Progreso SOCIOL.
Categoria:
Sociología
Evolución del concepto. La idea de p. radica en la naturaleza del hombre, creatura consciente, pero -como señala H. Becker- forma parte de la tradición cultural de Europa, y procede del impacto sobre la concepción clásica de la historia (v.), como sucederse sin fin de ciclos, de la revelación hebraico cristiana sobre la intervención mesiánica y la salvación (v.). Sin embargo, la aparición gradual de esta idea en la conciencia europea es el resultado de los avances de la ciencia y del racionalismo (v.) entre 1500 y 1800. Hasta el s. XVII, el p. humano se presentaba como algo natural y espontáneo y no tanto como fruto del esfuerzo colectivo para lograr determinadas metas étnicas y culturales. Pero los éxitos conseguidos por las ciencias de la naturaleza durante los s. XVII y XVIII despertaron la confianza del hombre en la propia razón y en su capacidad personal de progreso. Este optimismo sirve de fondo a la Filosofía de la Historia de Bernard de Fontenelle (1675-1757), Charles de Perrault (1628-1703) y Abbé de Saint Pierre (1658-1753) y pasa a los hombres de la Ilustración (v.). G. Battista Vico (v.; 1668-1744) construye su Scienza Nueva sobre el principio de que el p. humano se produce en forma de espiral; la onda expansiva no regresa cíclicamente al punto de partida, sino que se eleva en la etapa posterior a un nivel más alto (v. MODERNA, EDAD III).La idea de progreso en los siglos XVIII y XIX. La idea de p. polariza todas las preocupaciones filosóficohistóricas de los pensadores franceses del s. XVIII. Voltaire (v.) en su Ensayo sobre las costumbres y el espíritu de los pueblos (1756) y Rousseau (v.) en su famoso Discurso sobre... si el restablecimiento de las Ciencias v de las Artes ha contribuido a mejorar las costumbres (1750) atacan los efectos morales del p. sobre la naturaleza humana, pero eso no impide que en Francia el términd condense la ideología de toda la época y que tome pronto una dimensión sociopolítica característica. Augusto Comte (v.) describe estos aspectos en el vol. IV del Curso de Filosofía positiva. Señala cómo después del fracasado intento de Montesquieu para construir una teoría dinámica de la sociedad aparece el Ensayo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano, en que Condorcet (v.), preparado bajo la influencia de D’Alambert en el conocimiento de los avances de las ciencias físico químicas, y de Haller, Jussien, Linneo y Buffon en las principales partes de la biología, etc., aplicó sus principios en el estudio de los fenómenos sociales. De esta manera, concluye Comte, Condorcet introdujo "la noción verdaderamente primordial del progreso social de la humanidad... prohibida a los filósofos de la Antigüedad porque carecían de observaciones políticas amplias" (A. Comte, Cours de Philosophie positive IV, París 1869, 169, 186). El mismo Comte integra la idea de p. en su sociología dinámica que concibe cada uno de los estados sociales de la humanidad como consecuencia del precedente y motor de los que siguen. No obstante, rechaza la idea de la "perfectibilidad absoluta e ilimitada del hombre" y prefiere el término desarrollo -développement- al de p., porque le parece "más neutral y aséptico y no tiene connotaciones morales" (A. Comte, o. c., 278).El p. tiene en Comte dos dimensiones: una intelectual, que consiste en la liberación del entendimiento de los, según él, prejuicios teológicos y metafísicos y en la adhesión a la forma positiva de conocimiento; y otra políticosocial, que lleva a sustituir la antigua organización de la sociedad por otra más perfecta, inspirada por una teoría política perfectamente racional (v. POSITIVISMO).También los ilustrados alemanes, especialmente Herder (v.), hacen suya la idea de p., que asocian a la perfección del hombre por la cultura (v. CIVILIZACIÓN Y CULTURA). En sus Ideas para una Filosofía de la Historia de la Humanidad describe Herder el p. como la expansión de los poderes mentales y de las cualidades superiores de la humanidad producida por la acumulación de factores étnicos, educativos, familiares y por el enriquecimiento de unas generaciones por otras. La creencia en la continuidad del camino hacia la perfección simpatiza a Herder y expresa, como dice Lovejoy, "el principio de plenitud" tan familiar a la Filosofía de la Historia alemana (v. ILUSTRACIóN).También M. Kant (v.) considera que la sociedad tiene una finalidad propia e inmanente y persigue metas definidas por la naturaleza. Existe una conexión interna entre los fenómenos que lleva a la instauración del orden moral, al señorío de la razón y de la justicia en la constitución civil de los Estados. El nacionalismo romántico que se extiende por Europa en la primera mitad del s. XIX hace que cada país se sienta portador de p. al resto de la humanidad y el desarrollo del socialismo objetiva la idea de p., que a partir de Saint-Simon (v.) y Carlos Marx (v.) se identifica con el mejoramiento de las condiciones de existencia. La influencia de Hegel (v.) contribuyó a que los pensadores del siglo pasado presentasen el p. de la humanidad en forma de evolución dialéctica y triádica. En el último cuarto del siglo, O. Spengler y L. Frobenius divulgan las teorías de los ciclos y convierten las culturas en "individuos históricos" que protagonizan la historia universal. En los años de la I Guerra mundial, la idea de p. es sustituida por la de desarrollo, y el principio de evolución unilineal o cíclica deja paso al funcionalismo de W. Pareto, de B. Malinowski, y de otros grandes científicos que lo han generalizado en la sociología actual (v. RACIONALISMO, 3).V. t.: DESARROLLO SOCIAL Y POLÍTICO; REVOLUCIÓN; HISTORIA V-VI; INVESTIGACIÓN VI, I; MITO Y MITOLOGÍA IV.F. SÁNCHEZ LÓPEZ.
BIBL.: H. BECKER, Progress, Nueva York 1954; H. E. BARNES, An introduction to the History of Sociology, Chicago 1954, 38; J. BURY, The Idea of Progress, Nueva York 1932; J. DELVAILLE, Essai sur 1’histoire de l’idée de progrés jusqu’á la fin du XVlll’ siécle, París 1910; W. H. BRUFORD, Culture and Society in Classical Weinar 1775, Cambridge 1962, 199 ss.; W. PARETO, Traité deSociologíe Générale, París 1919; F. SÁNCHEZ LÓPEZ, La estructura social, Madrid 1962, 55 ss.; C. CLARK, Las condiciones del progreso económico, Madrid 1971; S. MINGUIIóN, La cuestión del progreso, "Rev. Internacional de Sociología", 8,5-34 y 9,5-42; A. PERPIÑÁ, Concepto cristiano del progreso, Madrid 1965; M. GARCÍA MORENTE, Ensayos sobre el progreso, Madrid 1932; B. DE JOUVENEL, Arcadia, Ensayos para vivir mejor, Buenos Aires 1971.
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