidente a través de S. Agustín, Boecio, Escoto Eriúgena y las escuelas de Chartres y San Víctor. Estas corrientes influyeron en el pensamiento místico alemán de los s. xiv y xv, y éste, a través de Gérhard Groot (v.) y los Hermanos de la Vida en Común, en la doctrina de Cusa. Con Ficino y Pico della Mirandola, los representantes más importantes de la Academia de Florencia, se unen a la influencia de Plotino la de los libros herméticos (v. HERMETISMO I). Es preciso también tener en cuenta el platonismo de Raimundo Lulio (v.), que pasará a los lulistas (v.), a Raimundo Sabunde o Sibiuda (m. 1436), Cusa, Bruno, etc.; rasgos neoplatónicos se encuentran también en los iluminados y teósofos protestantes alemanes Franck (1499-1542), Weigel (1533-88) y Bdhme (1575-1624) (v. PLATÓNICOS).El primer gran platónico fue Nicolás de Cusa (1401-64). Hizo sus primeros estudios en Deventer con los Hermanos de la Vida en Común (v. DEVOTIO MODERNA), luego pasó a Heidelberg, en su época uno de los centros de la filosofía nominalista, y- por fin a Padua, donde se interesó por la medicina y las matemáticas; recibió allí mismo el título de Doctor en Derecho en 1423 y marchó a estudiar teología a Colonia; se ordenó sacerdote en 1430. Intervino en el Conc. de Basilea y más tarde en el de Florencia; desarrolló una intensa actividad diplomática al servicio de Eugenio IV y Nicolás V, que le nombró cardenal y Obispo de Brixen. Sus escritos abarcan materias como filosofía, derecho, matemáticas y política, y su doctrina es una mezcla, a veces original e interesante, otras veces extraña y pintoresca, de teología, platonismo y ciencias naturales (para ello y sus obras, v. NICOLÁS DE CUSA). La influencia de Cusa puede observarse en Bruno y Leonardo da Vine¡ en Italia, Lefévre d’Étaples y Bodino en Francia, y en Alemania en una línea continua cuyas últimas manifestaciones se hallan en Leibniz.Marsilio Ficino (1433-99), fundador de la Academia platónica de Florencia (1459), fue uno de los traductores más importantes de todo el R. italiano, al menos en lo que se refiere a la corriente platónica; realizó versiones de Platón (Diálogos y Cartas), Plotino (Enneadas), Jámblico, Porfirio, Proclo, Jenócrates, Pitágoras y el Pseudo Dionisio. Sus obras más importantes son: Institutiones Platonicas (1456), De religione christiana (1474), Theologia Platonica (1475) y los Comentarios al Banquete de Platón. Combate las ideas del aristotelismo averroísta acerca de la eternidad del mundo y del carácter mortal del alma humana. Basado en un platonismo de tipo cristiano, su objetivo es aducir pruebas filosóficas que demuestren la verdad de la religión natural y, para ello, utiliza preferentemente la filosofía antigua. Además de la obra de Platón, que no llegó a conocer completa, en él se mezclan las ideas de neoplatónicos, hermetistas, Cicerón, S. Pablo, S. Agustín y Boecio. De acuerdo con su platonismo, en Ficino el mundo de los seres aparece perfectamente jerarquizado: Dios, primera unidad y primera inteligencia, en primer lugar, y, a partir de Él, los tres órdenes descendentes que forman las inteligencias, las almas y los cuerpos. La materia, incorruptible por otra parte, es lo más lejano a Dios en el orden de los seres, el punto más bajo de la escala y el más próximo a la nada. A pesar de su ortodoxia, se ha escrito que, como su discípulo Pico della Mirandola, Ficino preparó indirectamente, por la debilidad de sus argumentaciones, el camino del racionalismo y del naturalismo religioso.La misma finalidad de síntesis y de eclecticismo posee la obra de Giovanni Pico della Mirandola (v.; 1463-94), que a partir de 1484 residió en Florencia, donde, junto a Ficino, se transformó en una de las figuras importantes de la Academia. En Roma, en 1486, publicó sus Conclusiones nongentae in omne genere scientarum, obra compleja en la que trata materias tan diversas como matemáticas, dialéctica, moral, cábala, física y teología. Pico trata conseguir una síntesis en la que se integren, sin puntos de fricción bajo el dogma cristiano, la religión y la filosofía, el platonismo y el aristotelismo, el judaísmo, la cábala, el escotismo y el tomismo, en cuanto que todo conocimiento y cualquier verdad provienen de Dios; pero a veces trata de sintetizar cosas opuestas que no pueden ser a la vez verdaderas. Dios está separado de todas las cosas, pero éstas participan de Él. El hombre es una figura especial dentro de la creación; situado a medio camino entre la región celeste y la terrestre, sin pertenecer enteramente a ninguna de ellas, se constituye como un microcosmos en el que se ordenan todas las perfecciones de los demás seres creados. Dotado de libertad, su finalidad es volver a la región supraceleste, elevándose a través de la ascesis, la filosofía y la vida interior. Con arreglo a ese camino de retorno del hombre, la filosofía se divide en tres partes: dialéctica (purificación), metafísica (iluminación) y teología (consecución plena del cono. cimiento).El mismo deseo de síntesis y eclecticismo, algo superficial, se halla entre los platónicos franceses Lefévre d’Étaples (1456-1536), Charles de Bouelles (1475-1553) y Guillaume Postel (1510-81), quien en su De orbis terrae concordantia (1542) aboga por el retorno a una "religión natural primitiva y esencial", basada en la Razón y en el Verbo divino, sobre la que deberá constituirse un Derecho natural que establezca la concordia y la paz universal. En cuanto al platonismo en España, que más adelante casi se funde con la corriente mística, su desarrollo está ligado principalmente a la influencia de dos obras: los Comentarios al Banquete de Ficino y los Dialoghi d’Amore (1535) del judío León Hebreo (v.; 1465-1535). Esta última puede considerarse como la más elevada manifestación del impulso, propio de algunos autores renacentistas, de fundir en una sola las filosofías de Platón y Aristóteles bajo el denominador común de la cábala y el neoplatonismo. El amor de Dios, origen de todas las cosas, es el fundamento del retorno del universo a Dios; a causa de Éste, el universo está sometido a un proceso circular que, partiendo de Él, desciende a través de las inteligencias puras, el hombre y los seres vivos hasta la materia, el grado más imperfecto del ser. La originalidad de Hebreo está en el intento de conciliar la idea platónica del deseo con la doctrina aristotélica del amor como voluntad de bien y con el misterio del amor divino; el universo y la creación aparecen así como un círculo de amor ascendente y descendente, en el que las criaturas aspiran al aumento de su perfección, movidas por un deseo que es reflejo del amor superior que reina en el mundo de las inteligencias, hasta conseguir la unión del entendimiento y Dios. Rasgos de neoplatonismo se dan también en los españoles Miguel Servet (v.; 1511-53) y Sebastián Fox Morcillo (v.; 1528-60), aunque en este último la actitud es más bien independiente, como en Vives (v.).4. Tendencias platónicas en la segunda mitad del s. XVI. Durante la segunda mitad del s. xvt, la corriente platónica en Italia está influida por tendencias naturalistas que, junto con extrañas especulaciones, desembocan en un panteísmo más o menos acentuado. Telesio, Bruno y Campanella recogen parte de las opiniones de los filósofos de Padua sobre el vitalismo universal (v. PAMPSIQUISMO; HILOZOÍSMO), oponiéndose, sin embargo, a la física aristotélica, pero sin esforzarse en asimilar ese platonismo, corregido a los datos de la Revelación.Bernardino Telesio (1509-88) fue fundador de la Academia Telesiana destinada a promover estudios sobre la Naturaleza. Su obra fundamental es De natura rerum juxta propia principia (1565). La finalidad primordial del conocimiento está en investigar la naturaleza del mundo y sus causas; la astrología es insuficiente para ello; es preciso atenerse a los datos de la experiencia sensible como único medio correcto. Bajo la influencia de las concepciones físicas de los estoicos, Telesio explica el mundo con la ayuda de dos principios, la materia inerte y pasiva, y la fuerza activa que se desdobla en dos: lo frío, principio de la contradicción y de inmovilidad, y lo cálido, principio de expansión y de movimiento. De ellos proceden todos los seres, incluso el alma del ser vivo (spiritus), que dirige las funciones orgánicas y las cognoscitivas, reduciéndose estas últimas a sensaciones. En el caso del hombre, existe además una forma sobreañadida, un alma libre e inmortal, creada especialmente por Dios. Con Francesco Patrizzi (1529-97), profesor en Ferrara y Padua, adversario de la escolástica, el naturalismo se aproxima claramente al panteísmo. En su obra Nova de universis philosophia (1591) expone en cuatro partes (Panangía o sobre la luz universal, Panarquía o sobre la causa universal, Panpsiquía o sobre el alma universal, Pancosmía o sobre el orden de la Naturaleza) una concepción del universo, inspirada en el neoplatonismo y en los libros herméticos, en la que del Uno absoluto e infinito, del que procede la Trinidad, se derivan también todas las cosas por vía de emanación.Discípulo suyo fue Giordano Bruno (v.; 1545-1600), casi medio siglo posterior a los platónicos de Florencia. El problema de las influencias en Bruno es tan complejo como su propia obra y su azarosa e irregular vida. Cita a Heráclito, Parménides, Demócrito, los atomistas, los estoicos y David de Dinant; conoce y aprecia la obra de S. Alberto Magno y S. Tomás, así como la de Eckhart y los místicos, la de Averroes y Avicena. Pero la influencia fundamental es la de Ficino, Pico, Copérnico, Paracelso y sobre todo Raimundo Lulio y Nicolás de Cusa. Bruno rechaza, como S. Tomás y la mayoría, puntos importantes de Aristóteles: la idea de un Dios eterno no creador y separado del mundo, y la de la materia prima como principio a partir del cual se forman las cosas del mundo. El mundo debe ser creación del Espíritu de Dios, que lo informa, y lo sostiene, demostrando así la anterioridad del espíritu sobre la materia. Dios, infinito, despliega toda su potencialidad en un universo también infinito, que en líneas generales se ordena según las ideas de Copérnico. Como todos los neoplatónicos, Bruno afirma la distinción entre Dios (fons emanationis) y el mundo, pero esa distinción no queda suficientemente explicada en su sistema; el carácter trascendente y, a la vez, inmanente de Dios va unido a una imprecisa concepción de la creación, que, como en Cusa, se describe en términos de explicatio o communicatio, y ambos contribuyen a aproximar bastante su sistema al monismo panteísta. El universo está compuesto por una multiplicidad de mónadas; éstas son el mínimo cualitativo. Existe una mónada esencial en cada cosa y otra racional. En cuanto mónada de unidad el universo es el Mínimo, pero en cuanto contiene dentro de sí la infinidad de los mundos es un Máximo. Todas las mónadas del universo visible se derivan de la mónada divina, que es a la vez Máximo y Mínimo (el concepto de mónada en Bruno tiene su origen en Proclo y en Plotino; vuelve a aparecer con otro significado en Pascal y Leibniz). Los grados del conocimiento se ordenan según la perfección de los seres; mediante los sentidos podemos conocer los individuos y las cosas particulares del mundo; el conocimiento de la unidad del universo, que es reflejo de la unidad divina, corresponde al entendimiento o razón discursiva; por último, con la mente o visión intelectiva, el hombre puede alcanzar la verdadera ciencia, que consiste en la contemplación inteligible de la Unidad absoluta. Pero a esto sólo se llega mediante una luz sobrenatural; la fe se contrapone así a la filosofía, que por su propia conformación está limitada al universo sensible. De todas formas las interpretaciones sobre Bruno son muy variadas.La misma idea de un Dios inmanente vuelve a aparecer en el inquieto Tommaso Campanella (v.; 1568-1639). Dominico, antiaristotélico, influido profundamente por la obra de Telesio, pretendió abarcar casi todas las ciencias, ocupándose de muchos temas con precipitación y fantasía. El universo se estructura según un esquema descendente, de tipo platónico. Dios es la cumbre de todos los seres, y en El está el Mundo arquetipo: el Verbo, la Prima ratio y las Ideas ejemplares. Inmediatamente debajo se sitúa el Mundo metafísico o angélico, inmaterial, formado por las tres primalitates. A éste sigue el Mundo matemático, del espacio incorpóreo, primera sustancia, y bajo él el Mundo corpóreo, en el que se originan, como en Telesio, las cosas materiales de la lucha entre los cuatro elementos: frío, calor, espacio y materia. El camino inverso, de la Naturaleza a Dios, se realiza a través de la doctrina de la analogía, mezclada con elementos herméticos y astrológicos. Pero idea rectora del pensamiento de Campanella es el establecimiento de una "religión natural", un cristianismo abierto a Platón y a la filosofía antigua, que terminara con las controversias políticas, religiosas y filosóficas de su época, y la constitución, sobre ella, de una sociedad como la que describió en su Civitas solis, inspirada en la República de Platón, jerarquizada teocráticamente, basada en la razón y en la comunidad de bienes, opuesta al maquiavelismo y a las ideas políticas de Aristóteles, que lograra la concordia y la unidad del género humano. La fantasía de la Civitas solis se encuadra en la corriente utopista que fluye a lo largo del R. y cuyo primer modelo es la obra, si bien distinta, del humanista inglés Tomás Moro (v.; 1480-1535): De optimo re¡ publicae statu sive de nova insula Utopiae (1518) (cfr. 7).5. Antiaristotélicos. Al antiaristotelismo de algunos de los primeros humanistas, como Pletone y Lorenzo Valla, sucede a lo largo del R. una serie de pensadores que pueden agruparse bajo esta característica, si bien son muy diversos. Pueden mencionarse aquí nombres como Rodolfo Agrícola (1442-85), Vives (v.), Erasmo (v.), Mario Nizolio(1489-1576), autor de Contra pseudophilosophos; Hernando Alonso de Herrera (m. 1527), y, sobre todo, Pedro Ramus (de la Ramée, 1515-72). Su crítica a la filosofía y teología que se hacía en las universidades (escolástica), como las de otros autores antes mencionados, era más bien superficial, dirigida sobre todo a la forma, ya que el fondo lo conocían menos, aparte de que lo propio del escolasticismo nominalista prevalente en el s. XV era ocuparse sobre todo de cuestiones de forma y de la lógica y concatenación de los razonamientos.
Aparte de su propósito general de llevar a cabo una reforma completa de las artes liberales, Ramus se distinguió por su crítica a la lógica aristotélica y su pretensión de sustituirla por una inspirada en Cicerón, Quintiliano y L. Valla, fundada en la Naturaleza, y que comprendiese la "invención", que busca los lugares comunes de los que parte el razonamiento, y la disposición, que consiste en colocar en forma los argumentos ya encontrados mediante la axiomática, que estudia las proposiciones, y la dialéctica, que realiza las deducciones. A ello están destinadas sus obras más importantes, publicadas en 1543: Animadversiones in dialecticam Aristotelis y Dialecticae institutiones.6. Filosofía, Teología y Moral. Los autores hasta ahora mencionados no son los que se pueden considerar más importantes en la época del R. El cansancio de los espíritus ante la dialéctica y las luchas entre las distintas escuelas que se venían disputando la hegemonía universitaria (realismos de los tomistas y escotistas, nominalismo de los ockhamistas) dio lugar a numerosas críticas y reacciones. Por una parte aparece esa multiplicación de corrientes de las que se ha venido hablando, ocupadas con frecuencia en cuestiones eruditas y exegéticas y en el estudio más de textos y de sus comentarios que de realidades; se critica eso, pero los mismos críticos caen en ello y en falta de profundidad; se critica el formalismo, la falta de estilo literario en las obras de filosofía y teología, etc. Aparece así esa tendencia antiintelectualista y fideísta, con influencias más o menos místicas, inspirada en el Pseudo Dionisio (v.) y la Cábala (v.), en Lulio (v.), Eckhart (v.) y Ruysbroeck (v.), y que ya se ha visto en los autores hasta ahora mencionados, especialmente en las corrientes platónicas. Pero, al mismo tiempo, en otros, haciendo o aceptando parecidas críticas, hay un cultivo de la Filosofía y Teología en y desde la realidad, con una profunda vitalización de la misma y con la ayuda de S. Tomás; y aquí es donde se dan los nombres y las obras más importantes. Sus aportaciones prácticas más destacadas fueron en el campo de la Moral y el Derecho (v. 7). Otros nombres importantes del R. son los de algunos cultivadores de la ciencia natural y del experimentalismo (v. 8).Sin embargo, sobre todos éstos, con ser de más importancia que los tratados en los apartados anteriores, no es preciso extenderse aquí, puesto que además de tratarse en los artículos dedicados a sus respectivos nombres se tratan también en otros artículos de conjunto. Por eso, aquí simplemente los mencionaremos, relacionándolos entre sí o señalando ideas generales, remitiendo para su conocimiento completo a los otros artículos. El conjunto de lo que aquí se dirá se complementa con lo dicho en los apartados 3, 4 y 5 de MODERNA, EDAD III, donde se tratan también los nombres más importantes para la Filosofía y la Teología, la Moral, el Derecho y las Ciencias naturales, en general con más detalles de los que aquí se apuntan (especialmente en el apartado 4). Además, sobre la llamada Escuela de Salamanca en concreto, ha de verse el amplio art. DERECHO INTERNACIONAL PÚBLICO VII (Escuela española del siglo XVI) para los aspectos de doctrina jurídica y política, y el art. SALAMANCA, ESCUELA DE para los aspectos teológicos.El primer nombre importante es Juan Capreolo (v.; 1380-1444), llamado "príncipe de los tomistas", que contribuyó ampliamente al conocimiento y aprecio de la obra de S. Tomás. El belga Pedro Crockaert (1470-1514), del que ya hemos hablado (v. 1), fue profesor del español Vitoria en París. Las tres figuras más importantes son los italianos Francisco Silvestre de Ferrara, el Ferrariense (v.; 1474-1526), y el card. Tomás de Vio Cayetano (v.; 1469-1534) con el español Francisco de Vitoria (v.; 14921546), que abordaron con especial vigor los problemas metafísicos y teológicos, y Vitoria además los jurídicos y la teoría política. Se advierte en ellos una nueva sensibilidad por lo sustancial de los problemas frente al perderse en sutilezas y disquisiciones inoperantes, una fina conciencia histórica, muy notable tanto en Cayetano como en Vitoria y la Escuela de Salamanca, y una nueva forma de estilo y lenguaje inspirada en el humanismo. Los problemas son abordados con profundidad y a veces ampliamente desarrollados (recuérdense las aportaciones al estudio del constitutivo formal metafísico de la persona de Cayetano, o las de Báñez al estudio de la providencia divina y la libertad humana); y desde las cuestiones más metafísicas y generales (como las que se acaban de apuntar) se desciende también a problemas filosófico-sociales, como la ética de la economía (Cayetano), la soberanía del pueblo, el derecho de resistencia, el derecho natural y el de gentes (Mariana, Vitoria, Suárez).Otros nombres son: Crisóstomo Javelli (ca. 1470-1538), profesor en Bohemia, que en polémica con los luteranos defendió una moral en parte anticipadora de la de Molina. Discípulos de Vitoria en Salamanca fueron Domingo de Soto (v.; 1495-1560) y Melchor Cano (v.; 1509-60); el primero filósofo y jurista, estudioso del derecho natural como base de la igualdad sustancial de los pueblos, y el segundo más dedicado a la teología, en la que destaca con la aportación de su célebre obra De locis theologicis. A su vez discípulos de Cano fueron el jurista y moralista Bartolomé Medina (v.; 1528-80) y Domingo Báñez (v.; 1528-1604), que además de jurista es el mejor y más profundo teólogo de la escuela salmantina y, con Cayetano, de todo el s. xvi. Aunque ya sea del s. XVII, merece la pena citar aquí la importante figura de Juan de Santo Tomás (v.; 1589-1644), cuya obra e influjo llega a nuestros días, como ocurre con varios de estos autores.A esta renovación de la Filosofía y Teología, compaginando afanes renacentistas y humanistas de retorno a las fuentes y de exégesis histórica, ayudó y sobre todo contribuyó a difundirla el auge alcanzado a lo largo del s. XVI por la Compañía de Jesús. Hay que mencionar a Luis de Molina (v.; 1536-1600), a quien en su explicación sobre la concordia de la gracia con la libertad se le enfrentaron. los bañezianos en ruidosa polémica largo tiempo prolongada; al teólogo erudito e histórico S. Roberto Belarmino (v.; 1542-1621), que también trató importantes cuestiones jurídicas; a Gregorio de Valencia (v.; 1549-1603), español que llevó a Alemania el movimiento renovador de Salamanca siendo profesor en Dilinga e Ingolstadt; a Gabriel Vázquez (v.; 1549-1604); etc. Los jesuitas profesores de Coimbra publicaron su famoso y difundido Curso de Filosofía Conimbricense (de 1592 a 1606; v. CONIMBRICENSES). Mención especial ha de hacerse de Francisco Suárez (v.; 1548-1617), filósofo, teólogo y jurista, profesor en Salamanca, Segovia, Ávila, Valladolid, Roma, Alcalá, de nuevo Salamanca y finalmente Coimbra; en Filosofía es más bien ecléctico y compilador, aunque vigoroso; se profesatomista, pero se aparta en principios claves (p. ej., no reconoce la distinción real entre esencia y acto de ser en los entes, lo cual es señalado por muchos como uno de los orígenes del esencialismo racionalista posterior; v. REALIDAD, I y REALISMO II, 9); su influjo en filosofía y en teoría jurídica y política alcanzó a toda Europa.
7. Doctrina jurídica y política. Mención aparte hay que hacer de los nuevos temas que surgen en el terreno del Derecho y de la Teoría del Estado, como consecuencia de los cambios en las condiciones sociales, políticas y económicas: descubrimiento de nuevos países y tierras, colonizaciones, comercio y navegación a escala mundial, guerras religiosas protestantes, etc. Entre esos temas están las relaciones entre Iglesia y Estado, entre Estado y sus miembros, el concepto mismo de Estado, el origen del poder y la soberanía, el parlamentarismo, cuestiones jurídicas y políticas derivadas del descubrimiento de América, el Derecho de gentes o Derecho internacional, etc. También puede mencionarse aquí el crecimiento del género de las "utopías", ya aludidas (v. 4), que comprende una variedad tan distinta como la que va de las fantásticas teorías de Campanella a las de Tomás Moro. Igualmente se desarrolla el Derecho en los países caídos en el protestantismo, que buscan ansiosamente en el Derecho natural o en el positivo, con tendencia racionalista, una base de entendimiento o de concordia que apacigüe los continuos enfrentamientos entre ellos y entre las diversas sectas.Citaremos únicamente los nombres de Maquiavelo (v.; 1469-1527) y su discípulo Guicciardini (1483-1540) con sus interesantes desarrollos de teoría política, aunque acompañados del corrosivo oportunismo político con su intento de "independizar" la política de la moral. De muy distinto signo y calidad es la filosofía política de S. Tomás Moro (v.; 1480-1535), el noble Lord Canciller de Inglaterra, que testimonió con el martirio la rectitud de su conciencia; fino humanista, amigo de Erasmo, experto jurisconsulto y avisado político, escribió en 1516 la novela política Utopía, que por encima de su ironía y de su crítica, y de su utopismo, refleja una conciencia política que se proyectará en lo que hoy se denominan tareas sociales y emancipadoras. Dentro de la polémica suscitada en España sobre la licitud y el modo de la conquista y civilización de América mencionemos los nombres de Ginés de Sepúlveda, ya recordado antes (v. 2), y Las Casas (v.; 14741564).En lo referente al Derecho internacional y Teoría del Estado destaca el ya citado Vitoria (v.), tratadista de los derechos naturales, del orden social y jurídico, del bien común, de la potestad civil, de su origen, transmisión y límites, de los derechos y deberes humanos en la sociedad, del derecho de guerra, sus causas y límites, etc. Considerado fundador del Derecho internacional, de él se ha escrito: "antes de Vitoria todo es confusión; después de las Relecciones de Vitoria todo es claridad" (Brown Scott). Con él hay que mencionar los también ya citados Domingo de Soto (v.) y los demás salmantinos (v. 6) como Melchor Cano (v.), Domingo Báñez (v.), Bartolomé Medina (v.), a los que se pueden añadir otros como Pedro de Soto (1501-63), Martín de Ledesma (m. 1574), Covarrubias (v.; 1512-79), Martín de Azpilcueta (v.; 1492-1586), Luis de Molina (v.), Juan de Mariana (v.; 1536-1624), etc. Fundador del Derecho penal es considerado Alfonso de Castro (v.; 1492-1558), que también fue teólogo y enseñó en Salamanca. Además hay que recordar especialmente al citado Francisco Suárez (v.). Toda esta floración renacentista se continúa en una abundante literatura jurídica y política a lo largo de los siglos siguientes, destacando en el s. XVII también España y Portugal.En el campo protestante, el desarrollo jurídico, aunque se beneficia de los autores citados, continúa más bien las líneas medievales del averroísta Marsilio de Padua (v.) y del nominalista Guillermo de Ockham (v.), con un acento racionalista que les lleva fácilmente al absolutismo o cerca de él (v. ABSOLUTISMO; RACIONALISMO). Los salmantinos, en cambio, mucho mejor conocedores de las tradiciones humanistas y de la teología, estaban lejos de ese absolutismo racionalista o de tender hacia él, y son, por tanto, más respetuosos de la libertad y dignidad de la persona y más equilibrados en la concepción del poder y de la autoridad, que consideran más como oficio y servicio y a los que tienden a poner, por tanto, más justos límites y divisiones, con mayor facilidad para la participación del pueblo o de la sociedad en las tareas públicas o en su control. Entre los protestantes, citemos en primer lugar al francés hugonote lean Bodino (v.; 1530-96), muy influido por Maquiavelo, y que es el clásico de la soberanía estatal de tendencia absolutista. Después, el alemán calvinista Juan Althus o Althusius (1557-1638) desarrolla teorías jurídicas de línea laicista, antieclesiástica y, por tanto, absolutista, inspirada en la de Marsilio de Padua, aunque atemperada por sus lecturas de S. Tomás y de Vitoria. Finalmente, mencionemos a Hugo Grocio (v.; 1583-1645), iusnaturalista de corte racionalista, que conoce y cita también a Vitoria y Soto.8. Ciencias naturales. El interés hacia las ciencias de la naturaleza se había mantenido en la Edad Media, especialmente a partir del s. XII; pero predominó en esa Edad el cultivo de ciencias del espíritu, Filosofía, Derecho, Teología. A partir del R., las ciencias de la naturaleza desarrolladas con métodos cuantitativos empiezan a diferenciarse de la Filosofía, y a perfeccionar sus propios métodos experimentales y matemáticos. Pero este hecho, es decir, la diferenciación de las ciencias (v.) y de los métodos (v.), no es del todo comprendido entonces por los cultivadores del experimentalismo o por sus intérpretes y divulgadores, que extrapolan con facilidad sus conclusiones, y a veces pretenden rechazar la Filosofía o la Metafísica o sustituirlas por esas nuevas ciencias matemático-empíricas, constituidas en una especie de "nueva metafísica" de carácter más o menos ingenuo, a veces mecanicista, otras dinamicista o pampsiquista, u otras incluso casi materialista. En este caso están, más o menos, autores como Giordano Bruno (v.) y Bernardino Telesio, ya citados (v. 4); Pedro Gassendi (1592-1655; v. ATOMISMO II); Francisco Bacon (v.; 1561-1626) u otras más o menos fantásticos o soñadores.Entre estos últimos están los que buscan un conocimiento de la naturaleza por caminos muy distintos al método experimental o a la observación científica y francamente pintorescos: cabalistas como Robert Fludd (1574-1637) y Francisco van Helmont (1618-99); partidarios de la "magia natural" como Cornelio Agripa de Nettesheim (1486-1535), Paracelso (v.; 1493-1541), Juan Bautista van Helmont (1577-1644) y jerónimo Frascatoro (1483-1553). Las teorías de éstos, en algunos casos, se relacionan con o influyen en las de los antes citados, p. ej., con el pampsiquismo o hilozoísmo de Telesio y de Campanella. Una postura fundamentalmente crítica a toda esta situación, pero sin aportar nada positivo, es la del español y profesor en Francia Francisco Sánchez (v.; 1550-1623).Los nombres verdaderamente importantes, o con aportaciones positivas a la ciencia natural y a sus métodos, aunque no siempre se libren de las falsas interpretaciones o divulgaciones aludidas, son Copérnico, Kepler y Galileo. Antes de ellos, un precursor es Leonardo da Vinci (v.; 1452-1519), que, además de pintor genial y escultor, era músico, arquitecto, ingeniero, anatomista, físico, matemático y astrónomo; es presentado muchas veces por su polifacetismo como ejemplar típico del hombre renacentista, aunque filosófica y teológicamente no tiene relevancia. Rechaza la alquimia y la magia, así como las especulaciones filosóficas no basadas en la experiencia, para conocer el mundo de la naturaleza; propugna el método experimental y matemático, la inducción y la deducción. Su insaciable curiosidad por los secretos de la naturaleza le llevó a ocuparse quizá de demasiadas cosas y a intuir descubrimientos importantes: previó la circulación de la sangre, sospechó la teoría ondulatoria de la luz, pensó aprovechar la fuerza expansiva del vapor de agua, imaginó y diseñó una máquina voladora y otras para sumergirse en el agua, etc.Nicolás Copérnico (v.; 1473-1543), después de doctorarse en Derecho canónico y cursar Medicina en Alemania e Italia, se retiró a Frauenberg (1512), donde reunió una copiosa biblioteca y organizó un observatorio astronómico; fue el primer formulador del sistema heliocéntrico frente a la complicada astronomía geométrica tradicional de Ptolomeo. Tycho Brahe (v.; 1546-1601) fue un observador minucioso, pero sin el genio de Copérnico y de Kepler, que propuso un sistema geocéntrico modificado del de Ptolomeo. Juan Kepler (v.; 1571-1630) enseñó Matemáticas y moral en Gratz, ayudante y colaborador de Brahe, conocedor del sistema de Copérnico, fue un genio matemático con admirables dotes de observador; su principio metodológico es ubi materia, iba geometria; en base a observación y relación de datos formuló sus conocidas e importantes leyes sobre el movimiento y órbitas de astros y planetas; algo crédulo y apasionado mezcló a veces agudas observaciones científicas con especulaciones pseudomísticas, platónicas o pitagóricas, e incluso alquimistas. Por último, aunque como Kepler entra también en el s. xvli, mencionemos a Galileo (v.; 1564-1642). Son estos autores los que con su experimentalismo y la aplicación de métodos matemáticos preparan el desarrollo de la ciencia experimental, ya más cuajada y amplia en la obra de científicos posrenacentistas, como R. Boyle (v.) en Química y Newton (v.) en Fisicomatemática (v. MODERNA, EDAD III, 5).V. t.: MODERNA, EDAD III, 1-4;HUMANISMO; FILOSOFÍA NATURAL EN LA EDAD MODERNA; SALAMANCA, ESCUELA DE; DERECHO INTERNACIONAL PÚBLICO VII; etc.JORGE IPAS.
BIBL.: G. TOFFANIN, Che cosa fu 1’Umanesimo, Florencia 1929; ID, Historia del Humanismo desde el siglo XIII a nuestros días, Buenos Aires 1953; É. GILSON, Humanisme médievale et Renaissance, París 1932; 1. NORDSTRÓM, Monden Age et Renaissance, París 1933; G. CAMELLI, 1 dotti bizantina e le origini dell’Umanesimo, Florencia 1941; R. MONTANO, Dante e il Rinascimento, Nápoles 1942; V. CLAN, Umanesimo e Rinascimento, Florencia 1942; B. G. MONSEGú, ¿Puede hablarse de una cultura y en especial de una filosofía del Renacimiento?, "Rev. Filosofía" 3 (1944) 97-116 y 267-305; F. CHABOD, Studi sul Rinascimento, Turín 1967; B. NARDI, Saggi sull’aristotelismo padovano dal secolo XIV al XVI, Florencia 1958; É. GILSON, Autour de Pomponazzi, "Archives d’Histoire doctrinale et littéraire du Moyen Age" 36, París 1962; M. BATAILLON, Erasmo y España, México 1950; E. LUÑO PEÑA, Historia de la Filosofía del Derecho, 2 ed. Barcelona 1953; 1. CORTs GRAU, Los juristas clásicos españoles, Madrid 1948; ID, Historia de la Filosofía del Derecho, 2 ed. Madrid 1970; F. 1. CONDE, El saber política en Maquiavelo, Madrid 1948; C. SILIÓ, Maquiavelo y su tiempo, Madrid 1946; ID, Maquiavelo y maquiavelismo en España, Madrid 1941; A. VÁZQUEZ DE PRADA, Sir Tomás Moro, 2 ed. Madrid 1966; R. GARCíA VILLOSLADA, La Universidad de París durante los estudios de Francisco de Vitoria, Roma; V. BELTRÁN DE HEREDIA, Cisneros, fundador de la Universidad de Alcalá, "Ciencia Tomista" 16 (1917) 354 ss.; L. PEREÑA, La Universidad de Salamanca, Salamanca 1954; M. ANDRÉS, Historia de la Teología en España (1470-1570), Roma 1962; C. GIACON, La Seconda Escolastica, 3 vol., Milán 1944-50; 1.BROWN SCOTT,
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