Puebla (México) Iv. Arte. ARTE
Categoria:
Arte
P., además del número imponente de construcciones religiosas y civiles, constituye una de las escuelas de personalidad más acusada, mostrando a lo largo de su historia una inagotable capacidad creadora.Como en las principales ciudades mexicanas, la catedral actual es el templo que sustituye a una edificación anterior insuficiente. Después de una real cédula por la que se ordena la construcción de un nuevo edificio, Francisco Becerra (v.) es nombrado maestro mayor de las obras, las cuales no se concluyen hasta mediados del s. XVII. Su estructura, elementos constructivos e impresión de conjunto se insertan plenamente en la arquitectura de catedrales que se desarrolla en México como continuación, y en ocasiones como paralelo, de este tipo de obras realizadas en España durante el s. XVI. Por este edificio, a pesar de lo importante de su traza, parecería que el arte poblano iba a discurrir por unos cauces análogos a los del de la capital. Sin embargo, durante el s. XVII el carácter, fisonomía y sentido de las obras cambia radicalmente hacia objetivos propios. Esto se observa fundamentalmente en la arquitectura y su decoración. En la pintura, en cambio, se siguen más de cerca las soluciones del manierismo tardío en un primer momento, que desplaza Pedro Gracia Ferrer (Concepción, capilla de los Reyes, catedral de Puebla) algo después con la aplicación de las soluciones naturalistas.La decoración, en cambio, se nos muestra como uno de los aspectos más originales del barroco del s. XVII en México. Las yeserías, material barato, fácil de trabajar y que se adapta perfectamente para desarrollar ambiciosos programas decorativos barrocos, son ampliamente utilizadas por un grupo de artistas de singular relieve. Frente al purismo que representa la sobria arquitectura del interior de la catedral, la decoración de yeserías -que se ha querido ver como una proyección americana de soluciones decorativas andaluzas- supone el triunfo de un barroquismo y un afán decorativo en el que se conjugan las formas cultas con una manera autóctona de expresarlas. De lo más antiguo son las de S. Domingo, ejecutadas en el primer tercio del s. XVII y en cuya decoración se perciben formas procedentes del Renacimiento. Las posibilidades expresivas de esta técnica ornamental se desarrollan ampliamente en la Capilla del Rosario, de fecha más avanzada, y en S. Domingo de Oaxaca (v.). Era lógico que esta decoración interior tuviese su correspondencia en las portadas de algunos edificios y, también, en la realización de retablos; pero donde el impulso decorativo propio de lo poblano se proyecta, no sólo en el plano decorativo escultórico, es en el cromático, que se desarrolla en la centuria siguiente, en la decoración de los exteriores de las iglesias mediante el ladrillo rojizo y el azulejo. Es esta decoración y la belleza de algunas cúpulas los que crean esa riqueza de color y ornamentación, ese vitalismo plástico que caracteriza el arte de la ciudad (S. José, Capilla de la Orden Tercera) y que se proyecta en otros monumentos como S. María de Tonantzintla. Este barroco alterna con soluciones menos "populares" en obras como la Compañía o concluye con un retorno hacia formas más estáticas y clásicas, sin abandonar el interés por la integración del color en la arquitectura, en Nuestra Señora de la Luz, monumento postrero del periodo colonial.P., a causa de la activa vida económica que desarrolla durante el s. xviii, adquiere en esta centuria su peculiar fisonomía. Frente a algunos restos de edificios civiles del s. xvi, son abundantes las casas bellamente labradas que se levantan entonces, con sus barrocos remates, vistosos aleros y decoración de ladrillo y azulejos (p. ej., Casa de Alfeñique). A la riqueza que produce la industria de tejidos se deben buena parte de los edificios que se levantan después de la colonización, como el Palacio del Gobierno, el Hospicio y la Estación de Ferrocarril, en los que aún perviven las tendencias ornamentales, sustituidas luego por soluciones renovadoras de la arquitectura actual.V. NIETO ALCAIDE.
BIBL.: D. ANGULO, Historia del Arte hispanoamericano, Barcelona 1950-55; L. CASTEDO, Arte precolombino y colonial de la América latina, Barcelona 1972; A. BONET CORREA, La arquitectura de la época porfiriana en México, Murcia 1966.
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