Paraguay III. Historia. HIST.
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Historia
La historia de P. es una de las más dinámicas de los pueblos hispanoamericanos. Centro de la conquista y de la civilización del Río de la Plata, bajo el dominio de España dio nacimiento a Buenos Aires y otras importantes ciudades de la Argentina, fue asiento de las famosas Misiones jesuíticas y produjo la Revolución de los comuneros que anticipó principios de la Revolución francesa. Independizado de España, creó el primer Estado totalitario americano bajo la dictadura del Dr. Francia, siguió luchando por su independencia contra el dictador Rozas de la Argentina, combatió en guerra homérica de cinco años contra Brasil, Argentina y Uruguay hasta sucumbir totalmente aniquilado, para organizarse luego democráticamente y empeñar otra guerra contra Bolivia. Volvió luego a las formas autoritarias y desde 1967 tiene una Constitución transaccional entre dictadura y democracia. Con Bolivia son los dos únicos países mediterráneos de América, y es el único que ha conservado como idioma nacional el guaraní, hablado por sus primitivos pobladores.Debe su nombre al río cuyas orillas ocupa y que desempeñó importante papel en su historia. Paraguay es voz guaraní que, según la más difundida etimología, quiere decir: el río de los hombres que vienen del mar.1. Prehistoria. Antes del descubrimiento, varias culturas indígenas imperaban en ambas orillas del río P. La más importante y de mayor influencia en el desarrollo histórico fue la guaraní (v. TUPÍ-GUARANÍES), íntimamente emparentada con la tupí del Brasil y con ramificaciones en todo el continente. Indios guerreros (guaraní quiere decir guerrero), su cultura material era muy pobre, pero su lengua opulenta y muy extendida en América, donde era la linga geral. Su religión, rica en hermosas teogonías, impregnaba al indígena de profundo misticismo que los jesuitas utilizaron diestramente cuando eligieron a este pueblo para su notable experiencia misionera. El Chaco estaba habitado por otras culturas, muy distintas de laguaraní, con preponderancia de los guycurúes, hoy casi totalmente extinguidos, a diferencia de los guaraníes, que sobreviven en tribus selvícolas o profundamente mezclados en la población paraguaya por un intenso mestizaje iniciado en la conquista (v. CHACO, INDIOS DEL).2. Descubrimiento. Desde poco después del descubrimiento de América, el centro del continente, hacia donde llevan los ríos que forman la cuenca del Plata, interesó a españoles y portugueses porque en esa región se ubicaban las fabulosas tierras de la Sierra de la Plata, o Eldorado (v.). Juan Díaz de Solís (v.) fue el primero en remontar el río de la Plata (1516) en busca de las riquezas, pero los indígenas le mataron apenas iniciada la empresa. Uno de los sobrevivientes, Alejo García, refugiado en la costa del Brasil, se internó en el continente con el mismo objetivo. Fue el primer europeo que pisó tierra paraguaya (ca. 1524). Al frente de un ejército indígena llegó hasta los lindes de Perú. Regresó cargado de riquezas y fue asesinado por los guaraníes a orillas del río P. En 1526 una armada al mando de Sebastián Caboto (v.) exploró el río Paraná y llegó hasta cerca de la actual Asunción (1528). En disputa con otro conquistador, Diego García, ambos regresaron a España para dirimir derechos y allí propalaron sugestivas noticias sobre las grandes riquezas del P. Sonaba por primera vez este nombre en la historia americana.3. Conquista. Portugal alegó que el Río de la Plata caía dentro de su demarcación. Para ganarle de mano y tomar posesión de tierras con tanta fama de riquezas, el Adelantado Pedro de Mendoza (v.) fue enviado con lucida armada en 1535 como gobernador de la provincia del Río de la Plata o Paraguaya, que de este modo quedaba legalmente fundada. Erigida la casa fuerte de Buenos Aires (v.) en la boca del río, Mendoza despachó hacia el Norte a su lugarteniente Juan de Ayolas, quien remontó los ríos y se internó en el Chaco, siguiendo la ruta de Alejo García. Enviado en su auxilio el capitán Juan de Salazar, fundó a orillas del río P. el puerto y casa fuerte de Nuestra Señora de la Asunción el 15 ag. 1537 (v. ASUNCIÓN II). Mendoza regresó a España, para morir en el trayecto, dejando en su reemplazo a Ayolas o a quien éste hubiese designado. De este modo y en virtud de la Real Provisión de 12 sept. 1537, que convalidó estas sustituciones y facultó, en defecto de las mismas, a los conquistadores a designar gobernador por votación "según Dios y sus conciencias", surgió en el primer plano Domingo Martínez de Irala (v.), dejado por Ayolas como lugarteniente y una vez comprobada la muerte de este último, a su regreso de Perú. Despoblada Buenos Aires y concentrados todos los conquistadores en el P., Asunción fue convertida en ciudad (12 sept. 1541) y asumió la capitalidad de la conquista.Un nuevo Adelantado, Alvar Núñez Cabeza de Vaca (v.), insistió en las tentativas de alcanzar la Sierra de la Plata. Fracasó en su empeño, por lo cual y por su carácter autoritario, Cabeza de Vaca fue depuesto al grito de "libertad, libertad". Irala, designado gobernador por el voto popular, renovó los esfuerzos para llegar a las tierras ricas, hasta persuadirse en 1549 que ellas no eran sino el Perú, ya conquistado por otros españoles. El P. se sobrepuso a la frustración del objetivo principal de la conquista, por la íntima alianza y cruzamiento entre españoles y guaraníes, que le dio fama de "paraíso de Mahoma", ya que la poligamia fue la característica de la nueva sociedad. Se generó una briosa descendencia, los "mancebos de la tierra", que, contrariamente a lo que ocurría en otras provincias, pronto ocuparon los primeros planos, considerados iguales en todo a los españoles gracias a la sabia política iniciada por Irala. La conquista quedó consolidada de tal suerte, sin guerras, y de entonces arranca la adopción del guaraní como lengua común dominante.4. Colonización. Irala murió en 1556 y fue muy llorado como "padre del Paraguay". Sus sucesores, entre los cuales dos Adelantados, Juan Ortiz de Zárate y Juan Torres de Vera y Aragón, cumplieron sus planes de colonización de las tierras descubiertas con el doble propósito de dar salida a los turbulentos mestizos y de "abrir las puertas de la tierra", pues pasaban años sin comunicación con España ni con el Perú. En el Oriente fueron fundados Ontiveros, Ciudad Real, Villa Rica del Espíritu Santo y Santiago de Xerez; en el Occidente, Nueva Asunción y Santa Cruz de la Sierra. El P. retornó luego al mar y a ese efecto fundó a lo largo del litoral Corrientes, Santa Fe y Buenos Aires, que en 1580 quedó definitivamente establecida como ciudad en el mismo asiento del primitivo fuerte. En estas fundaciones los "mancebos de la tierra" formaron el mayor número; adalides principales de ellas fueron Nuflo de Chaves (v.) y Juan de Garay (v.). Un hijo de la tierra, Hernando Arias de Saavedra, conocido como Hernandarias, fue llevado al poder primero por el voto popular y luego por decreto de la corona, siendo el primer americano que advenía al gobierno; consolidó la colonización y presidió en 1598 asambleas de diputados de las nuevas ciudades, que proclamaron a Asunción "madre de ciudades". En esta época, el P. era llamado "provincia gigante de Indias", pues casi no tenía límites. Hernandarias confesaba deberle "amor de Patria", y Ruy Díaz de Guzmán, nacido en el P. y su primer historiador, decía haberescrito "La Argentina", "por el amor que se debe a la patria".División de las provincias. Primero la clausura de Buenos Aires al comercio marítimo y luego la división en 1617 de la provincia en dos (el P. sólo conservó Asunción, Villa Rica y Ciudad Real), abrieron una etapa penosa en la historia paraguaya. Acosada la provincia por la guerra de los bandeirantes (v.) paulistas por el Oriente y por los guaycurúes del Chaco por el Occidente, y al mismo tiempo expoliada por una política rentística que esquilmaba su principal producción, la yerba, los infortunios vigorizaron la temprana conciencia nacional y agudizaron las peculiaridades que le conferían singularidad en el mundo americano. De súbito, P. adquirió notoriedad mundial con la implantación en sus tierras de las famosas Misiones de la Compañía de Jesús.Misiones jesuíticas. Desde 1609 hasta 1767, los jesuitas realizaron con los indios guaraníes del P. un original experimento de gobierno teocrático sobre la base de la comunidad de bienes y del rígido disciplinamiento de la vida individual y social. Primeramente instalados en el Guairá, donde sobresalió el P. Antonio Ruiz de Montoya, luego se establecieron entre los ríos Tebicuary y Uruguay, y allí 33 pueblos alcanzaron un alto grado de esplendor material y espiritual. El P. Roque González de Santa Cruz, nacido en P., fue uno de los más conspicuos misioneros. Los bravíos guaraníes perdieron sus hábitos guerreros y se coñvirtieron en agricultores, artesanos y artistas. Nicolás Yapuguay fue el más famoso de los indios reducidos, autor de libros, músico, orador y gramático. En las Misiones surgió la primera imprenta del Río de la Plata, fabricada con materiales de la selva. El guaraní fue la lengua utilizada y a ella fueron vertidas importantes obras de teología.Comuneros. Despertaron entre los paraguayos mucha resistencia los jesuitas por sus esfuerzos abolicionistas de la encomienda (v. REPARTIMIENTOS), que, sólidamente conectada con la mezcla racial y sin las crueldades que caracterizaban esa institución en otras partes de América, constituía el basamento de la convivencia paraguaya. Además, el régimen social misionero contrastaba violentamente con el espíritu de libertad que reinaba en el resto de P., con instituciones peculiares, que no encajaban en la legislación indiana, pero que representaban la ancestral voluntad autonómica del pueblo. El obispo fray Bernardino de Cárdenas insurgió contra los jesuitas el viejo partido "comunero", que ya existía desde los tiempos de Irala, y electo gobernador por el voto del pueblo en 1649 les expulsó de la provincia, aunque por poco tiempo. Menos de un siglo después, desde 1717 hasta 1735, volvió a convulsionarse P. en la Revolución de los comuneros. Aunque iniciada a raíz de una entrega a los jesuitas de indios capturados en una expedición por el gobernador Diego de los Reyes y Balmaceda, pronto rebasó ampliamente sus primeras finalidades para cobrar los alcances de una vasta conmoción popular. José de Antequera y Castro y Fernando de Mompox proclamaron doctrinas avanzadas sobre el origen del poder político. El gobernador de Buenos Aires, Bruno Mauricio de Zavala, aplastó implacablemente la revolución luego de la batalla de Tabapy. Antequera fue ajusticiado en Lima. Igual suerte corrieron los principales comuneros, excepto Mompox, que logró desaparecer, sin dejar rastros. La Real Provisión de 1537 quedó abolida.5. Virreinato. En 1767 los jesuitas fueron expulsados de los dominios españoles. Las Misiones de P., entregadas a seglares y religiosos, no tardaron en entrar en un proceso de decadencia. Pero los indios no retornaron a la selva. En 1777, P. pasó a integrar el nuevo virreinato del Río de la Plata, cuya capital era Buenos Aires. Los últimos gobernadores españoles -Agustín Fernando de Pinedo (1772-78), Pedro Melo de Portugal (1778-86), Joaquín de Alós y Brus (1786-96), Lázaro de Ribera de los Monteros (1796-1806) y Bernardo de Velasco y Huidobro (1806-11)- procuraron reanimar la economía paraguaya, muy castigada por las convulsiones y por una equivocada política fiscal, que agobiaba con gabelas a la principal producción paraguaya: la yerba.6. Independencia. Aunque el movimiento revolucionario fue aplastado, las ideas que le impulsaron se mantuvieron latentes en P. Alarmado el gobernador Ribera por el auge que ellas tomaron al soplo de las doctrinas de la Revolución francesa, intentó reprimirlas suprimiendo las numerosas escuelas, venero de las concepciones populistas, para crear una sola en Asunción donde se enseñaría un catecismo del absolutismo. Estuvo a punto de ser expulsado del poder por el pueblo. Le salvó el doctor José Gaspar Rodríguez de Francia (v.), egresado de la Univ. de Córdoba, ya entonces de gran ascendiente y que era enemigo de la violencia. Los últimos años del periodo colonial fueron de sobresalto. Cuando estalló la revolución en Buenos Aires, y esta ciudad pretendió que P. le reconociera como heredera del poder virreinal, el pueblo en masa salió al encuentro del ejército que, al mando del general Manuel Belgrano (v.), envió para auxiliarlo a desprenderse de sus gobernantes españoles. Derrotado Belgrano en Paraguarí (19 en. 1811), capituló en Tacuarí (9 mar. 1811) y abandonó el país luego de asegurar que su propósito no había sido la conquista de P.El pueblo paraguayo aplicó en su provecho la doctrina proclamada por Buenos Aires. La soberanía había recaÍDo en él por el cautiverio de Fernando VII, y Buenos Aires no tenía derecho a alegar la representación de ese monarca. La semilla revolucionaria, abonada por los limos de la tradición comunera, prendió briosa. El 14 mayo 1811 estalló el movimiento revolucionario dirigido en lo militarpor el capitán Pedro Juan Caballero y en lo político por el Dr. Francia. Se formó un triunvirato presidido nominalmente por el gobernador Velasco, que antes de un mes era destituido definitivamente. En junio se reunió un congreso que constituyó una junta gubernativa presidida por Fulgencio Yegros, uno de los héroes de las recientes jornadas. P. propuso a Buenos Aires la federación, como un modo de preservar el antiguo virreinato, pero la antigua capital prefirió la alianza militar, sobre cuya base se firmó el tratado de 12 oct. 1811 que, de hecho, sancionó la independencia paraguaya.7. República. El Dr. Francia ocupó pronto el primer plano dentro del movimiento revolucionario. Su prestigio se realzó cuando comenzaron las dificultades con Buenos Aires, que volvió a exigir el reconocimiento de su supremacía y amenazó con represalias económicas. Un congreso, reunido el 12 oct. 1813, proclamó la República, la primera en esta parte de la América hispánica, que adoptó los colores nacionales y constituyó un consulado bipersonal, ejercido alternativamente por Francia y Yegros. Buenos Aires, corroÍDa por la anarquía, no reaccionó. P. decidió no inmiscuirse en las luchas intestinas del Río de la Plata. Así rechazó las incitaciones del general Artigas (v.) para revivir la federación contra Buenos Aires.Dictadura. Un congreso proclamó, en 1814, a Francia dictador supremo temporario y dos años después prolongó su mandato, "como ser sin ejemplar", per vitam. No se definió la institución de la dictadura y desde entonces la única ley fue la voluntad del Dr. Francia. Gobernó omnímodo hasta su muerte en 1840. La razón de su absolutismo fue que sólo así P. podría defenderse de Buenos Aires. En 1820 hubo un conato revolucionario y fueron ajusticiados Yegros y muchas otras figuras de la Revolución emancipadora. El Dr. Francia no admitió rivales u opositores, y tampoco consintió partidarios ni cortesanos. Vivía recluido y no otorgaba en el ejército más que grados inferiores. Empobreció a toda la clase mercantil con multas y confiscaciones. Llenó las cárceles de desafectos. Extinguió toda relación con el mundo exterior. Rodeó a P. de impenetrables murallas. Nadie podía entrar impunemente.El sabio francés Aimé Bonpland estuvo cautivo diez años por haber violado el enclaustramiento paraguayo. Los barcos se pudrieron en los puertos. P. se abasteció a sí mismo, y en pequeña porción satisfacía sus necesidades en los artículos que no podía producir mediante una rendija abierta en Itapúa para el comercio brasileño. También permitió el Dr. Francia, por única y última vez, un emisario del Imperio de Brasil, José Antonio Correa da Cámara, que procuró, en vano, la alianza paraguaya contra la Argentina. Bolívar intentó la conquista de P. para libertar a Bonpland, pero sus planes fueron rechazados por Buenos Aires. Reinaba la quietud más absoluta. P. era un vasto cuartel, un oasis de paz en el mar crepitante de la anarquía del Río de la Plata. El Dr. Francia murió (20 sept. 1840) sin haber dejado ninguna disposición para su sucesión. Se apoderaron del poder los militares y, luego de un breve periodo anárquico, un congreso restableció en 1841 el consulado con el comandante general de armas Mariano Roque Alonso y Carlos Antonio López. Este último, antiguo profesor de filosofía, pronto habría de eclipsar al primero.Carlos Antonio López. El II consulado ratificó solemnemente la independencia nacional (25 nov. 1842), requisito no cumplido hasta entonces, omisión alegada por el poderoso gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, para insistir en la incorporación de P. a la confederación argentina. C. A. López fue designado en 1884 presidente de la República, conforme a la Constitución promulgada ese año, que creaba un poder ejecutivo fuerte, aunque no arbitrario. Su principal empeño se dirigió a obtener el reconocimiento de la independencia por las naciones extranjeras. Logró que el Imperio de Brasil, uno de los primeros países en proceder a ese reconocimiento, le auxiliara en el exterior. Dos veces, en 1845 y 1849, P. se puso en campaña militar contra Rosas, pero éste rehuyó hábilmente la lucha armada, hasta que en 1852 fue expulsado del poder. El nuevo gobernante argentino, Justo José de Urquiza, se apresuró a reconocer la independencia de P. Se inició una nueva etapa en la vida paraguaya, enderezada a la formación de una economía industrial. Una misión presidida por el general Francisco Solano López (v.) recorrió Europa; contrató técnicos, adquirió barcos y maquinarias, con los cuales se crearon altos hornos, flota mercante, arsenales, astilleros, al mismo tiempo que se organizaba un poderoso ejército.Si el problema de la independencia parecía resuelto, surgieron otros no menos importantes. Brasil reclamó límites que P. estimó peligrosos para la seguridad nacional, por cuya razón tampoco C. A. López quiso conceder libertad de navegación sin condiciones. En 1855 el Imperio envió una escuadra para someter a P., pero obtuvo mediocres resultados. En 1858 preparó otra expedición, esta vez con apoyo terrestre, y destacó a Asunción a su principal diplomático, José María da Silva Paranhos, quien luego de procurar la eventual alianza argentina, obtuvo al fin la libertad de navegación incondicional. La cuestión de límites quedó aplazada, y en Brasil hubo la convicción de que los problemas con P. sólo podían resolverse mediante la guerra. Con Argentina no hubo muchas dificultades en el terreno de los hechos, pero tampoco pudieron trazarse los límites. López se negó resueltamente a admitir la pretensión argentina, sobre todo, el Chaco, "que sería como cortar la mano a un hermano". También el trazado de las fronteras fue diferido. Hubo otras dificultades internacionales graves. Estados Unidos envió en 1858 una fuerte escuadra para obtener satisfacciones e indemnizaciones por el bombardeo del barco norteamericano Watter Witch y para apoyar las reclamaciones del aventurero Edward Hopkins, que había introducido capitales de ese país y formado nuevas industrias, pero que no aceptó las reglamentaciones paraguayas. Los entredichos tuvieron pacífica solución. Las satisfacciones fueron otorgadas, y el pleito Hopkins fue sometido a un tribunal arbitral que, reunido en Washington, dio la razón a P.Por el mismo tiempo hubo conflicto con Inglaterra por el apresamiento del súbdito inglés Santiago Canstatt, implicado en un complot revolucionario y condenado a muerte. La escuadra inglesa surta en el Río de la Plata atacó al cañonero paraguayo Tacuarí, que conducía al general Francisco Solano López de regreso a Asunción, luego de haber obtenido un sonado éxito diplomático como mediador en la secesion argentina con el pacto de Unión Argentina (11 nov. 1859). F. S. López debió proseguir viaje por tierra, y el Tacuarí no fue liberado sino luego que Canstatt quedó en libertad. Otro pleito se suscitó con Francia, que también envió barcos de guerra, con motivo de la disolución de la colonia de Nueva Burdeos, formada con súbditos franceses. C. A. López accedió a las reclamaciones y pagó la indemnización exigida "para comprar la paz paraguaya". C. A. López falleció (10 sept. 1862) dejando un país próspero y floreciente, pero coninquietantes problemas internacionales. Sus últimas palabras a su sucesor constitucional, el general F. S. López, fueron: "Hay muchas cuestiones pendientes a ventilarse, pero no trate de resolverlas con la espada, sino con la pluma, principalmente con Brasil".El mariscal López. Sin ánimo de alterar la estructura política, aunque sí la orientación externa, F. S. López (v.) asumió el poder (16 oct. 1862). Quiso erigirse en el mantenedor del equilibrio del Río de la Plata, mediante la actuación diplomática apoyada por el poderío militar. La ocasión se le presentó cuando en 1863 estalló una revolución en Uruguay, encabezada por el general Venancio Flores, que contaba con el apoyo de las autoridades y de la opinión de Buenos Aires. El gobierno de Montevideo destacó a Asunción a Octavio Lapido para denunciar que el apoyo argentino obedecía al plan de anexión de Uruguay. P. sostuvo que la consecución de semejante objetivo alteraría el equilibrio del Río de la Plata y demandó explicaciones al Gobierno argentino del general Bartolomé Mitre (v.). Las explicaciones no fueron proporcionadas, pues Buenos Aires no admitió la mediación paraguaya en los asuntos del Río de la Plata, amén de sospechar acuerdos secretos entre Asunción, Montevideo y también el general Urquiza. A poco intervino el Imperio de Brasil, que envió a Montevideo una misión, apoyada por una escuadra y un ejército, para reclamar garantías contra los perjuicios que los súbditos brasileños sufrían con motivo de la revolución.Otra misión fue destacada por Montevideo a Asunción, a cargo de José Vázquez Sagastume, quien denunció que Brasil y Argentina estaban obrando de consuno para luego repartirse los dos países. Efectivamente, sólo existía un entendimiento entre ellos, y también con el general Flores, para actuar conjuntamente en los problemas que se suscitasen, en relación sobre todo con P. López no aceptó la alianza propuesta por Montevideo, ni escuchó los consejos de Urquiza en este sentido, pero cuando la misión brasileña en Montevideo envió un ultimátum al gobierno uruguayo, amenazando con tomar satisfacciones con sus propias manos, López adoptó una actitud enérgica. Envió una protesta (30 ag. 1864) a Brasil y anunció que no consentiría que el Imperio, en cumplimiento de su intimación, invadiera territorio uruguayo. La invasión se produjo y, en consecuencia, P. apresó (12 nov. 1864) en sus aguas el barco brasileño Marqués de Olinda.Una expedición naval salió de Asunción (14 dic. 1864) y, en unión con fuerzas terrestres partidas de Concepción, en poco tiempo se apoderaron de las principales posiciones brasileñas en el sur de Mato Grosso. Se pidió permiso a la Argentina para cruzar su territorio a fin de combatir a Brasil en Uruguay. Denegada la solicitud, a pesar de estar apoyada al principio por el poderoso general Urquiza, un congreso aprobó (18 mar. 1865) la conducta con Brasil y declaró la guerra a la Argentina. López fue ascendido a mariscal. La declaración fue comunicada (29 mar. 1865) a Buenos Aires, y una escuadrilla paraguaya apareció frente a Corrientes (14 abr. 1865), apoderándose de los barcos argentinos Gualeguay y 25 de Mayo. Al día siguiente, fuerzas terrestres se apoderaron de la ciudad. Se firmó (1 mayo 1865) un tratado secreto entre Argentina, Brasil y Uruguay, donde la revolución había triunfado (V. TRIPLE ALIANZA, GUERRA DE LA). Los tres países se comprometieron a no deponer las armas hasta que López fuera depuesto, trazaron los futuros límites de P. y le impusieron el pago de los gastos de guerra y una indemnización.Al mando del general Wenceslao Robles, una división paraguaya avanzó hasta Goya, con escasa resistencia. Los argentinos ocuparon por sorpresa Corrientes, por algunas horas. López ordenó la retirada de Robles, pero éste vaciló, pues Corrientes había sido recuperada, por lo cual, reemplazado por el general Francisco Resquín, aquél fue fusilado. En Riachuelo combatieron las escuadras (11 jun. 1865); la paraguaya quedó destrozada. Entre tanto, otra división, al mando del teniente coronel Antonio de la Cruz Estigarribia, avanzó por Misiones hacia Uruguay, que bordeó en dos columnas. La de la derecha, al mando del mayor Pedro Duarte, fue batida en Yatay, y la de la izquierda, luego de trabar combates parciales, como el de Mbuty, acampó en Uruguayana. Allí el ejército aliado, que se había concentrado en Concordia, fácilmente sitió a la columna invasora, que finalmente capituló (12 sept. 1865). Este contraste decidió al mariscal a evacuar el territorio argentino, cosa que realizó (30 oct. 1865) sin que lá escuadra brasileña lo impidiera.Los aliados invadieron el territorio paraguayo (16 abr. 1866), luego de reñido combate en Fluvial. Itapirú y Paso de Patria abandonados, el mariscal concentró su ejército en el sector dominado por la fortaleza de Humaitá. Dos veces atacaron los paraguayos a los aliados antes de su completa reorganización en el territorio invadido, en Estero Bellaco (2 mayo 1866) y Tuyutí (24 mayo 1866). El ejército paraguayo quedó casi totalmente destrozado. Nuevamente se combatió en Boquerón (16 a 18 jun. 1866), donde los aliados fueron rechazados. Por iniciativa suya, el mariscal López se entrevistó (12 sept. 1866) con el general Mitre, en busca de un avenimiento pacífico. La tentativa no alcanzó ningún resultado por resistencia del Brasil a hacer la paz sin la previa rendición del mariscal. Poco después, fuerzas paraguayas al mando del general José Eduvigis Díaz infligieron en Curupayty (22 sept. 1866) grave derrota a los aliados. Siguió un largo periodo de inactividad en el que varios países americanos e Inglaterra ofrecieron sin éxito su mediación. El emisario Gould obtuvo, en un primer momento, la promesa del mariscal de abandonar el país, condición exigida perentoriamente por Brasil para la paz. Cuando Inglaterradivulgó el tratado secreto, muchos países americanos protestaron por considerarlo atentatorio contra la independencia paraguaya.El mariscal abandonó el Tebicuary y se instaló en Ita Ybaté, cerca de Villeta. Allí organizó nueva línea de resistencia sobre el Pikysyry, entre la impenetrable laguna Yporá, y la Angostura, estrecho paso del río P. Después de diversos hechos de armas, fuerzas al mando del general Caballero trataron de contener el avance aliado en Itiroró (6 dic. 1868) y Abay (11 dic. 1868) y fueron exterminadas. El mariscal se atrincheró en Lomas Valentinas, donde durante siete días se libraron tremendos combates (21 a 27 dic. 1868). Una intimación, en el promedio, fue gallardamente rechazada por el mariscal. Con muy pocos sobrevivientes se evadió por una brecha dejada por los brasileños, e instalado en Azcurre organizó un nuevo ejército. Los aliados, en vez de perseguir los maltrechos restos de las fuerzas paraguayas, marcharon sobre Asunción, que ocuparon sin resistencia, para someterla luego a implacable saqueo.Morosamente, los aliados se dispusieron a seguir la guerra, que el marqués de Caxías declaró concluida, organizando entre tanto un Gobierno con paraguayos desafectos a López, al cual declaró fuera de la ley. Cuando al mando del conde D’Eu, heredero de la corona brasileña, los aliados reanudaron la ofensiva, el mariscal tenía otro ejército, de 10.000 hombres, la mayoría niños y ancianos. Los aliados tomaron Piribebuy (12 ag. 1869), la nueva capital, y en Acosta Ñu (16 ag. 1869) un ejército paraguayo compuesto únicamente de niños retardó el avance enemigo, hasta su total exterminio. El mariscal abandonó Azcurra e inició la última y más sacrificada campaña, a través de la abrupta cordillera de Amambay. Finalmente, los 400 espectrales sobrevivientes del gran ejército que inició la guerra se establecieron en cerro Corá. Allí se libró la última batalla (1 mar. 1870), y el mariscal López falleció al grito de "muero con la patria".La reconstrucción democrática. P. quedó aniquilado. Su población reducida a menos de 200.000 almas, la mayoría mujeres. Habían sucumbido 1.000.000. Una Convención Constituyente promulgó una Constitución (25 mar. 1870) de corte democrático y liberal. El primer presidente, Cirilo Antonio Rivarola, duró poco en el mando. Se inició un periodo de inestabilidad política, de continuas revoluciones y crónicas dificultades económicas, pero P. restañó paulatinamente sus heridas. En 1887 se organizaron los dos partidos, el liberal y el colorado, que desde entonces se disputan el poder. Hasta finalizar el siglo, se sucedieron en el gobierno, luego de Rivarola, Salvador Jovellanos (1871), Juan Bautista Gill (1874), Higinio Uriarte (1877), Cándido Bareiro (1878), Bernardino Caballero (1880), Patricio Escobar (1886), Juan G. González (1890), Marcos Morínigo (1893), Juan B. Egusquiza (1894) y Emilio Aceval (1898). La liquidación diplomática de la guerra casi llevó a los antiguos aliados a un nuevo conflicto guerrero. Brasil impuso un tratado con sus máximas pretensiones territoriales (9 en. 1872) y alentó a P. a resistir las de Argentina sobre el Chaco, que el tratado secreto le había adjudicado.El tratado Machaín-Irigoyen (3 febr. 1876) sometió parte del Chaco al arbitraje del presidente de Estados Unidos, Rutherford Hayes, quien falló a favor de P. Cumplido el fallo, terminó la ocupación aliada. Emilio Aceval fue depuesto en 1902. Le sucedió Héctor Carvallo, quien entregó el mando (1903) a Juan Antonio Ezcurra, último presidente colorado de este periodo. Una revolución le depuso en 1904 y llevó al partido liberal al poder. Se sucedieron en el gobierno Juan Bautista Gaona (1904), Cecilio Báez (1905), Benigno Ferreira (1906), Emiliano González Navero (1908) y Manuel Gondra (1910). Un tormentoso periodo anárquico sobrevino con la deposición de Gondra por Albino Jara (1911), y por poco tiempo gobernaron Liberato Rojas y Pedro Peña, que significaron un retorno fugaz del coloradismo. Pero los liberales recuperaron el poder con Eduardo Schaerer (1912), a quien sucedieron Manuel Franco (1916), José P. Montero (1918), Manuel Gondra (1920) y Eusebio Ayala (1921), que con Eligio Ayala (1922) reprimieron una revolución comandada por Schaerer. A Luis A. Riart (1923) sucedió nuevamente Eligio Ayala (1924), y luego José P. Guggiari (1928) y Eusebio Ayala (1932). Al par que problemas políticos y económicos, estos gobernantes afrontaron la agudización del pleito con Bolivia, que en 1879, 1888 y 1894 obtuvo gran parte del Chaco, en tratados no ratificados, y comenzó entonces a ocupar ese territorio, que pretendió en exclusiva soberanía.La guerra del Chaco (v.). El primer incidente se produjo cuando los bolivianos ocuparon el fortín paraguayo Pitiantuta (16 jun. 1932) en el centro del Chaco. Las fuerzas paraguayas fueron agrupadas bajo el mando del teniente coronel José Félix Estigarribia (v.). El general alemán Hans Kundt asumió el mando boliviano. La gran batalla de Zenteno-Saavedra determinó la capitulación en Campo Vía (11 dic. 1934) de gran parte del ejército boliviano. Kundt fue destituido y Estigarribia ascendido a general de división, el único con que contaría P. durante la guerra. Siguió un breve armisticio concedido por P., tras el cual los paraguayos obtuvieron los mayores triunfos. La última batalla se libró en Yngavi (7 jun. 1935) con éxito paraguayo, cuando ya estaba reunida en Buenos Aires la conferencia mediadora que iba a llevar al cese del fuego.Desde que estallaron las hostilidades, las naciones americanas y la Liga de las Naciones buscaron la terminación pacífica del conflicto. Aquéllas declararon (3 ag. 1932) que no reconocerían soluciones obtenidas por la fuerzade las armas ni conquistas territoriales. La Liga de las Naciones envió una comisión investigadora que fracasó. Finalmente, en mayo de 1935 se reunieron en la capital argentina representantes de Argentina, Estados Unidos, Brasil, Chile, Perú y Uruguay, con los cancilleres de P. y Bolivia, Luis A. Riart y Tomás Elío, hasta alcanzar la firma de un protocolo que puso fin a las hostilidades (12 jun. 1935). En su virtud se inauguró en Buenos Aires una conferencia de paz para buscar el arreglo de la cuestión de límites por conciliación o arbitraje. El 17 de febrero terminó la hegemonía liberal. Un movimiento militar depuso a Ayala, apresó a Estigarribia y llevó al poder a Rafael Franco, uno de los héroes de las recientes jornadas. La Constitución de 1870 fue derogada, se proclamó la identificación del Estado con la revolución triunfante y se adhirió a los movimientos totalitarios contemporáneos. Fue efímera la nueva situación. Franco fue depuesto (13 ag. 1937) y Félix Paiva asumió el poder con apoyo de los liberales. Bajo su gobierno se reanudaron las negociaciones de la conferencia de paz en Buenos Aires. Al cabo de trabajosas discusiones, se firmó el tratado definitivo de límites (21 jun. 1938). Uno de sus firmantes fue Estigarribia, y el ejército avaló el resultado. Las fronteras fueron trazadas por un arbitraje de equidad de los presidentes de las seis naciones mediadoras. P. retuvo las cuatro quintas partes del Chaco y todo el litoral del río P., motivo principal de la larga controversia.Los tiempos modernos. Llevado Estigarribia al poder (1939) por el voto liberal, formó luego un Gobierno apolítico y sancionó una Constitución (1940) de corte autoritario. Falleció poco después (7 sept. 1940) en un accidente de aviación. Se apoderó del gobierno Higinio Morínigo, que gobernó con mano dura hasta 1947, en que luego de sofocar una revolución con apoyo de los colorados, debió resignar el mando en manos de estos últimos. Así retornó al poder el partido colorado. Se sucedieron en vertiginosa rotación Juan Manuel Frutos, Natalicio González, Felipe Molas López, Federico Chaves y Tomás Romero Pereira, hasta que asumió el mando el general Alfredo Stroessner (15 ag. 1954), presidente por sucesivas reelecciones en 1958, 1963 y 1968, esta última bajo una nueva Constitución (25 ag. 1967) que, manteniendo las características autoritarias de la anterior, permitió el retorno de la oposición al Parlamento.EFRAIM CARDOZO,
BIBL.: Como introducción general: E. CARDozo, Breve Historia del Paraguay, Buenos Aires 1965. Sobre descubrimiento y conquista: J. C. CHAVES, Descubrimiento y conquista del Río de la Plata y el Paraguay, Asunción 1968; E. DE GANDíA, Historia de la conquista del Río de la Plata y el Paraguay, Buenos Aires 1931. Sobre la colonización: C. BÁEZ, Historia colonial del Paraguay y el Río de la Plata, Asunción 1926; E. CARDOZO, Paraguay colonial, Buenos Aires 1959. Sobre las misiones jesuíticas: G. FURLONG, Misiones y sus pueblos guaraníes, Buenos Aires 1962. Sobre la independencia y primeros Gobiernos: B. GARAY, La revolución de la independencia del Paraguay, Madrid 1897; J. C. CHAVES, El Supremo Dictador, biografía de José Gaspar de Francia, Buenos Aires 1958; 1. P. BENÍTEZ, La vida solitaria del Dr. José Gaspar de Francia; J. C. CHAVES, El presidente López. Vida y gobierno de Don Carlos, Buenos Aires 1955; J. F. PÉREZ AcoSTA, Carlos Antonio López, obrero máximo, Buenos Aires 1948. Sobre la guerra de la Triple Alianza: J. THOMPSON, La guerra del Paraguay, Buenos Aires 1910; E. CARDOZO, Vísperas de la guerra del Paraguay, Buenos Aires 1954; ÍD, El Imperio del Brasil y el Río de la Plata, Buenos Aires 1961; A. BRAY, Solano López, soldado de la gloria y el infortunio, Buenos Aires 1958. Sobre la posguerra: E. CARDOZO, Paraguay independiente, Barcelona 1949. Sobre la guerra del Chaco: J. F. ESTIGARRIBIA, The Epic of the Chaco, Austin 1950; C. J. FERNÁNDEZ, La guerra del Chaco, Buenos Aires 1955-67; R. ROLóN, La guerra del Chaco, Asunción 1961-62.
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