Pobres de Yahwéh (ánawim) REL. NO CRIST.
Categoria:
Religión No Cristiana
1. Vocabulario del Antiguo Testamento. Pobre es el sustantivo concreto del abstracto pobreza. Si se le añade el calificativo de Yahwéh, es para designar a unos hombres piadosos, los que sienten humildemente la necesidad del auxilio de Dios, los que ponen su fe y esperanza en Dios. Los hagiógrafos posteriores a la deportación de Babilonia los llaman `ánawim. Tras el destierro babilónico quedan también espiritualizados los otros términos sinónimos: ’ebyon (necesitado), dal (débil) y `ani (indigente). Filológicamente, Sofonías, hacia el a. 630, empieza a marcar la evolución semántica de la raíz °anah, cuando una el `ani al dal en la expresión del "pueblo humilde y modesto" que buscará refugio en el nombre de Yahwéh (Soph 3,11-12). Esta misma evolución experimentan los otros vocablos: el sentido religioso sigue y suplanta en el lenguaje de la Biblia a su valor económicosocial. Sólo el vocablo ras conserva invariablemente el sentido de la pobreza material.2. Etimología.1) ’Ebyon se deriva del verbo ’abate, que significa desear, apetecer. El Midrás al Levítico (comentario judío posterior a Cristo) admite esta misma etimología, cuando llama ’ebyon al que apetece todo. Se usa corrientemente en participio, que indica un estado permanente; y así ’ebyon es el que se siente habitualmente insaciable en sus deseos.2) Dal del verbo dalah y significa lo que no está fijo o es movible, como el péndulo. En sentido metafórico designa la inestabilidad del que ha venido a la miseria o a la pobreza económica. El Midrás Tanhuma (otro comentario bíblico judío poscristiano) lo aplica a los que están vacíos de obras buenas.3) `Anaw y `ani derivan del verbo `anah, que significa primariamente estar inclinado, y por extensión vivir bajo una fuerza superior. El primero implica más que el segundo los matices de humildad y de mansedumbre. La literatura rabínica (v. RABINO) identifica unas veces el `anaw con el `ani y otras lo compara con el hasid (piadoso) en abierto paralelismo sinónimo.3. Evolución semántica. La Biblia atestigua que estos vocablos, que designan al pobre, han señalado sucesiva y paralelamente al económicamente débil, al socialmente oprimido, al moralmente sumiso a las pruebas del Señor y religiosamente justo o piadoso.a. La ley israelita supone una sociedad que padece la pobreza económico-social. El Código de la Alianza concede a los pobres los productos de la tierra en el año séptimo y prescribe que se les haga justicia en los tribunales (Ex 23,3.6.11). El Deuteronomio confirma y amplía la Ley del año séptimo, para proteger a los pobres (Dt 15,1-11). Y el Código Sacerdotal entiende el Can¡ en sentido de necesitado económica y socialmente (Ley 19,9-10).b. Los profetas de Israel, dentro de la constitución teocrática del pueblo del A. T., han defendido a los pobres contra la opresión de los poderosos. Para los profetas de Israel, maltratar a los pobres es un pecado ante Dios, pues los israelitas pobres son parte del pueblo elegido, que es el pueblo de Dios. Amós condena los abusos sociales y atestigua el paralelismo entre el dal y el ’ebyon en una queja contra los aristócratas de Samaria (Am 4,1). Isaías anatematiza a los latifundistas que explotan al pobre (Is 32,6-7) y a los que oprimen a los pobres en los tribunales (10,2). Jeremías atribuye el destierro babilónico a las infidelidades a Dios, entre ellas las injusticias de los dirigentes de la nación contra los pobres (Ier 5,28). En Sofonías aparece trascendida la pobreza económica del dal en la pobreza en sentido espiritual o ascético que corresponde a un pueblo humilde: "Quitaré de ti a tus soberbios y fanfarrones, y no volverás a engreírte sobre mi santo monte. No dejaré que sobreviva en tu seno sino un pueblo humilde y modesto" (Soph 3,11-12; cfr. 2,2-3). Los discípulos de Isaías prefieren el sentido religioso de Can¡.c. Los libros sapienciales del Antiguo Testamento condenan la injusticia social, que es de todos los tiempos (lob 20,18-20; Prv 31,9), y conservan el alma caritativa de Israel hacia el pobre, que continúa víctima de los ricos (Prv 29,7.14; Eccli 4,1.4.8). El libro de los Proverbios acentúa la solidaridad de Dios con los pobres (Prv 14,31); y el Eclesiástico emplea indistintamente las tres raíces griegas ende, pen y ptoj, que traducen los vocablos hebreos de pobre (Eccli 26,28; 20). El Salterio es extraordinariamente rico en la variedad y abundancia de los vocablos de la pobreza y en los múltiples matices de sentido que les da. En los Salmos aparece el profundo valor religioso y ascético del vocabulario sobre la pobreza. El pobre es el indigente y el socialmente oprimido (Ps 72,13; 83,3), pero sobre todo es sinónimo de perfecto (37,28), piadoso (25,16), temeroso de Dios (86,1-5) y siervo de Yahwéh (27,9).d. La versión griega de los Setenta no es uniforme en la traducción, ni en el sentido de los vocablos hebreos. Así ptojos tiene, además del sentido económico-social, el valor religioso de las palabras hebreas que traduce; la palabra tapeinos (bajo, vil) designa ordinariamente la condición social, como ptojos, pero sin dejar el sentido moral y religioso de las mismas palabras hebreas que traducen el ptojos. P. ej., en el paralelismo `ánawim`ebyonim, que abre las perspectivas de salvación al pueblo justo, los Setenta traducen `ánawin por ptojos; y las versiones griegas de Aquila, Símmaco y Teodoción por praüs (manso). Los humildes se alegrarán continuamente en Yahwéh y los necesitados se gozarán en el Santo de Israel (Is 29,19).e. El Nuevo Testamento recibe el sentido genérico económico-social, pero también los sentidos moral y religioso. Los cristianos de todos los tiempos tendrán ocasiones de dar limosna (lo 12,5-8). S. Lucas (sin añadir de espíritu a pobres, ptojos) nos enseña en la primera bienaventuranza, como S. Mateo, que el estado de pobreza económica favorece la entrada en el reino mesiánico, pero el pobre debe poseer las cualidades de "desconfianza de sí mismo, humildad, sencillez y confianza en Dios", que implica la pobreza mesiánica: " ¡Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios!" (Le 6,20); "¡Ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestra consolación!" (Le 6,24). San Pablo escribe que Cristo dejó las riquezas del cielo y se hizo pobre en la tierra paraenriquecer al hombre con las riquezas de la divina gracia: "Conocéis la gracia de Cristo que, siendo rico, se hizo pobre, para enriqueceros con su pobreza" (2 Cor 8,9).4. Los `ánawin de Yahwéh. No forman un partido religioso a semejanza de los hasidim de la época macabea o una clase profesional, como los sacerdotes, ni se identifican con el pueblo de Israel, sino son el Israel cualitativo, el Resto de Israel (v.) o los individuos que, al vivir la esperanza de las promesas divinas de la Alianza (v.), esperan la salvación de Dios en medio de las crisis de su nación. Su nota de humildad, que Sofonías pedía a su pueblo y que caracteriza a Moisés y a David, se perpetúa en Jeremías y el Siervo de Yahwéh y llega a su plenitud en María, en Cristo y en los cristianos.a. Moisés era un hombre muy humilde, el más humilde de la tierra (Num 12,3). Su sentido religioso del °ánaw es evidente. Moisés, humildemente sumiso a las órdenes de Dios, en oposición al Faraón, cuyo corazón permanece duro e impermeable a la voluntad divina, condena a los israelitas que murmuran contra Dios y le son indóciles: "En fidelidad y mansedumbre le santificó, le eligió entre toda carne. Le hizo oír su voz, y le introdujo en la calígine" (Eccli 45,4-5). Los dos sentimientos definen la actitud fundamental del hombre religioso: la fe que lleva consigo fidelidad, y la mansedumbre que es humildad, docilidad y receptividad. La humildad irradia en la bondad y casi en la simpatía: "Inclina tus oídos al pobre, responde a su saludo con humildad" (Eccli 4,8). "Hijo mío, haz tus obras con humildad, así serás amado por el acepto a Dios... Pues grande es el poderío de Dios, y a los humildes revela sus secretos" (Eccli 3,17-19).Estas palabras evocan las de Jesucristo sobre la revelación de los misterios del Reino: "Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la Tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios y prudentes y se las has revelado a los pequeños" (Lc 10,21).b. El rey David, a causa de las pruebas y del espíritu de humildad con que las sobrellevó (Ps 132,1), llegó a ser el héroe epónimo de los p. de Y. Los títulos de los salmos pudieran tener un valor de gran alcance: la grandeza de David y una aura mesiánica en torno a su persona (Ez 34,24; 36,25). Y dentro de este valor debemos colocar sin duda alguna el título religioso de `ani, que Zacarías da a su descendiente: "He aquí que viene a ti tu rey: justo él y victorioso, humilde y montado en un asno" (Zach 9,9). De 69 veces que los salmos mencionan el `ani, 35 se hallan en los salmos atribuidos a David. Éste ha sido afligido y oprimido, como los pobres. Su aflicción le ha traído la gratuidad de los designios de Dios sobre él. Su pobreza le ha conducido a la gloria real: "Yahwéh dijo a Samuel: No mires su apariencia ni su gran estatura, pues yo lo he descartado. La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero Yahwéh mira el corazón" (1 Sam 16,7).c. jeremías es el precursor de los °ánawm y su inspirador. Su camino es corto, pero doloroso, el que lleva de la crisis o del fracaso a la invocación. Su actitud enmarca el cuadro de sus sufrimientos: solo, sin hogar, sin discípulos, con un auditorio recalcitrante y ante la oposición de los dirigentes de su pueblo, lanza estas afirmaciones de su ardiente fe: "Cúrame, Yahwéh, y sea yo curado, sálvame y sea yo salvado. Pues tú eres mi esperanza y mi amparo" (Ier 17,14). No faltan a Jeremías algunos lamentos ante la Providencia de Dios; pero son sólo un desahogo de su corazón de hombre. Su interior está en calma, fundado en una fe incondicional e inquebrantable: "Recordar mi miseria y vida errante es ajenjo y amargor...Que el amor de Yahwéh no se ha acabado ni se ha agotado su ternura; cada mañana se renuevan: ¡grande es tu fidelidad! Mi porción es Yahwéh, dice mi alma, por eso en él esperaré... Bueno es esperar en silencio la salvación de Yahwéh" (Lam 3,19-26).Este silencio, que importa contrición, humildad y entrega total a Dios, es la actitud esencial del pobre. Según los temperamentos y las situaciones, el tema puede variar, pero permanece siempre la misma confianza abierta a Dios.d. El Siervo de Yahwéh es el Mesías de los `ánawim, que lleva la noción de Alianza, de justicia, de pobreza y de humildad a su punto culminante. El Mesías-Rey cede al Mesías-Profeta. Le segunda parte del libro de Isaías lo describe directamente dos veces por los términos de pobreza: "Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro despreciable y no le tuvimos en cuenta... Fue oprimido y él se humilló y no abrió la boca; como un cordero al degüello era llevado y como una oveja, que ante los que la tranquilizan está muda, tampoco él abrió la boca" (ls 53,4-7). Tenemos aquí el auténtico clima espiritual de la pobreza (`ánawah), el nuevo ideal de la piedad, el ideal de la confianza divina que se somete resignada y alegremente al sufrimiento, el ideal de la humildad evangélica, que Jesús realizará, ofreciéndose como víctima expiatoria por los pecados de su pueblo.e. María ha sabido expresar su humildad en su respuesta al ángel Gabriel y en su cántico de la pobreza espiritual, que es el Magnificat (v.). La respuesta es concisa y precisa: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38). Así se realiza la Encarnación, dentro de un profundo silencio, en abierto contraste con la promulgación de la ley en el Sinaí, en un pueblecito de Galilea, ignorado por los hagiógrafos del A. T. e incapaz de darnos algo bueno, según Natanael (lo 1,46); y la virgen protagonista es María (v.), la más apta para escuchar la voz de la fe, porque es la más sencilla de todas las mujeres, vacía de sí misma y abierta a Dios. El Magnífica¡, que es realmente un canto a la pobreza de espíritu, retrata el alma de María: "Mi alma engrandece al Señor; mi espíritu salta de gozo en Dios, mi Salvador. Porque ha visto la pobreza de su esclava. Sí, en adelante me llamarán bienaventurada todas las generaciones" (Le 1,46-48).El término pobreza equivale, pues, al de bajeza, humillación o humildad, pero siempre llevará consigo la disponibilidad de María, que es la actitud del ama de los `ánawim, de los pobres en sentido religioso, ascético, diríamos hoy. Los beneficios divinos, que la pobreza de espíritu ha reportado a María, se extienden a todos los pobres: "Su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada" (Le 1,50-53)."Los que temen a Dios" representan aquí a todos los piadosos y fieles, es decir, los `ánawim. Ciertamente no se cuentan entre los felices mundanos, sino entre los que el mundo desprecia y oprime. De aquí las tres grandezas humanas o las tres "suficiencias" en conflicto con Dios: el orgullo, el poder y las riquezas. Las tres forman la antítesis de María. Por eso, Dios trastrueca las situaciones: humilla a los soberbios y ensalza a los humildes; destrona a los potentados y entroniza a los débiles; empobrece a los ricos y enriquece a los pobres. María se ha hecho eco de los acentos del Magnificat de Ana, madre de Samuel(1 Sam 2,6-9). Pero los viejos textos sagrados han pasado no sólo por la tradición bíblica, sino por su alma; han sido totalmente iluminados por su pobreza espiritual y definen exactamente a los cristianos.f. Cristo es el Siervo de Yahwéh en sus palabras y en su conducta. Sus palabras son: "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón" (Mt 11,29). San Mateo le ha aplicado la humilde mansedumbre que la segunda parte de Isaías predica del Siervo de Yahwéh, en oposición al carácter violento de Ciro, conquistador del Imperio babilónico: "No disputará ni gritará, ni oirá nadie en las plazas su voz. La caña cascada no la quebrará, ni apagará la mecha humeante, hasta que lleve a la victoria el juicio" (Mi 12,19-20; cfr. Is 42,1-4). La conducta de Cristo es realmente la del Siervo de Yahwéh, que toma sobre sí los pecados de su pueblo en sacrificio expiatorio:"Él tomó nuestras flaquezas y llevó nuestras enfermedades" (Mi 8,17). La cita está tomada del cuarto cántico del Siervo de Dios. Según el texto de Isaías, el Siervo ha cargado sobre sus hombros nuestros males, los sufre como nosotros y sin duda en nuestro lugar. S. Mateo utiliza el texto y lo aplica a una situación muy diferente: Jesús, por sus milagros, suprime nuestras enfermedades; pero no separa la figura del taumaturgo y la del Siervo que expía los pecados de su pueblo.g. Los cristianos, a imitación de Cristo, debemos ser mansos y humildes, es decir, verdaderos pobres en sentido espiritual, `ánawim. S. Pablo nos exhorta por la mansedumbre y modestia de Cristo a aceptar su aparente poquedad (2 Cor 10,1). La mansedumbre responde al griego praotes, que evoca el hebreo `ánawah; y la modestia, a epieikeia, que significa clemencia. Las dos virtudes se unen en la expresión de la sociabilidad, que hace a los hombres tratables y atractivos los unos con los otros. La Biblia las predica de Dios "que hace salir su sol sobre buenos y malos y llover sobre justos e injustos" (Mt 5,45).Las ocho bienaventuranzas, que señalan el camino de la perfección a los cristianos, se reducen a una sola: la disponibilidad del espíritu a la voluntad de Dios, que caracteriza a los pobres. S. Pablo exhorta a los Filipenses que, por caridad, sean una sola alma, aspirando a una sola cosa, sin rivalidad (2,1-2). En efecto; por el amor, que es esencialmente imitador, cada creyente que vive de Cristo se cristifica cada día más íntimamente y, en consecuencia, se une cada día más estrechamente a sus hermanos en una comunión vital: un mismo amor que llene los corazones de cada uno de los hermanos y una sola alma, que excluya la rivalidad y la vanagloria y comprenda la humildad o el reconocimiento de la propia bajeza ante Dios y ante los hermanos.5. Recapitulación. En la Biblia, tanto en el A. T. como en el N. T., los varios vocablos corrientes de la lengua para designar al pobre adquieren bien pronto y mantienen una significación religiosa, que hoy llamaríamos ascética. En ese sentido técnico-religioso, el pobre indica la persona profundamente piadosa, que siente con sinceridad la bajeza de su ser ante la grandeza de Dios. Pero acepta humildemente sus limitaciones humanas, los sufrimientos y adversidades de la vida. Y ello porque es verdaderamente humilde y se siente indigente y pecador ante Dios. Pero no desconfía de Dios, porque Dios es bueno y misericordioso.Este valor de la pobreza en sentido religioso penetra por todas partes el espíritu de las bienaventuranzas de Jesús. La antigua religiosidad de los pobres de Yahwéh del A. T. viene a ser como un anticipo del sentido de filiación divina adoptiva que reveló plenamente Jesucristo y aparece explicado en los Evangelios y en las epístolas de S. Pablo. La ascética moderna del "camino de infancia espiritual" viene a entroncar con la antigua religiosidad de los "pobres de Yahwéh", a través de esa revelación trascendental de Jesucristo de que los hombres somos hijos de Dios, que es nuestro Padre, del que debemos y podemos esperar todo lo que necesitamos.V. t.: BIENAVENTURANZAS;POBREZA II.R. RÁBANOS ESPINOSA , J. M. CASCIARO RAMIREZ.
BIBL.: J. VON DER PLOEG, Les pauvres d’Israel et leur piété, "Oudtest amentische Studien" 7 (1950) 236-270; M. VANSTEENKISTE, L’ani et 1’anaw dans 1’A. T., "Divus Thomas" 59 (1956) 3-19; A. GELIN, Les pauvres de Yahwéh, París 1956; P. GRELOT, Pauvreté dans l’Écriture Sainte, "Christus" 8 (1961) 306-30; I. ORTENSIO, Poveri del Signore, "Bíblica et Orientalia" (1964) 3-16; T. STRAMMARi, Beati i poveri, "Rivista Biblica" 13 (1965) 179-185; R. MARTIN-ACHARD, lahwé et les anawim "Theologische Zeitschrift" 21 (1965) 349-357; L. E. KECK, The Poor among the Saints in the New Testament, "Zeitschrift für die N. T. Wissenschaft und die Kunde der álteren Kirche" 56 (1965) 100129; O. BÁCHLI, Die Erwiihlung des Geringen im Alten Testament, "Theologische Zeitschrift" 22/6 (1966) 385-395; R. LEIvESTAD, Tapeinos-tapeinofron, N. T. 8/1 (1966) 36-47; F. B. CRADDOCK, The Poverty of Christ. An investigation of 2 Cor. 8,9, "Interpretation" 22 (1968) 158-170; R. RÁBANOS, Teología Bíblica de la Comunicación Cristiana de Bienes, Madrid 1968.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.