Piedra I. Ciencias Naturales. CIENCIA
Categoria:
Ciencia
Suele entenderse por piedra cualquier "sustancia mineral, más o menos dura y compacta, que no es terrosa ni de aspecto metálico" (Diccionario de la R. A. E.). En este sentido es uno de los objetos de estudio de la Mineralogía y de la Química, en cuanto se ocupan de la composición, elementos y sustancias que integran las diversas clases de "piedras". En el lenguaje técnico-científico de estas ciencias, se utilizan los términos "mineral" y "roca", en lugar del vocablo p. usado en el lenguaje corriente.En cuanto los minerales y rocas suelen aparecer en formas geométricas, más o menos fijas para cada clase de ellos, es decir, en cuanto cristalizan en un determinado sistema geométrico (V. CRISTALIZACIÓN), son objeto de estudio de Cristalografía (v.). Desde el punto de vista de su formación e historia, en la constitución de la Tierra, los minerales y rocas son estudiados por la Geología (v.) y diversas ramas de la misma, como la Geomorfología (v.), la Geoquímica (v.) y la Geología histórica (v.).Para todos estos temas, por consiguiente, remitimos a los artículos: MINERALES (donde se incluye la Mineralogía) y ROCAS (donde se incluye la Petrología), además de los que ya se han mencionado.Respecto a diversos usos, aplicaciones y obtención de variadas clases de p., v.: CANTERAS; MATERIALES DE CONSTRUCCIÓN; LITOGRAFÍA; PIEDRAS PRECIOSAS; etc.**AUM. GUERRA GÓMEZ.
**RNCPIEDRA II. HISTORIA DE LAS RELIGIONES
Desde el paleolítico (bloques de p. con incisiones profundas, p. ej. La Ferrasie, el petroglifo de Villarmartín-Ojo Guareña en Burgos, cte.) hasta nuestros días (meteorito-piedra negra Kaaba en La Meca) las p. han sido a veces consideradas como sagradas o, al menos, han sido objeto de una veneración especial. Se pueden agrupar sus valencias numinosas conforme a la siguiente gradación:a) Piedras-dioses. Son numerosas las deidades representadas en forma de p. amorfas, p. ej., Eros en Terpis, las Gracias en Orcómeno, Heracles en Hieto, Hermes en Acaya, Apolo en Megara. Recuérdese el decreto del senado romano, por el que se trasladó en el a. 205 a. C. la p. negra, sede de la diosa frigia Magna Mater, al templo de la Victoria del Palatino y, en el a. 191, a un templo construido para ella por los portentos operados en la lucha contra Aníbal. Otras veces las p. divinas tienen forma de columna: p. ej., Hera en Argos, Artemis Patroa, Dioniso en Tebas; y de obelisco: Zeus Meliquios en Sición, los obeliscos egipcios relacionados con el culto solar, p. ej., en la ciudad sagrada On, lo mismo que los masebas (massebas) y maski, o p. erguidas (Lev 26,1), en el templo cananeo de Siquem, en Biblos, Emesa, Pafos (Chipre), etc.; recuérdese también algunos menhires de la cultura megalítica.
Sería absurdo pensar que el hombre ha adorado alguna vez las p. en cuanto p. La devoción no terminaba en las p. sino en lo que se creía haber en ellas distinto de ellas mismas, es decir, en cuanto eran teofanías (v.) y, a veces, simples cratofanías (manifestación de una fuerza divina) y, por lo mismo, estaban dotadas de virtualidades sobrehumanas. Éste era asimismo el alcance de los bétilos o p. veneradas por los cananeos, por los árabes preislámicos, por los habitantes del norte de África, cte.; p. llamadas por los griegos baitylos, palabra de origen semítico, que significa "casa, morada de Dios"; eran teofanías, signos de la presencia de la divinidad que se creía manifestada allí de una forma peculiar y receptáculos de su fuerza.b) Estelas funerarias. Las p. "guardianes de las sepulturas" del eneolítico estaban plantadas a ambos lados de las tumbas. El mismo fin parecen tener varios menhires (en celta: men=piedra, hir=largo, hincado) ordinariamente de menos de dos metros, si bien en algunos casos alcanzan 12 m. (menhir de Kerloas) y hasta 23 m. (Men er Hroeck); a veces tienen esculpidos rasgos antropomórficos: ojos y nariz muy esquemáticos, collar, etc.; otros representan el falo o los senos. Aunque en varios casos encajan en el apartado anterior por estar relacionados con la Diosa Madre (V. DIOS II, 2; TIERRA V) y, en algunos casos, son betilos, no obstante muchos semejan ser soportes de las almas, "casas de los muertos" allí enterrados y, tal vez también, simples estelas conmemorativas. Piénsese en las 1.500 p. erguidas que se han encontrado en algunos lugares de Siria, en los 3.500 menhires de Morbitan, varios cromlechs (=círculos de menhires) de Kermario, en los 27 pilares de los Millares (España), etc., relacionados con tumbas individuales, a veces colectivas. Se trataba de "fijar" el espíritu de los muertos, a fin de que continuasen entre los vivos, protegiéndoles, fertilizando sus campos, etc. (teoría de Hutton confirmada por los recientes hallazgos de W. Koppers en las tribus actuales más arcaicas de la India, los Bhils, los Korku, Mundas, Gonds, drávidas, cte.).c) Piedras conmemorativas de alguna victoria. Son frecuentes (1 Sam 15,12; etc.), muchas en Siria pertenecientes a los faraones desde Thutmosis III hasta Ramsés III; además de la inscripción suelen tener esculpida la figura del monarca.e) Otros destinos. No puede menos de aludirse a los altares de una sola p. (palacio de Knossos, etc.), a las p. de valor purificatorio, a las p. terminales (a veces montones de ellas) que señalaban los límites (Dios Terminus en el Imperio Romano, de donde algunos topónimos, por ej., Terminón en Burgos) y frecuentes también en las encrucijadas (Hermes helénicos, práctica en varios casos cristianizada en los "cruceros" o cruz de piedra levantada en los "cruces"), cte.; estas p. eran saludadas por algunos de rodillas y ungidas con aceite (Teofrasto, Carácteres 16) o con sangre (Ovidio, Fastos, 2,641; etc.).f) Las piedras y la fecundidad. Conocida es la utilidad genésica y obstétrica (utilis est mulieribus praegnantibus: Plinio, Historia Natural 36,21,149-151), conservada a veces hasta nuestros días, que se atribuye a las llamadas ceraunia en Grecia o "piedras del rayo" todavía hoy (p. ej., varias zonas de Burgos) por considerarlas la punta misma del rayo, aunque de hecho son hachas de p. pulimentada, obra de los artesanos del neolítico y de la edad del bronce. Las mujeres estériles de varias tribus de la India, Australia, California (los Maidu), etc., se acuestan o apoyan sobre determinadas p., a veces tumbas megalíticas: dólmenes, etc.M. GUERRA GÓMEZ.
BIBL.: M. ELIADE, Traité d’histoire des religions, París 1968, 188-207 (con bibl. en pág. 203-207); M. GUERRA, Constantes religiosas europeas. Religiones y arte rupestre del hombre sotoscuevense, Burgos 1971, 440-447 y 589-593; D. J. WÜLFEL, Las religiones de la Europa preindogermánica, en F. KSNIG, Cristo y las religiones de la tierra, 1, Madrid 1960, 211-229 y 306-321.
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