Paisaje I. Geografia. GEOG.
Categoria:
Geografía
Aunque no todos, muchos geógrafos consideran al p., desde hace bastantes decenios, como el objeto formal o específico de la Geografía; sólo asíesta vieja disciplina del saber humano puede reclamar con derecho su carácter de ciencia, al mismo tiempo analítica y sintética, inductiva y deductiva, independiente aunque subsidiaria de otras. Podría definirse la Geografía (v.) como la ciencia que estudia la estructura, función y génesis de los p. terrestres. Al señalamiento de este objetivo contribuyeron una serie de geógrafos. Aun cuando el punto de partida de la definición de p. (más concretamente de p. naturales) puede encontrarse en Ritter y, sobre todo, en los Cuadros de la Naturaleza, de Humboldt, habría que esperar a los últimos años del S. XIX para que la noción del p. empezara a ser tratada sistemáticamente. El progreso experimentado entonces por las ciencias de la Naturaleza y por la misma Geografía fueron un factor decisivo, y nunca se insistirá lo suficiente sobre la importancia que en ello tuvieron, por un lado, la obra de Suess titulada La faz de la Tierra (1885-1901) y, por otro, el Atlas Físico de Berghaus, cuya segunda edición apareció en 1887-92.En 1899 Davis concebía la clasificación genética de las formas del terreno y la definición de p. morfológico; fue un acontecimiento decisivo para el desarrollo de la Geografía. Pero todavía ésta se encontraba demasiado enraizada en el ambiente positivista-naturalista de la época para que la concepción davisiana de p. morfológico pudiera transformarse o, mejor dicho, completarse en p. natural, primero, y para que luego se hablara de p. humanizado y de p. geográfico o p. global. Ésta sería una labor lenta, llena de discusiones, pero muy fecunda, que abarcaría los últimos años del S. XIX y lo que va transcurrido de nuestra centuria. Merecen citarse a Brunhes y Vidal de la Blache, con sus discípulos, en Francia; Sauer y los suyos en EE. UU.; Maclinder, Herbertson, Unstead y D. Stamp en Inglaterra; Supan, Hettner, Banse, Passarge, Lautensach, Lütgens, Dórries, Schmieder, Troll, Schmitthenner, etc., en Alemania; Bobek en Austria; Carol en Suiza; Gráno en Finlandia; Biasutti y Sestini en Italia. Al principio se hablaba sobre todo de p. natural, de acuerdo con el predominio del environmentalism. Después, cuando el estudio de múltiples áreas espaciales pequeñas o grandes demostró que la relación hombrenaturalzea no es tan simple como a veces hacían creer los deterministas, y que los hechos humanos del p. no están siempre en estrecha y directa relación de causalidad con el medio ambiente, se fue dando entrada al concepto de p. cultural. Si Davis había abierto un camino de amplias perspectivas con su noción de p. morfológico, Passarge lo ensancha todavía más añadiendo los restantes elementos que convierten al p. morfológico en un p. geográfico o total. Passarge fue, sin duda, el que verdaderamente concibió a la Geografía como la disciplina de los p. (Landschaftskunde); y también el que inició, como Limneo en Botánica, la empresa de establecer diversas categorías de p., de acuerdo con sus múltiples componentes: clases, órdenes, familias, géneros y especies de p.; las categorías más elevadas vienen determinadas, lógicamente, por el clima.En un principio -tendencia de Brunhes y Schlüter, p. ej.- sólo se consideraron como elementos del p. los fenómenos visibles de la superficie terrestre; era todavía una ciencia fundamentalmente fisiográfica; las formas del p. resultantes de la intervención del hombre se examinaban a la luz de las interrelaciones puramente naturales, físicas y biológicas (ecología; Naturhaushalt). Después se dio un paso más al considerar los elementos del p. y el mismo p., no sólo en un sentido morfológico o fisiográfico, sino dinámico, funcional; entendiéndoloPAISAJEcomo el resultado de la confluencia de una serie de fuerzas y agentes activos. Y siendo el hombre sujeto y agente del p., según el grado de intensidad de la actuación de éste, debe distinguirse un p. natural y un p. transformado (p. cultural, p. humanizado).Tal dualidad (aparente, claro está, porque el p. es uno) deja percibir la importancia que tiene la consideración del desarrollo histórico en la interpretación de los p. terrestres. Fue éste un punto de vista muy propio de Vidal de la Blache y también de los geógrafos alemanes, como Dürries y Schmieder. Porque del mismo modo que no pueden interpretarse acertadamente las formas del relieve terrestre sin recurrir a la historia geológica, así tampoco es comprensible un p. cultural de la actualidad sin estudiar los sucesivos cambios de las fuerzas que lo modelaron, económicas, sociales, políticas, etc.1. Problemas terminológicos y conceptuales. La palabra p., como tantas otras empleadas por los diversos especialistas de las disciplinas científicas y culturales, se utiliza en Geografía dándole un particular sentido. Estrictamente hablando, por p. debería entenderse la porción de la superficie terrestre visible desde un determinado punto y que suscita en quien lo contempla ciertas impresiones estéticas, distinguiéndose por tener unos particulares caracteres. En Geografía, en cambio, por p. se entiende la "combinación más o menos compleja de rasgos físicos y humanos que presta a un territorio una fisonomía propia, que hace de él un conjunto, si no uniforme, al menos caracterizado por la repetición habitual de ciertos rasgos" (E. Juillard, La région: essai de définition, "Annales de Geographie", París 1962). Volveremos más adelante sobre estos extremos.Algunos p. deben su fisonomía, su "personalidad", a elementos y factores naturales; otros, en cambio, la reciben prestada de la intervención del hombre. Así, es corriente hablar de p. naturales y p. humanizados o culturales. Ahora bien, un p. estrictamente natural, es decir, un p. constituido exclusivamente por elementos prestados por la Naturaleza, sin intervención alguna del hombre, se comprende que sea en nuestros días un p. excepcional; prácticamente sólo puede darse en las regiones nunca habitadas de modo permanente ni temporal por el hombre en ninguna de las épocas históricas: muy altas montañas, interior de Groenlandia, Antártida, p. ej. Se suelen calificar a tales p. de intactos, vírgenes o p. de Naturaleza. En el resto de la superficie terrestre, y tanto más cuanto mayor y más antiguo sea el poblamiento humano y más elevadas las formas de actividad económica, el -hombre ha modificado profundamente uno o varios elementos naturales (ha talado bosques, ha construido carreteras, ha canalizado ríos, cte.), haciendo con ello que el p. no sea actualmente igual al que sería antes de su instalación, de su intervención. Por eso convendría hablar de p. naturales originarios o primitivos y p. naturales derivados o subseriales, aunque esta distinción no haya hecho fortuna en la ya abundante producción bibliográfica sobre p. La mayor parte de la superficie terrestre queda incluida, pues, en esta última categoría. Más correcto sería decir que la mayor parte de la superficie terrestre tiene p. humanizados o culturales.Pero el grado de humanización, de cultural ización, de -los p. naturales originarios ha sido y es muy vario según las diversas partes del mundo. En unas, aunque la intervención del hombre sea patente, los elementos del p. que a primera vista destacan son los naturales originarios o derivados: al p. lo llamaremos natural o, si se quiere, predominantemente natural. Algunos autores hablan de p. salvaje para referirse al p. natural alterado, pero nocontrolado por el hombre. En otras partes, la intervención del hombre ha sido tan decisiva y la Naturaleza tan profundamente transformada, que los elementos del p. más patentes, los que le prestan su originalidad, su "personalidad", son los estrictamente humanos, los añadidos por el hombre al p. natural originario o derivado; al p. lo llamaremos, por eso, humanizado, predominantemente humanizado, o, según el gusto germánico, antropogénico o cultural (Kulturlandschaft). Todas las partes de la superficie terrestre en que la Naturaleza influye de modo decisivo, hasta el punto de que sea difícil domesticarla (p. ej., las altas montañas, las selvas vírgenes, los desiertos de la zona templada y tropical) están integradas, en la mayor parte de su extensión, por p. naturales (derivados); los p. humanizados se reducen en ellas a islotes u oasis. Por el contrario, en algunas áreas de los países civilizados (huerta de Valencia, cuenca del Ruhr, cte.) apenas es reconocible el p. natural; como dice Fels, la tierra se ha cubierto en ellas con un nuevo ropaje, que es cambiante en el transcurso de los siglos, por lo que podría asemejársele con una mujer vestida según la última moda. A tales p. los llamaremos culturales o humanizados.Pfeiffer distingue entre éstos, los p. sanos y los enfermos, armónicos e inarmónicos, según haya armonía y equilibrio en el p. y sea éste explotado racionalmente o, por el contrario, muestre huellas patentes -heridas más o menos incurables- de una explotación desconsiderada, abusiva, irracional. Lütgens, por su parte, hizo hincapié en 1921 en lo chocante e inexacto que resulta la expresión p. de cultura o p. cultural aplicada, p. ej., a la región de Assuam e incluso a los p. mineros, a muchos p. industriales o a los "desiertos" originados por el hombre a expensas de antiguos bosques naturales; por eso insistía en que es mejor hablar de p. económico antropógeno o p. económico a secas, si bien es verdad que posteriormente consideraría al p. económico como una subdivisión del p. cultural. Schoenichen prefiere utilizar el término "domesticado" para aplicarlo a los p. naturales domeñados o "amansados" por el hombre.No es necesario insistir más sobre la terminología variada y compleja que diversos geógrafos -sobre todo los de habla germánica- han inventado a propósito de los p.; casi siempre se trata de consideraciones abstractas, teóricas, de dudosa o discutible validez universal. Al enmarañamiento terminológico ha contribuido grandemente, sin duda, el hecho de que las palabras alemanas Land y Landschaft pueden ser usadas, más o meros, con el significado de región, pero además Landschaft significa p. (inglés landscape). Una simplificación de los conceptos sobre p. y de los términos con que se expresan sería altamente conveniente. Por ahora, la visión de los p. que tiene mayor arraigo, a pesar de toda la vaguedad que encierran, es la de p. natural y p. cultural o humanizado. Por supuesto, en un lugar determinado sólo puede haber un p.2. Complejidad y dinamismo de los paisajes. Todo p. implica necesariamente una combinación inás o menos compleja de elementos. Los p. formados por uno solo de éstos no pueden ser más que excepcionales y ocupan, a la escala de nuestro planeta, pequeñas áreas, p. ej., de hielo de las regiones polares. Por otro lado, es preciso insistir en que la noción de p. implica la de superficie, extensión; así, puede y debe hablarse de p. urbanos, pero sería erróneo hablar, como a veces se hace, de p. de colonización referidos a los tipos de poblamiento rural, si éstos -desde la casa rural aislada a la aldea compacta- se estudian separadamente de los p. agrarios; es más correcto, en este caso, hablar de p. rurales.Los elementos integrantes de los p. -sus piezas constitutivas- se presentan articulados de tal o cual manera, dispuestos con arreglo a una determinada estructura. En las investigaciones geográficas que se efectúen sobre una porción cualquiera de la superficie terrestre habrá que hacer, pues, un análisis y una descripción minuciosa, pieza por pieza, elemento por elemento, del p. en cuestión, pero sin perder nunca de vista las mutuas relaciones que guardan entre sí; el principio de la conexión, interconexión o interrelación de los hechos o elementos de un complejo, de una combinación, de un p., es uno de los fundamentales de la metodología geográfica (v. GEOGRAFÍA).Biasutti distingue acertadamente entre p. visible o sensible y p. geográfico. El primero es el constituido por lo que puede abarcar el ojo humano o el perceptible por todos los sentidos; el -número de sus elementos integrantes puede ser muy elevado; y es un p. único, difícilmente repetible en puntos diversos de la tierra, salvo en los espacios excepcionalmente uniformes (superficies nivales o glaciares, llanuras estépicas). Por el contrario, el p. geográfico, que es una abstracción de los p. visibles, está integrado por un número pequeño de elementos o por pocos grupos de elementos: los necesarios para caracterizarlo, para trazar su originalidad, su personalidad. Sólo limitando el número de los elementos característicos es posible establecer comparaciones entre los diversos p.; sólo así puede llegarse al establecimiento de los tipos o formas de p. En definitiva, al dejar de lado lo que es accesorio, excepcional o poco representativo o el relegarlo a un segundo término, para destacar más lo que es corriente, normal, típico, equivale a poner en práctica algo que también es fundamental en el método geográfico, uno de cuyos principios más importantes es precisamente el llamado de geografía general o de generalización o universalización; de ese modo, además, se puede llegar al enunciado de principios y leyes generales, al menos en lo referente a los p. naturales, ya que por lo que concierne a los p. humanizados la empresa es mucho más ardua y peligrosa, habida cuenta de lo contingente y coyuntural que es todo lo relativo al hombre.Si los elementos integrantes de los p. son múltiples y complejos, no lo son menos los factores que los determinan. Más aún, en algunos casos será difícil deslindar factores y elementos; así, el relieve (v.) es un elemento importante de los p. y a su vez un factor que condiciona a otros (suelos, vegetación) directa o indirectamente. Una de las críticas que se han formulado a quienes centran el interés de la Geografía en los p., hasta el punto de constituirlos en el objeto formal de esa disciplina, es la de que así se menosprecian o se abandonan temas del más alto interés geográfico, pero que no son materializables en el espacio, en el p. Nada más lejos de la verdad: ningún p. puede ser explicado (y sin explicación no hay ciencia) satisfactoriamente sin la profunda consideración de una serie variada de factores. Pensemos, p. ej., en los p. rurales, que traducen de modo más o menos directo y fuerte las influencias de la Naturaleza, a expensas de la cual se han modelado; importa mucho por eso que el investigador relacione minuciosamente, y con cuidado exquisito, para no dejarse llevar por determinismos fáciles, cada uno de los elementos del p. rural, junto con el relieve, los suelos, el clima y hasta con la hidrografía y la vegetación espontánea; pese a ello, pronto se dará cuenta de que no puede explicarse así satisfactoriamente ni todo ni siquiera mucho de lo relativo a los p. rurales, porque éstos, obrahumana, reflejan otros factores más decisivos (psicológicos, sociales, jurídicos, étnicos, económicos, políticos) de acción compleja, cambiante y muy difícilmente precisable. En suma, p. rural y civilización son términos mucho más relacionables que p. rural y medio natural. Por todo lo que llevamos dicho, se comprende que hayan sido comparados los p. con los organismos vivientes, comparación que, como señala Lütgens, es geográficamente muy fértil, teniendo en cuenta la recíproca dependencia causal que liga entre sí a todos los fenómenos y procesos de la superficie terrestre.Por último, hay otra cuestión que complica el estudio de los p., y es su mutabilidad. A un ritmo más o menos rápido, todos los p., y no sólo los culturales, a los que lógicamente se asocia la idea de transformación, sino también los naturales, sufren mutaciones con el tiempo; por supuesto, las experimentadas por éstos últimos se miden con una escala cronológica cuya unidad es el siglo o el periodo geológico. En cuanto a los p. humanizados, algunos de sus elementos son más reacios que otros a las modificaciones, se transforman con una lentitud grande y pueden subsistir, a veces durante siglos, cuando ya han desaparecido o han cambiado de signo o de valor las circunstancias y los factores que en su tiempo los condicionaron; puede cambiarse, p. ej., con relativa rapidez, en una comarca cualquiera, el sistema de cultivo, pero no así la estructura parcelaria, el tipo de poblamiento o de casa rural. La reconstrucción histórica de los p. que se han sucedido sobre un espacio terrestre, el considerar los aportes que se deben a las diversas civilizaciones y a las variadas coyunturas históricas es un buen método, aunque trabajoso y lento, para llegar a su perfecta comprensión. No olvidemos que la Geografía estudia hechos actuales, pero que éstos no son más que un eslabón, un estadio, en una cadena evolutiva. Algunos geógrafos dicen a este respecto que los p. humanizados representan una "forma de equilibrio" entre la Naturaleza y la actividad humana; un equilibrio, añadiríamos, que es necesariamente inestable.3. Paisaje y región. He aquí otra cuestión importante: ¿es lo mismo p. que región? Mejor formulada todavía: ¿pueden emplearse ambas palabras indistintamente? Por desgracia, muchas veces así se ha hecho, e incluso se hace, sobre todo por quienes piensan que sólo puede referirse al término región a una porción determinada de la superficie terrestre que presente una incontestable uniformidad. Sin embargo, es obvio que no siempre sucede así; en los países desarrollados o evolucionados, p. ej., cada vez más las regiones reposan sobre criterios de cohesión y no de uniformidad u homogeneidad; son territorios constituidos por piezas, por p. diversos, unidos entre sí dinámicamente por una red de corrientes de intercambio, por lazos de relación estrecha que se anudan sobre los centros organizadores de la región que son las ciudades. No se trata, en el caso de tales regiones, de espacios formales sino funcionales; no se caracterizan por su fisonomía, sino por su función; en suma, las regiones de este tipo están constituidas por p. complementarios. Otro distinto tiene que ser necesariamente el tipo de regionalización geográfica aplicable al estudio de los países subdesarrollados, en los cuales la vida de relación tiene todavía formas rudimentarias. En ellos, el espacio puede ser dividido en regiones naturales o humanas uniformes, es decir, en p. naturales o humanizados.A. FLORISTÁN SAMANES.
BIBL.: C. O. SAuER, The Morphology of Landscape, "University of California Publications in Geography", II (1925) 19-53; A. SESTINI, Le fasse regressive nello sviluppo del paesaggio anthropogeográlico, "Riv. Geogr. Ital.", Florencia 1947; H. BOBEK y PAISAJEJ. SCHMIT-HÜSEN, Die Landschaft im logischen System der Geographie, "Rey. Erdkundel, Bonn 1949, 112-120; C. TROLL, Die geographische Landschaft una il:re Erforschung, "Studium Generale", Berlín 1950, 163-181; H. CAROL, Zur Diskussion um Landschaft und Geographie, "Geographica Helvetica", Berna 1956, 111133; R. BIASUTTI, Il paesaggio terrestre, 2 ed. Turín 1962; R. LüTGENS, Los fundamentos geográficos y los problemas de la vida económica, Barcelona 1954; E. FELS, El hombre economizante como estructurador de la Tierra, Barcelona 1955.
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