Psicología Individual CIENCIA
Categoria:
Ciencia
La P. individual tiene su desarrollo principal en la obra de A. Adler (1870-1937; v.), disidente temprano de los postulados freudianos y, con C. G. Jung (v.), uno de los grandes "heterodoxos" del psicoanálisis (v.). Su teoría se construye sobre tres pilares básicos: los sentimientos de inferioridad, la voluntad de poder y el instinto de comunidad, recibiendo el impacto de la ciencia y cultura de su ambiente. Adler trata de subrayar el estudio de las manifestaciones de la personalidad como estudio de un todo individual; aunque, como se verá, su concepción de la voluntad, de la conducta humana y del hombre, en definitiva, tiende a un cierto mecanicismo poco aceptable, como ocurre en muchos otros psicoanalistas.Adler fundamenta su P. en la existencia de una "inferioridad", condicionada ontofilogenética y situacionalmente, desde las primeras edades de la vida. Las fuerzas instintivo-impulsivo-sexuales, cimientos de la teoría de la libido freudiana, quedan en un segundo plano ante esta realidad radical. Inferioridad que puede situarse en un órgano o conjunto de éstos, distinguiendo a su vez dos grandes grupos de inferioridades orgánicas -morfológicas y funcionales-, resaltando la importancia de las segundas, "ya que la anomalía morfológica se descubre mediante algún defecto funcional". Esta "conciencia de inferioridad" para Adler persiste durante toda la evolución del ser humano, creando un "estilo o forma de vida" en la constante lucha del individuo para superar su inferioridad básica (v. t. PSICOLOGÍA GENÉTICA; PSICOLOGÍA EVOLUTIVA). Los "sentimientos de inferioridad", universales y connaturales en el hombre, según Adler, se especifican en el "complejo de inferioridad", cuyos antecedentes se encuentran en el sentiment d’incompletude de P. Janet (v.). Posteriormente Freud (v.) los consideró como ganancias secundarias de la minusvalía órgano-funcional, y más tarde como derivados de la relación entre el yo (v.) y el super-yo, y no en las interrelaciones con el mundo exterior, como consideraba Adler. Este al concebir al yo como la instancia autoconservadora y protectora de la personalidad total, capaz de modificar los trastornos en provecho de la totalidad, se despega de los enfoques neurobiológicos freudianos, evolucionando hacia un cierto sociologicismo evolucionista y nietzscheniano, por el impacto de las ciencias de la conducta (v.), donde la lucha en la vida no se plantea únicamente por puro poder o supervivencia, sino por la seguridad, perfección y adaptación.Por otra parte, el "instinto de autoafirmación" que aislara McDougall (1905) como un impulso aislado, en Adler representa menos un instinto biológico agresivo que un fenómeno microsocial, de particular importancia en la economía psíquica de todas las edades, especialmente las infanto-juveniles, con objeto de intentar superar las limitaciones bio-culturales inherentes a las diversas etapas de la vida; de aquí también la importancia dada a la psicopedagogía (v. PSICOLOGÍA PEDAGÓGICA). Frente a la evolución del psicoanálisis (v.) desde Freud y Abraham a Fenichei y Lacan, surge a partir de Adler todo un proceso histórico-cultural de sociologización progresiva, que llega a través del pragmatismo (v.) de los diversos círculos norteamericanos, especialmente a través de K. Horney, Sullivan, Fromm, Moreno, etc., a una "superficialización", frente a la "profundización" freudiana. Así, por ej., K. Horney insistió en la posición central de las conductas autoafirmativas en su teoría de las neurosis (v.), al considerar el conflicto nuclear de las mismas dentro de la situación especialmente competitiva de nuestra cultura; según él a partir de esta situación crónica de competitividad individual se desarrollan las conductas y vivencias hostiles y agresivas, las angustias, temores, aislamiento, stress afectivo, etc., al no poderse compensar las necesidades básicas amorosas del ser humano; la necesidad de afecto, el interés social o sociabilidad y la inatención selectiva de Sullivan se encuentran también en Adler.El fenómeno psicológico del poder fue relegado a un segundo plano por Freud, ocupando, sin embargo, un lugar destacado en la obra adleriana, origen de posteriores indagaciones en las escuelas neoanalíticas. El "afán de poder" adleriano sería un impulso básico del comportamiento humano; a partir del sentimiento de inferioridad nuclear se desarrollaría un haz de impulso, de poderío y mando, cuyos objetivos consisten en la realización, al modo de Nietzsche (v.), de una vida o de un estilo de vida, plena de fuerza, creatividad e intensidad. El camino para la superación de la propia inferioridad comenzaría en los primeros años de la vida: ya el niño, débil e impotente, generaría según Adler conductas agresivas en su lucha por superar la propia debilidad, a través de la identificación con los modelos adultos de su ambiente, quedando puestas las bases para una evolución sana o neurótica, a partir de los cuatro años; el niño neurótico creará un mundo de fantasías poderosas y proyectará su hostilidad sobre el medio ambiente, apartándose de la realidad; la figura del padre cobrará una máxima importancia como imagen de autoridad y poder en las estructuras sociales configuradas según el modelo masculino de acción. No es tanto la diferenciación biológica de los sexos, cuanto la carga cultural de una civilización masculina, que no lo ha sido en todas sus épocas, la que explicaría la inferioridad y protesta, la compensación y sobrecompensación, el resentimiento y la lucha por la superioridad y supremacía. Se observa aquí, como en otros puntos, la deficiente concepción adleriana acerca de la voluntad (v.), así como acerca de las consecuentes libertad (v.) y responsabilidad (v.) personales.Adler considera el "instinto de comunidad" como compensador de los sentimientos de inferioridad y la voluntad de poder. El hombre posee ontofilogenéticamente una capacidad de adaptación a la sociedad (v.) expresable en esta igualdad: sentimiento de sociabilidad= capacidad social. En este Gemeinschaftsgefuehl (instinto o sentimiento de comunidad) se manifiestan, entre otros, los tres grandes problemas vitales: las relaciones con el prójimo, con la profesión y con el amor, que a su vez permiten establecer un cierto grado de normalidad o neuroticismo; incluso las relaciones entre grupos humanos contienen estos elementos claves y su deterioro o empobrecimiento pueden originar conflictos sociales. Sin embargo, Adler no entiende por "comunidad" (v.) los habituales conceptos sociológicos, sino una aptitud y tendencia para cooperar, convivir, crear y autoafirmarse en estas tres metas vitales, impregnando la conducta y el sentido social delindividuo en formación y educación hasta configurarse plenamente en la edad adulta en una comunitaria forma O estilo de vida (v. t. PSICOLOGÍA COLECTIVA).Adler estudió también las "funciones defensivas del yo" y su papel en el desencadenamiento de las neurosis (v.), así como el "dialecto de los órganos" o lenguaje simbólico, pudiéndosele considerar como un precursor de la actitud psicosomática de la Medicina (V. MEDICINA PSICOSOMÁTICA), al intentar mostrar cómo ciertas constelaciones de síntomas coinciden con ciertos rasgos caracterológicos. El sueño (v.) es "un ensayo de la vida", una especie de mecanismo compensador para la lucha cotidiana, mientras que las neurosis constituyen el resultado de la pugna existente entre los impulsos de poder y las exigencias del perimundo, entre el beneficio secundario del trastorno neurótico para imponerse a los demás y a lo demás y los sentimientos de minusvalidez e inferioridad. De aquí también el culturalismo adleriano al insistir no sólo en la minusvalidez y desamparo, sino en los impulsos de agresión, en la competitividad y en las compulsiones socioculturales de un ambiente estresante. La terapia adleriana podría proyectarse más bien en el futuro, mientras que la freudiana bucea en el pasado; con todos los riesgos del esquematismo, aquélla transcurre en tres etapas -descarga, apoyo y carga-, fundamentándose en el análisis caracterológico y en las defensas en la evolución del yo, a través de la evocación de recuerdos y del análisis de los conflictos actuales, donde el inconsciente no sería más que un consciente incomprendido y cuyo objetivo consiste en actuar sobre el estilo de vida y la estructura biosocial de la persona, pues "el hombre sabe mucho más de lo que comprende".V. t.: CARACTEROLOGÍA; COMPLEJOS PSÍQUICOS; INCONSCIENTE Y SUBCONSCIENTE; ADLER, ALFRED.V. CONDE LÓPEZ.
BIBL.: J. DONAT, Adler y su Psicología individual, Madrid 1949; R. ALLERS, Naturaleza y educación del carácter, Barcelona 1950; H. L. ANSBACHER, La psicología individual de Adler, Buenos Aires 1959; K. HORNEY, El nuevo psicoanálisis, 3 ed. México 1960; íD, Nuestros conflictos interiores, Buenos Aires 1966; A. ADLER, La psicología individual y la escuela (1920), 7 ed. Buenos Aires 1965.
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