Persépolis HIST.
Categoria:
Historia
La estabilidad y consistencia de que gozó el Imperio persa durante más de dos siglos, se debió seguramente al despotismo de sus monarcas. La arquitectura, la escultura y todas las manifestaciones del arte tienen una misma temática y fuente de inspiración: el rey. El mazdeísmo (v.) prohibe el uso de templos, por lo que la arquitectura, que en otras latitudes es portavoz del espíritu religioso del pueblo, en el Irán la vemos bajo este ángulo tan diferente. El palacio real es la obra máxima de la arquitectura persa, y a la vez su mejor manifestación artística. ¿Fue Ciro, Cambises o tal vez Darío quien concedió la capitalidad del Imperio a P.? Los trabajos de Herzfeld demostraron la existencia en la ciudad de una tumba sobre zócalo, muy similar a la que Ciro se hizo construir en Pasagarda (v.), atribuyéndola al rey Cambises. ¿Cómo se explica la presencia del rey Cambises en P., si, desde siempre se dijo que fue Darío I (v.), su sucesor, quien eligió el lugar en donde se construiría la nueva capital de los persas, en el corazón mismo del Imperio?Las modernas opiniones remontan su fundación a los tiempos de Ciro II (v.), cuyas expediciones hicieron que la pequeña ciudad de Pasagarda resultara insuficiente para ser la capital y sede del gobierno de tan gran Estado como el que estaba edificando. Vencido Astiages y puesta bajo su dominio el Asia Menor (ca. 540 a. C.), decidió trasladar la capital a un lugar más apropiado, que distaba 70 Km. de Pasagarda. Ciro vio los trabajos apenas comenzados, ya que se limitó a emprender la construcción de la gran terraza en donde se establecería la ciudadela de P., la ciudad de los persas. Se trata de un gigantesco basamento, tallado en parte en la montaña y otra parte construido con bloques de piedra de gran tamaño, cuya plataforma superior cubre una extensión de 13 Ha. En ella se encuentra todo un conjunto de construcciones, debidas, en etapas sucesivas, a los grandes reyes aqueménidas: Darío I, Jerjes y Atajerjes. Después hubo tan sólo algunas adiciones de escasa importancia.La visión que se tenía de P. cambió por completo cuando, en 1939, los miembros del Inst. Oriental de Chicago dieron por terminados sus trabajos en la ciudad. En el ángulo sudeste de la terraza descubrieron un conjunto de salas, indicadas por las alineaciones de basamentos de columnas, que correspondían a la tesorería real y no al harén, como se suponía al principio; al O de la terraza se encuentra el Tatchara de Darío, cuyo nombre aparece escrito en varios lugares. Se trata seguramente de un palacio habitado sólo en caso de necesidad, ya que los palacios de los reyes, que estaban rodeados de amplios jardines, se edificaron en la parte baja de la terraza. Los edificios emplazados en la misma constituyen tres grupos: salas de recepciones y de habitación eventual, tesorería real y edificaciones de carácter militar, sobre todo las cuatrograndes torres que enmarcan la sala hipóstila. Estas salas no fueron inventadas por los arquitectos persas, pero fue en ellas en donde aplicaron su gran maestría, al eliminar el pesado dintel de piedra y reemplazarlo por largos postes de madera de cedro, que los reyes se hacían traer desde el Líbano y que suponían una considerable reducción en el peso de la techumbre. Gracias a ellos la Apadana es capaz de sostenerlo con sólo 36 columnas, guardando una distancia de 9 m. entre ellas. La Apadana se empezó a construir por orden de Darío I y se terminó durante el reinado de Jerjes I (v.); sería seguramente la sala de audiencias del rey. Existe otra gran sala hipóstila, llamada "sala de las cien columnas", que era lugar de reunión del ejército y finalizó su construcción en tiempo de Artajerjes II (v.).Las columnas constituyen posiblemente el elemento más original que aporta la arquitectura persa (v. IRÁN III). Poseen una basa acampanada, decorada con hojas y flores. Es frecuente en P. que se empleen, entre el fuste y el capitel, abundantes motivos decorativos, en especial guirnaldas y flores colgantes. La columna típicamente aqueménida tiene capiteles de animales dobles. Al pie de la terraza, en donde se hallan los edificios reales, se encuentra el que fue palacio de Jerjes I, que limita al S y al O con los muros de la ciudad. Numerosas inscripciones testifican la pertenenecia a este rey. Es de destacar otro elemento importante de la arquitectura y escultura de P.: las esculturas de los frisos que cubrían las partes bajas de los muros, con escenas de temática real o referidos a las fiestas de Año Nuevo, las columnas de las salas y otros varios elementos de tipo decorativo y constructivo a la vez se acompañaba de un vivo y exuberante colorido, que se extendió también a las vigas y techumbres; en las salas hipóstilas completarían el efecto colorístico los ricos y pesados cortinajes que llenaban los intercolumnios. Asimismo, sabemos que las esculturas del Tatchara estaban adornadas con joyas auténticas, consiguiendo el conjunto gran vistosidad.La arquitectura aqueménida no es del todo original, pero la combinación que consigue es única. No tiene nada de helénica en su fondo, pero evoca a Grecia en cuanto a la ligereza de sus monumentos. Es una arquitectura solemne, que tiene una sola finalidad: exaltar la figura del monarca. Bajo esas directrices, P. se erigió como corazón del Imperio que los reyes habían ido reuniendo poco a poco. Pero la ciudad no llegó prácticamente a habitarse; P. nació como un símbolo, fue la clara manifestación deun periodo glorioso para el Imperio persa, la imagen misma del poder, que desapareció con la ciudad al ser incendiada, en el 330 a. C., por las tropas de Alejandro Magno (v.).E. RIPOLL PERELLÓ, F. MONFORT.
BIBL.: R. GUIRSHMAN, Irán, partos y sasánidas, Madrid 1962; R. N. FRYE, La herencia de Persia, Madrid 1965; E. PORADA, Antiguo Irán. El arte de los pueblos, Barcelona 1963.
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