Quito III. Archidiócesis. REL. CRIST.
Categoria:
Religión Cristiana
El obispado de Q., elevado a archidiócesis en 1848 (Archidiocesis quitensis), siempre ha sido de hecho la sede primada del Ecuador -en más de dos siglos la única- y alma de la Historia eclesiástica nacional (v. ECUADOR, REPÚBLICA DEL IV). La ciudad de San Francisco de Q. fue elegida por el emperador Carlos V como capital de una de las primeras diócesis en la costa del Pacífico. Paulo III la erigió por bula del 8 en. 1545, ejecutada el 13 abr. 1546. Los límites dispuestos por el patrono real y recogidos en la bula abarcaban al N y al S territorios actualmente colombianos y peruanos. La frontera oriental quedaba abierta hasta donde se descubriere. En virtud de esta cláusula, la jurisdicción del obispado alcanzó hasta el corazón de la hoya amazónica, donde vastas extensiones estaban enteramente a cargo de los misioneros.Si se prescinde de la compleja historia de los territorios de misión hasta su situación actual (v.) y de la segregación por razones políticas de la provincia colombiana de Pasto (v. POPAYÁN), quedan motivos de estricta conveniencia pastoral como determinantes de las sucesivas desmembraciones. Éstas se sitúan en tres momentos históricos precisos: colonial el primero, separándose la diócesis de Cuenca (v.) en 1786; el segundo, de reforma eclesiástica en el periodo republicano, cuando a instancias del presidente García Moreno (v.), Pío IX erigió en 1862 las diócesis de Ibarra al N y de Riobamba al S; moderno el tercero, a impulsos de la conveniencia de hacer coincidir las demarcaciones eclesiásticas con las provincias civiles, lo cual origina las diócesis de Ambato (1948), Guaranda (1957), Latacunga (1964) y Tulcán (1965). Con ello, la diócesis de Q. se circunscribe a la provincia de Pichincha, con unas 700.000 almas, bautizadas todas en rito católico, a excepción de escasos millares.El Siglo de Oro fue un periodo de gran energía creadora (s. xvi-xvii). La evangelización se realizó de modo intenso y abnegado; las crónicas hablan de jornadas en que los obispos administraban 15.000 confirmaciones. Bajo la dirección de los dos primeros prelados, Garcí Díaz de Arias y fray Pedro de la Peña, el clero secular y regular había establecido, en 1580, 136 doctrinas para indios, además de parroquias rurales y urbanas en villas y ciudades. La presencia de la Iglesia, en el complejo juego de factores geográficos y políticos, económicos y sociales, alcanzó a fijar una situación todo lo buena que la época podía permitir.Simultáneamente se alzaban la catedral y los templos quiteños, suntuosos y artísticos; se abrían escuelas y universidades, se formaban bibliotecas, se sucedían las fundaciones de conventos para religiosos y religiosas. En ellos, la fiel observancia cuajaba en frutos de santidad que atrajeron muchas almas; a mediados del s. XVII había en Q. Linos 400 sacerdotes religiosos para un total de 30.000 hab. La espiritualidad conventual fue el aliento de la virgen S. Mariana de Jesús (v.). De ese tiempo datan también las arraigadas devociones populares a la Eucaristía y a la Santísima Virgen en varias advocaciones (la Presentación del Quinche, Virgen de Guápulo, etcétera). Por desgracia, se adoptó después un inmovilismo propicio a la decadencia que desató diversos principios de descomposición.Grandes prelados de recuerdo unido a las guerras de la Independencia son mons. Cuero y Caicedo y mons. Lasso de la Vega. Al primero correspondió orientar con prudente espíritu sacerdotal la rebeldía iniciada en 1809; al segundo, el arreglo de las relaciones directas con la Santa Sede y la pacificación interna.De los 11 arzobispos que ha conocido Q., mons. Yerovi tuvo fama de santidad y está en marcha su proceso de beatificación; mons. Checa y Barba, pastor bueno y seguro en una época difícil, murió envenenado en la misa del Viernes Santo (1877) por arsénico depositado en el vino de celebrar. Federico González Suárez (v.) fue un polígrafo de gran valer científico y jugó destacado papel durante la revolución liberal iniciada en 1895. Su magisterio trató de evitar los enfrentamientos armados -condenados de antemano al fracaso de los grupos católicos- auspiciando el respeto a la autoridad constituida. Denunció valientemente los errores doctrinales del liberalismo y sus abusos de hecho. Al mismo tiempo, con notable clarividencia, defendió la libertad de los fieles cristianos para un legítimo pluralismo en las opciones políticas, negando la representación oficial de la Iglesia a todo grupo partidista.Q. es actualmente sede de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana y cabeza de provincia de seis diócesis (Ambato, Guaranda, Ibarra, Latacunga, Riobamba y Tulcán), cuyos datos estadísticos de 1973 se resumen en el cuadro superior.Se fundó una Univ. Católica en 1946 y fue canónicamente erigida en 1954. Tiene siete facultades y nueve escuelas e institutos.ANTONIO ARREGUI.
BIBL.: ARCHIVO MUNICIPAL, Libros de cabildos de la ciudad de Quito (153-1-1616), Quito 1934-55; E. ENRíQUEZ, Quito a través de los siglos, Quito 1938-41; VARIOS, El libro de la ciudad de San Francisco ele Quito, Quito 1531 ;1. M. VARGAS, Historia de laIglesia en el Ecuador durante el Patronato español, Quito 1962; La Iglesia en el Ecuador, 1973, Quito 1973; Ann. Pont. 1973.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.