Pío X, San
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Biografía GER
1. Etapa anterior al Pontificado. Giuseppe Sarto nace el 2 jun. 1835 en Riese, un pequeño pueblo de la provincia de Treviso, en la parte del territorio lombardoveneto que estaba entonces bajo dominio austriaco. Es el segundo hijo -el primero había muerto a los pocos días de nacer- del matrimonio formado por Giovanni Battista Sarto, alguacil del municipio de Riese, y Margherita Sanson. Otros ocho hermanos vendrán en años sucesivos a aumentar la familia Sarto. Giuseppe -en el testimonio de los que con él conviven entonces- es un muchacho vivaz e inteligente, fuerte y bien parecido.Las estrecheces económicas del hogar de los Sarto van a ser la principal dificultad que encuentra cuando manifiesta a sus padres su deseo de ser sacerdote. Recurriendo a diversas ayudas logra cursar los primeros años del Gimnasio, y sus excelentes resultados académicos le hacen obtener en 1850 una de las becas de las que dispone el Patriarca de Venecia, para estudiar en el seminario de Padua, donde pronto destaca por su inteligencia y su piedad. El 22 dic. 1855 recibe las dos primeras órdenes menores y el 6 jun. 1857 las restantes. Mons. Antonio Farina le ordena sacerdote el 18 sept. 1858 en la catedral de Castelfranco.En Tómbolo transcurre como capellán sus primeros años de sacerdote, en un trabajo que la enfermedad del párroco, que le tiene casi totalmente impedido, hace aumentar considerablemente. Está allí casi diez años, hasta 1857 en que es nombrado párroco de Salzano. De estos años como capellán y párroco guardará siempre sus mejores recuerdos. Ya en Tómbolo impresionaba el recogimiento con que celebraba la Santa Misa y su preocupación por todas las almas. Dedica muchas horas al confesonario y cuida especialmente la enseñanza del catecismo, sin dejar de promover las posibles vocaciones sacerdotales, a las que atiende diligentemente. A pesar del trabajo extenuante no abandona nunca el estudio, al que dedica abundantes horas, robadas al sueño en bastantes ocasiones. Es en estos años cuando adquiere un profundo conocimiento de la Sagrada Escritura, de la Suma Teológica de Santo Tomás y del Derecho Canónico.El obispo de Treviso le llama en 1875 junto a él, y le nombra Director Espiritual del Seminario, cargo al que añade el de Canciller Episcopal. Con su colaboración seguirán contando los siguientes obispos de la diócesis, hasta que el 16 nov. 1884 recibe la consagración episcopal y el encargo de la diócesis de Mantua.Sus primeros trabajos serán para el Seminario, que a su llegada llevaba casi diez años cerrado, falto de medios y de profesores competentes. Sigue también muy de cerca a sus sacerdotes, a los que visita frecuentemente, conforta y anima, y en los que se apoya para el gobierno de la diócesis. Otro tema que centra su atención es el de la enseñanza del catecismo. El 12 oct. 1885 pone de manifiesto en una carta pastoral la necesidad de promover su enseñanza, y establece medidas concretas para realizarla: que haya una escuela catequística en cada parroquia, que se enseñe a los niños todos los domingos, y que se predique desde el púlpito a los adultos, haciendo más intensa esta instrucción en las épocas de la Cuaresma y del Adviento. En 1888 convoca el Sínodo diocesano, que no se reunía desde hacía dos siglos, para asesorarse sobre los problemas de la diócesis y estudiar las medidas a tomar. No deja en estos años de dedicar bastantes horas al confesonario, recibe a todos los que a él acuden, y en ocasiones se hace él mismo cargo de la enseñanza del catecismo en aquellas parroquias que, por cualquier circunstancia, carecían de párroco.León XIII, que seguía desde hacía tiempo la labor de Mons. Sarto, le nombra cardenal en el consistorio secreto del 12 jun. 1893. El obispo de Mantua se resiste, pero acaba aceptando la voluntad del Papa. A continuación -el 15 de junio- le nombra Patriarca de Venecia, no sin la oposición del gobierno italiano, que no le concede el Exequatur Regio hasta tres meses después.El 24 nov. 1893 entra el nuevo Patriarca en la ciudad de la laguna. En su primera carta pastoral había señalado la causa de los males de la sociedad; en la segunda, muestra cómo la ignorancia de la religión trae consigo el desprecio y la pérdida de la fe. Como en Mantua, sus preocupaciones serán la educación religiosa, que debe llevar a una vida auténticamente cristiana, y los sacerdotes, llamados a promover y a alimentar esa vida de piedad. Para ello lleva a cabo la reforma del Seminario, introduciendo un reglamento que él mismo redacta, y que recoge las normas indicadas por el Conc. de Trento (v.); pone, también, especial cuidado en la atención a los sacerdotes, procurando que hagan todos los años un curso de ejercicios espirituales, reuniéndolos los últimos jueves de cada mes en un retiro que la mayoría de las veces predica él mismo, organizando con frecuencia cursos de teología, exégesis, etc., para aumentar su doctrina.No cesa durante estos años la política abiertamente anticatólica que había seguido el gobierno desde suss. En 1895, con motivo de las elecciones para renovar la administración comunal, recuerda a los católicos su obligación de no desentenderse de la administración pública, que en aquellos años había retirado el crucifijo de las escuelas y eliminado algunas manifestaciones de piedad popular. La municipalidad que resulta de estas elecciones habrá perdido el matiz anticlerical que caracterizaba a las anteriores.No deja de fomentar la devoción a la Eucaristía y de recomendar la práctica de la comunión. El sacrilegio que unos desconocidos cometen en la iglesia de las Carmelitas descalzas robando la píxide y derramando las formas por la calle, le lleva a convocar para el año 1897 unCongreso Eucarístico de reparación, que será una enorme manifestación de piedad eucarística.2. Elección y programa de su Pontificado. El 20 de julio de 1903, después de un pontificado que había durado un cuarto de siglo, muere León XIII. El Patriarca de Venecia acude al cónclave, del que saldrá convertido en el nuevo Papa: P. X. El cónclave se vio perturbado por el veto de Austria al cardenal Rampolla, Secretario de Estado de León XIII, y los cardenales hubieron de vencer la tenaz resistencia del card. Sarto a aceptar el Papado. Luego P. X, por la Const. Vacante Sede Aposta lica reformaría la elección papal, aboliendo el derecho de veto. Uno de los primeros actos del nuevo Papa fue la designación como Secretario de Estado del español Rafael Merry del Val (v.) que sería su colaborador infatigable a lo largo de todo el Pontificado.En su primera encíclica, E supremi apostolatus cathedra del 4 oct. 1903, P. X señala las causas que hacían aún más pesada la carga que acababa de aceptar y que le habían hecho resistirse en un primer momento: "la audacia y la ira con que se persigue la religión en todas partes, se combaten los dogmas de la fe, y se prepara abiertamente para extirpar y para aniquilar toda relación del hombre con la divinidad... el mismo hombre, con infinita temeridad, se ha puesto en el lugar de Dios, de tal manera que, aunque no puede borrar totalmente de sí todo vestigio de Dios, sin embargo, rechazada su majestad, ha hecho del universo un templo para sí mismo, donde ser adorado. Se ha sentado en el templo de Dios, mostrándose como si fuera Dios". Señala entonces cuál había de ser el lema de su pontificado: Instaurare omnia in Christo, devolver todas las cosas a Dios. "Los planes de Dios son Nuestros planes, a ellos hemos decidido dedicar todas nuestras fuerzas y la misma vida".No ahorra esfuerzos para llevar a cabo este lema que inspira todas las acciones de su pontificado. Desarrolla una actividad ingente y multiforme, que abarca todos los campos de la vida de la Iglesia, dejando esa profunda huella, que no es fruto de un activismo desordenado, sino del esfuerzo por conducir a Dios todas las cosas que alienta tras de cada uno de sus actos.3. Pío X y el modernismo. La grave situación de la humanidad que pesa sobre su corazón -ese apartarse de Dios, con el intento de poner en su lugar al hombrese había introducido dentro de la misma Iglesia; o mejor, en algunos sectores del clero. Era el movimiento modernista: ese pequeño mundo de hombres salidos casi siempre del seminario, profesores o estudiosos de teología que, deslumbrados por los aparentes avances del "pensamiento moderno" y desconocedores de los reales problemas de su tiempo, se convencen de poder resolverlos sometiendo la fe a ese pensamiento, en lugar de abrir su tiempo a la luz de la fe (v. MODERNISMO). Lo triste es que, además, se aprovechan de su situación jerárquica en la Iglesia para deformar la conciencia de otros sacerdotes y seminaristas que reciben su enseñanza. El modernismo, más que un sistema coherente de doctrinas, consiste en esta actitud de subordinación de la fe a un pensamiento que le era contradictorio. Actitud que el mismo P. X había denunciado cuando era obispo de Mantua: "No pocos, aunque apenas conocen superficialmente la ciencia de la religión, y menos aún la practican, pretender erigirse en maestros, y van declarando que la Iglesia debe adaptarse a las exigencias de los tiempos, que los dogmas de la fe deben acomodarse a las exigencias de la nueva filosofía..." (7 feb. 1887). En la práctica teológica, era el intento de someter la fe a una filosofía agnóstica o atea, que cerraba toda puerta a lo sobrenatural. En el terreno pastoral, llevaba "a predicar una caridad sin fe, tierna para los que no creen, la cual abre a todos el camino de la ruina eterna" (Aloc. Consistorial 15 abr. 1907).El camino anterior a la condena del modernismo es largo. En 1903 se habían incluido en el índice algunas obras de Loisy y Houtin. La encíclica Iucunde sane del 12 mar. 1904, denuncia el intento de destruir lo sobrenatural en base a una nueva ciencia a la que la Iglesia debía someterse. Cinco días antes -en carta al arzobispo de París- había señalado la falta radical de disposición que manifestaba Loisy, a pesar de sus protestas de fidelidad y de ortodoxia, de someterse a la doctrina de la Iglesia y de abjurar de sus errores. El 12 jul. 1906 se dirige a todos los obispos de Italia, para ponerles en guardia contra la propaganda que realizan los modernistas, y toma algunas medidas para luchar contra la difusión de sus errores. En su alocución consistorial del 15 jul. 1907 vuelve a denunciar el intento de destruir los fundamentos de la fe y de aniquilar el cristianismo desde dentro mismo de la Iglesia. Es su último reclamo antes de la condena definitiva y solemne de la nueva herejía.Con el decreto Lamentabili del 3 de julio del mismo año se condenan 65 proposiciones tomadas de las obras de Loisy, Tyrrel, Le Rey y Blondel, 28 de las cuales ya habían sido condenadas con anterioridad, como tesis protestantes. Estas proposiciones hacen referencia a la Revelación: niegan el hecho de la inspiración, independencia de la crítica respecto del Magisterio de la Iglesia, negación de la verdad histórica de los Evangelios; a la Iglesia: negación de su institución divina, de la inmutabilidad de los dogmas, inconciliabilidad entre fe y razón. Se referían también a Cristo, del que negaban su divinidad -ésta sería solamente una creencia posterior, surgida poco a poco entre sus discípulos-, su nacimiento virginal, su resurrección. Atentaban por último contra los sacramentos, de los que negaban su institución por Jesucristo y su eficacia sobrenatural.El decreto causa una enorme impresión y no faltaron los ataques, incluso desde la prensa. Se habla de malos consejeros del Papa, cuando él mismo ha dirigido los trabajos; se le acusa de deformar las doctrinas de los modernistas, pero no hacía más que explicitar el pensamiento de los más conscientes, que ellos mismos habrían de ir poco a poco publicando. Por eso, los modernistas se reconocen efectivamente en la condena, y se reúnen en Molveno, en los Alpes dolomíticos, para ver cuál había de ser su actitud y su actuación futura.P. X ve la necesidad, después de haber señalado los errores, de indicar sus raíces, de poner de manifiesto la actitud desde la cual se había llegado o se podía llegar aellos, y de mostrar, por tanto, tras la diversidad de formas y manifestaciones, su unitario destino y su sentido: "por cuantos caminos el modernismo conduce al ateísmo y a suprimir toda religión". Éste es el fin de la Enc. Pascendi que publica el 8 sept. En la base del modernismo -afirma- se encuentra la consagración de una filosofía llamada de inmanencia, que sitúa en el hombre el principio de toda verdad: lo que el hombre no controla, no existe; no hay, por tanto, lugar para Dios; la religión no es más que el sentimiento que el hombre tiene de su relación con el universo, ese todo inmanente al que el hombre pertenece, y al que llama Dios a modo de una formulación mágica y provisoria, que designa la evolución del espíritu colectivo de lahumanidad. Las diversas religiones no son sino manifestaciones diversas de ese común sentimiento del género humano, y los dogmas nacerían de la necesidad de dar al sentimiento religioso un cuerpo sensible. Se descarta todo elemento sobrenatural, que caería fuera del control del hombre; se niega la veracidad de la Sagrada Escritura, y, lógicamente, se afirma que no hay nada inmutable en la religión, ya que su ley es el sentimiento y éste está sujeto a la variación y al cambio. Si la Iglesia no reconoce esta norma de la evolución -concluyen- se tornará inadecuada para satisfacer las necesidades de los hombres; sus dogmas no serán manifestación del sentimiento religioso de la época, sino la cristalización del sentimiento religioso de una edad pretérita.La encíclica condena el intento de adaptar la fe a la filosofía llamada entonces moderna, y afirma, una vez más, la inmutabilidad del depósito de la fe, lo sobrenatural de la religión católica. Al mismo tiempo, pone de manifiesto la necesidad de una recta filosofía -cuyos principios sean compatibles con la fe -para no errar en el quehacer teológico: "el error acerca de la naturaleza de las cosas engendra un falso conocimiento de Dios", dirá, años después, al recomendar el estudio de Santo Tomás y poner sus principios filosóficos como base sobre la que construir el edificio de la teología.Lejos de someterse, los modernistas desarrollan inmediatamente contra estos documentos una campaña que en pocos meses hace salir a la luz innumerables libros, panfletos, folletos, artículos periodísticos... En 1908 Loisy publica sus Simples réflexions sur le décret du St. Olfice "Lamentabili" et sur l’Encyclique "Pascendi"; Tyrrel, su Medievalism; De Bonnefoy, Le catholicisme de demain, etcétera.El error había sido denunciado, pero era preciso sanar hasta el final la infección que había comenzado a invadir buena parte de la Iglesia, y que se hacía tanto más temible cuanto se había dirigido en primer lugar a corromper al clero. Por eso, en el plano jurídico, toma P. X una serie de medidas encaminadas a aumentar la vigilancia de los obispos sobre el estado de sus diócesis y de los seminarios -deben mandar informes periódicos a Roma-, que culminan con el juramento antimodernista establecido por el Motu proprio "Sacrorum Antistitum" del 1 sept. 1910, obligatorio para todos aquellos que van a recibir las órdenes sagradas o a dedicarse a la enseñanza de las ciencias relacionadas con la fe. El hecho de que buena parte de los errores de los modernistas hagan referencia a la S. E. -sus campeones provienen muchas veces del campo de la exégesis bíblica- induce al Papa a promover el estudio profundo de la exégesis realizada por los Santos Padres y Santo Tomás, como base e inspiración para los estudios bíblicos, rechazando los métodos exegéticos tomados de los protestantes, que llevan a considerar la S. E. como un libro puramente humano.4. Relaciones con Francia. En los mismos años en que se manifiesta con toda su virulencia -dentro de la Iglesia- la crisis modernista, otro dolor había gravado su corazón: la situación de la Iglesia en Francia, que era ya crítica durante el pontificado de León XIII. P. X denuncia en una carta al Presidente de la República -el 23 dic. 1903- los ataques dirigidos contra las congregaciones religiosas, el intento de prohibirles la enseñanza, la suspensión de las subvenciones debidas según el art. 14 del Concordato, el no estar cubiertas las vacantes de gran número de diócesis. El proceso se acelera bruscamente; el 6 jul. 1904 se rompen las relaciones diplomáticas, al día siguiente se vota la ley que prohíbe a los religiosos la enseñanza; el último acto es la ley de separación de la Iglesia del Estado que el Parlamento francés vota el 9 dic. 1905. P. X se había referido en frecuentes alocuciones y cartas a este desarrollarse de los acontecimientos, y ahora pondera en un largo silencio la respuesta a dar. El 11 feb. 1906 publica la Enc. Vehementer Nos, en la que, después de indicar que el fin de la sociedad civil es la felicidad eterna del hombre, denuncia que no era -la votada por el Parlamento francés- una separación que dejara a la Iglesia su independencia, sino que miraba a ponerla bajo el dominio de la autoridad civil. Terminaba condenando la ley como injuriosa a Dios, del que renegaba, violadora del derecho natural de las personas, y atentadora a la constitución divina de la Iglesia. Su primer acto después de la encíclica será -el 25 de febrero- el nombramiento y la consagración de catorce nuevos obispos para las sedes vacantes. En estos momentos, en que pendía también la amenaza de la pérdida de los bienes eclesiásticos, el Papa encuentra bien unidos a su alrededor al episcopado y al pueblo francés. Las leyes antirreligiosas van a traer, como consecuencia, una mayor unidad entre los católicos franceses y Roma.5. Formador de sacerdotes y promotor de la piedad de los fieles. Estos acontecimientos no le impedían -antes le acuciaban- a trabajar su programa de devolver todas las cosas a Dios, de conducir a Él todas las almas. Para ello, había señalado en su primera encíclica que debía cuidarse, ante todo, la formación de los sacerdotes: "vuestra primera preocupación sea la de formar a Cristo en aquellos que, por obligación de su ministerio, están destinados a formarlo en los demás". Su atención se dirige hacia los seminarios, y el 7 mar. 1904 promueve la visita apostólica a todas las diócesis de Italia paracomprobar su estado. Para subsanar las deficiencias encontradas -de falta de medios, de profesores y alumnos en muchos de ellos por lo pequeño de las diócesispromueve la creación de seminarios regionales; encarga también a la Sagrada Congregación Consistorial (hoy S. C. para los obispos) la elaboración de un programa de estudios, y en 1908 aparece el programa ordenador escolástico-educativo y disciplinar de los seminarios de Italia. Al margen de estas medidas, insiste en innumerables cartas a los obispos, en la necesidad de que a los aspirantes al sacerdocio no se dé únicamente un bagaje científico, sino que se fomente en ellos de manera primordial la piedad. Su exhortación del 1 ag. 1908, con motivo del quincuagésimo aniversario de su sacerdocio, deja delineado un programa completo de santidad sacerdotal.A promover la vida cristiana en las almas de todos los fieles están dirigidos sus decretos sobre el catecismo y la Eucaristía, la fe y la práctica de la comunión frecuente. Escribía en la Acerbo nimis: "de la ignorancia de la religión proceden tantos y tan graves daños, y, por otra parte, es grande la necesidad y la utilidad de la formación religiosa, ya que sería en vano esperar que nadie pueda cumplir las obligaciones del cristiano si no las conoce". El mismo P. X solía -entre los años 1903 y 1911 enseñar el catecismo en el cortile de San Dámaso o en el de la Piña, en el Vaticano. En 1905 prescribe para la diócesis de Roma un catecismo único, adoptando, después de revisarlo y corregirlo, el empleado en las diócesis lombardas. En 1912 aparecerá una edición reducida, revisada por él mismo, para facilitar su uso, y que aconseja utilizar a los adultos para repasar los conceptos fundamentales de la fe.Tanto esta medida como la de la reforma de los seminarios tienen una trascendencia, querida por el Papa, que supera el ámbito al que se dirigen. P. X marca en sus encíclicas, en sus alocuciones, un camino a seguir, y él mismo es el primero en recorrerlo, mostrando con su ejemplo cómo llevar a cabo las orientaciones pastorales y doctrinales que señala. De hecho, estas medidas serán las que inspiren en tantas diócesis la reforma de los seminarios, y es también significativa la difusión que pronto adquiere el catecismo prescrito para la diócesis de Roma.La fe, si no se alimenta con el auxilio de la gracia, se apaga y acaba por morir; de ahí la preocupación de P. X por promover la práctica de la comunión frecuente, limitada entonces por antiguos prejuicios -residuo del jansenismo (v.) que, al exigir a los fieles que iban a comulgar un número exagerado de condiciones, llevaban a apartarse de su frecuencia-. El 20 dic. 1905, con el Decreto Sacra Tridentina Synodus del Santo Oficio (hoy S. C. para la Doctrina de la Fe), pone de manifiesto las excelencias de la comunión frecuente: es "deseo de la Iglesia que todos los fieles tomen parte diariamente en este banquete celestial, y saquen de él más abundantes frutos de santificación". Después facilitará los medios para que los enfermos puedan acercarse asiduamente a la Eucaristía (7 dic. 1906). En 1910, por último, con el decreto Quam singular¡ llevará a cabo algo que estaba en su corazón desde hacía ya mucho tiempo: adelantar la edad en que los niños podían y debían ser admitidos a la Primera Comunión. Señala como la más conveniente los siete años, momento en el cual el niño adquiere uso de razón, para que no sea privado del auxilio de la gracia, en el comienzo de su vida moral. No pocas incomprensiones y críticas encontró este decreto en una época en que la costumbre era de retrasar la primera comunión hasta los 12 o los 14 años.6. Últimos años. Estos años -los transcurridos entre 1903 y 1909- son de una gran intensidad y dejan un poco en sombra los últimos del pontificado de P. X. Su labor ahora será más oscura, pero no menos intensa. Continúa la reforma del régimen interno de la Iglesia, que había comenzado al promover la codificación del derecho canónico con el Motu proprio del 19 mar. 1904. En 1909 lleva a cabo la reestructuración de la Curia Romana, delimitando los ámbitos de competencia de los diversos dicasterios, su estructura y su régimen interno. Mira con estas medidas a dar una mayor agilidad y eficacia a la administración pontificia, eliminando en primer lugar la confusión y entrecruce de competencias que antes dilataba la resolución de los asuntos. No deja tampoco de atender a las necesidades de la diócesis de Roma. La visita pastoral de 1904 había puesto de manifiesto cómo el crecimiento de la ciudad y las nuevas necesidades habían rebasado ampliamente la estructura de aquélla. En 1907 había reorganizado completamente el Vicariato de Roma; ahora, en 1910, da normas concretas sobre el funcionamiento de las diócesis suburbicarias, reforma después los estudios del Seminario Menor y continúa la tarea de creación de nuevas parroquias, para atender a los núcleos de población que habían ido creciendo en la periferia de la ciudad. Con la reforma del Breviario -llevada ’a cabo por la Enc. Divino af flatuda una muestra más de su amor a los sacerdotes.El 29 jun. 1914, con el Motu proprio "Doctoris Angelici", renueva con un tono nuevo las precedentes disposiciones de los pontífices sobre el estudio de la doctrina filosófica y teológica de Santo Tomás. Ordena que la Suma Teológica sea tenida como texto oficial en las Universidades y centros superiores de enseñanza teológica, y señala los principios filosóficos de Santo Tomás como fundamento de la elaboración teológica. Termina mostrando, la eficacia del tomismo para defenderse de los errores modernos. El 27 de julio, un mes después de la Encíclica, la S. C. de Seminarios y Universidades (hoy de Estudios) recoge en 24 tesis cuáles son esos principios fundamentales de la doctrina del Aquinate.La I Guerra mundial pesa ya sobre Europa en esos momentos. El 2 de agosto, P. X dirige a todos los católicos del mundo una exhortación en la que les pide que se vuelvan a Aquél de quien solamente puede proceder la paz. Está totalmente desgastado por el trabajo y el sufrimiento. Su vida se apaga el 20 ag. 1914, como consecuencia de una leve afección bronquial.El 14 feb. 1923 se inicia la causa de beatificación. Pío XII (v.) realiza la solemne beatificación el 3 jun. 1951 y el mismo Papa lo canoniza el 30 mayo 1954. Es el primer Papa proclamado santo por la Iglesia después de S. Pío V, muerto en 1572. Su fiesta se celebra el 21 de agosto (hasta 1969 se celebraba el 3 de septiembre).V. t.: BÍBLICO, MOVIMIENTO; BÍBLICO, PONTIFICIO INSTITUTO; CATEQUESIS IV, 4; LITÚRGICO, MOVIMIENTO; MODERNISMO.GARCÍA DE RARO.
BIBL.: Documentos: Pü, X Pontificis Maximi Acta, 5 vol. Ciudad del Vaticano 1905-14; AAS 1903-08; AAS 1909-14; Catecismo Mayor de S. Pío X, 3 ed. Madrid 1973; Catecismo breve de S. Pío X, 4 ed. Madrid 1973; Colección de Encíclicas y Documentos pontificios, 7 ed. Madrid 1967; Cartas, Barcelona 1954; S. MUÑOZ IGLESIAS, Documentos Bíblicos, Madrid 1955; EPALSA, S. Pío X. Documentos doctrinales, Madrid 1973; SAGRADA CONGREGACIÓN DE SEMINARIOS Y UNIVERSIDADES. L’ordenamiento dei Seminari de S. Pio X a Pio XII, Ciudad del Vaticano 1959.
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