Poveda Castroverde,pedro
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Biografía GER
Nació en Linares (1874) y fue ordenado sacerdote en 1897. Su personalidad y su nombre giran en torno a sus actividades pedagógicas, que partiendo de la concepción y planeamiento de la Institución Católica de Enseñanza, se centraron, durante los últimos veinticinco años de su vida (1911-36), en la fundación, organización y desarrollo de la Institución Teresiana.Sufrió martirio por la fe en Cristo el 28 jul. 1936 (v. GUERRA CIVIL ESPAÑOLA, 7). Está en curso su proceso de beatificación. El pensamiento y la obra de P. están orientados hacia la elaboración de lo que podríamos llamar pedagogía para épocas de transición. La meditación apasionada del presente no hace de él un espectador, sino antes un "comprometido" en el campo de la educación. A partir de 1911, en que funda su primer Centro pedagógico en Gijón y publica su primer plan de acción, Ensayo de proyectos pedagógicos, no deja de meditar la crisis de la educación en el mundo contemporáneo, a la que responde no con un sistema cerrado, sino con algunas coordenadas pedagógicas de alcance universal. En todo caso se trata de ayudar al individuo en maduración para que pueda cumplir la vocación humana del hombre, pero a los factores de disgregación que en cualquier época acechan este proceso hay que añadir en tiempos de crisis los fermentos de descomposición que comporta la vida social. Discernir los aspectos vivos del pasado que merecen salvarse y atisbar los aspectos valiosos, en medio del aluvión, es la tarea a que P. se entregó.Los principios directivos postulados por el autor del Ensayo emanan de un humanismo que llamaremos pedagógico, porque está concebido como módulo que determina todas las facetas de la educación. En él recoge y afirma cuanto de valor y esperanza hay en la persona. La verdadera educación "debe distinguirse por su earácter verdaderamente humano" y consiste en ayudar a los que han de "vivir una verdadera vida humana". Una exposición sintética puede agrupar las principales directrices de esta pedagogía en torno a tres principios fundamentales, el de la comunicación, el de creatividad y el de diferenciación.Principio de comunicación. La persona humana es un ser de estructura abierta cuya apertura hacia el otro, a las cosas y a la trascendencia le otorga posibilidades prácticamente indefinidas. Los diversos niveles de comunicación como medio normal de actualizar estas posibilidades reciben en la concepción de P. un trato de predilección. Normalmente el niño se abre con espontaneidad en el seno de la familia. Para que la condición de escolar no suponga un trauma en el desarrollo infantil, la comunidad docente ha de suscitar una convivencia íntima de todas las personas que la integran, donde los contactos prolongados y gratuitos surjan fácilmente. Los Centros de educación concebidos por P. consideran esencial un régimen de estrecha convivencia entre profesores y alumnos. Esto les da una fisonomía propia, informada por la intercomunicación que surge en un clima amistoso y normal, "no represivo": "salvando los formulismos sociales, lo esencial (del trato) debe ser idéntico para mayores, iguales y menores".Cuando P. se dispone a pedir a los responsables de la educación algo que sólo en sentido lato cabe pedir a un funcionario, tiene que apelar al espíritu que anima su pensamiento: "Nuestro espíritu no es de temor, sino de fortaleza y amor". "Yo os pido un sistema nuevo: un nuevo método. Unos procedimientos tan nuevos como antiguos inspirados en el amor". La peculiar comunicación que constituye el proceso educativo no quedaría colmada si se intentara lograrla con algo menos que el amor. El amor -sobre todo el amor abnegado como el del maestro- descubre "la ocasión pedagógica", el momento en que la actuación será más oportuna: "Estados psicológicos más apropiados para recibir vuestra actuación los sorprenderéis con frecuencia", si se procede con buen tacto en el trato directo del alumno midiendo las circunstancias, "poniéndose a tono, no llegando nunca a producir cansancio, no humillando a nadie, no escatimando alabanzas, cuidando la expresión, con respeto, sin parcialidades aun aparentes". Unas veces para alentar, otras para reprimir, siempre con mesura, y algunas, en silencio.Más que en las comunidades docentes de las llamadas "Escuelas Nuevas" que en 1911 estaban en su apogeo, P. se inspira en las comunidades de los primeros cristianos, de estructura sencilla y espíritu ardiente. También en sus Centros, la comunicación enriquecedora en que el alumno participa se produce con sobriedad de medios y a la circulación de los bienes contribuyen personal y proporcionalmente todos, padres, amigos, profesores y alumnos.Principio de creatividad. "Ha de procurarse que cada discípulo dé de sí todo lo bueno que puede dar". Las consecuencias de este axioma de la primera hora se dejan sentir en todas las manifestaciones de la pedagogía povedana. La iniciativa -concepto clave de esta concepción- es el gran resorte de la obra educadora. El conflicto esencial de la educación reside en que siempre puede matar la iniciativa: obstaculizarla, desviarla, reprimirla. La línea de conducta es, sin embargo, clara: "No califiquéis de disparate tal o cual aspiración por muy alta que sea o irrealizable que os parezca". Una atmósfera educadora es, sin atenuantes, una atmósfera de expansión, y la iniciativa, el principal instrumento de progreso individual y social. "Manifestar sus iniciativas", tesis fundamental de la educación que estudiamos, es un derecho a cualquier nivel de formación, porque constituye un deber indeclinable de la madurez. Las páginas dedicadas a la expansión del alumno, cortas y concentradas, patentizan la convicción del autor velada apenas por una fórmula de cortesía: "respeto el parecer de los que piensan que la falta de expansión es necesaria para conservar la disciplina de un colegio. Yo sé por experiencia lo contrario y profeso, por tanto, la doctrina opuesta".Es significativo que ni en los escritos ni en la obra de P. aparezca sistema alguno de sanciones. No hay premios ni castigos. Posición ésta que responde a la repulsa que le merece el clima represivo que ha solido imperar en los establecimientos de educación. Su tesis es clara: "Nada de opresión, ni de miedo, ni de excesivos rigores, pero nada tampoco de desorden". No se educa en una libertad abstracta, equivalente a libertad vacía, sino en una libertad concreta para hacer el bien encarnado y real, ahora y aquí. Por eso P. pasa insensiblemente de la iniciativa a la participación que, a su vez, genera nuevas iniciativas en un ritmo jamás agotado. Frente a cualquier forma de inhibición, ha de ponerse la participación de los alumnos en cometidos reales que exigen imaginación, cualidades de expresión, tenacidad, colaboración con el otro, soluciones a situaciones de emergencia.Ni la organización ni la disciplina deben descuidarse, pero ni la una ni la otra constituyen el lado fuerte de una educación para tiempos de crisis. Deben existir, pero su eficacia depende de su aptitud para subordinarse a un orden esencial que en épocas de mutación siempre está amenazando y, en resumen, es el que importa salvar. Y el orden esencial no constriñe ni uniforma con pretexto de eficacia o rendimiento.Principio de diferenciación. Buena parte del pensamiento y la obra de P. es una contribución a la pedagogía diferencial femenina, por considerar que la crisis de nuestro tiempo incide en la mujer de manera aún más acentuada que en el hombre.Cuando P. desplegaba sus actividades fundando anualmente varios centros de educación femenina, a partir de la fecha inicial de 1911, desarrollaba simultáneamente su pensamiento sobre la evolución de la mujer y la familia en la sociedad moderna. La situación de la mujer en las conmociones de la sociedad moderna reviste a sus ojos un riesgo e importancia excepcionales. La mujer cristiana tiene virtualidades suficientes para aportar a los nuevos cuadros de un mundo en rápida transformación una presencia orientadora. Para P. existe una profunda relación entre la preservación de la mujer "como mujer" y el equilibrio fundamental de la sociedad. A la misión específica de la mujer en la sociedad ha de corresponder una educación que, coincidiendo en lo esencial con la que llamaríamos educación viril, cultive las modalidades y matices femeninos.V. t.: TERESIANA, INSTITUCIÓN.A. GALINO CARRILLO.
BIBL.: Obras: itinerario Pedagógico, Madrid 1965.; Escritos espirituales, Madrid 1968; Pedro Poveda, hombre interior (selección de textos), Madrid 1971. Estudios: D. GÓMEZ MOLLEDA, Los Reformadores de la España contemporánea, Madrid 1967; A. SERRANO HARO, La estela de un apóstol, Madrid 1942; SILVERIO DE SANTA TERESA, Vida de D. Pedro Poveda Castroverde, Fundador de la Institución Teresiana, 2 ed. Madrid 1952; D. MONDRONE, Un prete scomodo,Roma 1961; E. BRAJNOVICH TIJAN, Poveda Castroverde, Pedro, en Enciclopedia de la Cultura Española, IV, Madrid 1963, 891 ss.; F. P. VELÁZQUEZ, María Josefa Segovia, Madrid 1964; M. R, VILCHES, Institución Teresiana, en ib. 111,702 ss.
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