Premio y Castigo I. Religiones No Cristianas. REL. NO CRIST.
Categoria:
Religión No Cristiana
El recurso a la Divinidad y el trato con ella que toda religión implica parece sería psicológicamente imposible si quien a ella recurre y con ella trata no creyera que Dios tiene en cuenta su comportamiento para con Él y la docilidad ética a sus preceptos, es decir, si en algún modo no creyera que Dios es remunerador (cfr. Hebr 11,6). Por eso, no hay religión alguna que no haya creído en la retribución, aunque diversamente la entiendan o expliquen.Se pueden considerar dos clases de retribución: una en la vida presente; otra en la vida de ultratumba, tras la muerte. En la retribución en la vida presente han creído todas las religiones. En realidad forma parte esta creencia del concepto de Providencia (v.) divina, que rige, y no arbitrariamente, todas las cosas de este mundo. La creencia en la retribución futura, sin que ordinariamente se niegue de modo expreso, no es tan clara. Suele afirmarse, más o menos explícitamente, pero es más oscilante, al no saberse precisar en concreto la diferencia de suerte entre buenos y malos. Ante el hecho de ver feliz o próspero, al menos aparentemente, con frecuencia al impío o injusto, mientras el hombre religioso y justo es a veces afligido en sus bienes terrenos, los hombres fácilmente se han planteado el problema o la necesidad de refugiarse en la justicia y bondad divinas, aunque no se entendieran, acatándolas como un misterio más, sin dudar de Dios. En realidad esa confianza en Dios constituye una profesión o convencimiento implícito de la realidad de una sanción futura.La creencia en la sanción terrena implica generalmente, como elemento principal, que la larga vida es un don de Dios a sus amados -de aquí la veneración religiosa a los ancianos (v.)-; secundariamente, la ausencia de enfermedades, el bienestar material es una buena suficiencia; a veces, incluso las riquezas. De hecho, el sentimiento de esa sanción aparece vivo en la creencia arraigada y prácticamente universal de que toda enfermedad, y aun toda calamidad, es castigo del pecado (v.).Por lo que se refiere a los premios y castigos de ultratumba, entre los pueblos primitivos o arcaicos ninguno niega expresamente esa sanción. Algunos la afirman claramente, cual aparece en el hermoso proverbio de los Bhil: "lo que uno hace en favor de otros intercede por él a la hora de la muerte". Pero otros -quizá la mayoría-, se limitan a ignorarla: se cree vivamente en la sobrevivencia del alma (v. INMORTALIDAD I); pero se confiesa que se ignora casi todo acerca de su estado futuro, y, en especial, no se precisa la distinción de suerte entre buenos y malos, aunque no por ello se niegue. Y cuando se afirma, a veces el relativo premio se debe más a la iniciación, a habilidades en la caza o a actos guerreros, que al comportamiento propiamente moral y religioso (V. ULTRATUMBA).En las religiones históricas se observa fluctuación análoga. En la más antigua religión védica hay textos que hablan de un juicio futuro por Varuna, así como de la dicha de los buenos, en convivencia con los antepasados o Pitarah, presididos por el primero de ellos, Yama; pero no se insiste en esos premios, sino más bien en el premio temporal. En el periodo brahmánico, la retribución aparece clara, y pasará al budismo e hinduismo (v. VEDAS; BRAHMANISMO). Pero retribución temporal, aunque en la vida futura: de cielos e infiernos temporales, aunque inconmensurablemente largos, a los que seguirá una nueva reencarnación en formas humanas o infrahumanas; esa misma reencarnación es en realidad una retribución, pues se hace según la inexorable ley del karman (V. METEMPSICOSIS). La intervención de Dios en esos premios y castigos se encuentra en todos los sistemas teístas, especialmente en lo que se refiere a la liberación definitiva o Moksha; en los sistemas no teístas -y por lo mismo no religiosos-, la retribución tiene origen más bien impersonal, de simple concatenación causal. Hinduistas y budistas rivalizan en la viveza con que describen esos infiernos, que nada tienen que envidiar a los de Dante; cuando terminan para dar lugar a reencarnación, el alma sufre una especie de lavado que le hace olvidar todo lo anterior. Y tanto en el budismo (v.) como en el hinduismo (v.) todos alcanzarán, tras innumerables edades y reencarnaciones que los purifiquen, la salvación definitiva que los saque del ciclo de existencias. El número de reencarnación, y por consiguiente la duración e intensidad de esas purificaciones, depende del comportamiento, bueno o malo, en la actual vida.En el mazdeísmo (v.), como en el parsismo (v.), aparece clara la retribución tras la muerte, con un juicio que hará diferenciación total entre buenos y malos. Pero al fin del mundo, parece que éstos habrán ya purgado de tal modo sus faltas que todos los hombres, gracias a la "misericordia" de Ahura Mazdah, alcanzarán entonces la felicidad eterna.La concepción mazdea ejerció gran influjo en la islámica, que a su modo la combina con la cristiana y la judía. Tras la muerte hay una especie de juicio ante dos ángeles; pero, salvo los muertos en la guerra santa -que van directamente al cielo-, todos los demás, buenos y malos -éstos tras un castigo temporal-, quedan como en estado de suspensión hasta el juicio final tras la resurrección de los muertos. Tras ese Juicio final, hecho por el mismo Alá, los buenos entrarán para siempre en el paraíso, que se describe como estado de inocencia y de paz, pero abunda también en placeres sensibles -lechos, efebos, jardines con árboles frutales, vino a discreción, banquetes, huríes bellísimas a su servicio- (Corán, 56: 15-25). Los malos serán condenados al fuego del infierno, donde su bebida será agua hirviendo (Corán 77: 32,33), y "llamaradas altas como torres los envolverán" (Corán, 77: 32,33). Aunque el infierno en el Corán parece claramente ser eterno, modernamente se tiende a convertirlo en mero purgatorio, inclinándose a la salvación final de todos.Fenómeno análogo se observa en el judaísmo moderno, cuando conserva la fe religiosa; los judíos -únicos de los que se preocupa su teología-, si son pecadores, irán al infierno, pero temporal: tras un año todos entrarán en el cielo. Por lo demás, parece que el cielo sólo pueden conseguirlo los judíos; aunque tampoco se describa de un modo positivo el estado o la suerte que tendrán los no judíos.En las religiones mesopotámicas, todos los muertos van al Arallu, morada harto sombría, que se describe con negros colores; pero, dentro de ese lugar, parece haber retribución y diferencia de condiciones; un texto descubierto por Kramer, pero aún no publicado, habla, según el mismo Kramer, claramente de un juicio tras la muerte. Indicios de ese juicio los hay en los documentos ya conocidos (cfr. ANET, 52-57; 98-99; 104-109; 109-110; 87, así como Le Jugement..., o. c. en bibl., 83100; la noticia del texto encontrado por Kramer en el Museo Puchkine de Moscú puede verse en revista "Iraq" XXII, 1960, 59 ss.). El análisis de todos esos documentos muestra que, cuando menos, hay fundamento sólido -por no decir certeza absoluta- para creer que los mesopotamios admitían la existencia de la sanción futura. Sólo que, dado su concepto de la vida futura, aun la mejor suerte en ella era mala. En consecuencia es natural se insista en la sanción temporal, destacándola en primer plano, mientras la sanción futura queda en un segundo plano, y como oscurecida. De descripciones del Arallu mesopotámico parecen estar tomadas algunas descripciones del Sheol bíblico, término usado por la Biblia para referirse unas veces al lugar indeterminado de los muertos y otras al infierno propiamente dicho. Piensan muchos que, a más de la creencia en el Sheol, se daba en Mesopotamia una religión mistérica de Dumuzi-Tammuz, que prometería la verdadera salvación a los iniciados, e incluso la resurrección. Ciertamente es probable, especialmente dada su existencia en otros pueblos con quienes mantuvieron estrecha relación, pero no tenemos datos; consta que existía una enseñanza peculiar de los iniciados, que se transmitía por tradición oral, ya que a veces aparece como conclusión de algunos textos herméticos la cláusula: ".que el iniciado lo explique al iniciado, y que el no iniciado no comprenda". El profundo sentido de justicia mesopotámico, así como la confianza en ella que expresan las plegarias, hace casi convincente esta hipótesis (V. ASIRIA III; BABILONIA III).En Egipto (v.), la creencia en la sanción de ultratumba, precedida por un juicio severísimo, está firmemente anclada, y era admitida por todos, aunque varíen los paraísos en que se cree -osiriano en occidente, estelar y celeste, solar, subterráneo, etc-, que el fiel combinaba a su gusto. Recordemos, por vía de ejemplo, la doble confesión negativa, la inscripción de Hapidjefa, monarca de Asiut -"agradé a Dios en lo que Él amaba, pues me acordaba que había de ir a Dios el día de mi muerte"(I. M.), y la descripción del juicio de la Instrucción para Merikare (Dinastía X) (cfr. Drioton, o. c. en bibl., 221).En Grecia (v.), la religión olímpica no destacaba la sanción futura, salvo en algunos casos de pecadores sumos -Sísifo, Tántalo, etc-, o de hijos de dioses, que van a los Campos Elíseos: todos los demás van a un Hades subterráneo y oscuro, un tanto calcado en el Arallu mesopotámico, donde llevan una vida de sombra y casi inconsciente: es el peso de la tradición microasiática interpretada y transmitida por Homero. Pero esa visión no parece haber satisfecho al pueblo griego. Coexistentes con la religión olímpica oficial se daban muchas corrientes de tradición que creían firmemente en la sanción futura, con premios y castigos, e incluso detalladamente los describían. Platón cree en ellos firmemente, a la vez que afirma es antigua creencia; creencia que era básica en el orfismo (v.) así como en las religiones de misterios (v.): la sobrevivencia feliz era precisamente lo que el iniciado esperaba de los misterios.V. t.: ESCATOLOGÍA I; INMORTALIDAD; MUERTE IV; ULTRATUMBA; CIELO I; INFIERNO I; SALVACIÓN I.A. PACIOS LÒPEZ.
BIBL.: F. KÓNIG, Escatología, en Diccionario de las Religiones, Barcelona 1964, 439-446; Le Jugement des Morts, en SOURCES ORIENTALES, vol. IV, París 1961; C. REGAMEY, Las religiones de la India, en Cristo y las religiones de la tierra, III, Madrid 1961, 67 ss.; N. SODERBLOM, La Vie luture selon le Mazdéisme, París 1901-, J. DUCHESNE-GUILLEMIN, Ormazd et Ahriman, París 1953; E. DRIOTON, La religion égyptienne, en Histoire des religions, dir. M. BRILLANT, t. III, París 1953; E. DES PLACES, Les religions de la Grece antique, ib.; ANET, Ancient Near Eastern Texts, ed. J. PRITCHARD, Princeton 1955.
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