Port-royal, Abadia de HIST.
Categoria:
Historia
Su fundación se remonta al reinado de Felipe II Augusto (v.), cuando, en loss del s. XIII, la esposa de uno de los caballeros partidos para la tercera cruzada costeó la erección de su edificio como exvoto y esperanza en el feliz regreso de su marido. Acogida a la regla del Císter a mediados de la citada centuria (1225), su existencia durante los últimos siglos de la época medieval y principios de la Edad Moderna se halló informada por el signo de una creciente decadencia.El poderoso movimiento de espiritualidad que atravesó el suelo francés una vez concluidas las guerras de Religión (V. HUGONOTES) hallaría en la superiora de la abadía,la M. Angélica (Jacqueline Arnauld), uno de sus mejores arquetipos. Entrada a edad muy temprana en P.-R., pronto llegó a ser su abadesa, sin contar apenas 12 años. Avivada su fe, antes languideciente, por los sermones ocasionales de un predicador capuchino, la M. Angélica se decidió a encauzar su existencia y la de la comunidad a su cargo por los derroteros de la vida de perfección trazados por la reforma tridentina. Puesto de manifiesto su inquebrantable propósito a través de la conocida "jornada del Postigo" (25 sept. 1609), en la que prohibiera a su madre el acceso al monasterio, el ardiente celo y la recia personalidad de la abadesa atrajeron a P.-R. en el decenio siguiente a un gran número de novicias, pertenecientes en su mayor parte a las clases dirigentes de la sociedad francesa, sobre todo a la noblesse de robe. Frecuentado por las más grandes figuras eclesiásticas francesas del momento -Bérulle (v.), S. Francisco de Sales (v.), etc.la fama del monasterio se expandió por todo el reino e, incluso, traspasó sus fronteras. A causa del malsano clima de la región en que se hallaba situado y ante el gran número de nuevas vocaciones, Angélica Arnauld resolvió establecer un segundo monasterio en los alrededores de París, denominado P. R. de París (1625); el antiguo se denominaba P. R. des Champs. En esta capital, la abadesa entabló contacto con la Compañía del Santísimo Sacramento, de metas muy similares a las seguidas por P.-R., y acogió con calor la proposición de sus directores de crear, con sus miembros, una nueva Congregación que recibiría la denominación de "Port-Royal del Santísimo Sacramento", en la que ingresó finalmente toda la comunidad de P.-R. de París. A partir de entonces, aquélla vestiría un nuevo hábito, en el que destacaba la gran cruz roja sobre los negros escapularios cistercienses. Confiada su dirección espiritual al obispo de Langres, Sebastián Zamet, éste delegó parte de sus funciones en el célebre abad de Saint-Cyran (v.), merced a lo cual la comunidad sería ganada, ya para siempre, a las ideas jansenistas profesadas por este último.Hacia 1637, secundando la iniciativa del famoso jurisconsulto y abogado. A. Le Maitre, relevantes personalidades -entre ellas Pascal (v.)- se instalaron en los jardines y cercanías del abandonado P.-R. des Champs, para formar una especie de congregación laica -denominada en la época "los Solitarios de Port-Royal"- que se consagraban al estudio y a la oración y llevaban un tenor de vida austero y penitente. Vivero de grandes figuras de las artes y ciencias sus miembros divulgarían, merced a las célebres "Pequeñas escuelas", nuevos métodos docentes, estableciendo, junto una pedagogía racional, el estudio de la lengua francesa, hasta entonces nunca cursado en las escuelas. Regresada a la antigua abadía cisterciense la M. Angélica y la mayor parte de la comunidad de P.-R. de París, los "solitarios" abandonaron en 1648 su inicial residencia y la trasladaron a un paraje próximo al monasterio.Las duras pruebas atravesadas por el movimiento jansenista en los últimos años de la regencia de Ana de Austria se reflejaron en la dispersión, por orden ya de Luis XIV, de los "Solitarios" de P.-R. y sus discípulos y en la privación de sacramentos a los miembros de la abadía que se habían declarado unánimemente refractarios a suscribir eJ "Formulario" de 1665 (v. JANSENISMO). La llamada "paz de la Iglesia" abriría para P.-R. un nuevo periodo de normalidad, caracterizado por la ruptura total con su homónima parisina, que quedó ahora bajo la influencia de la Compañía de Jesús.El recrudecimiento de la cuestión jansenista a comienzos del s. XVIII trajo consigo la adopción de drásticas medidas por la Corona contra el monasterio -imposibilidad de recibir postulantes, prohibición de sacramentos, etcétera-, que tendían en último término a su extinción. Forzadas a firmar la bula Vineam Domini de Clemente XI (1703), las monjas residentes en P.-R. -una veintenaaccedieron a la demanda regia, aunque añadieron a su juramento la importante restricción "sin perjuicio de la Paz de Clemente IX". Ante ello, Luis XIV, exasperado por la sorda resistencia, presionó al Papa, para que decretase, en contra de sus deseos personales, la supresión de la abadía. Debido a la creciente devoción de que era objeto el deshabitado monasterio, las tropas reales procedieron a su demolición material (1710). Fueron derribados sus edificios y aventadas las cenizas de algunas de sus tumbas, no sin que sus fieles recogieran sus restos como veneradas reliquias. Por su parte, la comunidad parisiense no sufriría tal suerte y subsistió hasta la Revolución francesa, en que la abadía fue convertida, en tiempos de la Convención, en prisión y, por último, al concluirse la era napoleónica, en hospital de la Maternidad (1814).V. t.: ARNAULD, FAMILIA; JANSENISMO; CARTESIANOS; SAINTCYRAN, ABAD DE.J. M. CUENCA TORIBIO.
BIBL.: LLORCA, GARCIA VILLOSLADA, MONTALBÁN, Historia de la Iglesia católica, IV, 3 ed. Madrid 1973; ElIRHARD-NEUSs, Historia de la Iglesia, IV, Madrid 1962; G. GAZIER, Histoire du Monastére de Port-Royal, París 1929; 1. LAPORTE, La Doctrine de Port-Royal, París 1951-52; Port-Royal, número especial consagrado al tema por la revista "La Table Ronde" (1954); D. Rors, La Iglesia en los tiempos clásicos, El gran siglo de las almas, Barcelona 1959.
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