Protesta POLÍTICA
Categoria:
Política
Concepto. El término p. es una forma sustantiva que se deriva del latín protestari y con ella se expresa la acción y efecto de protestar. En su significación sociológica indica un tipo de actitudes que adoptan determinados grupos para manifestar su disconformidad u oposición frente a la comunidad socio-política que les es propia; la p. implica una declaración expresa o tácita del ánimo que, de forma individual o colectiva, se tiene en orden a ejecutar alguna cosa. En su significación política, la p. es sinónima de oposición a un régimen concreto o a algunos de sus aspectos, o simplemente a la forma O modos como se ejercita, por los órganos políticos del Estado, la acción ejecutiva de gobernar.Nada hay más arriesgado que elaborar las pautas sociales por las que se rige una sociedad determinada (V. NORMA III). Si tratáramos de constatar la identificación y la adaptación de los individuos y de los grupos (v.) a su medio ambiente social, veríamos cómo es imposibleque todos los que le integran respondan de un modo perfecto a las normas usuales de aquél. El subsuelo de esta realidad viene dado por la estructura socio-psíquica de la masa (v.), y de ahí que exista una estrecha relación entre las normas del grupo y los sentimientos del grupo entre sí. Este proceso valorativo en función de las normas provoca el que algunos sean rechazados por las mismas razones que otros son admitidos.Uno de los fenómenos más característicos de la Edad Contemporánea es la importancia, a veces excesiva, que la colectividad ha adquirido sobre el individuo, y la necesidad que siente todo grupo social de realizar constantes ajustes al medio para incidir sobre él. Incidencia que se pretende realizar a través de la p., cuando se piensa que no existen otros cauces adecuados para producir el efecto deseado (v. PARTICIPACIÓN II y III). U otras veces se recurre a la p. como forma de ejercer una violencia (v.) o coacción (v.), al margen de todo cauce, para conseguir a toda costa lo que se desea, con lo que se cae no sólo en la ilegalidad sino en la inmoralidad.Como se dijo, el término p. es muy amplio; en la segunda mitad del s. xx se ha hecho muy extenso como fenómeno social entre los jóvenes; por eso nos ocuparemos especialmente de la p. en la juventud (dejando aparte también el aspecto noble de aquella p. que se rebela ante situaciones injustas) que se manifiesta bien a través de posturas superficiales, canalizándose por medio de modas, de la música, etc., o bien adopta otras formas de p. más complejas, que pretenden ser un intento de recuperación de los auténticos valores de libertad y autenticidad. Aunque los movimientos sociales de p. se manifiestan de muy diversas formas, todos ellos se caracterizan por expresar el ansia vital de hacerse presentes. Parque la misma idea de movimiento, que se ha enunciado, expresa que se trata de algo que se mueve, que palpita y que, además, quiere manifestar su existencia. Jamás, como en nuestro tiempo, estuvo la sociedad tan apegada a la vida. La colectividad más joven de la sociedad actual lo está irresistiblemente. Si bien el joven, en todas las épocas y por ley natural, ama la vida, nunca tuvo como ahora la oportunidad de manifestarlo o expresarlo. Hasta hace pocas décadas al joven se le limitaba la vida y no siempre tenía la oportunidad, la fuerza o la libertad necesaria para rebelarse, aunque así lo exigiera su vital necesidad de sobrevivir. Quizá por aquella limitación y esa restricción en sus exigencias más vitales acabó por resignarse y hasta -por influjo del romanticismo- a no tener mucho apego a la vida (v. ADOLESCENCIA Y JUVENTUD).La protesta en la juventud. Una de las formas en que se manifiesta la p. es la moda (v.) en su sentido más amplio. La juventud se ha identificado con el ritmo, con la música, con la vestimenta e incluso con el modo simplista de comportamiento de cantantes o determinados artistas, como expresión rebelde que busca una separación total del mundo de sus mayores. Y su justificación está en que la forma de vestir, la música, la canción, etc., les proporcionan algo. Ese algo no es otra cosa que una justificación en sí misma, producto y consecuencia lógica de la usual inhibición de los adultos en sus problemas. La música, hoy, es el catalizador de toda una conducta generacional, que se ha convertido para los jóvenes en un medio de expresión de sus inquietudes, en una especie de desahogo liberador, en una forma de evasión, al fin. Evasión simplista que, en algunos casos, evidencia el olvido del fin trascendente del hombre.Por otro lado frente a la falta de integración social de la juventud se produce la inadaptación come fenómeno antitético. Inadaptación que puede ser de carácter antisocial (delincuencia; v.) o asocial (rebeldía; v.). Ambas modalidades son expresión y consecuencia de una evidente marginación social e implican, al menos potencialmente, una situación de protesta.La rebeldía (v.), natural y consustancial al joven, hoy ya no se presenta ni se produce sola, como señalara G. Marañón (en Amor, convivencia y eugenesia, Madrid 1930), porque aquella rebeldía trascendió del plano individual al colectivo, constituyéndose en un auténtico movimiento social. Y esta rebeldía puede presentarse como un movimiento de índole introvertido (los grupos beatniks) o extravertido (los hippies). Este último movimiento puede desembocar en actitudes de violencia o gamberrismo (v.), con fines de trasformación social (provos) o simplemente hedonistas (mods).Todos estos movimientos van en busca de la libertad (v.), sin comprender que es el bien al que ningún otro puede comparársele, por haberse concedido por Dios, graciosamente, a las criaturas, y sin aceptar en general la consecuencia inmediata que es la responsabilidad (v.). Y ser libre es lo que permite al hombre el poder encontrarse a sí mismo. De ahí que en todos estos movimientos, cada uno de los jóvenes tenga por ideal ese querer "encontrarse a sí mismo" y para ello necesitan disgregarse de la sociedad masificada; por eso inventan sus vestidos, sus propias canciones, sus propios vicios y virtudes. Vicios y virtudes que tienen que ser distintos, precisamente para no ser los mismos de una sociedad que no les gusta.Se trata, en franca situación de p., de ser ellos mismos, y su autenticidad está en razón inversa a su integración en la sociedad de masas. Y paradójicamente, estos movimientos que quieren disgregarse de una sociedad que consideran corrompida, necesitan para marginarse de ella integrarse en otra sociedad, también masiva, de nuevo cuño. La p. viene dada ante el deseo irrefrenable, que evidencian estos movimientos, de asumir responsabilidades y de formar parte y hasta dirigir el rumbo de la historia. No se quiere ser espectador pasivo de la comunidad socio-política que le es propia.Contribuye a ello también el vivir en una civilización que transmutó la escala de valores, que hizo aparecer, paradójicamente, contrastes y contradicciones. Se tiene gran confianza en el progreso técnico, pero se vive sin esperanza. Se supervaloriza el poder del dinero mientras que se empobrecen los valores psíquicos y espirituales. Parece que se tiene de todo y que el señorío del hombre se extiende en el universo, pero se ha perdido el auténtico sentido de la vida. Las filosofías de tantos movimientos juveniles de p. tienen su punto de convergencia en una metafísica de lo inmediato olvidando los valores trascendentes, con una pérdida de la fe en Dios y en los auténticos valores morales. Metafísica que no logra solucionar ningún problema, sino que los agrava y entonces la rebeldía frente a la sociedad se consume en sí misma, porque carece de un auténtico motor ideológico. En todo caso sólo se conseguirá cambiarla por otra sociedad peor, como cualquier movimiento social que únicamente adopte posturas negativas. Constituye el punto clave de ciertos sectores de la juventud actual que sin estar en soledad, aislada del resto de la sociedad, se siente abandonada e incomprendida. Para prevenir estas situaciones es necesaria la comprensión. Dar importancia a lo que realmente la tiene, no provocar situaciones violentas, dejar paso a la responsabilidad para conceder, después, libertad. Hay que proponer a los jóvenes ideales nobles, difíciles, atractivos y llenos de esperanza, porque en la juventud está el futuro.V. t.: REBELDÍA; VIOLENCIA.L. MENDIZÁBAL OSÉS.
BIBL.: C. BONDY, J. BRADEN, R. COHEN, K. EYFERTH, Los jóvenes alteran el orden, Madrid 1963; J. TORBADO, La Europa de los jóvenes, Barcelona 1969; R. GÓMEZ PÉREZ, La generación de la protesta, Madrid 1969; P. SEIDMANN, Juventud moderna, Buenos Aires 1969; A. GARRIGÓ, La rebeldía universitaria, Madrid 1970; J. J. LÓPEZ-IBOR, Rebeldes, 4 ed. Madrid 1969.
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