Palestina II. Prehistoria y Arqueología. HIST.
Categoria:
Historia
La Arqueología (v.) nos habla de su método, y la Arqueología bíblica (v. ARQUEOLOGÍA II) de la historia, sus hombres y escuelas. Los trabajos de sir W. M. Flinders Petrie, L. H. Vincent y W. F. Albright permitieron sistematizar la secuencia cronológica de los restos hallados en P., secuencia que había de ser llevada a gran exactitud gracias a sus sucesores, nuestros contemporáneos, entre los que destacan R. de Vaux y K. M. Kenyon. Hoy podemos así seguir las distintas edades arqueológicas desde los orígenes hasta los restos más recientes. Los restos más antiguos se hallaban enterrados en ruinas (jirbet en árabe) y en pequeñas elevaciones de terreno o montículos, que reciben el nombre árabe de tal.l, o tell. En aquéllas, ya antes de la excavación, había restos visibles, mientras en éstos todo estaba enterrado. La arqueología palestinense ha tomado en préstamo su terminología de la europea; por ello no hay coincidencia plena ni en dataciones ni en caracterización de culturas; pero sí en el plano general.1. Restos antiguos. En los últimos años Stekelis ha descubierto restos óseos y artefactos correspondientes a la pebble culture en `Ubeidya: se trata de un pequeño yacimiento con algunos cantos rodados afilados por tosco lascado y huesos no muy significativos. Es prácticamente imposible datarlos.2. Paleolítico. En el Paleolítico inferior hay restos, especialmente en yacimientos a la intemperie, de abbevillense y achelense, por una parte, y de tayacense en cuevas. El Paleolítico medio reúne las industrias musterienses y leva] loisienses. En estratos de este periodo se halló recientemente en Wádi `Amud un esqueleto neanderthalense completo. El homo carmelitanus, con sus características neanderthaloides y sapiens mezcladas, corresponde a esta misma época. Gracias al C 14 se han podido datar los restos carmelitanos de Nahar el-Kelb y Sanidar, alrededor del 60000, fecha que podría darse también a los esqueletos del monte Carmelo.El Paleolítico superior tiene un carácter paralelo al europeo, pero es más diverso. Tiene un origen auriñaciense pero, sin pasar al solutrense ni magdaleniense, se desarrolla mucho más, originando la industria local atlitiense. Siguiendo a González Echegaray, ésta sería la última industria del periodo.3. Mesolítico. En P. es conocido por ofrecer una industria propia: el natufiense (v.). Esta va acompañada de grandes logros artísticos como las piezas conservadas en el Museo Palestinense y el cuidadoso trabajo del hueso y de la piedra con sus diminutas medias lunas y demás microlitos. Pero a raíz de la excavación de la terraza de el-Khiam (Jiam; Hiam) la situación ha cambiado: junto al natufiense aparece el jiamense, prácticamente contemporáneo y bastante paralelo, aunque distinto tanto en la proporción de los artefactos, como por la ausencia de algunos; indicio de distintos géneros de vida: el hombre jiamense es más pastoril y cazador, y nada pescador. Además procede lentamente del kebariense, cultura que sería la primera manifestación mesolítica.4. Neolítico. En P. comienza, en su periodo primitivo, un precerámico muy temprano. A juzgar por los datos de Jericó (v.) sería hacia el VIII milenio. Hoy esta datación no extraña, pues en Mesopotamia (v.), Seyl Aglat en Transjordania y Jirotikia en Chipre se llega a fechas homogéneas. Dos culturas bien diferenciadas se suceden en este periodo: A y B. El Neolítico precerámico A parece proceder directamente del natufiense inferior: casas construidas con adobes convexos con plantas circulares o elípticas, microlitos característicos de un horizonte natufiense, de regadío y cultivo de la tierra muy bien atestado. El Neolítico precerámico B procede del jiamense y, en su origen, es más pastoril, pero en Jericó cultiva el regadío; construye las casas rectangulares con adobes paralelepipédicos, enluce paredes y techos de las viviendas y tiene un especial interés en los cráneos humanos, cuyas partes blandas recubre con arcilla (¿culto de los difuntos?). Parece ser que algunos restos pueden ser considerados de culto.El Neolítico cerámico es peor conocido por la falta de materiales, ya que en los yacimientos históricos se encuentra en los- últimos estratos junto al suelo virgen o sobre los precerámicos. Además, la técnica arquitectónica, en ocasiones, no es paralela al progreso general, como ocurre en Jericó, donde viven en cuevas horadadas en los estratos precerámicos, de acceso vertical, aunque tal vez protegidos por un tejadillo. La cerámica era cocida al aire libre, por lo que era de escasa consistencia; pero ya se aprecia la distinción entre cerámica fina, para vajilla, y tosca, de cocina o industrial. Hay una regresión en la perfección del tallado de la piedra. Esta primera población que usa cerámica es considerada por Kenyon como neolítica cerámica A y desarrollaría su actividad en la primera parte del VI milenio. Esta cultura es de origen extranjero, probablemente del Norte. A ella sucede en Jericó y otros puntos, entre ellos Sahar Hagolán, otra cultura con tipo distinto de cerámica: decoración incisa en lugar de la pintada anterior. Pero su calidad de neolítica es cuestionable. También parece provenir del Norte. Ocuparía en general la segunda mitad del VI milenio.5. Calcolítico (4000-3000 a. C.). Recientemente se ha llegado por unanimidad a denominar así a este periodo. Algunos autores preferían el importado de Europa: eneolítico. Puede ser dividido a su vez en dos periodos: inferior y superior. Ambos tienen un origen extranjero. El calcolítico inferior aparece tanto en el Norte como en el Sur de P.: Teleilát Gassúl, Bérseba, Tell el-Fár’ah, las tumbas de la costa y el grupo del desierto de Judá son los yacimientos más importantes. La cerámica con nuevas formasy decoraciones es típica y recuerda las culturas de Mesopotamia: destacan la mantequera y los osarios, entre los que hay que citar los oikomorfos. En Bérseba se vive en cuevas y hacia el final del periodo, solamente, se construyen burdas chozas en la superficie. Se hallaron primitivas fundiciones de metal, figurillas de marfil, etc. En Gassúl se construyen casas y se decoran con frescos de singular belleza. El calcolítico superior, que puede ser llamado cultura de Esdrelón, se caracteriza por su cerámica bañada de un engobe gris, o rojo, bien bruñido. Las formas son muy varias. En el Norte de P. se hallan tres grupos humanos distintos, pero de muy similar cultura; en el Sur, por el contrario, sólo se encuentran dos, originando el tercero la nueva cultura: el Bronce antiguo. Finaliza, prácticamente, con el IV milenio.6. Edad del Bronce. En P. se subdivide en Bronce antiguo (3000 a 2100 a. C.), Bronce medio (1950-1550 a. C.), dejando el espacio intermedio entre ambos, y Bronce reciente (1550-1200 a. C.). El Bronce antiguo corresponde a la primera cultura verdaderamente urbana. La población es muy numerosa; las ciudades, grandes, bien defendidas por espesas murallas, y bien trazadas. Hay que hacer notar que los nuevos pobladores construyen con adobe en un país muy rico en cantería, prueba de que provienen de donde escasea la piedra. Solamente ya muy avanzada la época comienzan a utilizar la mampostería, a veces para reparaciones de estructuras de adobe. Llama la atención la preocupación del trazado de calles, plazas, alcantarillas y demás elementos urbanos. Se construyen templos propiamente dichos, como los dé `Ay. Con la invención del torno de alfarero, aunque movido todavía a mano, se perfeccionan las formas de la cerámica. Se perfecciona también el cultivo de la tierra; pero en P. se desconoce la escritura aún y carecemos de documentos escritos. K. M. Kenyon dio el nombre de periodo intermedio Br. A-Br. M al siglo y medio que une el tercero y segundo milenio. Apenas hay restos estratificados en las ciudades; pero abundan las tumbas con su cerámica característica. Indica Kenyon que ello es debido a que los hombres de este periodo son nómadas y arriesga una identificación: los amorreos.El Bronce medio. Destruidas las antiguas ciudades surgen otras nuevas sobre sus ruinas, pero de menor tamaño, menos cuidadas urbanísticamente, y dejando espacio más que suficiente para nómadas entre unas y otras. Los textos históricos más antiguos citan los gobernantes de ciudades de P. como Jerusalén, Hazor, Ascalón, Siquem, etc. Hay que notar que en los textos más antiguos el régimen de dichas ciudades es tribal, mientras que en los más recientes, segunda mitad del S. XIX, sólo hay un rey en cada ciudad. El gobierno egipcio, seguramente, influyó en la transformación socio-política. Con la llegada al poder de los hicsos (v.) todos los territorios sometidos a Egipto se benefician de los nuevos usos: fortificaciones, cerámica y sellos. En el orden arquitectónico hay que destacar las murallas y puertas de las ciudades. Las primeras disminuyen de grosor pero alcanzan gran efectividad por los glacis de tierra apisonada generalmente, que las protegen en el exterior y algunas veces también en el interior. Dado el ángulo muy pronunciado de los mismos se ha discutido sobre su origen y utilidad. La opinión más probable parece ser la de que inventados los arietes, el ángulo muy obtuso con que deberían haber sido usados los hacía inofensivos. Hay quienes los relacionan con la otra típica arma del tiempo: el carro ligero. Las puertas son también más ágiles: tenazas dobles y triples son los nombres con que las distinguen los arqueólogos, debido al plano de las mismas: entre los muros salientes que atenazan pueden cruzarse dos carros, y además cabe entre los mismos muros un pequeño destacamento que hostigue al enemigo que logre entrar por ambos costados. Este tipo de puerta es muy frecuente en P. y seguirá en uso, evolucionado, hasta mucho más tarde.Hay una gran diferencia entre las viviendas de los nobles, pequeños palacios, y las míseras habitaciones de los semisiervos. El palacio del Bronce medio en P. sOUA ser de planta rectangular con un patio central y las habitaciones agrupadas a su alrededor; a veces existía una segunda planta. En Nahariyya se descubrió un templo muy completo con perfecta distinción entre el atrio, con su altar y favissa (lugar subterráneo donde se guardaban objetos sacros), para los restos del sacrificio, su pequeño bamah (santuario rupestre) artificial, y casa, o santuario propiamente dicho, con su santo y santísimo (las dos piezas que forman la casa divina). En Tell el-Fár’ah se halló un santuario subterráneo muy sencillo: cámara con un banquillo y f avissa, y escaso ajuar cúltico. Las víctimas sacrificadas, como lo prueban los restos de la favissa, eran lechoncillos. Debía de estar dedicado a divinidades avernales.La cerámica adquiere tal perfección que los arqueólogos designan a este periodo con el nombre de edad de oro de la cerámica. Generalizado el uso del torno, ya de pie, perfeccionado el lavado de la arcilla y obtenida en el horno la temperatura adecuada, se alcanza una técnica más perfecta. En el orden artístico influyen mucho en sus formas los modelos metálicos, como en épocas anteriores lo hicieran los de cuero, piedra o madera; pero la maleabilidad de los metales hizo surgir formas de gran belleza y funcionalismo que copia muy exactamente la cerámica. La prosperidad económica y la facilidad de transporte y comercio proporciona a los alfareros abundante materia prima de exportación, especialmente el ocre rojo para los engobes. Hay entre la cerámica unas piezas características de los hicsos: el ungüentario de Tell el-Yahudiya, de engobe negro brillante, decorado con figuras geométricas en blanco. Es piriforme con base de botón.Gracias a las últimas excavaciones de Jericó, conocemos muy bien las costumbres funerarias de esta época, aunque en otros lugares también se hayan encontrado algunas tumbas contemporáneas. Los enterramientos eran en cuevas más o menos naturales y de carácter familiar o colectivo. Junto a los restos humanos se han encontrado ajuares muy ricos en cerámica y, en alguna ocasión, debido a la ausencia de humedad, restos de materiales fácilmente corruptibles: madera de sillas o banquetas, mesas y fibras vegetales. De este tipo era la tumba familiar de los patriarcas en Hebrón (v.). Se alcanza también un gran progreso en el trabajo del metal tanto en su aplicación bélica (guarniciones de arneses y carros, puntas de lanzas y flechas, lorigas y dagas o puñales) como en la utilitaria pacífica: alfileres de vestir (toggle-pin), fíbulas y algún cinturón entero (parte de los distintivos del jefe de clan). El arte, como siempre en P., es pobre e influido por los cánones egipcios, no sólo en el marfil sino también en los relieves, como el de la estela de la diosa serpiente de Tell Beit Mirsim. Los escarabeos llamados hicsos siguen la tónica egipcia en sus peculiaridades decorativas, que dominan al valor expresivo de la escritura.El Bronce reciente aparece en P. con una destrucción prácticamente total de las ciudades anteriores; los nuevos gobernantes de Egipto llevan su dominio a donde se había extendido el poderío hicso, y desde donde había penetrado en el valle del Nilo; corresponde el Nuevo Imperio y suele dividirse en relación con Egipto Bronce reciente 1 (dominiode la dinastía XVIII) y Bronce reciente lI (dinastía XIX). Las variaciones en la arquitectura son mínimas tanto en la civil como en la militar, ya que la estrategia tampoco cambió. Mejor conocida que en el periodo anterior es la arquitectura religiosa, entre la que cabe distinguir los templos fortalezas, como los de Megiddo y Siquem; templos urbanos, entre los que destacan los hallados en Hásór, precedente del templo de Jerusalén V en sus últimas etapas de construcción; y los templos rupestres llamados por la Biblia Bahamot, que bien pudieran tener un origen funerario.Decae el arte cerámico, tanto en sus formas como en su decoración y técnica. Fenómeno que pudo ser debido a la facilidad de importación de cerámicas occidentales como la chipriota y la micénica, muy finas y ya conocidas. Quienes no podían adquirir por su elevado precio las vasijas importadas, se conformaban con imitaciones locales bastante imperfectas. También decae el arte en general. En la metalurgia aplicada se perfecciona el método de unir las hojas de cuchillería a los mangos con el espigón hoy todavía en uso. Entre el arte y la religión hay que situar las plaquillas de cerámica o terracota de Astarté, más bien diosa de la fecundidad. Aunque aparecen esporádicamente en el Bronce medio llegan a ser frecuentes en el Bronce reciente. A Egipto deben su arte, aunque religiosamente provengan de Mesopotamia.7. Edad del Hierro. Se introduce en P. por una nueva destrucción total. Se divide en Hierro I (1200-900 a. C.) y Hierro II (900-600 a. C.). Después, los periodos arqueológicos de P. coinciden con las divisiones de la historia aproximadamente: persa (600-300), helenístico (300-50), herodiano (50 a. C.-70 d. C.), tardo-romano (70-300), bizantino (300-700), árabe (700-1100), cruzado (1100-1200) y mameluco-otomano (1200-j.Con la difusión de la siderurgia, al desaparecer el imperio hitita (v.), que detentaba su monopolio, hay un cambio radical en todos los aspectos de la civilización. Este cambio coincide con la entrada en P. de dos nuevos pueblos: israelitas y los llamados pueblos del Mar. En la arquitectura hay variaciones notables: se abandonan los antiguos tipos de fortificaciones, para construir muros acasamatados, más económicos y tan resistentes como los anteriores a los atacantes. Siguen construyéndose puertas de tenaza, aunque no exclusivamente, ya que también se hacen con acceso en zigzag, obligando a los atacantes a subir por una rampa dando el flanco derecho, sin escudo, a los defensores, como en Tell el-Nasbeh y Tell el-Fár’ah. Las casas son más toscas, sin pisos, construidas sin preocupación urbanística. No se abren alcantarillas para evacuar las aguas negras, ni se busca el orden y belleza de las líneas. Las ciudades, si así se pueden llamar, son muy pequeñas; pero pueden ser construidas sin preocupaciones hidráulicas, ya que se ha inventado la impermeabilización, que permite abrir cisternas particulares o comunales. También, cuando hay una fuente cercana, se abren túneles de acceso desde intramuros, cerrando la salida exterior de la fuente. Si se exceptúa el de Hásór, no se conocen santuarios israelitas.Al ser el hierro fácilmente recuperable de su chatarra y muy oxidable, pocos son los utensilios que han llegado a nosotros de este metal. En cambio, se han excavado algunas fundiciones, ya del Hierro II, como las de Tell Qasileh, con crisoles de arcilla refractaria y muy buen tiro para obtener las altas temperaturas requeridas.La cerámica es totalmente distinta de la usada en el Bronce reciente. Aparecen nuevas formas en toda clase de vasijas, tanto las toscas de tipo industrial, como las finas de vajilla. La técnica sigue empeorando, debido a las circunstancias económicas y a que el nuevo metal, más barato, sustituye y con ventaja a la cerámica. La distinción entre Hierro I y Hierro II estriba en la evolución alfarera, pero con una característica especial: diversificación entre el Norte y Sur de P.; con mejor confección y arte en el Norte, señal inequívoca de su predominio económico. Sigue importándose la cerámica chipriota.A los estratos del Hierro II corresponden las caballerizas y cocheras de Megiddo, los muros de Samaria, con su nueva técnica de sillería y los capiteles protoeólicos, de origen posiblemente chipriota, hallados en Megiddo, Hásur y Samaria. Notemos la distinción entre viviendas de nobles y pobres, ausente en Hierro I, como ocurre en Tell el-Fár’ah. El arte local es, en el orden figurativo, prácticamente nulo. Tan sólo la colección de marfiles de Samaria, de origen fenicio, constituye una excepción. El arte del vestir es mejor conocido: tintorerías de Tell Beit Mirsim, pesos de telares y representaciones en monumentos extranjeros, como el obelisco negro de Salmanasar y los relieves del palacio de Senaquerib atestiguan las modas de la época. Los documentos escritos, ya presentes en el Bronce reciente, se hacen más numerosos: calendario de Gézer, estela de Mesa`, óstraca de Samaria y Lákis e inscripción de Siloé.8. Periodo persa. Empobrecida y despoblada P., son muy pocos los restos hallados. El palacio del gobernador en Lákis y Rámat Ráhél, necrópolis pequeñas y un santuario en Makmis. Se aprecian influencias partas y helénicas, aumentando éstas con el tiempo.9. Periodo helenístico. Está un tanto abandonado por los arqueólogos, ya que se trata de una cultura bien conocida. Su trabajo busca la distribución geográfica de los yacimientos para establecer la extensión de la población. Además de la cerámica típica importada de Grecia, se han hallado imitaciones locales de bastante buena factura, como la encontrada por Olávarri en Aroer. Paul Lapp ha publicado un buen atlas de la misma.Pasado este periodo y el siguiente se halla, al S deTransjordania, el reino nabateo, de origen árabe, helenizado y romanizado luego, y que vive, sobre todo al principio, del comercio caravanero (v. PETRA, PALMIRA).10. Periodo herodiano. Los gustos romanos se adueñan del país, con la excepción de Qúmran (v.), monasterio esenio fundado ca. 135 a. C. Entre sus restos destacan los correspondientes al sistema defensivo interior: fortalezas de Masada, Maqueronte, Herodion, Alexandreion; las construcciones religiosas: los templos de Jerusalén y Hebrón; y el palacio de Jericó (v.). Entre todos los elementos clásicos romanos figura el tallado de los sillares cuyos bordes son intencionadamente rebajados en las caras vistas.11. Periodo tardo-romano. Todavía pueden verse en Jerusalén (v.) restos de Aelia Capitolina; en Samaria, de su foro; y las sinagogas de Cafarnaúm, Corozaín y Beit Alfa entre otras, y también calzadas romanas.12. Periodo bizantino. Está presente en basílicas, alguna aún en pie, como la de Belén (v.), restos del Santo Sepulcro, Heptategón, monasterios repartidos por todo el país, iglesias como la de Mádaba con su mosaico-mapa. Puede citarse también la presa de Kurnub.13. Periodo árabe. Son dignos de mención la cúpula de la Roca en Jerusalén con aledaños, el palacio califal de Qsar Hirám y los castillos del desierto, entre los que destaca el quiosco de caza Hambra por sus pinturas con los retratos de los reyes vencidos, como D. Rodrigo. Los cruzados dejaron iglesias: Santo Sepulcro, Santa Ana, etc., y castillos como Aylun y Monfort.V. t.: ARQUEOLOGÍA II; JERUSALÉN V; BELÉN DE JUDÁ; JERICÓ II.V. VILAR HUESO.
BIBL.: L. HENNEQUIN, Fouilles en Palestine et en Phénicie, en DB (Suppl.) III,318-524; A. E. MADER, Paldstina, en LTK VII,876888; V. VILAR, Arqueología, en Ene. Bibl. 1,733-772; C. WATZINGER, Denkwüler Palestinas, Leipzig 1933-35; W. F. ALBRIGHT, Arqueología de Palestina, Barcelona 1963; M. KENYON, Arqueología en Tierra Santa, Barcelona 1963.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.