Pascua II. Liturgia. REL. CRIST.
Categoria:
Religión Cristiana
Il. LITURGIA. 1. La Pascua en la vida cristiana y en la Liturgia. Toda la vida cristiana, y más explícitamente su expresión en la Liturgia, se centra en el misterio pascual y se desarrolla en el ámbito del mismo. Como testimonia el N. T., la predicación de la fe y su aceptación -principio de la vida de los hijos de Dios- se basan en el hecho de la muerte y resurrección de Jesucristo; la vida cristiana viene caracterizada por el compromiso de manifestar, de testificar, el amor que Dios ha revelado a los hombres principalmente con su muerte y resurrección; gracias a la muerte y resurrección de Jesucristo, la vida humana adquiere una dimensión de trascendencia que alimenta la esperanza del pleno acabamiento de la obra de redención, en la Pascua celestial, en la reunión definitiva con Dios (v. SANTIDAD IV). La vida cristiana, la santidad, es identificación con Cristo (v. JESUCRISTO v), participación en su muerte y resurrección, que comienza en el Bautismo (v.), y continúa en la lucha de cada día (v. LUCHA ASCÉTICA) para, en todo, morir al pecado (v.) y vivir la vida nueva de la gracia (v.), alimentada por los sacramentos (v.), hasta llegar a la unión definitiva con Cristo (V. CIELO III; PARUSÍA II). La Liturgia (v.), "cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y fuente de donde mana toda su fuerza" (Vaticano 11, Sacrosanctum Concilium, 10), es exponente significativo del misterio pascual; su variedad de formas, los diferentes elementos que la componen, giran alrededor de un núcleo: la celebración, con su correlativa participación, de la Pascua.El Conc. Vaticano II ha explicado ampliamente el lugar que ocupa la P. dentro del culto cristiano, especialmente en la Const. Sacrosanctum Concilium sobre Liturgia: "La Liturgia, por cuyo medio se ejerce la obra de nuestra redención, ...realizada principalmente por el misterio pascual de la bienaventurada Pasión, Resurrección de los muertos y gloriosa Ascensión de Cristo" (n° 2 y 5), se centra en la Misa, renovación incruenta del Sacrificio de Jesucristo, y en los Sacramentos: "Por el Bautismo los hombres son injertados en el misterio pascual de Jesucristo: mueren con Él, son sepultados con Él yresucitan con Él"... (n° 6). "La Liturgia de los Sacramentos y Sacramentales hace que, en los fieles bien dispuestos, casi todos los actos de la vida sean santificados por la gracia que emana del misterio pascual, de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, del cual todos los Sacramentos y Sacramentales reciben su poder" (n° 61). "La obra de nuestra redención se ejerce sobre todo en el divino Sacrificio de la Eucaristía" (no 6): "El sacrificio Eucarístico perpetúa por los siglos hasta la vuelta del Salvador, el Sacrificio de la Cruz" (n° 47). Así "cuantas veces los fieles comen la Cena del Señor proclaman su Muerte hasta que Él vuelva...". Por eso "la Iglesia nunca ha dejado de reunirse para celebrar el misterio pascual, leyendo cuanto a él se refiere en toda la Escritura, celebrando la Eucaristía, en la cual se hace de nuevo presente la victoria y el triunfo de la muerte de Jesucristo" (no 6) (V. LITURGIA; MISA; EUCARISTÍA; SACRAMENTOS y SACRAMENTALES).Es bajo la perspectiva del misterio pascual que ha de renovarse y organizarse la Liturgia (ib. n° 102-111; v. AÑO LITÚRGICO). Comentando la exposición conciliar, la I Instrucción sobre Sagrada Liturgia, publicada por el Consilium para la aplicación de la mencionada Constitución y por la Congregación de Ritos, resume: "La razón de ser de la acción pastoral centrada en la Liturgia es hacer que se traduzca en la vida el misterio pascual, en el que el Hijo de Dios, encarnado y hecho obediente hasta la muerte de cruz, es exaltado en su Resurrección y Ascensión de suerte que pueda comunicar al mundo la vida divina, por la que los hombres, muertos al pecado y configurados con Cristo, ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos. Esto se realiza por la fe y los Sacramentos de la fe, principalmente por el Bautismo y por el Sacrosanto misterio de la Eucaristía, en torno al cual se ordenan los demás sacramentos y sacramentales, y el ciclo de celebraciones con que la Iglesia va desplegando a lo largo del año el misterio pascual de Cristo" (AAS 56, 1964, no 6) (cfr. H. Tenny, El misterio pascual en el año cristiano, Barcelona 1964).2. La celebración anual de la Pascua. En la celebración diaria del Santo Sacrificio de la Misa se renueva incruentamente el sacrificio pascual de Cristo, su muerte y resurrección; pero especialmente "La Iglesia, por tradición apostólica, que trae su origen del mismo día de la Resurrección de Cristo, celebra el misterio pascual cada ocho días, en el día que es llamado con razón el día del Señor o Domingo" (Sacr. Conc., 106; V. DOMINGO). Esta memoria la celebra una vez al año con especial relieve "en la máxima solemnidad de la Pascua" (ib., 102). Según parece, al principio todos los domingos del año tenían el mismo carácter e importancia. Pero pronto, en el s. II a más tardar un domingo que era considerado como aniversario de la Resurrección despunta entre el ritmo normal de los demás domingos del año.Sobre las primeras celebraciones anuales de la P. no quedan muchos testimonios. Según algunos la P. anual existía ya en los tiempos apostólicos. Varios textos del N. T., y sobre todo la primera epístola de S. Pedro, habrían sido escritos en función de la catequesis pascual litúrgica, compuesta principalmente de la predicación sobre la fe, sobre los sacramentos de la iniciación cristiana y sobre su celebración como culto de la Iglesia. Según otras opiniones, la fiesta anual de la P., como distinta por su solemnidad de los demás domingos, sería el resultado, obtenido paulatinamente, del deseo de conmemorar con especial atención el aniversario de la Resurrección de Jesucristo. Quizá contribuyera a ello la necesidad de afirmar eficazmente entre los cristianos procedentes del judaísmo (v. JUDEOCRISTIANOS), cuando los hebreos celebraban su P. en las mismas fechas, que la antigua P. había sido reemplazada por la nueva. Las diversas opiniones parecen complementarse.En el s. II la estructura litúrgica de la P. era la de los otros domingos: seguramente un oficio, celebrado durante la noche del sábado al domingo, compuesto de lecturas, cantos, predicación y oraciones, que culminaba, al amanecer, con la Eucaristía. Pero pronto, al organizarse el catecumenado (principios del s. III; v. CATECÚMENO), entró a formar parte de ese oficio la administración oficial y solemne del Bautismo, con los otros sacramentos de la iniciación (v.) cristiana. Desde este momento, la liturgia pascual se va desarrollando hasta formar una Vigilia que se extiende mucho más que las normales. De ahí el nombre que le dan los orientales de pannuquia, es decir, que ocupa toda la noche. Los Padres, por la importancia que va adquiriendo la celebración de la P., llaman a la festividad "madre de todas las Vigilias", en la que nadie puede dejar de participar. Esta participación era favorecida en algunos sitios por el sentimiento popular de que en medio de una celebración pascual volvería Jesucristo. Tal sentimiento promovió en ocasiones un fervor y una tensión de espíritu extraordinarios, de los que se hacen a veces eco las alocuciones de los Padres antiguos pronunciadas en esa ocasión.Al principio en la liturgia pascual dominaban los temas de la Pasión de Jesucristo -justificada por la interpretación de la palabra P. como derivada de pasjein (padecer)- y el de la Resurrección, el del "tránsito" de la muerte a la vida -conforme a la traducción bíblica del término P. por "paso" de Dios-. Cuando se completó la fiesta de la P. con el "triduo sagrado", como fases de una misma solemnidad, el tema de la Pasión se dejó para los otros días (v. SEMANA SANTA). Por otra parte, el tema de la Resurrección, sobre todo en Occidente, fue concretándose, en la Vigilia pascual, en las relaciones del hecho histórico con el Bautismo.Uniendo los elementos de los primitivos oficios nocturnos, la Vigilia pascual consta de tres partes: bendición de la luz, lecturas, con cantos y oraciones, y celebración de los sacramentos de la iniciación cristiana, coronadas por la Misa o Eucaristía. Aunque este esquema se ha mantenido siempre, en el transcurso de los siglos la estructura de la Vigilia pascual y la de la Semana Santa se sobrecargó a veces de elementos accidentales; en la tradición romana, se anticipó la Vigilia a la mañana del Sábado Santo, dejando la Misa para la madrugada o la mañana del Domingo de Pascua. A raíz del movimiento litúrgico (v.) en el s.XX, la Vigilia pascual, como la Semana Santa (v.), fueron objeto de alguna revisión y renovación (cfr. los Decretos Dominicae Resurrectionis Vigiliam, en AAS 43, 1951, 128-129, y Maxima redemptionis nostrae mysterium, AAS 47, 1955, 838-847). Posteriormente, en el Misal Romano publicado en 1970, en experimentación, hay pocas modificaciones.3. La Vigilia Pascual: a. La bendición de la luz. La liturgia de la Vigilia pascual comienza con la bendición de la luz. Ya en la liturgia judía existía este rito: En los oficios vespertinos, al simple gesto de encender las lámparas para alumbrar el local de reunión de la asamblea, se añadió una bendición que tendía a dar un sentido sagrado a esa acción de utilidad. Dentro de los ágapes rituales del sábado o de las vigilias de las grandes fiestas, la bendición de la lámpara adquiría una solemnidad singular. Es muy probable que Jesucristo la hubiera pronunciado en la última Cena. La Iglesia asumió esa costumbre, cambiando el contenido de la bendición judía por otro típicamente cristiano, tal como lo atestiguan los textos más antiguos conservados; hay en ellos una teología sobre la "iluminación" que nos viene del mensaje de Jesucristo. Seguramente la bendición solemne y en comunidad de la luz no se realizaba todos los días; sin embargo, iba enriqueciéndose de plegarias, himnos, exhortaciones, hasta formar un verdadero oficio vespertino, llamado Lucernario.El origen de la liturgia de la luz de la Vigilia pascual hemos de situarlo en el proceso de elaboración del Lucernario, concretamente en el s. iv. De esta época conocemos formularios compuestos expresamente para la bendición de la luz en la Vigilia pascual, que explican el significado de la llama en esta noche iluminada por la Resurrección del Señor; y de un poco más tarde tenemos noticia de ritos anejos que irán evolucionando hasta entrada la Edad Media, sobre todo en Occidente. Cabe notar que para la bendición de la luz se cambió progresivamente el uso de la lámpara por el de un cirio. Los mismos formularios de bendición justifican la preferencia para este elemento: argumentan sobre el simbolismo de la cera, elaborada por la abeja, madre virginal (según la ciencia antigua la abeja concebía asexualmente), figura de la madre Iglesia, que sabe desaparecer mientras se pone al servicio de la luz, convirtiéndose toda ella en llama, imagen de la transformación obrada por Cristo en las almas, que representa la columna luminosa, con su color blanco y el olor agradable que desprende cuando es consumida por el fuego, que conduce al nuevo pueblo de elegidos en su peregrinación hacia la Jerusalén celestial...Entre los formularios de bendición del cirio pascual en los libros litúrgicos antiguos, descuella el que adoptó el rito romano, conocido con el nombre de Exultet, por ser ésta la primera palabra del mismo. Es una composición, escrita posiblemente por S. Ambrosio (m. 397), que pasó a Roma a través de la liturgia galicana. Se trata de una pieza de alabanza al cirio pascual y de acción de gracias por el beneficio de la luz. Con estilo literario de gran calidad y a través de imágenes poéticas, describe el significado espiritual de la luz en la noche iluminada por la Resurrección de Jesucristo, aludiendo a las grandes etapas de la historia de salvación, desde la creación hasta el presente. La primera parte revela el tono de una exhortación, que puede derivarse de la que hacía el diácono al empezar el Lucernario. Terminada la exhortación diaconal, el celebrante cantaría, como le corresponde en el Lucernario, la bendición propiamente dicha, escrita en forma de prefacio. Sin embargo, quizá por razones prácticas, fue el diácono quien asumió ese honor.Aunque en la bendición del cirio pascual, llamada pregón pascual, no hay una línea continua, pues el autor se dejó llevar más bien del entusiasmo espontáneo y de la emoción del acto, rompiendo las mismas frases con exclamaciones, podríamos dividir el Exultet en tres secciones: la que recuerda las figuras de la Pascua en el A. T. su realidad histórica y su dimensión santificadora para siempre; la que pide la bendición divina sobre la luz del cirio, en la que se mencionan las imágenes de la Resurrección del Señor contenidas en la llama y en la cera, de cuyo elemento se hace una apología de sublime lirismo; finalmente, la que ruega por la vida de la Iglesia y por la paz del mundo. Con gran rapidez se pasa de un pensamiento a otro, se mezclan las figuras con la realidad, se relaciona el misterio pascual con la liturgia, se da gracias por los dones que nos vienen de la Resurrección del Señor y se invita a vivir gozosamente la Pascua de hoy como pregusto de la Pascua eterna.En cuanto a los ritos anejos a la bendición del cirio pascual, el más antiguo que conocemos es el del s. V. Proviene de la iglesia de Jerusalén: los cristianos de la Ciudad Santa se reunían delante de la basílica de la Resurrección, al empezar la Vigilia pascual. Todos los fieles llevaban en sus manos sendos cirios. El Obispo encendía tres cirios de la lámpara que ardía día y noche junto al sepulcro de Jesucristo, y luego se pasaba el fuego a los cirios de los diáconos y de los fieles. Seguidamente la asamblea entraba al templo, y comenzaba la Vigilia. Fuera del cambio de los tres cirios por el único cirio pascual, esta costumbre se ha mantenido y ha sido restaurada. Con todo, durante la Edad Media, se enriqueció el rito con nuevos elementos: De la tradición galicana procede la costumbre de obtener el fuego nuevo de la piedra de pedernal, aplicando simbólicamente el uso de Jerusalén, y dando una dimensión cristiana a un rito semejante pagano, por el que se honoraba a las divinidades al principio de primavera. La oración, que acompaña el gesto, resalta su significado: Que de Jesucristo, piedra angular, se obtenga el fuego de la claridad divina y que Él nos conduzca a la fiesta de la luz eterna. Sobre el cirio pascual se acumulan representaciones sensibles (creadas fuera de Roma): se graba en él una cruz, se le inscriben el año en curso y las letras primera y última del alfabeto griego (v. ALFA Y OMEGA), se le adorna con cinco granos de incienso. Estas representaciones aparecen a partir del s. X. Al colocar los símbolos, el celebrante declara su significado: "Cristo, ayer y hoy, principio y fin (alfa y omega); Él posee los tiempos y los siglos (el año). Por sus santas llagas gloriosas nos guarde y nos conserve" (los granos de incienso). La señal de la cruz patentiza la simple bendición que hacía el celebrante al entregársele el cirio pascual.La procesión de entrada al templo, que se hace después de la bendición del fuego y de las inscripciones sobre el cirio, antes del Exultet o pregón pascual, se realiza en silencio, interrumpido por tres veces por las aclamaciones: "Luz de Cristo, demos gracias a Dios"; así se ha hecho siempre, por lo menos desde el s. XII. El cirio pascual se conserva en un candelabro artístico y monumental, al lado del ambón donde se proclama el Evangelio, o cerca del altar, hasta la fiesta de la Ascensión (v.).b. El oficio nocturno, o liturgia de la Palabra. Terminada la liturgia de la luz, tan densa en simbolismos y representaciones, empieza el oficio nocturno propiamente dicho, compuesto de lecturas, cantos y plegarias. Es un oficio que ha sido modelado conforme a un tipo creado por la liturgia sinagogal: En vez de salmos, como en las otras vigilias dominicales, hay una serie de cánticos tomados de la S. E. que prolongan de un modo lírico, cual respuesta de la asamblea, las lecciones.Analizando los ritos orientales y occidentales, se observa que han existido, y existen todavía algunas diferencias en la selección de lecturas, así como en el número de ellas. En la liturgia romana, al principio, coronando un conjunto de lecturas del A. T., probablemente 12 (seis de los profetas y seis de la Ley) como en otras liturgias, se leía el relato evangélico de la Pasión. S. Gregorio (m. 604) las redujo a cuatro. También desapareció la lectura de la Pasión, que es más propia de los días de Semana Santa. El Pontifical romano del s. XII indica de nuevo 12 lecciones. Con la reforma del a. 1955 se vuelven a reducir a cuatro. En el Misal publicado en 1970, se introdujeron varias más, con posibilidad de elegir. El proceso de evolución del sistema de lecturas, con losformularios correspondientes, se ha fijado preferentemente en la temática del Bautismo, figura y realización fundamental de la P. en el hombre.Las cuatro lecturas fundamentales del rito romano (1955) son: 1) Narración de la creación del mundo y del hombre (Gen 1,1-31; 2,1-2); por Jesucristo, la imagen de Dios que es el hombre, ha sido restablecida; la redención es una nueva creación, más admirable que la primera (plegaria de conclusión). 2) El paso del pueblo de Israel por las aguas del mar Rojo, consumación de la P. del A. T. (Ex 14,24-13; 15,1), se realiza plenamente "por el agua de la regeneración", por el Bautismo (plegaria de conclusión). Entre la lectura y la colecta, la asamblea repite el cántico de Moisés y de los hijos de Israel, el cántico pascual por excelencia (Ex 15,1 ss.); todas las liturgias son concordes en indicar esa lectura y el cántico que ella introduce. 3) Dios no abandona a sus criaturas, a pesar de sus infidelidades; escoge a un pequeño grupo, del que saldrá el Mesías, quien salvará al pueblo, purificándole de sus pecados e iluminándole con la luz de su gloria (Is 4,2-6). Sigue el cántico de la viña del Amado (Is 5,1-2), que Jesucristo mismo aplicó a su obra de redención (cfr. Mt 21,33-42). La oración conclusiva toma la imagen de la viña del Señor; aludiendo a la predicación de Jesucristo después de la última Cena (lo 15,1-8), la Iglesia pide que Dios mismo cuide su viña para que dé frutos abundantes. 4) Moisés, antes de morir, recomienda al pueblo la fidelidad a la alianza contraída con Dios (Dt 31,22-30). Los fieles se comprometen a seguir el camino de la fidelidad, cantando a continuación el poema que Moisés compusiera en aquella circunstancia (Dt 32,1-4). También las palabras del Profeta son regla de conducta para los cristianos -ratifica la plegaria conclusiva-: que la confianza expresada en el cántico de Moisés, se pide en la misma, se traduzca en alegría y en esperanza de salvación.Con esa liturgia de la Palabra, se pone fin a la catequesis pre-bautismal de los catecúmenos y a la instrucción cuaresmal de todos los fieles. Estas lecturas, junto con las que existían antes de la reforma del a. 1955 y las que escogen los otros ritos, sintetizan los grandes temas de la liturgia del tiempo preparatorio a la P. (v. CUARESMA). En el Misal de 1970 se añaden aquí la lectura de la epístola y del Evangelio de la Misa, empezando ésta directamente con el ofertorio.c. La liturgia bautismal. El signo de la Palabra de Dios debe ir acompañado del rito significado por él, según el principio general cristiano de que la Palabra reclama el Sacramento. Así, es lógico que se administren los Sacramentos de la iniciación (v.) cristiana, siempre que sea posible, dentro de la Vigilia pascual. Toda la liturgia de esa noche está centrada, de la manera más explícita, en la memoria de los hechos históricos que son el principio y el fin de la vida cristiana (Bautismo-Eucaristía).Después de los tiempos apostólicos, los Sacramentos de la iniciación cristiana era frecuente que se administrasen cuando se reunían los fieles, normalmente los domingos. Pero a medida que iba tomando importancia la fiesta de la P. y la Iglesia crecía en número, se tuvo que organizar el catecumenado conjunto (v. CATECÚMENO) y se destinó la fecha de la P. como término de la preparación inmediata a la recepción de los Bautismos. La liturgia pascual era un marco adecuado para mejor comprender su significado (v. BAUTISMO II-III Y CUARESMA). Al lograrse de hecho la universalidad de la Iglesia y, por consiguiente, bautizar normalmente a los recién nacidos hijos de padres ya cristianos, el catecumenado como institución ya no era tan necesario, y, por tanto, cayó en desuso el bautizar durante la Vigilia pascual. La reforma del a. 1955 alentó volver a la tradición antigua: prevé la posibilidad de la administración del Bautismo a niños nacidos en fecha cercana o a adultos conversos (y la Confirmación, si el celebrante es Obispo) y, aunque no se hable de la Primera Comunión, cabe suponerla si los que se bautizan son adultosCon las letanías de los santos, la liturgia romana da comienzo a la celebración bautismal. Las letanías se introdujeron en Roma, procedentes de los ritos orientales, con el fin de que los fieles cubrieran el tiempo en que los ministros y los catecúmenos se dirigían al baptisterio y se administraban allí los primeros Sacramentos. Desde sus lugares respectivos, los fieles se unían espiritualmente a los neófitos, invocando a la Iglesia celestial, recordando las grandes etapas de la redención, y orando por todas las necesidades. Hoy en día las letanías se recitan en dos partes. Recitada la primera parte con la invocación de los Santos se procede a la bendición de las fuentes bautismales, en los templos donde debe hacerse, a los Bautismos si los hay, y a la renovación por todos de las promesas del Bautismo.Hay noticias de que en el s. III ya se consagra el agua bautismal, seguramente usando una fórmula epiclética, de invocación al Espíritu Santo. La consagración del agua bautismal comportará también un exorcismo. Es sobre esas bases que los ritos de Oriente y de Occidente desarrollarán los textos pertinentes, que vendrán completados con el rito de la infusión del óleo sagrado, sea únicamente del óleo de los catecúmenos sea del crisma o de ambos a la vez (v. ÓLEOS, SANTOS). Mientras la tradición oriental prevé la consagración de las fuentes bautismales siempre que se administra el Bautismo, el rito romano tiene, en principio, una sola consagración al año, revestida de una gran solemnidad: la realizada durante la Vigilia pascual. El formulario de la consagración de las fuentes bautismales del rito romano existía ya en la primera mitad del s. VI o quizá anteriormente (Liber Sacramentorum Romanae Ecclesiae ordinis circuli, Sacramentarium Gelasianum, ed. L. C. Mohlberg..., Roma 1960, n° 444-448, 72-74). Con el tiempo se le fueron añadiendo ritos, procedentes principalmente de la liturgia galicana, destinados a acentuar visiblemente el sentido de los pasajes del texto (introducción en el agua del cirio pascual, crismación, triple exuflación, divisiones del agua...). El texto es una de las piezas más sublimes de la liturgia romana. Siguiendo el estilo de prefacio, posee una epíclesis (v.) y una anámnesis (v.), con una descripción sobre el significado del Bautismo de una profundidad teológica difícilmente superable. En el Misal de 1970, en experimentación, aparece todo esto algo reducido. (Sobre los ritos de la administración del Bautismo, v. BAUTISMO III). La consagración del agua bautismal, así como la administración del Bautismo cuando puede hacerse, se realizan delante de todos los tieles. Conforme a la tradición, la parte preparatoria se debe hacer el Sábado Santo (v. SEMANA SANTA).Para recalcar más el sentido bautismal de la Vigilia, la Iglesia introdujo, con la reforma de 1955, el rito de la renovación del compromiso bautismal por parte de todos los fieles presentes (si se ha consagrado el agua, después de haberla llevado procesionalmente al baptisterio). Pese a que el rito de la renovación de las promesas del Bautismo es de creación moderna, no es algo nuevo en la tradición de la Iglesia. Sabemos cómo los antiguos cristianos conmemoraban durante las fiestas pascuales su propio bautismo junto con los neófitos.d. La Misa. Terminada la liturgia bautismal, se introduce la celebración de la Misa o Eucaristía, acto culminante de la Vigilia pascual, con la última parte de las letanías, recordando las grandes etapas de la vida de Jesucristo y rogando por las necesidades de la Iglesia. Hemos indicado más arriba el sentido de la Eucaristía como expresión máxima del misterio pascual, pues ella es la renovación y memorial por excelencia de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo.La liturgia de la Palabra de la Misa de la Vigilia pascual en el rito romano tiene la doble temática del resto del oficio nocturno: la memoria del hecho histórico de la Resurrección (evangelio) que se realiza en el hombre (epístola y oraciones). Después de un periodo de silencio, resuena de nuevo el himno del Gloria que en su origen se cantaba en el oficio matinal del domingo. Igualmente se renueva la aclamación del Aleluya, la aclamación del cristiano ante la maravilla de la P., el canto del cielo, según el Apocalipsis (9,1-6). El Aleluya es el solemne anuncio de la presencia de la P., entonado ahora tres veces por el celebrante, del que nos hablan ya los antiguos Padres.Durante el s. x, fuera de Roma, se introdujeron una serie de cantos para después de la Comunión, que constituyeron el oficio de Vísperas, al ser anticipada la Vigilia pascual. La liturgia romana asumió esa interpolación. Con la reforma del a. 1951 fue suprimida, pero en el a. 1952 apareció de nuevo, transformándose el oficio de Vísperas en el de Laudes del domingo.La Vigilia pascual pertenece al domingo. Conforme a la mentalidad judía, heredada por los cristianos primeros, el día comienza a la caída de la noche. Por esto la primera fiesta pascual es propiamente la Vigilia, que culmina con la Misa cuando el Domingo de Pascua ya está comenzado. El tiempo pascual. En la liturgia de la Vigilia pascual convergen dos vertientes; por una parte señala el fin de la ejercitación cuaresmal y del triduo que forma una sola festividad, y por otra manifiesta la "iluminación" de Dios, obrada por el acontecimiento de la Resurrección de Jesucristo. La liturgia de la Vigilia pascual expresa el significado del "paso" de la muerte a la vida.El tiempo pascual es la prolongación de la "memoria" de la Resurrección del Señor. Ya al principio, o poco después, de instituirse la fiesta propia de P. se consideró que ésta se extiende, como si fuera una celebración única, durante 50 días. Luego, se conmemorarán, en el transcurso de la cincuentena, los hechos históricos circunscritos de la Resurrección, de la Ascensión (v.) y de Pentecostés (v.). Luego se introducirán "memorias" de los santos, con formularios ielacionados directamente con la Pascua.Insistiendo en el tema de la Resurrección, aunque con referencias explícitas al Bautismo, la segunda Misa pascual -la que suele llamarse del domingo- es como una expansión de la alegría anunciada en la Vigilia: "Es el día que ha hecho el Señor. Estemos alegres y celebrémoslo con alegría" (Ps 117), repiten todas las liturgias.A ejemplo de las fiestas hebreas, la P. fue dotada de una octava (v.) de prolongación. En Roma la semana dentro de la octava fue organizándose teniendo presente la participación de los neófitos; así los textos, que anteriormente eran escogidos más bien para ilustrar el hecho de la Resurrección, se seleccionan también en vistas al significado del Bautismo, que será vivido especialmente durante esos días, con ritos y ceremonias expresivos, por los nuevos cristianos (vestiduras blancas, visitas colectivas al baptisterio, etc.).Las diferentes liturgias, siguiendo una regla de la primitiva Iglesia, prefieren para el tiempo pascual la "lectura continua": de los Hechos de los Apóstoles -el libro del testimonio de la Resurrección-, del Apocalipsis -la visión de la P. escatológica-, y el evangelio de S. Juan -la buena nueva de la "iluminación"-. La liturgia romana se singularizó por la lectura de las cartas católicas en la Misa, pero en el Oficio divino está concorde con los demás ritos.De los mismos textos litúrgicos principalmente, tan ricos de contenido por lo general, ha de surgir la fuente de la espiritualidad y de la pastoral propias del tiempo pascual. El misterio pascual es siempre un término y un principio renovadores; es el fruto de la ascesis cristiana intensificada durante la Cuaresma y la semilla de una esperanza más profunda en la P. definitiva, de una mayor unión con Dios y de una fraternidad más responsable (cfr. oraciones del tiempo pascual).V. t.: SEMANA SANTA; ASCENSIÓN 11; PENTECOSTÉS 11; MISA; EUCARISTÍA 1-11; AÑO LITúRGICO.A. ARGEMI ROCA.
BIBL.: E. LLOPART, La protovetlla pasqual apostólica, en "Liturgia, lu, Montserrat 1956, 387-522; O. CASEL, La féte de Páques dans l’Église des Péres, París 1963; R. CANTALAMESSA, La Pasqua della nostra salvezza: Le tradizioni pasquali della Bibbia e della primitiva Chiesa, Turín 1971; M. RIGHETTI, Historia de la Liturgia, 1, Madrid 195, 774-867; F. J. DOELGER, Lumen Christi, París 1958; J. PINELL, La benedicció del eiri pasqual i els seas textos, en "Liturgia lln, Montserrat 1958, 1-119; C. P. L. DE PARís, El misterio pascual, Salamanca 1966; J. GAILLARD, El misterio pascual p su liturgia, Barcelona 1959; L. BOUYER, El misteri pasqual, Barcelona 1965; B. FISCHER y J. WAGNER, Paschatis sollemnia, Friburgo de Br. 1959; E. LoEHR, Los misterios pascuales, Madrid 1962; E. FLICOTEAux, Le trioniphe de Páques, La cinquantaine pascale, París 1957. V. t. en las obras citadas en la Bibl. del art. AÑO LITÚRGICO la parte correspondiente a Pascua.
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