Premio y Castigo III. Educación y Enseñanza. EDUC.
Categoria:
Educación
El p. y el c. afectan a toda la existencia del hombre (v. I-II), aunque desde el punto de vista de la educación, que es lo que aquí ahora nos interesa, caen dentro del problema de la motivación (v.). El premio es recomendado por la pedagogía preventiva y consiste en la concesión de una recompensa por una obra que se considera digna de mérito. El castigo es empleado, aunque no de manera exclusiva, por la pedagogía correctiva, y tiende a la corrección o mejora de una actitud, acto, hábito u omisión de algo que se considera censurable. Motivar es crear mediante el uso de incentivos cierta disposición que asegure un determinado modo de aprender, de responder. El incentivo representa unas condiciones ambientales capaces de iniciar en los individuos el impulso o deseo de ejecutar determinado acto. Además de esta motivación extrínseca existe aquella que procede del interior del individuo, representada por necesidades básicas que le inducen a conducirse de una manera determinada.Acaso sea la psicología del aprendizaje (v.) la que más se ha detenido a estudiar la naturaleza del p. y del c., así como sus consecuencias. Thorndike, en su conocida teoría "ley del efecto", afirma que las consecuencias satisfactorias fortalecen la conexión entre estímulo y respuesta; las desagradables, en cambio, las debilitan. Guthrie concede muy poca importancia al p. y al c.; lo que verdaderamente hay que tener en cuenta es la asociación mecánica, es decir, se tiende a repetir el último acto que el organismo realiza en una situación dada; el c., no obstante, debe ser evitado, pues tiende, según él, a crear una conducta estereotipada. En Skinner la teoría del reforzamiento ocupa un lugar preponderante; dice que el c. es la técnica de control más común, a pesar de ser la menos eficaz. Su teoría es extremista; como efectos del c. señala: a) desaparición momentánea de la conducta castigada, pero no se elimina su reaparición; b) formación de sentimientos de culpabilidad, de vergüenza, de pecado; y c) en este sentido el c. destruye y paraliza.Esta motivación psicológica es la que permite plantear el problema de p. y c. en la vida familiar y escolar. Si la educación tiende a preparar al alumno en el gobierno de sus propios actos, se hace necesaria una motivación intrínseca a la actividad del alumno, y ésta no puede ser otra que el atractivo mismo de la verdad. Pero una tal motivación no puede ser pedida en todas las edades y requiere una preparación previa, que ha de ser realizada a medida que el niño evoluciona (v. PSICOLOGÍA PEDAGÓGICA; LIBERTAD VI).Premios. En los primeros años de la vida del niño, éste se siente bueno en la medida en que se siente amado. La simple desaprobación de una conducta realizada bastará para que el niño se aleje de ella, pues teme perder el cariño de las personas amadas. Más tarde surgirá la necesidad de participar en la vida de familia. Los adolescentes aman menos la libertad que la ayuda; no quieren libertad absoluta, sino comprensión; no aspiran a la emancipación, sino a la cooperación.En la escuela, el maestro ha de tener presente que el niño vive por primera vez la experiencia de una organización social distinta al grupo familiar en que se ha desarrollado hasta entonces. Esto es sumamente importante, pues una adecuada adaptación del niño en la escuela hará innecesario el abuso de c. y recompensas. La escuela se presenta hoy menos como una transmisión del saber que como "una expresión de la personalidad", y ésta, en su sentido dinámico, debe ser considerada como un conjunto de potencialidades que exigen ser actualizadas. Esto es especialmente válido para los últimos años de la adolescencia (v.) en que se ha superado ya el periodo turbulento y se puede gozar de una relativa tranquilidad. Solamente un contacto positivo entre maestro y alumno permitirá que la adquisición de conocimientos sean integrados en una personalidad que camina hacia la expansión.El equilibrio relativo de que goza el adolescente, unido a la base de conocimientos alcanzados, es la plataforma ideal para el cultivo y orientación del espíritu de iniciativa. Este espíritu de iniciativa se manifestará en el deseo de participación, acompañado de un fuerte sentido de responsabilidad (v.) para con los miembros del grupo y para consigo mismo. Después de haber logrado la adaptación del niño en la escuela, inculcándole el espíritu de iniciativa, el sentido de la responsabilidad y el atractivo de la verdad, puede darse el caso de tener que recurrir a motivaciones extrínsecas. Entonces debe procurarse que los p. sean proporcionados a las necesidades e intereses sentidos por el alumno.Un p. concedido con mucho retraso o desproporcionado en más o en menos a la expectación general de la clase puede surtir efectos contraproducentes. El maestro, como mediador del saber, en sus funciones de observador, de organizador del trabajo, del control de adquisiciones, deberá disponer de unos recursos humanos que devuelvan el interés perdido. Un elogio oportuno, un reconocimiento del esfuerzo realizado, suelen ser lo suficientemente eficaces como para recuperar de nuevo el estímulo. Un recurso muy utilizado y esperado por los alumnos es la comprobación del rendimiento realizado mediante el sistema de "notas" o calificaciones (V. EXAMEN). Es cierto que resulta difícil sustituirlas. En todo caso, este sistema corre el peligro de crear un espíritu excesivamente competitivo en la clase y conviene ser muy objetivo en la concesión de las mismas.El castigo. Muchos opinan que un buen educador no tendría necesidad de recurrir al c , pues suponen que ello implica un fracaso de la pedagogía; pero es muy difícil que el c. sea eliminado de la pedagogía. Desde luego, resulta más fácil castigar que instruir; pero no es lo más pedagógico y puede resultar perjudicial a la larga, si no se actúa con gran equilibrio y ponderación. Esto quiere decir que el c. es un medio de educación, pero cuando es debidamente empleado. Los muchachos suelen poseer un alto sentido de la justicia y aceptan el c. cuando juzgan que su comportamiento no ha sido correcto.Al imponer un c., el educador ha de tener en cuenta las circunstancias, la edad y la sensibilidad especial del alumno. El c. físico, aunque ha gozado de larga tradición histórica, hoy resulta difícil su justificación y es casi siempre prácticamente inadmisible. La reconvención oral es tal vez el medio más eficaz para que el alumno tome una actitud reflexiva sobre su propia conducta realizada. Debe hacerse de manera escueta, sin ironías ni sarcasmos, que muchas veces no son sino manifestaciones de las propias frustraciones del maestro y que, en último caso, lo que hacen es distanciar cada vez más al alumno. Se debe evitar la repetición sistemática de tareas escolares, de retenciones en clase, etc., pues la repetición de actos conduciría a la adquisición de un hábito, negativo en este caso, es decir, se reafirmaría una conducta que precisamente se pretende suprimir.Los actos u omisiones censurables de los alumnos son pasajeros la mayoría de las veces, pero los continuos reproches del maestro, la desconfianza o indiferencia prolongada de los padres hacen inútil todo intento de recuperación. El muchacho necesita que confíen en su esfuerzo de resurgimiento y así deben hacerlo los padres y educadores aun a sabiendas de que va a resultar sin éxito.Transcribimos a continuación alguna de las conclusiones a las que ha llegado el Dr. Secadas: " 1° La alabanza, la aprobación social, la recompensa y los privilegios o permisos especiales son medios positivos más deseables que los negativos, tales como el castigo, la amenaza, etc. Es más eficaz alentar una buena conducta que corregir la mala. 2° La edad de los niños es importante para adoptar el trato que les conviene. Los niños pequeños requieren formas menos elevadas de trato que los mayores. (Por lo general, se puede afirmar que la edad de los castigos es de los ocho a los doce años. Antes de los ocho, no, porque carecen de suficiente uso de razón y, por tanto, de culpabilidad. Después de los doce debería ser ya más convincente la persuasión razonada). 3° Entre los niños de la misma edad hay diferencias notables. Unos necesitan más rigor que otros. Los niños nerviosos y sensibles requieren una consideración especial. En general, pocos castigos o ninguno. La amabilidad los gana mejor que el trato severo. 4° Después de cumplido un castigo, no mostrar ya mal genio ni enfado. Dar la impresión de que el asunto está zanjado" (o. c. en bibl.).V. t.: DISCIPLINA ESCOLAR; ENSEÑANZA CORRECTIVA; ESCUELA ACTIVA.P. GARCÍA FIDALGO.
BIBL.: R. ARDILLA, El premio y el castigo en la psicología contemporánea, "Rev. General y Aplicada" 86-87 (1967);. F. MARTÌNEZ GOÑI, El premio en la educación, "Rev. Surgam" 226 (1968); ’F. SECADAS, La motivación en la enseñanza, "Rev. Española de Pedagogía" 77, enero-marzo 1962; O. SPIEL, Disciplina sin castigo, Barcelona 1970; W. F. HILL, Teorías contemporáneas del aprendizaje, Buenos Aires 1966; A. ÁLVAREZ VILLAR, Cómo diagnosticar y tratar las inadaptaciones escolares por anomalías de la inteligencia. Cómo diagnosticar y tratar las inadaptaciones escolares por anomalías de la personalidad, en Psicología escolar aplicada. Tiempo y educación, Madrid 1968; M. CANON DEL CORRAL, Premios y castigos, Madrid 1966; V. GARCÍA Hoz (dir.), Diccionario de Pedagogía, 2 ed. Barcelona 1970 (1,151 y 11,731).
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