Pregiotescos ARTE
Categoria:
Arte
La pintura italiana en el s. XIII se caracteriza por su acusado bizantinismo, interpretado cada vez de forma más convencional y estereotipada. Sin embargo, en medio de este amaneramiento surgen diversos artistas que se esfuerzan por dar alguna personalidad a sus creaciones. Aunque el arte de este periodo anterior a Giotto conserva la rigidez, la abstracción de formas y las actitudes propias del estilo bizantino, cabe distinguir diversas tendencias en varios artistas que intentan salir de fórmulas y modos vacíos de todo contenido artístico.Giunta Pisano seguirá en sus crucifijos los modos formales de la corriente patética bizantina, pero consigue una cierta expresión dramática en ellos por la deformación de las líneas. Bonaventura Berlinghieri presenta en el S. Francisco y escenas de su vida de 1235 (S. Francisco, Pescia) no un retrato sino una imagen de la trascendencia, de lo infinito, carácter que da precisamente valor artístico a su obra. El Maestro de S. Mateo, autor del Crucifijo del Museo de Pisa, sigue una tendencia decorativa basada en el ritmo de la línea y el arabesco de la composición. Este mismo sentido decorativo, pero más popular y menos abstracto, predomina en el Maestro de la Magdalena, que pintó S. Magdalena y escenas de su vida (Galería de la Academia, Florencia). En la segunda mitad del siglo comienza a valorarse el contraste de los efectos de luz y sombra mostrando las figuras una complejidad y vitalidad desconocidas hasta entonces, aunque sigue dominando una concepción abstracta por encima de todo efecto de representación. Cimabue (v.) es el realizador fundamental de esta innovación; su estilo se caracteriza principalmente por el contraste, pictórico más que plástico, de luces y sombras. Esta tendencia se manifiesta también en el vigoroso modelado de las figuras de Coppo di Marcovaldo. Cavallini (v.), más clásico y técnico, realiza una obra de gran energía plástica aunque carente de pasión. Duccio (v.) no posee la vibración de Cimabue, atendiendo en cambio a la gracia y la elegancia de la línea.Pero tanto la vitalidad de Cimabue como la nobleza de Cavallini y el refinamiento de Duccio son superados por la obra de Giotto (v.), que termina con todas las manifestaciones de la inspiración bizantina y abre al arte nuevos caminos naturalistas.J. M. CRUZ VALDOVINOS.
BIBL.: L. VENTURI, La pintura italiana, 1, Barcelona 1950, 1520; R. SKIRA-VENTURI, ib. 20-44.
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