Portugal X. Arte. ARTE
Categoria:
Arte
1. De la prehistoria al prerrománico. Aunque las formas industriales de la Prehistoria y Protohistoria están representadas por piezas de tiempos muy remotos, el aspecto artístico aparece señalado por las pinturas de Escoural, por la arquitectura de los dólmenes y, principalmente, por la arquitectura de los castros (v.) en las épocas del Bronce y del Hierro, y por las esculturas de los verracos en piedra, que alcanzan la más alta expresión en las estatuas de guerreros. La romanización del actual territorio portugués (parte sur de Gallaecia y occidental de la Lusitania) dejó en todo él fuertes trazas de esta cultura. Se destaca en la arquitectura el templo de Évora, en la urbanización las ruinas de Conimbriga (sistemáticamente puestas al descubierto por Virgilio Correia), por el trazado de caminos, por puentes como los de Chaves y Vila Formosa, por fragmentos de esculturas independientes, especialmente los hallados en Alentejo y Algarve, o en bajorrelieves, como el sarcófago de Reguengos, por los mosaicos y por otras numerosas obras menores.La época visigótica (v. VISIGODOS II), además de los ejemplos de simple escultura ornamental geométrica, de la figurativa de los túmulos de Dumio, de los animales de Chelas y de la catedral de Lisboa, de fragmentos arquitectónicos dispersos o aun integrados en construcciones, como Balsemáo, conserva algunos edificios de notable valor, como la capilla de S. Fructuoso de Montelios (Braga) y la catedral de Egitania. La primera, de mediados del s. VII, es excepcional en el Occidente y muestra influencias del Oriente mediterráneo. Es de planta cruciforme, teniendo interiormente cada brazo una forma ultrasemicircular, linterna en el crucero y la abertura de cada brazo realizada por arco subdividido en tres nuevos arcos. La catedral de Egitania, más tosca, de tres naves, muestra un mayor aprovechamiento del material proveniente de los edificios clásicos locales.El arte de la Reconquista o mozárabe (v.) está especialmente representado por la iglesia de Lourosa, fechada en el 912, de tres naves, transepto saliente, nártex y arcos de herradura. Se conserva un pequeño cáliz de plata dorada en la catedral de Braga, de fines del s. x, mandado ejecutar por los condes Mendo Gon~alves y Da Toda, los futuros tutores de Alfonso V de León (999-1027). De la época musulmana quedan sólo fragmentos de edificios y obras menores. La iglesia de Mértola, antigua mezquita, aún conserva los muros de la sala de oración y mantiene la disposición antigua de cinco naves, a pesar de la modificación realizada en el s. xvl que renovó las columnas y abovedó las naves según el gusto gótico.2. El románico. La expansión del arte románico fue, naturalmente, condicionada por el avance de la Reconquista. Se concentran los edificios en la zona comprendida entre los ríos Miño y Duero, de más antigua ocupación; se reducen, en la zona central del país al grupo de Coimbra, que es el de más alto nivel artístico, ya que pasó a ser cristiana en la segunda mitad del s. XI; y se rarifican al S de la depresión del Mondego, ya que Santarém y Lisboa sólo fueron conquistadas por el primer rey portugués en 1147.La primera fase puede denominarse románico condal. Se difundió en la primera mitad del s. XII, en el pequeño condado, teniendo como principales focos a Braga y Coimbra. Su influencia en el Norte, sobre todo en la decoración, permanece durante todo el periodo. La zona de Coimbra se destaca pronto. Alrededor de 1130 llega a la ciudad un grupo de artistas de gran categoría que producen el románico alfonsino de esta ciudad: el arquitecto Roberto, tal vez natural del centro de Francia, y los canteros castellanos afines al arte de Silos. El edificio principal es la catedral vieja (ca. 1162-84), que reproduce en la composición de la nave la orgánica de las iglesias de peregrinación: las naves laterales dominadas de amplia galería, abierta a la nave central por doble vano del triforio. El primer edificio fue el de Santa Cruz (iniciado en 1131), profundamente modificado en el s. xvi, pero del que perduran restos que permiten reconstituir su trazado. Existen además en Coimbra las iglesias parroquiales del Salvador y Santiago (ésta ya de principios del XIII) con cubiertas de madera.El románico del Norte, en la región comprendida entre los ríos Lima y Duero, presenta nuevas orientaciones, a partir del segundo tercio del s. XII, sobreponiéndolas a las anteriores. Como la pequeña iglesia de Ferreira, que revela ciertas influencias musulmanas, equivalentes por otro lado a toda la cuenca del Duero, principalmente en el portal, cuyos arcos son tratados en una forma lobulada, propia de aquel origen. Otras iglesias son las de Unho, Roriz y Sousa, aunque la de Rio Mau tenga ciertas influencias de la zona superior. En los comienzos del s. XII la iglesia de Pago de Sousa marca la evolución de ese románico; es de tres naves, cobertura de madera, pero además . de los arcos longitudinales tiene otros transversales, cuyo conjunto forma un cuadriculado, fórmula empleada anteriormente, aunque en este caso tenga carácter propio. La catedral de Braga y la iglesia conventual de Pombeiro tienen características propias. La catedral de Oporto, del mismo s. XIII, constituye una conclusión de los conocimientos de los constructores del románico del Norte; es de tres naves abovedadas; la central, sólo un poco más elevada, permite hendiduras para la iluminación.El románico entre los ríos Lima y Miño, es tardío, de los s. XII al XIII, y se une a ciertos aspectos de la región de Tuy, a cuya diócesis perteneció este territorio durante largo tiempo. Está representado en las iglesias de Sansfins, Longos Vales y Rubiáes, que son de una sola nave, y la de Ganfei, que es de tres. Son edificaciones modestas, de carácter arcaizante, aunque deben considerarse ya de época gótica. Dentro de este grupo, Braváes ostenta una portada pletórica de ornamentación animal, aunque tosca. La región de la diócesis de Lamego dependió artísticamente de la anterior: Tarouquela del s. XII, la ermita de Paiva y Armamar de fines de siglo y comienzos del XIII, Almacave y principalmente S. Martinho de Mauros, en la cual la parte frontal está tratada como un elemento de la fortaleza, son de mediados del XIII. Otras iglesias, como la de Barro, son obras arcaizantes, aunque ya tienen un sabor gótico rural; lo mismo ocurre en la zona de Arouca.El románico cisterciense tiene en Tarouca (1152-69) sumejor ejemplo, tal vez por ser la primera fundación de la Orden en el país. Bóvedas apuntadas en el sentido longitudinal, en la nave central, en el transepto, en los tramos laterales, en una disposición propia de este tipo, como en Fontenay. El románico del Sur está representado por la pequeña iglesia poligonal de los templarios en Tomar: octógono central con nave anular de 16 lados en la pared exterior, conjunto aumentado de altura en la época gótica y decorado en la manuelina. También la catedral de Lisboa, del último tercio del xlt, de tres naves abovedadas y solamente con galería de paso incluida en la espesura del muro, sobre las grandes arcadas; del mismo tipo, pero evolucionado, es la catedral de Lvora, del último tercio del xIIi y consagrada en 1314.3. El gótico y el manuelino. La época gótica se inicia propiamente en el s. XIII con dos excepcionales construcciones: el monasterio de AlcobaCa y el claustro de la catedral de Coimbra. Alcobaga pertenece al grupo de las mayores abadías cistercienses (v. CISTERCIENSE, ARTE). Se colocó la primera piedra en 1178 y fue consagrada en 1252. Tiene el ábside con capillas radiales trapezoidales, como en Claraval III, y las naves a una misma altura, hecho excepcional para la época, y fórmula que fue modificada del proyecto original durante la realización de la obra. El claustro de la catedral de Coimbra (1218-ca. 1223) es una obra perfecta del primer gótico y no debe nada a las fórmulas e influencias cistercienses. Toda su estructura, lógicamente estudiada, está formada por bóvedas de crucería de la primera fase, y las aberturas al jardín subdivididas por columnas medias y con rosetones en los tímpanos.El s. XIV es la época de las iglesias monásticas cubiertas de madera, y sólo con bóvedas en los ábsides. S. María del Olival de Tomar, una de las últimas obras de los templarios, marca los comienzos del siglo. La de Leca do Mailio, del primer tercio, tiene como torre-campanario una de tipo de homenaje de la época, y los muros están dispuestos superiormente para servir de fortaleza rudimentaria. La de S. Clara de Coimbra (consagrada 1330) está enteramente abovedada. Esas iglesias son numerosas, destacándose las de S. Clara de Vila do Conde, S. Francisco de Oporto, S. Clara de Santarém y S. Domingo de Elvas. Es la época de los claustros, entre los que sobresalen: el de Alcobaca (1308-11), el de la catedral de Lisboa de la misma época, el de la catedral de Évora, de mediados de siglo, y el de la catedral de Oporto, de finales. La renovación arquitectónica se efectúa alrededor de la capital. La nueva cabecera de la catedral de Lisboa, muy dañada por el terremoto del s. XVIII y aún no enteramente restaurada, es un excelente ejemplo: de nueve capillas radiales, éstas en plano poligonal, deambulatorio más elevado, para recibir luz directa, y arbotantes externosEn la segunda mitad del siglo se levantó el coro alto de S. Francisco de Santarém, que indica ya el nivel en que se encontraba la región y la preparación del maestro del monasterio de Batalha. Este monasterio es la obra fundamental de la arquitectura portuguesa, de fines del XIV a principios del XV. Tuvo su origen en el voto de Juan I de Avis en la batalla de Aljubarrota ( 14 ag. 1385) y está dedicado a S. María de la Victoria (v. IV, 6). En 1388 las obras estaban ya comenzadas y, en 1433, año de la muerte del rey, ya casi estaba concluida la parte esencial. Hubo, sin embargo, obras complementarias que no figuraban en el proyecto inicial. Éste preveía una iglesia de tres naves, transepto saliente, cinco capillas en la cabecera, y claustro junto al lado norte del cuerpo de la iglesia. Se añadió, junto a la fachada, la capilla de los Reyes, para servir de panteón al fundador y a sus hijos, que es un cuadrado con un octógono en medio, que, en alzado, forma un cimborrio. D. Duarte, sucesor de Juan I, levantó para panteón suyo y sus sucesores las llamadas "capillas imperfectas", colocadas al otro lado de la cabecera y en la línea del eje general del edificio, en forma de un octógono, con capillas poligonales, una en cada lado, a excepción de la entrada; quedaron incompletas, aunque se intentó concluirlas en la época manuelina. El mismo rey mandó construir un claustro utilitario al norte del principal.El edificio se divide artísticamente en dos fases: gótico tradicional portugués, que corresponde a la dirección del arquitecto Ajonso Domingues, hacia 1386-1402; y flamígero internacional de Huguete, que debería ser originario del Levante peninsular, hacia 1402-38. Al primero pertenece el proyecto general. Al segundo, las realizaciones, como la parte alta de la nave, la bóveda de la sala capitular, y además, como obras individuales, la capilla de los Reyes y las "capillas imperfectas" en la parte inferior. La arquitectura del s. xv fue enteramente orientada por la segunda fase del monasterio de Batalha. Al final de siglo, la iglesia de S. Francisco de Évora tiene una nueva estructura: una sola nave, ancha y alta la bóveda de tipo particular, robustecida por contrafuertes interiores, entre los cuales hay capillas en la parte baja y una galería cerrada en la zona alta. La catedral de Guarda, iniciada en ese siglo e inspirada en Batalha, aunque de tipo más austero, fue concluida durante la época manuelina.El estilo manuelino se trata en MANUELIVO, ESTILO. La escultura gótica aparece en el s. XIII en Coimbra, en túmulos: el de Rodrigo Sanches, en Grijó, y los de los obispos D. Tibúrcio y Egas Fajes, en la catedral vieja. A fines del XIII y comienzos del XIV, los capiteles del claustro de Celas presentan una larga serie figurativa, con la vida de Cristo y de la Virgen. El s. XIV tuvo por focos a Coimbra, como principal, y a Évora-Lisboa. Se destacan los nombres del maestro Pero de Coimbra y el de Telo Garcia de Lisboa. Hay numerosos ejemplos de sepulcros y esculturas aisladas. Entre los sepulcros de Coimbra cabe citar el de la reina S. Isabel, el de D° Vetaca y los de Oliveira do Hospital. En Braga, trabajaron ambos artistas en el del arzobispo Goncalo Pereira. Los sepulcros de la catedral de Lisboa pertenecen no solamente a la aristocracia, sino a ricos burgueses. En Évora forman un conjunto notable los doce apóstoles de la fachada de la catedral, el sepulcro del obispo D. Pedro y las esculturas de los Evangelistas y de la Virgen. En los sepulcros de granito se destaca de modo singular el del conde D. Pedro, en Tarouca, con una representación de cacerías, motivo que se repite en otro del museo de Lamego y, esquematizado, en Pombeiro, así como en los de mármol de Fernúo Sanches del museo del Carmen, de Lisboa, y el de Vasco Esteves Gato en Estremoz. Entre todos sobresalen, ocupando un puesto primordial en la escultura gótica europea, los sepulcros de Pedro I e Inés de Castro, en Alcoba4a, en donde, además de la depurada representación de los yacentes y de la serie iconográfica de los túmulos, existe una excepcional exuberancia decorativa.A comienzos del s. XV se continuaron las obras del monasterio de Batalha, con los Apóstoles de la fachada, las estatuas yacentes de los reyes Juan I y Felipa de Lancaster y otras figuras aisladas. El centro de Coimbra fue muy activo; además de sepulcros, produjo un elevado número de esculturas independientes. Se pueden distinguir dos grupos principales: el de Jodo Ajonso, del que sirve de ejemplo el sepulcro de Fernúo Gomes de Gois, en Oliveira do Conde, fechado (1439-40) y firmado, y el de un anónimo, el maestre de Santa Lucia. Termina el siglo en Coimbra con Diogo Pires el Viejo, de gran producción, de la que destacan la Virgen de Lec,.a da Palmeira (ca. 1481), el sepulcro de Fernúo Teles de Meneses -en la iglesia monástica del palacio de S. Marcos, cuyo túmulo está embutido en el alto arco y abrigado por una tienda de campaña, que dos salvajes abren y sustentan los paños- y el del conde de Ourém.La pintura del s. XV está representada, en su más alta significación, por el políptico del monasterio de S. Vicente. Para toda su problemática, v. GONCALVES, ivuvo.Esta obra, junto a las tapicerías que Alfonso V mandó ejecutar en Bruselas, destacando la toma de Arzila y la ocupación de Tánger -y que se encuentran en la actualidad en Pastrana (Guadalajara, España)-, forman un conjunto de sentir patrio, de gran relieve artístico. Se admite como probable a Nuno Goncalves como su autor, tanto por su situación de pintor real, como por las referencias hechas por Francisco de Holanda en el siglo siguiente. La pintura provincial, con obras aisladas, tiene su mejor exponente en el maestro de Santa Clara, con obras en Coimbra, Aveiro y Arcuca.4. El Renacimiento. La arquitectura del Renacimiento se inicia a través de los retablos y las portadas; y es completamente independiente en el segundo tercio del s. XVI. En P. fueron destacados favorecedores del estilo los españoles Juan y Diego Castillo. El primero actuó en las reformas del convento de Cristo, en Tomar, hasta 1529 en poder de los caballeros de la Orden de Cristo, y desde esa fecha en manos conventuales, por lo que fueron precisas amplias obras; dentro de un gran rectángulo, se alzaron cuerpos para formar una cruz, colocándose claustros entre sus brazos. El vizcaíno Juan Castillo empleó allí las nuevas formas -arcos, columnas, entablamentos- con la irregular ejecución del primer Renacimiento. Su hermano Diego, en 1537, proyectó el claustro del monasterio del Pilar en Gaia, frente a la ciudad de Oporto, empleando columnas jónicas que soportan directamente el entablamento y, además, trazándolo en forma de círculo completo, lo que era verdaderamente excepcional en la época. La construcción, sin embargo, se concluyó a final de siglo. En Coimbra fue el principal orientador de los nuevos edificios de los colegios mayores universitarios, y a él se debe el tipo general adoptado en iglesias y conventos.Otros arquitectos importantes son Diogo de Torralva, que realizó el claustro principal del convento de Tomar, en 1557, según las normas clásicas: el piso bajo, con arcadas e intercolumnas dóricas, y en el superior, columnas jónicas y arcos sobre pilares de módulo menor, siguiendo el modelo palladiano. Parece probable que F. Tércio lo completara, pero no se realizaron modificaciones esenciales. Felipe Tércio llegó a P. como ingeniero militar y civil y trabajó como arquitecto. Acompañó al rey D. Sebastián a Marruecos, donde quedó prisionero, siendo rescatado. Sus obras principales son el ColegioNuevo, o de S. Agustín, de Coimbra (1593-96), y S. Vicente de Fora, de Lisboa. Otros arquitectos notables de finales de siglo fueron Jerónimo de Rouen, Miguel de Arruda, Afonso Alvares, Baltazar Alvares, Nicolau de Frias, que también padeció prisión marroquí. La principal obra del XVI es la catedral nueva de Coimbra, que perteneció inicialmente a la Compañía de Jesús, comenzada en 1598, aunque se demoró bastante tiempo su conclusión; sigue el patrón de iglesia jesuítica, aunque con gran austeridad, y en ella se conjugan perfectamente los elementos arquitectónicos.La escultura renacentista tiene a Coimbra como centro principal; los maestros extranjeros introducen el nuevo estilo en el país, captando a los artistas lusitanos a las nuevas formas, como ocurre con el manuelino Diogo Pires el Mozo. Entre los extranjeros, sobresalen Nicolau Chanterene, que ya en 1517 había realizado la portada occidental de Belém y, en 1522, el púlpito de S. Cruz de Coimbra, las estatuas yacentes de los reyes y las de la portada del monasterio de S. Cruz (Coimbra), el retablo de la iglesia de S. Marcos, además de obras diversas. Pasó a Cintra, donde ejecutó el retablo, en alabastro, del convento de Pene; después se estableció en Évora. Un escultor de gran personalidad es Hodarte, que había trabajado anteriormente en Valladolid y Toledo; ejecutó en P. los barros de la Cena, hoy dispersos en su mayoría, y las esculturas del exterior de la capilla de la familia Coimbra, en Braga. Juan de Rouen, llegado ca. 1528, se asentó en Coimbra, donde organizó su taller y fue el orientador de los artistas de la nueva generación; murió en 1580. Su primer estilo es cuidado y minucioso, como el de Varziela, depurándose y haciéndose más sobrio en su segundo, en el que cabe distinguir el noble Apostolado de la capilla del Sacramento de la catedral vieja y el conjunto del altar mayor de la catedral de Guarda.La pintura del siglo XVI tiene como centro principal a Lisboa. La importancia económica de la ciudad, desde principios de siglo, atrajo a pintores como Francisco Henriques, al cual pertenecen los cuadros originarios de S. Francisco de Évora, y fray Carlos, artista delicado, que trabajó en los conventos de su Orden. El taller más importante fue el de Jorge Afonso, al que estaban adscritos los artistas más notables de la primera mitad del siglo. Cristováo de Figueiredo, el más destacado, tiene obras bien identificadas, como los cuadros que quedan del retablo mayor de S. Cruz de Coimbra, y se le atribuyen algunas otras series, como las de S. Auta y los de Setúbal. Garcia Fernandes, asociado con Figueiredo, hace difícil su clasificación e identificación, por identidad de estilos, como ocurre con las obras de Ferreirim. Gregório Lopes, pintor regio, tiene como base identificativa las pinturas de Tomar. En la provincia de Beira, en Viseo, nace el maestro con más personalidad y fuerza, Vasco Fernandes (v.), autor del retablo de la catedral de Lamego y pinturas en la catedral de Viseo, además de otras, como el Pentecostés de Coimbra. Gaspar Vaz ejecutó la obra de Tarouca. Un artista o taller de menor nivel fue el maestro de Celas o del Sardoal.La orfebrería, tanto la destinada a iglesias como a casas nobles, produjo obras de relieve; sobresalen jarras y platos labrados con motivos civiles.5. Del XVII a la actualidad. El s. XVII tiene menos brillantez que el precedente, aunque está representado con dignidad. La situación política del país y la lucha armada que tuvo que sustentar apaga la significación artística en los años posteriores a 1640. Hasta esa fecha, durante el reinado de los Felipes, se destacan Diego Marques, arquitecto de los benedictinos, que proyectó S. Benito, en Oporto, y Pedro Nunes Tinoco, realizador de la sacristía de S. Cruz de Coimbra. La integración de P. en el imperio hispánico llevó a la construcción de numerosas fortificaciones defensivas -castillos de S. Julián en Lisboa, los de S. Felipe en Setúbal y Angra (Azores), etc-. Después de 1640 esta ingeniería militar intensificó la defensa de las fronteras peninsulares; se desarrolló el tipo de baluarte que, acomodándose a las condiciones nacionales, produjo lo que pudiera llamarse Método lusitánico de dibujar las fortificaciones, conforme al título de la obra del notable ingeniero Luis Serráo Pimentel. Atenuados los inconvenientes políticos, ya en tiempos de Pedro II (1683-1706), Joáo Antunes proyecta la iglesia de S. Engracia, inacabada hasta 1967, hoy panteón nacional. Notable, bajo todos los puntos de vista, es la iglesia circular del monasterio del Pilar, en Gaia, con 23 m. de vano, cubierta de vasta cúpula, comenzada en 1597 y concluida en 1672.La pintura no pasó de un nivel medio. Simúo Rodrigues y Domingos Vieira continuaron las tradiciones del s. xvi; destacan a mediados y finales de siglo André Reinoso, Avelar Rebelo, Josefa de Óbidos (v.) y Bento Coelho da Silveira. La escultura utilizó la madera estofada y dorada, en las formas barrocas de finales de siglo, con columnas salomónicas y hojarasca retorcida, acompañada de esculturas agitadas en el movimiento y en los ropajes; se extendió extraordinariamente no sólo por las principales iglesias, sino que invadió hasta las parroquias de las más alejadas serranías.El s. XVIII fue iniciado por el grandioso rnonasteriopalacio de Mafra, según un voto de Juan V, conocidopor su ostentación como "el Magnánimo". El proyecto se debe a Ludovice (J. F. Ludwig), artista que llegó a P. como orfebre, y a quien se deben los bustos de plata de la catedral de Coimbra. La primera piedra del monumento fue colocada en 1717; fue consagrado en 1730, con un aparatoso ceremonial, aunque las obras continuaron hasta 1744. Ocupa un área de 4 Ha. y forma un enorme rectángulo. A mitad de la fachada, de 220 m. de largo, se inserta la de la iglesia, con dos torres. El interior de la iglesia está tratado como las basílicas romanas. Su estilo es más sobrio; tiende hacia las estructuras clásicas, con un aspecto noble y elegante, que resaltan los mármoles blanco y rosa. Ludovice proyectó también la capilla mayor de la catedral de Évora. Su estilo hizo escuela y dominó el centro del país. La iglesia de la Estrella, en Lisboa, pertenece a arquitectos nacionales: el proyecto es de Mateus Vicente, y las obras las remató Reinaldo Manuel. La actividad constructiva se acentuó en Lisboa después del terremoto de 1755 (v. LISBOA II). A su estilo se unen la iglesia y el coro del monasterio de Lorváo. El claustro de S. Clara, de Coimbra, grande y de nobleza propia de palacio regio, probablemente debido a Carlos Mardel, de la misma escuela de Lisboa. La ciudad de Oporto tiene un barroco violento, muy original. Su introductor fue Nicolau Nasoni, cuya obra más representativa es la iglesia y torre de los Clérigos. De un arte más avanzado es la iglesia de los carmelitas, de José Figueiredo Seixas. En Braga existe otro barroco exagerado. En ambas ciudades, Carlos da Cruz Arnarante dejó obras pertenecientes al neoclásico. En Coimbra, Joáo Francisco Tamossi edificó el seminario; las construcciones universitarias se deben al ingeniero Guilherme Elsden. En Arouca, Carlos Gimac reconstruyó la iglesia y el coro del monasterio.Si durante el s. XVII la escultura fue la época de la madera, en la que se distingue Cipriano da Cruz, la escultura en piedra tiene a fin de siglo y en pleno XVIII una significación más acentuada. Laprade, hábil práctico de taller, y Jacinto Vieira, ya en pleno XVIII, ejecutó un conjunto de santos frailes y monjas para el monasterio de Arouca. Escultor de verdadero nivel fue fosé de Almeida, formado en Roma. La renovación escultural se debió a la obra de Mafra, a donde Juan V envió un elevado número de esculturas de los grandes maestros italianos de la época. Alessandro Giusti, que había llegado de Italia para montar la capilla de S. Juan en la iglesia lisboeta de S. Roque, se encargó de la sustitución de los retablos de Mafra, primitivamente montados con pinturas que la humedad había deteriorado, por grandes bajorrelieves en mármol. Desde 1753 Giusti trabajó en Mafra, dirigiendo un importante taller, del que se encargó, a su muerte, Barros Laborúo. Joaquim Machado de Castro (v.), discípulo de J. Almeida, ocupó el lugar más destacado de la segunda mitad del s. xviii, elaborando la estatua ecuestre de José 1.En pintura, durante el s. XVIII, hubo artistas caracterizados por la fácil ejecución, tales como: Bento Coelho da Silveira, André Goncalves, Pedro Alexandrino y Morgado de Setúbal. De más relieve fueron: Francisco Vieira de Matos, llamado el Vieira lusitano, Texeira Barreto, Vieira Portuense y, por encima de todos, el insigne Domingos Sequeira, fallecido en Roma ya entrada el s. XIX y dotado de un arte muy personal.El s. XIX es muy rico artísticamente, así como el XX. En arquitectura se destacan Ventura Terra, Adáes Bermudes, António Luis Monteiro y el marqués da Silva. En la escultura, Vitor Bastos, la duquesa de Palmela, Simóes de Almeida, tío y sobrino, Soares dos Reis, Costa Mota, tío y sobrino, Texeira Lopes, Augusto Santo, Tomás Costa, Diogo Macedo y el medallista Jorro da Silva. En la pintura, dentro del academicismo, sobresalen António Manuel da Fonseca, Jorro António Correia, Joaquim Rafael, Jodo Baptista Ribeiro. y J. C. Taborda. En la fase romántica, Tomás da AnunciaVrro, Jorro Cristino da Silva, Francisco Resende, el vizconde de Meneses, Miguel Lupi, Metrass y António Ramalho. Dentro del grupo naturalista están Silva Porto, el marqués de Oliveira y Alfredo Keil. Al final del XIX y transición, J. J. Sousa Pinto, Ernesto Condeixa, forro Vaz, J. Veloso Salgado, Columbano, H. Pousúo, Carlos Reis, J. Malhoa, 1. A. Ribeiro Antonio Carneiro, el marqués de Oliveira, Júlio Ramos, Cándido da Cunha, Falcao Trigoso, Bonvalot, Constantino Fernandes, Sousa Lopes, J. Campas, y Fausto Goncalves en Coimbra. En la acuarela, Roque Gameiro, Alves de Sá, A. Morais y Alberto de Sousa; y en la caricatura, Rafael Bordalo Pinheiro.A. NOGUEIRA GONCALVES.
BIBL.: C. VOLKMAR MACHADO, Collefo de memórias, Lisboa 1823; RACZYNSKI, Dictionnaire historique-artistique du Portugal, París 1847; SOUSA VITERBO, Dicionário dos arquitectos e engenheiros, Lisboa 1889-1922; ÍD, Noticia de algunos pintores portugueses, Lisboa 1903-11; P. QUINTINO GARCIA, Jodo de Rudo, Coimbra 1913; ID, Artistas de Coimbra, Coimbra 1923; A. DE GusmAo, Nuno Gonpalves, Lisboa 1957; V. CORREIA, Vasco Fernandes, Coimbra 1924; íD, Artistas de Lamego, Coimbra 1923; íD, Pintores portugueses dos séculos XV e XVI, Coimbra 1928; íD, Obras, Coimbra 1946-53; A. FILIPPE SIMÓES, Reliquias da arquitectura romano-byzantina em Portugal, Lisboa 1870; MARQUÉS DE ABREU, Arte románica em Portugal, Oporto 1918; A. NOGUEIRA GONCALVEs, Novas hipótesis acerca da arquitectura románica en Coimbra, Coimbra 1938; M. TAVARES CHICO, A arquitectura gótica em Portugal, Lisboa 1954; 1. DE VASCONCELOS, Arte religiosa em Portugal, Lisboa 1914; J. DE FIGUEIREDO, O pintor Nuno Gonpalves, Lisboa 1910; J. SARAIVA, Os paineis do Infante Santo, Leiria 1925; R. DOS SANTOS, Os primitivos portugueses,-Lisboa 1940; fD, Escultura em Portugal, Lisboa 194850, fU, O azulejo em Portugal, Lisboa 19’57; J. A. FRANCA, A arte em Portugal no século XIX, Lisboa; R. Dos SANTOS, Historia del arte portugués, Barcelona 1960.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.