Ortega y Gasset, José
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Biografía GER
Datos biográficos. Formación. Ni la vida ni la obra de O. y G. pueden ser entendidas sin tener en cuenta los pormenores de la historia de España durante la primera mitad del S. XX. Aplicándose a sí mismo su doctrina acerca de la inevitable dependencia de las circunstancias ("yo soy yo y mi circunstancia"), se esforzó por hacer de la necesidad virtud. Con razón y satisfacción pudo decir en un momento de balance autocrítico: "Mi obra es, por esencia y presencia, circunstancial" (Obras Completas, VI,347). Nacido el 9 mayo 1883 en una familia madrileña con altos intereses intelectuales y políticos, dotado de gran sensibilidad para "lo público" y viviendo en una época de grandes conmociones políticas, era natural que su horizonte se acomodase al ámbito nacional, incluso cuando sus preocupaciones teóricas le obligasen a salirse de él por excepción.Se educó con los jesuitas, cursó estudios de Derecho y Filosofía y Letras en las Univ. de Deusto y Madrid, y se licenció en esta última en 1902, doctorándose dos años después con una tesis sobre un tema histórico. De la formación recibida guardará siempre mal recuerdo. Se trasladó después a Alemania, "huyendo del achabacanamiento de mi patria, como un escolar medieval", según sus palabras, y se afincó espiritualmente en Marburgo, donde oye a Cohen y Natorp, jefes de la conocida escuela neokantiana (v.) (Obras completas, VI1I,20 ss.). En 1908 enseñó en la Escuela Superior del Magisterio y en 1910, ganó la cátedra de Metafísica de la Univ. de Madrid, que desempeñará hasta 1936. Ya entonces se manifiesta firme al timón de los derroteros que va a seguir: preocupado por el llamado "problema de España", heredero del ideal europeizante de la generación del 98 (v.), vinculado a la Institución Libre de Enseñanza (v.), en actitud crítica frente a la España tradicional de la "Restauración" e instalado en un arquetipo su¡ generis de "intelectual ensayista" a medias entre el literato y el puro teórico.Su acción como mentor alcanzó su mayor influencia en la transición de la Monarquía a la República (Delenda est monarchia); fue elegido diputado para la Asamblea Constituyente, pero pronto le defraudó el rumbo demagógico y extremista del nuevo régimen y se desligó de la política ("No es eso, no es eso": Rectificación de la República). Fueron aquellos años los de mayor éxito público de O. y G. Sus conferencias En torno a Galileo (1933) hicieron de la filosofía por un momento espectáculo de moda. Exiliado, al comienzo de la Guerra española, en Francia y Argentina, quedó en lo sucesivo fuera de la escena oficial española y se convirtió a su pesar en cosmopolita errante. En esta fase final de su vida, su tono se hace más grave, su estilo más austero y su pensamiento más abstracto. Desde 1945 vivió administrativamente en Portugal, espiritualmente en Alemania y afectivamente en España. M. en Madrid el 18 oct. 1955, sin haber dejado nunca de ejercer una rectoría intelectual que le proporcionó entusiastas seguidores y adversarios acérrimos.Figura de aficiones y dotes muy diversas a pesar de su común denominador de intelectual, un análisis objetivo de su plural actividad puede distinguir los aspectos de promotor de la vida cultural, escritor, orientador de la sociedad, filósofo y, en conexión con esto último, profesor.Escritor y promotor de la vida cultural. Colaborador asiduo de la prensa diaria desde 1902 (su padre, José Ortega Munilla, fue director de El Imparcial, uno de los diarios madrileños más influyentes de la época), lleva al periódico temas de alta crítica literaria, social y teórico-filosófica. En 1923 funda la Revista de Occidente, de gran influjo como publicación periódica y como empresa editorial. En ella da a conocer en España el pensamiento contemporáneo (principalmente alemán), a la vez que ofrece tribuna a lo más novedoso del sector hispano que rimaba con su propio pensamiento y estilo. Todavía a su regreso a España funda en Madrid en 1948 el "instituto de Humanidades", donde pronuncia conferencias de resonancia y de vario público.Dotado de una gran capacidad de imaginación plástica, no la empleó en la creación pura, sino que la puso al servicio de la exposición de ideas. Aunque al principio de su carrera tanteó el género de los libros de viajes (Notas de anclar y ver, Notas del vago estío), lo suyo eran el ensayo corto y el artículo de periódico en diálogo tácito con el lector sobre temas de actualidad. "La involución del libro hacia el diálogo: éste ha sido mi propósito" (VIII,18). Claridad, agudeza, garbo, gusto por lo snob y, a la vez, repristinación de castizos decires son, con el uso constante de la metáfora, los rasgos más sobresalientes de su estilo. A su juicio la metáfora constituye "una forma de pensamiento científico" (II,387) y "representa, en Lógica, la caña de pescar o el fusil" (II,391). Fue, tal vez, en los ensayos de El espectador (1916-34) donde el escritor "pura sangre" que siempre fue, según su propia expresión, logró su mejor fruto. Si añadimos su habilidad para combinar lo grave con lo festivo, se comprende su éxito de público, incluso cuando arrostra temas de suyo minoritarios.Analista y orientador de la sociedad. Predispuesto portradición familiar para lo político (varios parientes próximos desempeñaron altos cargos políticos), rehuyó para sí el quehacer concreto en aras de un análisis sociológico teórico. Durante la I Guerra mundial pone en pie la "Liga de educación política" (Discurso Vieja y nueva política, 1914), de escasa eficacia. El año 1921 exprime su visión del "problema de España" en un libro cuyo título es su mejor resumen: España invertebrada. Partiendo de que "la acción recíproca entre masa y minoría selecta... es el hecho básico de toda sociedad y el agente de su evolución" (III,103), diagnostica el morbo hispano como "carencia de minorías egregias e imperio imperturbado de las masas" (III,128). El remedio de esta secular decadencia habrá de venir del "reconocimiento de que la misión de las masas no es otra que seguir a los mejores" (III,126), y, por otra parte, de que éstos desplieguen un "apetito de todas las virtudes".En la Rebelión de las masas (1926), haciendo uso de los mismos principios acerca de la estructura social, pronostica a toda la sociedad occidental una crisis similar a la española. Por "rebelión de las masas" no entiende revolución del proletariado ni tampoco concentración de la población en muchedumbres ("el fenómeno del lleno"), sino creciente aumento del número y del poder del "hombre-masa", caracterizado por la "libre expansión de sus deseos vitales", la "radical ingratitud hacia cuanto ha hecho posible la facilidad de su existencia", el "no apelar de sí mismo a ningna instancia superior", el juzgarse perfecto, la acción directa; en una palabra: los rasgos del "señorito satisfecho". Sería al término de la segunda contienda mundial cuando este libro lograse audiencia tardía del público europeo, que lo reconoció como una previsora admonición de la crisis ocurrida.Filósofo. Era conveniente anteponer el análisis de los demás aspectos de la plural actividad de O. a fin de dejar ahora exenta su labor teórica abstracta, pero el análisis de ésta muestra que es indisoluble en todo momento de los anteriores aspectos. En las Meditaciones del Quijote (1914) aparecen apuntados ya casi todos los lemas e ideas con los que en adelante irá desarrollando, al azar de estímulos y circunstancias foráneas, su pensamiento filosófico. De la frase, allí ocasional, "yo soy yo y mi circunstancia" (I,322) dirá años más tarde que condensa "en último volumen" su pensamiento (VI,347). En conexión con ella esboza allí el perspectivismo; la perspectiva es un componente inevitable de la realidad.La realidad, aquello con que me encuentro y que es dada a mi vivencia, es dada siempre a un sujeto instalado en una determinada circunstancia local, epocal y social. La verdad "absoluta" tendría que ser la integración jerárquica de la totalidad de las perspectivas posibles, pero tal integración es imposible para el hombre que siempre piensa y valora desde una determinada circunstancia: la suya. Pero de esto se sigue también que el relativismo (v.) exagera y desorbita el fenómeno; la realidad (v.) no es sin mí, pero es ella lo que es. Frente al idealismo (yo sin cosas) y al realismo (cosas sin yo, yo como una cosa entre las cosas), el problema del conocimiento (v.) solamente se deja solucionar desde la fórmula: "yo con las cosas". Por tanto, la vida (en sentido biográfico, esto es: personal, responsable e histórica) constituye la "realidad radical", entendiendo por radical "no la única, ni siquiera la más importante y ciertamente no la más sublime, sino lisa y llanamente aquella realidad primaria y primordial en que todas las demás, si han de sernos realidades, tienen que aparecer", según puntualizará en un escrito de su última época saliendo al paso de las acusaciones de biologismo (VII,141).El idealismo (v.) lógico de la escuela de Marburgo había sido el nivel histórico desde el que y contra el que se hace y define paulatinamente el pensamiento de O. Este distanciamiento progresivo, ya patente en los escritos anteriores, tiene otro hito en El tema de nuestro tiempo (1923), donde formula el "raciovitalismo" a incitación de y contra doctrinas muy vigentes en aquel momento (Bergson, Freud, Klages). Aquí considera la vida (v.) no sólo como "vivencia" (biográfica), sino también como estrato biológico, y va a consagrarla como un "valor autónomo". "No menos quc la justicia, que la belleza o que la virtud, la vida vale por sí misma" (según advirtieron Goethe y Nietzsche). Frente al racionalismo ("beatería de la cultura") dominante en la cultura occidental y al vitalismo irracionalista ("primitismo" a lo Rousseau), propugna un racio-vitalismo, donde la razón se haga organon de lavida sin dejar de ser, ella misma, vida ("razón vital") (V. RACIONALISMO; VITALISMO). En diversos ensayos (El espectador, también Prólogo a un libro de montería) puso a funcionar el nuevo método para librar lo que la vida ofrece de calocagathía a un exquisito aristócrata del espíritu, que a la vez tiene gustos de clase media castiza y no desdeña ocasionalmente algún desgarrado aguafuerte popular. Hasta la misma muerte es incorporada al cuadro de la vida como un matiz melancólico conveniente para la belleza del conjunto y necesario para que la vida despliegue toda su riqueza creadora (11,230 ss.). De lo dicho se sigue también que la Ética del deber ha de ser sustituida por una Ética de la ilusión. Lo mejor no ha de ser realizado por imposición heterónoma, sino por deseo íntimo ("deportivamente") a estímulo del "imperativo vital" que nos impulsa a "ser (mejor) lo que se es".En la década del 30, O. lee y comenta a Dilthey (v.) y ello le lleva a desarrollar su pensamiento historiológico. En sus conferencias En torno a Galileo (1933) expone, a propósito de este caso concreto, su teoría de las generaciones (v.). Pero es en Historia como sistema (1935) donde formula su doctrina general sobre la historicidad. "El hombre no tiene naturaleza, sino historia" (VI,41), la cual es "el sistema de las experiencias humanas que forman una cadena inexorable y única" (VI,43). Para entenderla, se necesita de un modo adecuado de razón: la "razón histórica", que en adelante deberá recoger la antorcha olímpica de manos de la razón físico-matemática, vigente desde el advenimiento de la "nueva ciencia" en el S. XVll (V. HISTORIA V-VI).Los escritos menores y conferencias de los últimos años manifiestan el creciente interés de O. por los temas de Sociología y Filosofía de la Historia que las dramáticas crisis de entonces hacían ingratamente actuales. De los dos libros sistemáticos de que en 1940 se decía "parturiento" (V,379), Aurora de la razón histórica y El hombre y la gente, sólo el segundo llegó a ser escrito y fue publicado póstumamente. "Los hechos sociales constitutivos son usos" (VII,76). Estos se caracterizan por ser impersonales (lo que "se" hace, dice, lleva), por ser irracionales para cada individuo y por ejercer presión sobre él. De ahí que el título de la obra oponga al hombre la "gente", esto es, los demás, no en cuanto grupo, sino en magma cambiante a tenor de los usos. De los demás libros póstumos interesan, sobre todo, Origen y epílogo de la filosofía y La idea de principio en Leibniz. Expresan su visión de la Historia de la filosofía, pero no añaden nada sustancial a la suya.Sin haber él propiamente formado escuela, se inspiran, sin embargo, en él los autores de la llamada "Escuela de Madrid" (Morente, v.; Zubiri, v.; Marías, Aranguren) con muy desigual grado de fidelidad. Por lo demás, huellas más o menos explícitas de su pensamiento o de su estilo se advierten en casi todos los expositores de ideas en España e Hispanoamérica desde la década del 30.Valoración. La pretensión de reducir a filosofía la proteica actividad de O. violenta y, en definitiva, empobrece su figura. Aun siendo estimable su contribución al tratamiento de los problemas filosóficos, se quedó en lemas ("ismos") necesitados de desarrollo y articulación; por otra parte, la línea lógica del pensar se quiebra a cada momento por el peso de la intención literaria y por la insaciable avidez de siempre nuevos temas. Lo que O. llevó a un grado excelso de tensión y logro, y lo que explica su influjo sobre un amplio campo de temas y personas, es la actitud de "intelectual", de pensador, de hombre ávido de abstraer la teoría de cada cosa, rehuyendo la tentación a derivar hacia la erudición, la exhortación moral o la mera descripción literaria. Su análisis del "intelectual" (I,311; V,508 ss.) constituye en verdad su autorretrato; y la historia, la sociedad, la vida humana, el arte, los campos de sus mejores logros.CARLOS A. BALIÑAS.
BIBL.: Obras completas, 10 vol., Madrid 1946 ss. La siguiente selección de monografías pretende reflejar los distintos aspectos de su figura y las diversas valoraciones de ella. C[t. CASCALES, L’humanisme d’Ortega y Gasset, París 1957; J. FERRATER MORA, Ortega y Gasset, Etapas de una filosofía, Barcelona 1958; G. FERNÁNDEZ DE LA MORA, Ortega y el 98, 2 ed., Madrid 1963; P. GARRAGORRI, Ortega, Una reforma de la filosofía, Madrid 1958; J. MARÍAS, Ortega (1, Circunstancia y vocación), Madrid 1960; V. MARRERO, Ortega, filósofo "mondainn, Madrid 1961; S. RAMÍREZ, La filosofía de Ortega y Gasset, Barcelona 1958; G. MORON, El sistema de Ortega y Gasset, 1968; J. LÓPEZ MEDEL, Ortega en el pensamiento jurídico contemporáneo, 1968; G. MORON, Historia política de Ortega y Gasset, México 1960; G. REDONDO, Las empresas políticas de José Ortega y Gasset, Madrid 1970.
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