Psicoanálisis I. Estudio General. CIENCIA
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Ciencia
1. Concepto y consideraciones generales. La primera acepción de la voz p., según el Diccionario enciclopédico de la Psique (Buenos Aires 1958) es la siguiente: "separación o resolución del psiquismo en sus elementos constitutivos". A continuación establece, por su orden, las principales técnicas: a. P. (propiamente dicho), de Freud (v.); b. Psicología analítica, de Jung (v.); c. Psicobiología, de Meyer; d. Psicología individual, de Adler (v.); y e. Análisis del destino, de Szondi (v. IMPULSOS).Ante todo, debe advertirse que, en los ámbitos profesionales, el término se emplea exclusivamente referido al p. de Freud y al de los autores fieles a la ortodoxia por él definida. Tan estricta significación, motivada por lo absoluto y excluyente de su interpretación de los fenómenos psíquicos, ha hecho inviable el uso técnico de la palabra de acuerdo con su etimología. El propio Freud eligió para la Encyclopaedia Britannica, en su edición de 1926, el título de Psychoanalysis: Freudian School. Es una realidad que el lector ha de tener en cuenta. Así, pues, el presente artículo versa, en exclusiva, sobre el p. de Freud y su evolución ulterior. He aquí lo que designa su fundador con el nombre de p.: 1) "un método para la investigación de procesos anímicos apenas accesibles de otro modo"; 2) "un método terapéutico de perturbaciones neuróticas, basado en tal investigación"; 3) "una serie de conocimientos psicológicos, así adquiridos, que van constituyendo paulatinamente una nueva disciplina científica" (I Esquema del psicoanálisis, en Obras completas, II, Madrid 1948, 19).Pero el p. es también una filosofía o, si se prefiere, una Ciencia de la cultura. No importa que su fundador no lo declarase explícitamente. Sus comentaristas lo reconocieron desde el primer momento. Los actuales seguidores de la dirección culturalista del p. (K. Horney, H. S. Sullivan y E. Fromm, p. ej.), defienden esta significación, aparte del hecho de la indudable influencia de las ideas de Freud en las más variadas facetas del pensamiento y el arte contemporáneos. Tótem y tabú y El porvenir de una ilusión son, entre los ensayos de Freud, testimonio claro de este empeño.Entre aspectos tan diversos, es difícil señalar ni límites ni relaciones metódicas. Según R. Dalbiez (El método psicoanalítico y la doctrina freudiana, Buenos Aires 1948), Freud "considera su sistema como un bloque intangible, no separa netamente el método de la doctrina"; "las teorías científicas -y más aún las construcciones metafísicas- aparecen situadas en el mismo plano que los hechos". Acaso los psiquiatras se encuentren en mejores condiciones para distinguir el p. como método curativo de todo lo demás, pero el lector culto, y quien quiera que aspire a ilustrar su criterio, ha de contemplar el p. como lo presentan sus defensores: un determinado intento de interpretar la vida humana en todas sus dimensiones, partiendo de hipótesis psicológicas.No obstante, el desarrollo del tema se hace de acuerdo con el siguiente orden: El método y sus antecedentes. La Psicología psicoanalítica. Su filosofía. Psicoanálisis y P.2. El método y sus antecedentes. En 1885 se encuentra Freud en París perfeccionando sus conocimientos neurológicos en la clínica de la Salpétriére. Charcot (v.), director de la misma, se ocupaba a la sazón en el estudio de la histeria (v.). Comenzaba a estimarse el papel del psiquismo frente a las causas orgánicas de la misma. Junto a la sugestión (v.) empieza a utilizarse la hipnosis (V. SOFROLOGÍA) con fines curativos (v. PSICOTERAPIA); pero la hipnosis se aprovecha también como medio de investigación (A.-A. Liébault en Nancy, V. M. Bechterew en Rusia, y Forel en Alemania). Charcot reproduce en estado hipnótico ciertos síntomas histéricos. El gran ataque desencadenado experimentalmente actúa en forma de desahogo o descarga de tensiones nerviosas (v. CATARSIS). La histeria adquiere carta de naturaleza médica; es una enfermedad como otra cualquiera, con sus causas, síntomas, pronóstico y tratamiento.Freud termina su especialización en Nancy, con Bernheim, hipnotizador experto, discípulo de Liébault, y regresa a Viena. Allí reanuda su contacto amistoso y profesional con J. Breuer, de quien antes de su viaje a París había recibido información sobre ciertos descubrimientos obtenidos por éste, durante el tratamiento hipnótico de una paciente conocida en la historia del p. con el nombre de Ana O. La ausencia de causas orgánicas había inducido a Breuer a diagnosticar como histeria el "caso Ana O.". Freud y Breuer lo estudian de nuevo y publican sus experiencias con una teoría original en Studien über Hysterie (Estudios sobre la histeria), 1895. Este trabajo es importante por contener una hipótesis sobre el exclusivo origen psíquico de la enfermedad, a la vez que defiende el efecto terapéutico de la catarsis; pero revela además un hecho de la máxima significación, por ser causa del nacimiento del p. como técnica, a saber: dificultades eventuales en la inducción del estado hipnótico desencadenaron, de manera espontánea e imprevista, el relato de ciertos acontecimientos olvidados, cuya evocación produjo en la paciente la desaparición de su parálisis histérica. Freud dirá más tarde (I Esquema del psicoanálisis, en Obras completas, 11,9) que "nunca se ponderará bastante la importancia del hipnotismo para la historia de la génesis del psicoanálisis", pero lo cierto es que, cuando el p. "apareció ante el mundo como algo nuevo" (ib.), en 1900, con Die Traumdentung (La interpretación de los sueños), del hipnotismo lo único que queda es su estimación analógica con las manifestaciones de algunas neurosis (v.).La catarsis motora es sustituida por la catarsis oral, y está corregida y aumentada con la catarsis ex auditu. "El método catártico es el antecedente inmediato del psicoanálisis y, a pesar de todas las ampliaciones de la experiencia y de todas las modificaciones de la teoría, continúa hallándose contenido en ella como módulo central" (S. Freud, o. c.).Las asociaciones libres. La técnica se define en forma original con el abandono de la hipnosis y la búsqueda del efecto catártico a través de la manifestación verbal de las ideas que espontáneamente se le ocurriesen al enfermo, sin que éste tratara de modificarlas ni criticarlas. Tales ideas, libremente expresadas, revelaban la existencia de hechos ocultos a la conciencia, ya olvidados, no recordables voluntariamente, y en relación precisa con los síntomas. Más tarde denominaría esta técnica como asociación libre; y el proceso mismo, abreacción. El tratamiento psicoanalítico se apoyará desde entonces en esta regla técnica fundamental.Las resistencias. Las asociaciones libres no son suficientes para atraer a la conciencia todo lo nocivo olvidado. Freud pensó que algún mecanismo se oponía al proceso. Así surgió la hipótesis de las resistencias y, con ella, uno de los conceptos básicos del p., la represión, cuya fuerza debería ser la misma que habría originado los síntomas neuróticos. Gracias a la represión, ciertas experiencias o recuerdos desagradables se mantendrían fuera de la conciencia. Lógicamente, semejante hipótesis demandaba el inevitable complemento de la noción de lo inconsciente (v.), decisiva, más allá del método terapéutico, en la construcción del p. como doctrina psicológica y como sistema general de ideas.Esta primera época incluye, desde el punto de vista del método, un primer esquema del p., una teoría de las neurosis y un índice sobre las posibilidades terapéuticas. La técnica cuenta también con una serie de aportaciones iniciales que, en base a la doctrina y como material analizable, suponen los sueños (v.), los actos fallidos, la libido y la angustia (v.), cuya teoría desarrollaría más tarde. Las modificaciones del método en un segundo periodo (1900-25) vienen determinadas por el progresivo interés del análisis de los sueños y los actos fallidos, la importancia concedida a la libido y la intervención del fenómeno de la transferencia (v.).De hecho, a medida que aumenta el empeño simplificador del funcionamiento de la psique, la práctica del método resulta cada vez más complicada y laboriosa. No es la menor de las innumerables paradojas del p. que una técnica justificada, entre otras causas, por la necesidad de abreviar la hipnosis, se fuera convirtiendo en una operación tan interminable como costosa. Freud señalaba una duración para el tratamiento muy amplia: de seis meses a tres años; y el llamado análisis didáctico (v. PSICOTERAPIA) y "el de los sujetos sanos (sic), lógicamente, es teóricamente inacabable" (Consejos al médico, en Obras completas II, 329). No se piense que semejante lentitud fuera el inevitable efecto de la falta de experiencia o del deficiente conocimiento del aparato psíquico. Cuarenta años más tarde, los Estatutos del Círculo vienés de Psicología profunda, dirigido por Igor Caruso, determinarían que "el análisis didáctico en ningún caso debe durar menos de 150 horas, y -que- por lo regular, puede exigir 250 horas y más" (Estatutos, cap. IV, apénd. de Análisis psíquico y síntesis existencial de I. Caruso, Barcelona 1954, 258). Y ello a pesar de que el propio Freud y sus primeros discípulos tratasen de evitar los inconvenientes derivados de tan larga duración, proponiendo modificaciones que, como nueva terapia, denominó S. Ferenczi Psicoanálisis activo, ya en 1919. La finalidad del método hacia el final de este segundo periodo es suprimir la amnesia (v.) que oculta al adulto el conocimiento de su vida infantil entre los dos y los cinco años (Ensayos sobre la vida sexual, en Obras completas, 1, 797, 1016).Freud muere en 1939. El año anterior comenzó a escribir un último Esquema del psicoanálisis que dejó inconcluso, editándose a título póstumo. Es de notar que la terapia psicoanalítica, desde su origen a partir de la hipnosis (1895) hasta la actualidad, no haya experimentado ninguna variación esencial. Se limita, como ha observado Dieter Wyss (Las Escuelas de Psicología profunda, Madrid 1964) al desarrollo de las asociaciones libres (v. ASOCIACIONISMO), al análisis de los sueños, al análisis de la transferencia y al de las resistencias.Indicaciones del método. De acuerdo con las últimas ideas de su fundador, eran: la histeria, la neurosis obsesiva (v. OBSESIÓN), las fobias (v.), las inhibiciones (v.), los trastornos del carácter (v.), las perversiones sexuales y las perturbaciones de la vida erótica (v. SEXUALIDAD). Posteriormente, y de modo paralelo al desarrollo conceptual y hermenéutico del p., se ha pretendido ampliar el ámbito de sus posibilidades terapéuticas. El Congreso Int. de Psicoanálisis de Londres (1953) dedicó un simposio al tratamiento analítico de la esquizofrenia (v.; Rosenfeld, Sechehaye, Federn, Fromm-Reichmann). Karl Abraham y diversos autores anglosajones incluyen la melancolía endógena (v. DEPRESIÓN). Y más allá de las propias psicosis, se pretende aplicar en los procesos psicosomáticos. Sin embargo, todas estas indicaciones, desestimadas por la Psiquiatría clínica, siguen discutiéndose, sin acuerdo, por los psicoanalistas actuales. Véase, p. ej., el capítulo dedicado a "las indicaciones y contraindicaciones del psicoanálisis en el adulto" por S. Nacht y S. Lebovici en el libro El psicoanálisis, hoy (Barcelona 1959), que prologa E. Dones, presidente de honor de la Asoc. Psicoanalítica Internacional.3. La Psicología psicoanalítica. En 1900 publica Freud su Interpretación de los sueños; en 1904, Tres ensayos sobre la teoría sexual. En estos dos trabajos desarrolla lo que con anterioridad había ofrecido en forma resumida en el Bosquejo de una psicología. Fiel a su tiempo, trata de elaborar una psicología científico-natural: "los procesos psíquicos como estados cuantitativamente determinados de elementos materiales ostensibles". Esta concepción mecanicista del psiquismo (v. MECANICISMO), inspirada en las ideas evolucionistas dominantes en las investigaciones biológicas de la época (v. EVOLUCIÓN I), ha estado siempre presente en Freud y en el p. posterior.El modelo del alma sería la propia anatomía del sistema nervioso (v.). Una parte del sistema nervioso central se considera filogenéticamente más antigua y funciona según el esquema del arco reflejo (v. REFLEJOS). Las células nerviosas, sometidas al principio de la constancia o inercia, actuarían sólo reactivamente; su función primaria sería dar salida a cualquier clase de estímulo. De esta manera interpreta Freud el papel de la catarsis. Sin embargo, este sistema originario no puede mantenerse indefinidamente bajo tal principio. Todo exceso de estimulación proveniente del mundo exterior obliga a la célula a escapar mediante la huida del estímulo, pero como hay necesidades provenientes del interior (hambre, sed, sexualidad) que, según dirán, se han de satisfacer, se impone una diferenciación orgánica y funcional del sistema primitivo. Aparece, así, lo que el p. denomina la función secundaria.Cerebro (v.) primario y función primaria, como transporte de estímulos y permeabilidad para los mismos, se constituyen en el ello psicoanalítico. El sistema secundario sería impermeable a los estímulos y actuaría de regulador del resto del aparato psíquico. En su obra póstuma dirá Freud que "en el principio era el ello". "El poderío del ello expresa el verdadero propósito vital del individuo: satisfacer las necesidades que ha traído consigo" (Esquema del psicoanálisis, Buenos Aires 1952). Los instintos (v.) son la fuerza que actúa tras las tensiones de estas necesidades del ello, las cuales no pueden satisfacerse de manera absoluta. Bajo el influjo del mundo exterior y real, parte del ello experimenta una peculiar transformación. Como resultado del proceso aparece otro sector de la vida psíquica: el yo (v.). Placer y displacer serían los principios reguladores de toda la actividad nerviosa: "El yo tiende al placer y quiere eludir el displacer"; "responde con la señal de angustia a un aumento esperado y previsto de displacer". "Periódicamente, el yo rompe sus comunicaciones con el mundo exterior y se retrae en el estado de reposo o sueño, modificando profundamente su organización" (o. c.). Otro sector de la vida psíquica será el superego. "Como sedimento del largo periodo infantil en que el hombre en formación vive dependiendo de sus padres, fórmase en el yo una instancia particular que perpetúa esa influencia parental y a la que se ha dado el nombre de superyo. En la medida en que se separa del yo o se le opone, este superyo constituye una tercera potencia, que el yo ha de tener en cuenta" (o. c.).Tal es la génesis y disposición dinámica del psiquismo en su estado natural y originario: el ello instintivo, actuando fundamentalmente como libido o energía sexual que busca su satisfacción o descarga de acuerdo con el principia de placer. A pesar de que, en su última formulación doctrinal, Freud considera la instintividad como resultado de la mezcla en proporción variable de dos fuerzas primordiales -Eros y Tanatos-, conservadora de la vida una, y destructora de la misma la otra, esta dicotomía ha perdido importancia ideológica en el p. actual, en el que las tendencias destructivas y agresoras sederivan de la hostilidad vinculada a los impulsos eróticos, o de las frustraciones (v.) impuestas por el entorno social o cualquier tipo de demanda instintiva. En todo caso, la instintividad, originalmente orgánica e inconsciente, es elevada de nivel por el yo, que ordena su satisfacción, actuándola de inmediato, difiriéndola o reprimiéndola, de acuerdo con el principio de realidad. Pero, a la vez, dominado por la consideración de la seguridad, el yo opera bajo la influencia censora del superego, producto de los convencionalismos sociales.La personalidad (v.). Es el resultado de este proceso, "sin que sea posible separar científicamente la normalidad psíquica de la anormalidad, de modo que, pese a su importancia práctica, sólo cabe atribuir valor convencional a esta diferenciación" (o. c.). Todo problema se reduce a un retraso en la evolución del yo, impuesto por el miedo a la pérdida del amor de los padres y la consiguiente amenaza de inseguridad. Freud afirmará: "Hemos de concluir que la neurosis podría evitarse si se ahorrase esa tarea al yo infantil, es decir, si se dejara en plena libertad la vida sexual del niño, como sucede en los pueblos primitivos" (o. c., 95). De este modo, no sólo los contenidos de conciencia, sino cualquier proceso psíquico (v.), son interpretados como un efecto de tales tensiones, cuyo verdadero significado, siendo inconsciente, sólo llega a revelarse de manera simbólica en los síntomas, en los actos fallidos (lapsus y pequeños errores de la vida ordinaria), en los sueños, y, como se verá más adelante, en todas las manifestaciones de la cultura (v. CIVILIZACIÓN Y CULTURA I, 3).Tan colosal y simplificadora hipótesis sólo podía sostenerse con el despliegue en espiral de una interminable serie de modelos interpretativos, igualmente simples e hipotéticos. Lo que no se abandonó nunca del todo, a pesar del empeño mitigador de los psicoanalistas de inspiración sociológica y cultural (Horney, Sullivan, Fromm, Reich y Mandolini, entre otros), fue la urdimbre pansexualista de la teoría inequívocamente declarada por Freud en Introducción al psicoanálisis, Interpretación de los sueños y Psicología de la vida erótica. Véase, p. ej., el catálogo resumido de ciertas escenas oníricas y su significación: Las actividades rítmicas (baile, equitación, saltos) y ciertos accidentes violentos (caerse, ser atropellado) simbolizan el acto sexual. Si se anda por la derecha, dicho acto es normal; andar por la izquierda es símbolo de homosexualidad, incesto, etc. Calvicie, caída del pelo o sacarse las muelas simbolizan la castración. Maquinarias, niños, peces, caracoles, gatos y ratones equivalen a les órganos genitales. Sombreros, abrigos, montañas, rocas, corbatas de nudo y, sobre todo, el n° 3, representan los genitales masculinos. Barco, boca, oídos, ojos, bolsillos, recipientes, ropa blanca y cualquier hueco, los femeninos. Globos y aviones, la erección. Huir a través de varias habitaciones es huir a través de un harén. Un lugar o un camino maravillosos encubren el recuerdo nostálgico de una aventura erótica.Pero este pansexualismo, más o menos manifiesto en los sueños, constituye el núcleo de la vida misma. Por eso tienen mayor interés y alcance los modelos interpretativos de ciertas actitudes y situaciones personales que el p. designa con el término de complejos (v.). Este vocablo se debe a Jung quien lo definió como "el grupo de ideas reprimidas eslabonadas en un conjunto complejo, que rodea al individuo, llevándolo a pensar, a sentir y a actuar de una determinada manera". Freud aceptó el nombre matizándolo de acuerdo con sus teorías: lo reprimido no son cualesquiera ideas, y ni tan sólo ideas, sino fantasías, deseos e impulsos sexuales. Pero tales formulaciones expresivas del determinismo psíquico resultan ser, a la vez, la clave indicadora del comportamiento humano en ciertas etapas del desarrollo individual. Los complejos característicos de una edad cronológicamente superada pueden volver a aflorar extemporáneamente en virtud de la regresión que a dicha etapa suponen los diversos trastornos mentales. Fiel a su eidos evolucionista y científico-natural, el p. elabora sus hipótesis en forma paralela a los modelos de las teorías neurológicas vigentes hace 70 años. La liberación de niveles funcionales más inferiores y arcaicos por lesión de los superiores, p. ej., encuentra su equivalente psicoanalítico en la regresión a formas de comportamiento de etapas anteriores, concretamente infantiles, cuando el yo pierde su capacidad de actuación frente a las exigencias del superego.Desarrollo de la personalidad y libido. La personalidad representa en cada momento el nivel del desarrollo de la libido. Las etapas fundamentales de dicho desarrollo son las siguientes: Para los primeros días de la vida, el principio de placer no cuenta, valga la expresión, con un órgano preciso. La exigencia y posibilidades de satisfacción libidinosa se encuentran repartidas por toda la superficie corporal. Pero, bien pronto, una vez el niño comienza a alimentarse, la economía del placer se organiza alrededor de la boca y los tejidos mucosos, que tapizan el primer tramo del aparato digestivo. Tanto la ingestión del alimento como el simple chupeteo quedan, así, al servicio de la libido. Se trata de acciones en las que el placer sensible queda confundido con la liberación de pulsiones agresivas. De ahí la denominación oral-canibalística del periodo. Se extiende aproximadamente durante el primer año de edad.La segunda fase, llamada anal-sádica, viene definida por el interés que despiertan en los niños las funciones excretoras y la satisfacción a ellas inherente. Se monta sobre la fase anterior, con la cual coincide durante algunos meses, y termina alrededor del segundo año de la vida. Lo más interesante de esta etapa son las consecuencias que para el orden, como hábito o virtud, va a tener la creación de los reflejos condicionados reguladores de las funciones de referencia. La proximidad de los órganos genitourinarios y la doble finalidad (excretora y sexual) de los mismos, en la edad adulta, desencadena la aparición de la fase fálica y, con ella, cierta intuición sobre el destino ulterior de las funciones de tales órganos. A partir de este momento se entra en el periodo más interesante del desarrollo. Se trata de la etapa edípica.El modelo psicodinámico por antonomasia se encuentra representado por el complejo de Edipo. He aquí su descripción resumida: el niño ama a su madre y desea tenerla para él sólo y se irrita contra el padre, que es el principal obstáculo de sus deseos; de ahí proceden su actitud hostil y su agresividad contra el mismo (S. Freud, Obras completas, 11,230 ss.). En este momento que el p. sitúa, a continuación de la fase oral-canibalística y analsádica, en la etapa genital de la libido (entre los dos años y seis meses y los tres años), el niño habría comenzado a masturbarse (sic), y la represión inicia también su actividad (v. MASTURBACIÓN), "con lo cual una parte de los fines sexuales queda sustraída a su conciencia" (S. Freud, o. c.). En la niña, la situación equivalente supone el complejo de Electra, aunque aquí -nuevo matiz hipotético-, más que del amor al padre y de tener un hijo, se trataría de poseer el órgano viril.De estos complejos derivan otros, como el de castración (v. COMPLEJOS) 0 temor a la pérdida de los genitales(v. ut supra la simbología inconsciente). Dependen de los periodos de latencia, o silencio sexual, el narcisismo de la adolescencia y, en general, todas las formaciones neuróticas. También aquí tienen su origen la angustia y los sentimientos de culpabilidad y, con ellos, las creencias religiosas, como veremos. El pansexualismo freudiano provocó desde el primer momento graves controversias y la disidencia sucesiva de una serie de colaboradores eminentes. Adler y Jung, primero, y el variopinto catálogo de los culturalistas actuales, más atentos al papel de la dimensión social de la vida humana y a ciertas realidades de orden metafísico, apenas han podido modificar, sin embargo, la preferente versión sexual de la libido y el determinismo mecanicista de la concepción psicológica del p., que la Asoc. Psicoanalítica Internacional, fundada por Freud, sigue defendiendo en la actualidad, especialmente en ciertos núcleos anglosajones y en algunos países iberoamericanos.4. Psicoanálisis y Filosofía. "El movimiento originado en Freud se ha ampliado en el curso de los años, hasta acabar en un sistema del mundo, o poco menos" (R. Dalbiez, o. c., 11,313). Esto era inevitable. Toda interpretación monotemática de los procesos psíquicos culmina siempre en una antropología. Si, además, como acontece con el p., uno de los supuestos fundamentales es la influencia nefasta de las formas de vida de una cultura apriorísticamente considerada como convencional y negativa, los conceptos de salud y enfermedad (v.), la restauración de la salud mental y la interpretación de la vida misma habían de resultar un todo sin soluciones ideológicas de continuidad. Ya se aludió a ello al principio del presente artículo. Este riesgo y servidumbre no son, por lo demás, exclusivos del psicoanálisis. Cualquier filosofía que pretenda reducir el conocimiento humano a la experiencia sensible ha de negar inevitablemente la originalidad de la razón (v.).En Freud y sus continuadores el proceso intelectual adquiere matices peculiares. El p., apoyándose en el método propio de las ciencias de la Naturaleza, aboca en el empirismo (v.). Es cierto que, ni siquiera en la filosofía de Hume (v.), el empirismo ha resultado indemne de alguna concesión al racionalismo (v.). Freud, que ni quiere presentarse como filósofo ni precisa sus doctrinas de acuerdo con la metodología propia de las ciencias del espíritu, no puede sustraerse al racionalismo imperante, pero pretende reducir la razón, salvada la lógica formal de su urdimbre operativa, a un puro determinismo, cuyo punto de partida es la causalidad (v. CAUSA, 9), y su término indeclinable, el momento presente. Adviértase cómo el método terapéutico del p. es, al mismo tiempo, una pesquisa indagatoria del pasado del paciente. De este modo, el racionalismo psicoanalítico, al excluir el orden de las posibilidades del futuro, niega implícitamente el libre albedrío (v. LIBERTAD) y deja de ser realista. Dicho en forma sencilla: en el p. todo ocurre por algo, nunca para algo.En Tótem y tabú y El porvenir de una ilusión pone Freud los fundamentos de su sistema cultural. Cultura, para el p., es la suma total de dispositivos y ordenaciones que alejan nuestra vida de la que sería, según ellos, la de nuestros antepasados animales, y que persigue dos finalidades: la protección del hombre frente a la Naturaleza, y la regulación de las relaciones de los hombres entre sí. Los primeros avances culturales consistieron en dominar las oscuras fuerzas de la Naturaleza. Uno de los primeros fue la conquista y dominio del fuego. Pero, véase cómo incorpora Freud la sexualidad a este liminal menester cultural. Inseparable de la contemplación del fuego es el placer infantil de apagarlo con el chorro de de la orina. Semejante operación representa simbólicamente un acto sexual y una acción competitiva de la propia potencia masculina frente a la del otro. Vencer dicho placer y respetar el fuego equivalió a una gran conquista cultural, a cambio de la renuncia a una parcela de la instintividad. Esta primera represión de la energía libidinosa abrió el proceso de la conquista de las fuerzas naturales. El progreso técnico aparece como un gran sueño colectivo que, poco a poco, se va cumpliendo. El orden social sería una defensa frente a la turbamulta de las pulsiones inconscientes. Las instituciones jurídicas, un mecanismo represor de las libertades individuales.Pero este proceso, ni es natural, ni puede mantenerse indefinidamente. Los instintos siguen actuando y, cuando no pueden satisfacerse ni ser reprimidos, un nuevo mecanismo es llamado a intervenir: la sublimación. Los más decantados productos de la sublimación, arte, moral y creencias, se constituyen de esta suerte en la piedra clave del arco de la cultura. Sin embargo, tampoco la sublimación es capaz de encauzar satisfactoriamente los pasos de la humanidad en su búsqueda del placer, lo que a lo sumo consigue es transferir al grupo los problemas del individuo, de ahí que la sociedad viva bajo la perpetua amenaza de la neurosis colectiva. Tal amenaza ha sido más o menos consumada según los tiempos. En El porvenir de una ilusión, Freud no deja lugar a ninguna duda: esa neurosis obsesiva de la colectividad humana es, sin paliativos de ningún género, la religión (v.). Para la ortodoxia psicoanalítica el dogma cristiano es, precisamente, la cristalización del complejo básico de toda neurosis. Dios sería sólo una sublimación del padre (v. Ii).Las ideas antropológicas y sociológicas del p., desde Freud a E. Fromm (n. 1900), son una continuación del doctrinarismo evolucionista. No importa que E. Fromm y quienes, desde R. Dalbiez principalmente, se han acercado al p. en actitud comprensiva, estén dispuestos a admitir, en contra de las rotundas afirmaciones de su fundador, que el p. no deba ser sólo neutral respecto de la religión y de los grandes sistemas filosóficos, sino que puede y debe -dicen- llegar a una colaboración. En el mejor de los casos, E. Fromm, p. ej., define la religión como un sistema de pensamientos y acción -sea el que sea- compartido por un grupo, que da al individuo una orientación y un objeto de devoción. Se trataría de un fenómeno "natural", de acuerdo con lo postulado por Friedrich Schleiermacher (v.) ya en 1821 y defendido por los llamados psicólogos de la religión desde Stanley Hall a Wobermin, pasando por Starbuck, Friedrich Heiler, Karl Girgensohn, Oswald Külpe y Wunderle. "La cuestión no es si el hombre vuelve a la religión y cree en Dios, sino si vive con amor y busca la verdad secundaria" (E. Fromm, Psicoanálisis y Religión, Buenos Aires 1956). El p. actual está dispuesto a aceptar cualquier religión humanista frente a las religiones dogmáticas, cuyo origen y desarrollo "patológicos" ya había pretendido demostrar Freud.Este esquema es, mutatis mutandis, igualmente aplicable a la creación artística. Para Freud, el arte tiene su origen en los instintos reprimidos y vendría a ser una especie de síntoma neurótico, agradable y admirado. (R. G. Mandolini, en Historia general del psicoanálisis, Buenos Aires 1960, 257).El p. actual, sin dejar de ser tan culturalmente abarcativo como lo fuera en la década 1920-30, ha desplazadosu centro de atención hacia los sectores éticos y sociológicos. Las primitivas nociones de una instintividad de raíces biológicas han evolucionado semánticamente, a través de los llamados instintos del yo y de la dimensión social de la vida humana, hacia una incipiente estimación de otras funciones psíquicas. Desde el punto de vista de las ciencias de la cultura, acaso su característica más importante sea el revisionismo creciente a que se encuentra sometido por los propios psicoanalistas. No deja de ser curioso que quienes, como Fromm, mantienen el empeño de desarrollar un sistema de ideas, ni cuentan con la experiencia clínica, ni han escrito nada sobre psicoterapia.5. Psicoanálisis y Psiquiatría. El p. surgió de la Psiquiatría y para la Psiquiatría (v.). Breuer y Freud eran médicos, y juntos publicaron en 1895 los dos primeros trabajos, cuyos títulos -Sobre los mecanismos psíquicos de la histeria y Estudios sobre la histeria- no pueden ser más precisos. Un año más tarde se separaron. Esta primera disidencia es bien significativa. Freud trabajó solo durante casi diez años. El proselitismo activo lo inicia un médico "tratado" por él; pero entre los hombres que se reúnen en torno a Freud ya hay médicos y no médicos. De entre ellos destaca Otto Rank, ex alumno de la Escuela de Artes y Oficios. Freud le aconseja que se dedique a las aplicaciones no médicas del psicoanálisis. Pero algún tiempo más tarde, por causa de Rank, se produce el primer problema de competencia profesional: se le demanda por tratar enfermos sin ser médico, y Freud le apoya. El p. se va convirtiendo en movimiento y se acentúa la reacción desfavorable en los círculos profesionales. Entre 1906 y 1907 los psiquiatras suizos Bleuler (v.) y Jung se interesan por el psicoanálisis. Se crea la Asoc. Psicoanalítica Internacional, y Freud apoya la elección del segundo para la presidencia en 1910. Tres años más tarde, y a pesar de ser reelegido, Jung rompió con Freud y se separó del psicoanálisis. Poco antes lo había hecho también Adler (v.). Ambas disidencias originaron escuelas propias (v. PSICOLOGÍA ANALÍTICA; PSICOLOGÍA INDIVIDUAL). Por entonces, el p. ya había prescindido tácitamente de la Psiquiatría oficial y buscaba relaciones fuera de la Medicina. El psicólogo Stanley Hall, director de la Univ. Clark de Worcester (Massachusetts), lo introduce en EE. UU. En el resto del mundo la expansión se realiza al margen de las universidades, de manera desigual.Lo ocurrido con Bleuler señala la pauta de las ulteriores relaciones entre el p. y la Psiquiatría. En la historia del p. (R. G. Mandolini, o. c.) suele invocarse la autoridad del ilustre profesor de Zurich, cuando, en su importante trabajo monográfico sobre la esquizofrenia (1911), había situado al mismo nivel las opiniones psicoanalíticas sobre dicha enfermedad y la de los psiquiatras considerados clásicos. Pero, entre 1916 y 1922, publica Bleuler cuatro ediciones de su Tratado de Psiquiatría; la traducción española de la tercera alemana, prologada por Cajal, aparece en 1924 y recoge las ediciones de la cuarta. Bleuler sigue manteniendo su preferencia por la sistemática de Kraepelin (v.); alude varias veces a los progresos de la Psicología y a la necesidad de incorporar los conocimientos antropológicos al arte médico, pero al p. sólo dedica 20 líneas de letra pequeña (374) en un comentario, ejemplar por su ecuanimidad, a propósito del papel del sexo en las "formas de reacción anormales", y dos líneas más en la 379, donde hablando de la psicoterapia hipnótica, sugestiva y suasoria de tales trastornos, dice que el p. cura muchos casos.Algo más tarde, Regie y Hesnard en Francia estiman, desde una posición ecléctica, las teorías del p. en relación con la neurosis de angustia, mientras S. Ferenczi en Hungría y E. Dones en Inglaterra se incorporan activamente al movimiento. Después de 1920, hace acto de presencia el p. en los países latinos y en Iberoamérica. En España, la psiquiatría está todavía muy lejos, por entonces, de estimarse como asignatura independiente en los planes de estudio de las Facultades de Medicina, no obstante el estimable nivel científico de sus cultivadores. En 1922 se publica, con un hábil prólogo de Ortega y Gasset, el vol. I de las Obras completas de Freud; los 18 de esta primera edición española tardaron más de 12 años. En 1930 se publica El inconsciente de Jung. En 1931 se traduce el Conocimiento del hombre de Adler. El psicólogo y psiquiatra E. Mira escribe La psicoanálisis. R. Sarró, catedrático jubilado de Psiquiatría de Barcelona, publica en 1933 un estudio sobre La renovación del psicoanálisis por la nueva antropología. En 1936, con Lo vivo y lo muerto del psicoanálisis de López Ibor, aparece el primer trabajo de crítica ponderada y seria de un profesor universitario.La historia política de Europa en los años precedentes a la II Guerra mundial y las consecuencias de la conflagración, influyeron no poco en la ida y vuelta, a través del Atlántico, de las ideas psicoanalíticas y su impacto en la literatura francesa y anglosajona de los últimos tiempos, pero el balance académico del p. apenas se ha modificado. En el prólogo a la 5 ed. del Nuevo tratado de enfermedades mentales, Bumke (v.), profesor de Psiquiatría de Munich, había escrito en 1941: "Todo lo relativo a psicoanálisis ha sido suprimido". Sin duda que ésta no es la actitud general, pero sí la dominante, a pesar de los intentos de penetración del p. a través de la Higiene mental (v.) y de la Medicina psicosomática (v.) en Norteamérica. El IV Congreso Mundial de Psiquiatría reunido en Madrid en 1966, podría, con la escueta nómina de sus trabajos, servir de índice: de 31 sesiones plenarias y simposios, sólo uno fue dedicado a aspectos de la terapéutica psicoanalítica, y de los 250 estudios sobre Psicoterapia, de entre 800 comunicaciones libres, no llegaron a 20 las encuadrables en el p. ortodoxo actual.V. t.: PSICOTERAPIA.J. M. POVEDA ARIÑO.
BIBL.: Además de la citada en el texto, J. J. LÓPEZ IBOR, La agonía del Psicoanálisis, Madrid 1951; íD, El descubrimiento de la intimidad, Madrid 1957; íD, Rasgos neuróticos del mundo contemporáneo, Madrid 1963; P. LAÍN ENTRALGO, La obra de Segismundo Freud, en Estudios de Historia de la Medicina y de Antropología Médica, Madrid 1943, 65-278; R. ALLERS, El Psicoanálisis de Freud, Buenos Aires 1958; F. ALEXANDER, F. DUMBAR, S. FERENCZL y OTROS, El Psicoanálisis de hoy, Buenos Aires 1952; H. K. WELLS, Quiebra del Psicoanálisis, Buenos Aires 1964; V. E. FRANKL, Psicoanálisis y existencialismo, 5 ed. México 1967; 1. B. TORELLÓ, Psicoanálisis y confesión, Madrid 1963; J. NUTTIN, Psicoanálisis y concepción espiritualista del hombre, Madrid 1961; G. MURPHY, Introducción histórica a la Psicología contemporánea, 2 ed. Buenos Aires 1964, 298-334; 1. M. POVEDA, La Psicología de la Religión, "Rev. de Espiritualidad", Madrid 1967.
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