Progresismo I. Politica. POLÍTICA
Categoria:
Política
Consideraciones generales. En sentido amplio el p. constituye una actitud política que propugna el desarrollo progresivo de la cultura, de la sociedad, de las libertades públicas, etc. Maciver y Page lo consideran como algo constitutivo de la condición humana, en el sentido de que la realidad del progreso (v.) puede ser verdadera o no, pero, en todo caso, los hombres aspiran a él. Según Bottomore, el p. como tal tiene más adeptos en los países atrasados, es decir, se trata de una actitud histórico-social. L. S. Sklar opina que, en cuanto ideología, constituye una versión de la idea del progreso de la ciencia (v. INVESTIGACIÓN), usada de modo político, lo que equivale a equiparar la idea de progreso en sí con el progreso innovador. En una acepción amplia, pues, el p. equivale a movimiento político de ideas avanzadas, según el significado que dio originalmente a la palabra el partido progresista español (v. PROGRESISTAS).En sentido ideológico el p. se une al mito del progreso, es decir, a la creencia en el progreso universal como algo inevitable, lo que, por tanto, lleva a propugnar como objetivo supremo del hombre la supresión de los obstáculos que se oponen al cambio social que conduciría a ese progreso postulado como ideal radical. La actitud ante el progreso se convierte entonces en una fe luchadora y en ocasiones violenta, e incluso en un principio y una herramienta para la acción, implicando toda una filosofía de la historia. El p. así entendido constituye una actitud típica de la Edad Contemporánea, lo mismo que la idea del progreso. Mientras otras actitudes políticas, como el conservadurismo (v.) o el reformismo, se repiten en todas partes, como una especie de constantes, el p. -igual que su opuesto, el reaccionarismo (v.)- constituye un fenómeno relativamente reciente (V. MODERNA, EDAD III, 1-2; RACIONALISMO 3; MITO IV).En su origen el p. aparece unido al liberalismo (v.) político; pero, cuando éste tendió a convertirse en actitud conservadora por creer logrados ya sus fines en las nuevas condiciones sociales que había promovido, el p. asumió otros contextos, convirtiéndose en denominación genérica que abarca desde los simples partidarios de la reforma, a los que propugnan la revolución (v.) como medio de cambio.En los países europeos en que el liberalismo consiguió transformar las condiciones del anterior estado social aristocrático en otras apreciablemente favorables a la democracia (v.), el p. tiende a ser reformista. Hace a veces suya la idea de evolución biológica como prueba irrefutable de su verdad y se convierte en una actitud favorable al cambio regulado; en el campo político, desemboca en el tecnocratismo (V. TECNOCRACIA), cuyo padre fue el francés Saint Simon (v.), y sobre todo A. Comte (v.), fundador del positivismo (v.). El p. que adopta este sentido considera que ya se han llevado a cabo los cambios fundamentales en la estructura de la sociedad y que basta con ir adecuando la situación a las exigencias del progreso tecnológico: es una suerte de materialismo de la producción.Por otro lado, en países donde el cambio social promovido por la revolución industrial y política propia de la época moderna ha sido menos intenso, el p. tiende a tener como contenido la reivindicación de derechos y libertades fundamentales -análogas a las que reclamaba el viejo liberalismo-. y secundariamente, pero de forma simultánea, la exigencia de reformas estructurales que hagan posible que las libertades formales tengan una proyección práctica. En los países llamados subdesarrollados o del Tercer Mundo (v.) el p. tiene un matiz mucho más violento. Importado de Europa -en Hispanoamérica, en cuanto prolongación de la civilización europea, constituye también algo propio-, el p. exige primero las reformas estructurales, sociales y económicas, cuya realización se encomienda al Estado, por lo cual, paradójicamente, su proyección. política puede ser la constitución de regímenes dictatoriales.Cabe señalar, finalmente, que en países superdesarrollados se da un rebrotar del p. revolucionario precisamente como reacción de hastío frente a una situación social excesivamente centrada en lo tecnológico y en los bienes de consumo. De ahí el resurgir de movimientos utópicos que caracteriza, al menos en algunos sectores, la coyuntura cultural de Occidente en la segunda mitad del s. XX.Partidos políticos progresistas. No es fácil en la práctica determinar cuáles son los partidos o movimientos progresistas. En efecto, partidos que nacen como progresistas -es el caso de muchos partidos liberales -acaban convirtiéndose en conservadores; los rótulos hay, pues, que ponerlos en conexión con el contexto social efectivo. Es corriente copiar programas o denominaciones de partidos originariamente progresistas que, en otro ambiente, funcionan como conservadores. A eso se añade que unas veces el p. se queda en un plano formal, como en el caso del partido radical francés o de muchos partidos liberales, concretamente los radicales de Hispanoamérica (V. RADICAL, PARTIDO).En general, se admite que los partidos socialistas hacen suyo actualmente el contenido del progresismo. Sin embargo, esto es muy relativo, pues no hay que olvidar que las llamadas libertades formales (libertad de opinión, de prensa, de voto, etc.) son tan importantes como las llamadas libertades reales (libertad económica, etc.) cuya reforma propugna el socialismo. Frecuentemente, por otra parte, llevadas a cabo las reformas, el nuevo estado de sociedad no implica actitud progresista alguna. Baste citar el caso del socialismo soviético, es decir, el de una sociedad donde se han llevado a cabo importantes cambios estructurales, y en la que el partido se ha convertido en elemento retrógrado que mantiene una dictadura inadecuada a las necesidades de la sociedad industrial; o el caso de los partidos fascistas, que se presentaban como voceros del orden nuevo. Para un estudio más detallado, v. PARTIDOS POLÍTICOS.Sobre la evolución del p. político en España hay que señalar que a partir de la revolución de 1836, el grupo moderado se escindió en dos líneas y el p. existió como partido político concreto hasta que la aparición de partidos republicanos y socialistas le quitó el monopolio (v. PROGRESISTAS; ESPAÑA VII). En Hispanoamérica, el fenómeno es parecido. La actitud progresiva se vincula al liberalismo, pero en el s. XX empiezan a aflorar partidos como el APRA y otros, que vinculan el p. a las exigencias de la reforma social.V. t.: CONSERVADURISMO; PROGRESO; PROGRESISTAS (España).D. NEGRO PAVÓN.
BIBL.: R. MACIVER y R. PAGE, Sociología, Madrid 1962; R. CARR, España 1808-1939, Barcelona 1969; J. FOLLIET, L. GUISSARD y L. DAVALLON, Progresismo e integrismo, Madrid 1966; T. B. BoTTOMORE, introducción a la sociología, 4 ed. Barcelona 1968; W. F. OGBURN y M. E. NIMKOFF, Sociología, 6 ed. Madrid 1966; R. ARON, Progreso y desilusión, Caracas 1969.
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