Religiones Étnico-políticas REL. NO CRIST.
Categoria:
Religión No Cristiana
Concepto y enumeración. La influencia recíproca entre religión y comunidad social en sus múltiples manifestaciones históricas (familia, clan, tribu, nación, imperio) resalta en las r. é-p. El término políticas les conviene tanto en su sentido etimológico de polis="ciudad-Estado", "nación", como en el evolucionado "estatales, oficiales". Las llamo también étnicas para no excluir las sociedades más rudimentarias (familia, clan y tribu) e incluir las formas más evolucionadas (imperio, nación), causa de su otra designación: religiones nacionales.En esta clase de religiones hay que encuadrar a la religión olímpica de las diversas ciudades griegas, la oficial de los romanos, egipcios, sume rio-acadios, babilonios, asirios, germanos, eslavos, iberos, distintas religiones de la India, la persa anterior a Zoroastro, la hitita, celta, azteca, maya, sintoísmo japonés y hasta el yahweísmo israelita, aunque este tenga notas exclusivas (monoteísmo revelado, santidad moral de Yahwéh, etc.). En general, es la religión de pueblos, al menos en su origen, nómadas, pastores y de constitución patriarcal en la familia (v. los artículos correspondientes a las mencionadas religiones).Características. a. Confusión de los orígenes de la religión y de los del Estado-nación. Estas religiones se pierden en la Prehistoria -de cada pueblo y confunden la historia sagrada con la civil. Siempre subyace el recuerdo de los progenitores nutriendo la vida religiosa, que presenta rasgos inequívocos de religión de los antepasados (v. DIFUNTOS i). Esta vinculación a un grupo étnico-político es tan fuerte que nacen, se desarrollan, alcanzan el máximo influjo adaptado al esplendor del siglo de oro, pasan por un periodo de decadencia y mueren al compás del desenvolvimiento de las respectivas nacionalidades.
b. Vinculación ciudadana o "política" con la divinidad. Esta identidad comporta la vinculación de la persona con la divinidad, por lo menos en su alcance primario, no en cuanto individuo, sino en virtud de su condición de ciudadano. Quienes carecen de la ciudadanía, los esclavos, los advenedizos, los metecos, etc., quedan al margen de la religión nacional; oficialmente son arreligiosos, por no decir ateos, aunque practiquen una religión mistérica. En la r. é. p. no se entraba mediante un rito especial, p. ej., acto iniciático (misterios; v. INICIACIóN, RITOS DE), bautismo (cristianismo), sino por nacimiento, como se es griego o español por el hecho mismo del nacimiento conforme a determinadas condiciones geográficas y políticas, nunca estrictamente religiosas. La afirmación de Cicerón (Pro Flacco 28,69): "Cada nación posee su religión, como nosotros tenemos la nuestra" manifiesta un convencimiento bastante generalizado en la Antigüedad. La religión es, así, un deber y un derecho cívico (Aristóteles, Política 7, 8, 6, 1329 a).c. Tendencia a la conservación-prosperidad de la comunidad. Si se examinan los ritos y prácticas de estas religiones, se observará que su fin primero no termina en la salvación individual, que caracteriza a las restantes formas religiosas y llega a convertirse casi en obsesión de las mistéricas (v. MISTERIOS). Las r. é. p. tienden a la conservación y prosperidad (salus publica, salus reipublicae) de la comunidad familiar, clánica, tribal o nacional. De ahí que los pecados individuales, o mejor las faltas, pues, a veces, carecen del matiz teológico-moral del término pecado (v.), repercutan en el bienestar nacional. Se da convertibilidad entre lo individual y lo colectivo, como se da transmutación valorativa de las cosas y actos: cada objeto y rito religioso queda convertido en valor político, cultural e histórico, transferencia obvia en estas religiones llamadas ya en la Antigüedad religio política y theologia civilis (Varrón; S. Agustín, Ciudad de Dios, 6,5). Esta concepción justifica la sinonimia existente en varios testimonios entre términos tan dispares como leges y religiones (Cicerón, Pro domo sua, 69; Tito Livio, 5,41,4; 41,18,5).d. Pragmatismo religioso. Todas estas religiones viven la religación de los individuos con la divinidad como si se tratara de un negocio colectivo. El incumplimiento de los deberes religiosos era una falta personal, pero, sobre todo, un delito contra la comunidad, pues ponía en peligro la protección de los dioses. La distinción entre pecado (aspecto religioso) y delito (civil) estaba muy diluida. En cambio, su observancia, aunque fuera exclusivamente ritual y externa, atraía la bendición divina sobre la tribu o nación. Cicerón dice que "la piedad y el justo comportamiento con los dioses... son la causa de que hayamos dominado a todos los pueblos" (De har. resp., 19; y en De natura deorum, 2,7), y afirma que el Estado se beneficia de quienes son cumplidores de los ritos. Y antes, Lisias (30,18) dice: "Nuestros antepasados, por haber cumpliendo los sacrificios prescritos, nos legaron una polis que es la más grande y próspera de la Hélade. Sin duda, deberíamos ofrecer los mismos sacrificios que ellos, aunque sólo fuera por la buena fortuna que ha resultado de esos ritos". Hesíodo (Ergo, 240), a su vez, asegura que polis enteras padecen muchas veces las desastrosas consecuencias de la culpa de un solo ciudadano malo.Naturalmente, esta concepción pragmática ahonda más en la mente popular y hasta se vuelve peligrosa en tiempos de inestabilidad o de guerra; ofender entonces a los dioses es una traición. Así se explica la conmoción histérica que siguió en Atenas a la mutilación de los Hermes (Tucídides, Historia, 6,57 ss.; 60) u ocasionó la muerte de Sócrates acusado de "impiedad" (Platón, Apología, 24b). En Roma tenemos también los ejemplos de la horrorosa represión del "Escándalo de las Bacanales" (Tito Livio 39,8-19) y la persecución (v.) de los cristianos. El pragmatismo teocrático de Israel está también convencido de que si guarda la Ley marchará bien en las empresas guerreras. Las derrotas, el cautiverio, vienen cuando no cumple la Alianza (Idc 2,11-19; 10,6,16, etc.). En todos los libros sagrados, especialmente en los históricos, resalta este pragmatismo nacional, que supone el respaldo contractual del do ut des en casi todos los actos sacerdotales (sacrificios, oraciones) presente en todas las r. é.-p., y, con relieve peculiar, en el ritualismo romano.e. Carácter teocrático del Estado. Esta consustancialización entre religión y nación explica el fundamento teocrático del Estado y de la organización social, así como la concentración de todos los poderes, también del sacerdotal, en la persona del jefe natural del respectivo grupo étnico (v. TEOCRACIA II). El jerarca supremo goza de carácter divino; es a la vez pater familias o rey y sacerdote, en muchos casos hijo de una divinidad, que tras la muerte recibe culto situado en la residencia común de todos los antepasados (cielo nacional).f. Falta de espíritu proselitista. El número de creyentes en cada divinidad está condicionado al de nacidos en la respectiva sociedad. La r. é. p. está integrada por todos los ciudadanos; no pueden ser más ni tampoco menos. Esta realidad junto con el pragmatismo teocrático y el orgullo de raza sacralizó, en más de una ocasión, el nacionalismo con conciencia de ser un "pueblo escogido" por su dios y estuvo siempre al borde de degenerar en racismo (prohibición religiosa-civil de casarse con mujeres que no fueran de la propia familia o nación, necesidad de que los dos progenitores fueran ciudadanos para que los hijos gozaran de plenos derechos políticos o de ciudadanía, etc.).g. Sacerdocio.Enlasr. é. p. hay un sacerdocioque correspondió al jefe natural del respectivo grupo (patriarca, rey, caudillo, etc.) -sacerdocio natural-. Cuando no pudo ejercer todos los poderes concentrados en su persona, delegó en personas especialmente dedicadas a las tareas cúlticas: sacerdotes "profesionales" -sacerdocio institucional- (v. SACERDOCIO).h. Religiones celestes. Reciben también la designación "celeste", porque veneran a una suprema divinidad celeste en su nombre, atributos, teofanías, etc., no terrestre como las mistéricas (v. MISTERIOS), dato que influye en el sacerdocio, postura orante, etc., divinidad masculina, padre, trascendente, antropomórfica, etc. (v. DIOS II; LUZ II; TEOFAMA I).V. t.: ANTROPOMORFISMO II.M. GUERRA GÓMEZ.
BIBL.: F. KóNIG, Cristo y las religiones de la tierra, PIII, Madrid 1960-61; M. GORGE-R. MORTIER, Histoire Générale des Religions, I-V, París 1944-51; K. LATTE, Rómische Religiosgechichte, Munich 1960; M. GUERRA, Yahveísmo, religiones nacionales y religiosidad ctónico-mistérica, "Burgense" 7, Burgos 1966, 9,82; M. P. NILSON, Geschichte der Griechischen Religion, I-II, Munich 1955-61; R. PETAZZONI, La Religion dans la Gréce antique, París 1953; W. K. G. GUTHRIE, The Greeks and their Gods, 4 ed. Boston 1962.
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