Radiaciones II. Enfermedad por Radiación. MEDICINA
Categoria:
Medicina
Como sucede con todos los agentes terapéuticos, las r. son causa de enfermedad cuando no se utilizan en dosis óptimas, es decir, cuando la cantidad administrada y absorbida por el organismo es muy grande en relación con la dosis máxima de tolerancia. Por otra parte, las r. naturales y las creadas artificialmente con fines industriales o bélicos inciden sobre los seres vivos, con intensidad y frecuencia cada vez mayores. En nuestra Era atómica, como dice Bean, puede predecirse un futuro en el que los hombres, viviendo en cuevas o refugios, se aventuran en el exterior armados de un contador Geiger, para avisarlos de la acechante radiactividad.Tipos de radiaciones. Las r. a las que puede estar expuesto el organismo son de dos clases, según su origen: a) Las que la Naturaleza envía espontáneamente; tales son las r. de longitud de onda larga, con un poder de penetración muy pequeño, pero que absorbidas por las capas superficiales del organismo producen sus efectos primarios en la piel, sin estar exentas de efectos generales de tipo secundario. Se trata de las r. calóricas (infrarrojas) y actínicas (ultravioletas), seguidas de las que constituyen el espectro visible. Las r. cósmicas tienen menos importancia en la superficie de la Tierra (V. RAYOS ULTRAVIOLETA E INFRARROJOS; RAYOS CÓSMICOS). Dentro de este mismo apartado de r. espontáneas, tenemos otras de menor longitud de onda; son las de los cuerpos radiactivos, dotadas de un poder de penetración mucho mayor que las anteriores (V. RADIACTIVIDAD). Entre los 40 productos naturales con capacidad de r., los más importantes son: radium, uranium, polonium, thorium y actinium, que emiten corpúsculos alfa, beta y a veces gamma.b) Otro tipo de r. son las producidas en forma de r. X y las gamma o corpusculares de los cuerpos radiactivos artificiales, creadas en la pila atómica y el ciclotrón.Hasta hace algunos años, las r. artificiales estaban limitadas en su utilización para fines casi exclusivamente médicos, sobre todo las r. ionizantes y de longitud de onda muy corta, menores de un angstrom (rayos X y r. de los cuerpos radiactivos), pero hoy se emplean en los diversos campos de la industria, agricultura, ingeniería, investigación y hasta para fines bélicos, con lo que toda la Humanidad queda sometida a sus efectos. Los tipos de r. aludidas son ondas electromagnéticas, similares a las de la radio, el radar, calor, espectro visible y los rayos ultravioleta. La única diferencia es la longitud de onda, entre los varios centenares de metros de las ondas más largos de la radio hasta la diezmillonésima de un angstrom en los corpúsculos producidos por el betatrón y cosmotrón (la unidad angstrom A es 1/100.000.000 cm. 0 10-8 cm.).Efectos biológicos. Los efectos de la r. parece como si estuvieran ligados a su longitud de onda, siendo más graves las lesiones cuanto más pequeña es ésta. Por el contrario, la precocidad en la aparición de las respuestas es mayor con las r. de longitud de onda larga.Las r. infrarrojas ocasionan sobre la piel quemaduras superficiales, que generalmente afectan a la capa córnea y a la parte granulosa del cuerpo mucoso, respetando casi siempre la capa generadora malpighiana (v. PIEL). La intensidad de la lesión varía según el tiempo que el organismo haya estado expuesto, y suele manifestarse enforma de máculas, flictenas y vesículas o ulceraciones, si la exposición ha sido muy prolongada (v. ÚLCERAS I). Pueden ocasionar también lesiones oculares, que en algunos casos han producido cataratas y ceguera (v.; v. t.: OJO II). Los trastornos de orden general van desde una rubicundez por vasodilatación periférica, hasta lipotimias, hipertermia y "golpe de calor", con posibilidad de muerte.Acciones más intensas son las de los rayos ultravioleta, en relación directa a la intensidad y al tiempo de exposición. Estas r. tienen una longitud de onda bastante pequeña, entre los 4.000 y 100 A, por lo que son penetrantes y atraviesan las capas superficiales de la dermis. Son muy intensas y peligrosas en playas y montañas. En la piel, el grado más ligero de las lesiones lo constituye el eritema, bastante precoz, que suele acompañarse de edema (v.) y flictenas. La gravedad es proporcional a su extensión superficial. Entre los accidentes oculares, pueden producirse lesiones en la córnea, en la conjuntiva y hasta en la esclerótica; a veces ha sido observada la ulceración de la córnea, que suele restaurarse espontáneamente. Como repercusión general, aparecen trastornos nerviosos, irritabilidad, cefaleas (v. CEFALALGIA), anorexia (v.), insomnio (v.) e hipertermia. Son de gran riesgo como exacerbadoras de enfermedades subyacentes, lo que suele suceder en la tuberculosis (v.).Los rayos X y las radiaciones de longitud de onda decreciente, si inciden sobre los tejidos vivos, producen una transitoria ionización de átomos y moléculas con liberación de energía en forma química o de calor. Una vez el proceso en marcha, éste no puede detenerse, con alteraciones funcionales de las células que pueden llegar hasta la necrosis o muerte, dependiendo estos trastornos del tipo de tejido, intensidad, tiempo y superficie de exposición. Hay tejidos más susceptibles que otros, como son las células germinales, linfocitarias y de la médula ósea. En cambio, las células y tejidos parenquimatosos más diferenciados son mucho más radiorresistentes; en general, se estima que a mayor inmadurez y falta de diferenciación de una célula, menor radiorresistentea, y viceversa.Con los rayos X ultrablandos el peligro está en la producción de radioepidermitis que, cuando es muy intensa, puede llegar hasta la ulceración tardía. La atrofia cutánea es excepcional y, para instaurarse, necesita una fuerte dosis sobre una piel susceptible.Las r. de menos longitud de onda y mayor energía pueden penetrar en el organismo externamente a través de la piel o de las mucosas,; y de una forma interna, por vía digestiva, parenteral o inyectable y por inhalación.Lesiones de órganos. Son muy importantes las lesiones dérmicas, viscerales, de las gónadas, del sistema hematopoyético y otros sistemas orgánicos.Piel. Con r. de longitud de onda no muy corta, las lesiones varían según la intensidad y tiempo de aplicación de las dosis. Con dosis fuerte y de una sola vez, la primera reación es el eritema, seguido de la radioepidermitis seca con descamación. Hay otra epidermitis con edema, exudado, flictenas y eliminación de las capas más superficiales. Estas lesiones desaparecen con el tiempo, dejando una piel atrófica con formación de telangiectasias, que en grados intensos pueden ser causa de aparición de un cáncer dérmico. Si las lesiones se producen con pequeñas dosis repetidas por mucho tiempo, las respuestas son distintas que en la forma anterior: lesiones tardías en forma de sequedad de la piel al principio, caída del cabello en zonas fibrosas, uñas secas, frágiles y estriadas; posteriormente la piel se vuelve ligeramente atrófica, con disqueratosis y pequeñas costras adherentes que se desprenden y vuelven a formarse. También es frecuente la cancerización.Ojos. Pueden formarse ulceraciones corneales y cataratas, pero para que esto ocurra es necesario exponerse a dosis muy fuertes, sobre todo si no existe una especial sensibilidad.órganos hematopoyéticos. Se producen alteraciones con una gran frecuencia, al ser estos tejidos los más sensibles del organismo, aunque dependerán de la intensidad de la radiación. Con dosis pequeñas hay disminución de linfocitos y neutrófilos y un transitorio aumento de los monocitos y eosinófilos. Si la r. es más fuerte, llegan a desaparecer casi todos los leucocitos de la sangre periférica -agranulocitosis- junto con las plaquetas -trombocitopenia-, resistiendo más tiempo los hematíes. En casos extremos, la muerte se produce por hemorragia, infección o anemia. Al mismo tiempo, se instaura rápidamente una aplasia medular, es decir, ausencia de los elementos formadores de los corpúsculos sanguíneos, junto con una destrucción de los folículos del bazo y ganglios linfáticos. Todas estas alteraciones, pueden ser muy variables en relación con la intensidad y frecuencia de las dosis. La leucemia (v.) subaguda o crónica es el riesgo final en un porcentaje importante de los irradiados, como ha sucedido con los supervivientes de Hiroshima y Nagasaki.Gónadas. Son muy sensibles a las r. ionizantes, pudiendo llegar a producirse azoospermia en el varón, y en la mujer ausencia de la ovulación. Para que esto ocurra, la r. ha de ser muy directa y de gran poder de penetración, máxime en la mujer, cuyos órganos gonadales están alojados profundamente. Está admitida y experimentalmente demostrada en animales inferiores, sobre todo en la mosca del manzano, la "acción genética de las r., que provocan mutaciones y otros disturbios en los cromosomas. En las generaciones posteriores de las ciudades japonesas destruidas han aparecido defectos genéticos en la población en alta proporción.Pulmón, intestino y otras vísceras. En los irradiados de tórax, sobre todo en las mujeres por cáncer de mama, aparece fácilmente una fibrosis de pulmón, a veces intensa. En las fuertes r. sobre aparato digestivo se produce una rápida destrucción de la mucosa intestinal, responsable de los trastornos agudos digestivos. El resto de las vísceras es más resistente.Efectos de la bomba atómica. Las explosiones nucleares de Hiroshima y Nagasaki dieron lugar a un horrible material humano de estudio, con resultados superponibles a los experimentos realizados en animales. Con dosis extremas de irradiación, los que sobrevivieron a la explosión y al calor murieron al primer día con un cuadro intensísimo de náuseas y vómitos. Otros grupos duraron una semana, con una gran postración, diarrea incoercible, deshidratación, hemorragias y, finalmente, muerte. En casos menos intensos parecía haber una remisión, pero a las dos o tres semanas aparecían de nuevo las manifestaciones digestivas, junto con epistaxis, melenas, metrorragias, púrpura, falta casi total de leucocitos y plaquetas, úlceras en mucosas, depilación, etc. La destrucción de la médula ósea se inicia a los 30 minutos de la irradiación, con inhibición de las mitosis, igual sucede en los órganos linfoides; la médula roja de los huesos se transforma en una masa gelatinosa. También son llamativas las lesiones del intestino delgado y de las gónadas.Efectos generales de la irradiación crónica. En losenfermos sometidos a tratamientos fuertes con rayos X u otras r., sobre todo si se dirigen hacia el área abdominal y la zona esplénica, se manifiesta una situación de gran astenia, inapetencia, náuseas y vómitos. Es el llamado "mal de rayos". Si la r. es masiva, pueden aparecer cuadros parecidos a los señalados anteriormente. Una de las acciones generales más temidas es la carcinogenética, que puede afectar a zonas localizadas o constituir neoformaciones de un sistema (sangre, ganglios linfáticos, sistema óseo y retículo-endotelial). Ya se ha citado la frecuente aparición de leucemas. En los últimos años, surgían fácilmente tumores óseos entre los obreros que fabricaban pantallas y discos fluorescentes, con materiales que contenían radium y mesothorium.Protección frente a las radiaciones. Es sencilla cuando se trata de las r. de onda larga y poca energía, ya que sus efectos se deben casi exclusivamente a la r. directa, absorbible por cualquier sistema de pantallas. Un poco más complicada es la protección para las de mayor energía, ya que no sólo hay que evitar la r. directa, sino la secundaria difusa. La principal norma que se ha de seguir para una buena protección es el conocimiento correcto de las r. y de sus efectos por parte de los técnicos que las han de emplear; prestarán suficiente precaución para ellos mismos y para las personas que las reciben. Se utilizan diferentes pantallas, distancia conveniente de los dispositivos de control, aparatos de medida de suficiente garantía. Por otra parte, debe hacerse una indicación correcta de los tratamientos: no hay que prodigar o alargar las exploraciones radiológicas, sobre todo en los niños. Deberán extremarse estas advertencias con las mujeres embarazadas. Los propios radiólogos y muchos médicos son muy despreocupados a menudo a este respecto y, por desgracia, sufren a veces las consecuencias de la radiactividad.M. BONDÍA GARCÍA-PUENTE.
BIBL.: L. MOLINARI, Diagnóstico radiológico y fisioterapia, Buenos Aires 1942; A. C. CIPOLLARO Y P. M. CROSSLAND, X Rays and Radium, Londres 1967.
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