Orden, Sacramento Del II. Liturgia. REL. CRIST.
Categoria:
Religión Cristiana
1. Las órdenes mayores. La liturgia del sacramento del O. ha sido muy variada en la historia de la Iglesia. En un principio sólo se tenían tres O.: el diaconado, el presbiterado y el episcopado, y el rito por el que se conferían era en esencia: imposición de manos, oración acompañada de ayuno (v. 1, 2). Esto aparece bien claro en los Hechos de los Apóstoles: los primeros diáconos "fueron presentados a los Apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos" (Act 6,6); "les constituyeron presbíteros en cada iglesia por la imposición de manos, orando y ayunando, y los encomendaron al Señor, en quien habían creído" (Act 14,23). Esto mismo se observa en la primitiva Iglesia.El ritual más antiguo de Ordenación que conocemos hasta el momento presente se encuentra en la Tradición apostólica (principios del s. III), atribuida a S. Hipólito (v.) de Roma, y en él sólo se mencionan los ritos de la imposición de las manos y la oración. En la ordenación del diácono sólo el Obispo impone las manos, "porque no se ordena para el sacerdocio sino para el servicio del Obispo" (cfr. ed. B. Botte, 2a ed. París 1968, 58-59); en la de presbíteros imponen las manos sobre el que se ordena el Obispo y los presbíteros presentes (ib. 56); en la de Obispos imponen las manos el Obispo que preside la ordenación y los demás Obispos que participan en ella. Además de la oración silenciosa que todos hacen para que Dios otorgue sus gracias al elegido en los tres casos, se presentan textos de plegarias que tienen valor de fórmula ritual. En la Ordenación de diácono se pide a Dios que conceda el Espíritu de gracia y de solicitud que ha sido elegido para servir en la Iglesia y presentar en el santuario lo que se ofrece por el Sumo Sacerdote (ib. 62 ss.). Es curioso hacer notar que en este primer ritual del O. se opta para que el diácono suba a grado superior. En la Ordenación de presbítero se pide al Señor que conceda al que va sel ordenado el Espíritu de gracia y de consejo, para que ayude y gobierne a su pueblo con corazón puro (cfr. ib. 56-59). En la de Obispos la fórmula de la plegaria es mucho más rica que las anteriores; en ella se pide para el elegido la fuerza del Espíritu que Cristo otorgó a los santos Apóstoles que fundaron la Iglesia en todo lugar, como santuario suyo para gloria y alabanza de su nombre, y que con esa gracia conceda también el poder apacentar la grey santa y ejercer el supremo sacerdocio, ofreciendo los dones de la santa Iglesia y perdonando los pecados (cfr. ib. 44-47). Este ritual aparece más ampliado en las Constituciones Apostólicas (v.; fines del s. Iv o principios del v), en las que se alude al rito de la imposición del libro de los Evangelios sobre la cabeza del que es ordenado como Obispo.En la historia de la liturgia del O. son muy interesantes las tres oraciones que aparecen en el llamado Eucologio de Serapión (s. IV), pero que, posiblemente, representen un ritual de Ordenaciones mucho más antiguo. Las tres oraciones son las siguientes: a) Para el diaconado: "Padre del Hijo único, Tú enviaste a tu Hijo y dispusiste con sabiduría las cosas de la tierra; diste reglas y órdenes a tu Iglesia para la utilidad y la salvación de las comunidades; escogiste a los Obispos, los sacerdotes y los diáconos, para el servicio de la Iglesia católica;elegiste por medio de tu Hijo único siete diáconos y les diste el Espíritu Santo. Instituye a tu siervo, diácono de la Iglesia católica, y dale el espíritu de conocimiento y discernimiento, a fin de que, puro y sin reproche, pueda ejercer su ministerio en medio de tu pueblo santo...". b) Para el presbiterado: "Elevamos nuestra mano, Soberano, Dios de los cielos, Padre de tu Hijo único, sobre este hombre y te suplicamos que le llene el Espíritu de verdad; concédele la inteligencia, el conocimiento y un corazón recto; sea con él el Espíritu Santo para que pueda gobernar a tu pueblo, dispensar tus palabras divinas y reconciliar al pueblo contigo. Dios increado...". c) Para el episcopado: "Tú enviaste al Señor Jesús para ganar al mundo entero, escogiste por 111 los Apóstoles y ordenas de generación en generación santos obispos. ¡Oh Dios de verdad! haz un Obispo viviente de tu siervo, un Obispo santo de la sucesión de los Santos Apóstoles; y dale la gracia del Espíritu divino, que concediste a todos los fieles servidores, a los profetas y a los patriarcas. Hazle digno de apacentar tu rebaño; que permanezca puro y sin reproche en su cargo de Obispo..." (cfr. F. X. Funk, Didascalia et Constitutiones apostolorum, Paderborn 1905; reimpresión, Turín 1959, 188-191; versión española en A. Hamman, Oraciones de los primeros cristianos, Madrid 1956, 232-234).
Después de la Tradición Apostólica, no encontramos en Occidente otros documentos litúrgicos sobre el ritual del O. que unas oraciones en el llamado Sacramentario Leoniano o Veronense y en el Sacramentario Gregoriano. Estas oraciones efi el s. X tomaron la forma de prefacios y así pasaron al Pontifical Romano. En la referente al diaconado, después de una alusión a los levitas (v.) del A. T., se pide a Dios que envíe al Espíritu Santo, para que por los siete dones de la gracia, los diáconos puedan ejercer su ministerio y suscitar la imitación del pueblo por su comportamiento virtuoso. La oración destinada a la Ordenación de presbítero es muy importante, pues señala la categoría peculiar del presbiterado en el sacramento del O.; en ella aparecen las expresiones: "sequentis ordinis viros", "secundae dignitatis", "secundi meriti munus", que parecen una premeditada protesta contra la tendencia de considerar al Obispo como primus inter pares, de la que S. jerónimo es el principal representante. La referente a la Ordenación del Obispo desarrolla la idea de que 61 es el Sumo Sacerdote del N. T., y valiéndose de los ritos de la consagración de Aarón, hace ver que el Sumo Sacerdote cristiano ha sido revestido más espléndidamente por la bendición divina y consagrado más íntimamente por la unción del Espíritu Santo que lo fuera el Sumo Sacerdote del A. T. Con una interpolación de textos bíblicos, de origen no romano, se precisa la misión del Obispo de predicar la Palabra de Dios, más concretamente, el Evangelio y ser el ministro de la reconciliación. Se subraya también su misión de intercesor.Los libros litúrgicos de esta época no ofrecen otros datos sobre el ritual de la Ordenación. Nos encontramos, por tanto, con los mismos elementos que aparecen en el N. T.: la oración y la imposición de las manos. Lo único que ha cambiado es la fórmula de la oración que en las distintas liturgias tiene aspectos diferentes, aunque todas ellas conserven un fondo y otros elementos comunes. Los Ordines Romani (V. LIBROS LITÚRGICOS), señalan algunos detalles más sobre los ritos del O., pero significan muy poca cosa con respecto al mismo rito que sigue siendo la oración e imposición de las manos. Los Ordines 40 A y 40 B describen la Ordenación del Sumo Pontífice (el Papa). Los Ordines 34, 35 y 36 dan las normas de la Ordenación de un Obispo de Italia central por el Romano Pontífice en calidad de Metropolitano. Los ritos del diaconado y presbiterado se encuentran en el Ordo 34 y mezclados con los usos galicanos en los Ordines 36 y 39. Se hace mención de los ornamentos sagrados, como la dalmática, la casulla y el palio, pero la vestición de tales ornamentos tiene lugar al margen de la misma ceremonia (V. VESTIDURAS LITÚRGICAS).En los ritos galicano (v.) y mozárabe o hispano (v.), hasta el s. X se encuentra enriquecido el ritual de la Ordenación con la presentación del candidato, la aclamación y una fórmula de "colecta"; así como con la entrega del Evangeliario al diácono y el Liber Manualis al presbítero, y con la unción de las manos de éste por el Obispo que, en la liturgia galicana consta que existía ya en el s. VIII pues la menciona el Missale Francorum. Pero eran ritos complementarios y sin mucha relación con la esencia de la Ordenación que seguía siendo la oración y la imposición de las manos.En tiempo de la formación del Pontifical Romano (s. IX-XII), las ceremonias explicativas del rito esencial se revalorizaron en extremo, a veces con perjuicio de la misma esencia del rito, que aparecía casi ahogado por la ampulosidad de los ritos secundarios que, es cierto, tienen un sentido en el mismo rito, pues lo hacen más expresivo, pero no deben sobrepasar nunca su propio límite. Con la unión de las fórmulas de los Sacramentarlos antiguos y las normas de los Ordines se elaboró hacia la mitad del s. X el llamado Pontifical romano-germánico. Insensiblemente, de una manera poco uniforme y más bien por iniciativa privada, se fueron introduciendo durante este periodo (s. IX-XII) la entrega de los instrumentos, esto es, el Evangeliario y la estola al diácono; la unción de las manos y la entrega del cáliz con el vino y la patena con el pan, la estola, según estilo sacerdotal, y la casulla al presbítero; la imposición del Evangelio, así como las unciones con el santo crisma y entrega del báculo y del anillo al Obispo. No cabe duda de que todo esta contribuía a sensibilizar en los mismos ordenandos y en los fieles los poderes conferidos en cada una de las Ordenaciones.El Pontifical Romano del s. XII reprodujo de nuevo los ritos esenciales de la primitiva Ordenación romana, es decir, la oración y la imposición de las manos, y adoptó muchos ritos de origen galicano, como la entrega de los instrumentos, con carácter simbólico y accidental. El Pontifical de la Curia del s. XIII fijó y precisó las adiciones introducidas en el anterior: se revaloriza mucho la plegaria consecratoria en forma de "prefacio"; la entrega del cáliz y de la patena tiene aún carácter meramente simbólico; no aparece todavía ni para el presbiterado ni para el episcopado la fórmula "Accipe Spiritum Sanctum" en la imposición de las manos. A fines del s. XIII aparece el Pontifical de Durando de Mende, que tomó como base los anteriores y añadió nuevos ritos; en cierto modo fue revolucionario; su obra marca el término de la evolución de los ritos de la Ordenación, aunque algunos de sus nuevos ritos no se generalizaron hasta el siglo siguiente y aún más tarde. Merecen mención especial en el diaconado la interrupción del Prefacio e imposición de la mano con la fórmula: "Accipe Spiritum Sanctum"; en el presbiterado, la imposición de la casulla plegada y la última imposición de manos, después de la comunión, con las palabras: "Accipe Spiritum Sanctum, quorum remiseritis..."; y en la Ordenación episcopal, la imposición de manos antes del prefacio consecratorio con la fórmula: "Accipe Spiritum Sanctum", la bendición del báculo y del anillo, así como la última parte de la ceremonia: mitra, guantes, entronización y bendición. El Pontifical Romano de 1485 siguió la línea trazada por Durando, salvo pequeños detalles, como la concelebración en la Ordenación sacerdotal.Los ritos del sacramento del O. no recibieron modificación alguna desde esa fecha hasta 1950 en que se introducen las modificaciones decretadas por Pío XII en la Constitución Sacramentum Ordinis del 30 nov. 1947 (AAS 40, 1948, 6). En ella se precisa que la materia del diaconado es la única imposición de manos por parte del Obispo, y las palabras del prefacio o plegaria consecratoria son la forma: "Emitte in eum, quaesumus, Domine, Spiritum Sanctum... roboretur". En la Ordenación del presbítero, la materia es la primera imposición de las manos que hace en silencio el Obispo, no la imposición de la mano derecha que seguidamente continúa haciendo, ni la última en la cual dice: "Accipe Spiritum Sanctum quorum remiseritis..."; en la fórmula son esenciales las palabras del prefacio: "Da quaesumus, omnipotens Pater... insinuet". En la Ordenación episcopal, la materia es la imposición de manos del Obispo consacrante, y la forma las palabras del prefacio, de las que son necesarias para la validez las siguientes: "Comple in sacerdote tuo ministerii tu¡ summa... sanctifica" (v. t. 1, 4).2. El subdiaconado y las órdenes menores. El subdiácono aparece en el s. III como ayudante del diácono en las celebraciones litúrgicas; la Tradición Apostólica dice que no se le deben imponer las manos; se hace una oración por 61 en la que se declara que es el ayudante del diácono. En los s. V-VI consta que se le- entregaba un cáliz vacío como signo de su oficio. El Ordo VIII exigía que el subdiácono hiciese públicamente un juramento de no haber cometido nunca los cuatro pecados gravísimos de sodomía, atentado contra una virgen consagrada, la bestialidad y el adulterio. A fines del s. xii comienza a ser considerado el subdiaconado como Orden mayor. Pedro el Cantor lo considera como orden sagrado (cfr. PL 205,184). En el ritual, aunque se revalorizó externamente con la imposición del amito, manípulo y tunicela, y luego con el canto de las letanías (v.) que siempre precede en la liturgia a las grandes consagraciones, sin embargo, siempre se mantuvo como orden menor; nunca tuvo prefacio consecratorio.Las llamadas órdenes menores han sido variadas en la historia de la Iglesia y de muy antigua tradición. El primer documento que nos habla de otros grados de la jerarquía eclesiástica, además del diaconado, presbiterado y episcopado, es la Tradición Apostólica que menciona también a los lectores y exorcistas. Años más tarde el papa S. Cornelio en una carta al obispo Fabio enumera los diversos grados de la Jerarquía en Roma: porteros, lectores, exorcistas, acólitos, subdiáconos, diáconos y Obispo (que no nombra, pero se sobreentiende). En Oriente, además de las tres órdenes mayores (Obispo, presbítero y diácono) aparecen también las de subdiácono y de lector. Algunos documentos antiguos mencionan además a los cantores, porteros, exorcistas, confesores, fosores, etc., aunque las Constituciones Apostólicas afirman que el confesor, el exorcista... no están ordenados (libro VIII,23-26).Al principio el rito por el que uno entraba a formar parte de esos órdenes era muy simple. Al lector, p. ej., entregaba el Obispo el libro de la Sagrada Escritura y quedaba constituido lector; luego se añadió una fórmula especial. Entre los s. vi y viii se enriquece aún más el rito de estos órdenes, como lo muestran los Statuta Ecclesiae antiqua, el Ordo de sacris ordinibus benedicendis y el Missale Francorum. Constan sus ritos de tres partes bien definidas: la admonición sobre el significado de cada orden determinada y el modo mejor de cumplir con su misión, la entrega de los instrumentos propios de cada orden y una oración o bendición por los recién ordenados. Este esquema, con pequeñas modificaciones ha pasado, a través del Pontifical Romano-Germánico, el de la Curia Romana y el de Durando, al Pontifical que ha regido en la Iglesia durante muchos siglos.La entrega de los instrumentos en. estos órdenes es muy antigua; ya se ha visto que al principio, como lo muestra la Tradición Apostólica, se conferían sólo por eso mismo. El ostiario o portero recibe una llave, el exorcista el libro de los exorcismos, el lector la Biblia, el acólito un candelero con su cirio y las vinajeras vacías. Las fórmulas de bendición son, dentro de una gran sobriedad, sumamente bellas y han preparado a multitud de clérigos que se disponían a subir a las órdenes superiores con gran sentido espiritual.A los ritos de las cuatro órdenes menores precedía la tonsura por la que se entraba a formar parte del estado clerical. En la mayor parte de los documentos antiguos, el rito de la tonsura aparece separado de los formularios de la Ordenación, pues la "tonsuración" de los clérigos no se ha considerado propiamente un grado en la jerarquía eclesiástica. El ritual de la tonsura se encuentra en las fuentes más puras de la liturgia romana, como el Sacramentario gregoriano y los Sacramentarios gelasianos del s. VIII, de modo especial el de Gelón. En el Pontifical de Durando se incluyó el rito de la vestición de la sobrepelliz y así pasó al Pontifical Romano.3. Los ritos de la Ordenación promulgados por Paulo VI. La reforma de la liturgia del sacramento del O. sugerida por el Cone. Vaticano II y aprobada por Paulo VI tuvo dos partes. En primer lugar por la Const. Apostólica Pontificalis Romani recognitio de 18 jun. 1968 (AAS 60, 1968, 369-373) el Papa aprobaba los nuevos ritos de la Ordenación del diácono, presbítero y Obispo (primera edición típica por la Políglota Vaticana en el mismo año, con el título De Ordinationibus Diaconi, Presbyteri et Episcopi). Luego por el Motu Proprio Ministeria quaedam del 15 ag. 1972 se suprimía la tonsura vinculando la entrada en el estado clerical con el diaconado; y se establecía que las "órdenes menores" se denominasen en adelante "ministerios"; que estos "ministerios" no se reservan sólo a los candidatos al sacramento del O., sino que pueden ser confiados a laicos; que se excluyen de tales "ministerios" a las mujeres; que pueden ser conferidos por el Obispo o por el correspondiente Superior Mayor en los Institutos clericales de perfección; que se guarden los intersticios, es decir, los periodos de tiempo más o menos largo, a juicio de la Sede Apostólica o de las Conferencias Episcopales, entre un "ministerio" y otro; que se han de conferir tales "ministerios" a los candidatos al diaconado y presbiterado, pero la Santa Sede puede dispensar de esto. Prescribía el Papa que el competente Dicasterio de la Curia Romana elaborase los ritos adecuados para los dos "ministerios" de acólito y lector; más adelante fueron publicados en su primera ed. típica por la Políglota Vaticana, con un Decreto de la Sagrada Congr. para el Culto divino del 3 dic. 1972, con el título De institutione lectorum et acolytorum, De admissione inter candidatos ad diaconatum et presbyteratum; De sacro caelibatu amplectendo, donde aparece también el Motu Proprio citado. Estos ritos entraron en vigor en 1 en. 1973.La Const. Apostól. Sacramentum Ordinis de Pío XII ya aclaró las dudas acerca del rito esencial del sacramento del O. (imposición de manos y plegaria consecratoria), que habían sido suscitadas entre teólogos y liturgistas (v. 1, 4 y final de n, 1); al mismo tiempo los demás ritos tradicionales, complementarios e ilustrativos de los esenciales, se conservaban sustancialmente. En la reforma?promulgada?por-Paulo-VI se introducen algunas simplificaciones, en estos ritos complementarios. Los ritos de las Ordenaciones quedaban constituidos en la forma que describiremos brevemente.a) El diaconado. La llamada a los candidatos se hace como antes. Generalmente el sacerdote encargado de su formación es el que hace la presentación de los mismos al Obispo (el Pontifical dice: el sacerdote delegado para esto por el Obispo). En la contestación a la pregunta del Obispo sobre la idoneidad de los candidatos se alude a las disposiciones del Derecho Canónico (v. 1, 7), con lo cual va implícita la respuesta a si existen impedimentos para la ordenación. El Obispo expresa ante todos que elige esos candidatos para el diaconado y el pueblo responde Deo gratias. Para todas las Ordenaciones el Pontifical ofrece un modelo de alocución, pero no obligatorio; el Obispo puede hacer otra o añadir algunas palabras personales. A esta alocución sigue el interrogatorio; en él se responsabiliza al candidato sobre su voluntad de recibir tal Ordenación, de ayudar a los sacerdotes y ser útil al pueblo de Dios; de predicar con su palabra y con sus obras la fe cristiana según el Evangelio y la tradición de la Iglesia, de tender a la perfección cristiana. En el rito para la admisión de los candidatos al diaconado y presbiterado se modifica los textos del anterior interrogatorio, aunque conservan el contenido sustancial, y se añaden dos más, uno referente al celibato y otro al rezo del Oficio divino (v.) y vida de oración en general para bien suyo y utilidad de la Iglesia y del mundo. Sigue una intercesión litánica que reemplaza a la antigua letanía (v.) de los santos. La imposición de las manos se hace antes de la plegaria consecratoria y en silencio. La misma plegaria consecratoria se modifica a fondo: no se pensaba necesario tratar ya en ella de la dignidad de los candidatos y se suprime ese párrafo; la parte anamnética se refería sólo al tipo del levita del A. T. y no se subrayaba la parte de los diáconos en el N. T., por eso, sin omitir la tipología del A. T., se inserta un párrafo sobre la misión de los diáconos en la primitiva Iglesia según el N. T.; la conclusión de la plegaria admite la posibilidad del diaconado permanente; por eso se subraya en general el carácter de servicio del diaconado. La imposición de la estola y de la dalmática no la hace el Obispo, como antes, sino los presbíteros o diáconos que asisten, sin decir ninguna fórmula especial, como se hacía antiguamente. Se revaloriza la entrega del libro de los Evangelios, que la hace el Obispo con una fórmula distinta de la antigua, que era una imitación poco feliz de la que se usaba en la Ordenación sacerdotal al entregar el pan y el vino para el sacrificio de la Misa; la nueva fórmula explica el rito y remite por el verbo "ef fectus es" a la imposición de las manos y a la plegaria consecratoria.b) El presbiterado. La introducción sigue la misma estructura que en el rito del diaconado, por lo mismo se suprimen las fórmulas que no concordaban con ella. A la presentación de los candidatos y a la petición de que sean consagrados presbíteros, el Obispo responde con la "elección"; sigue la alocución del Obispo; y, después, la promesa de los candidatos de realizar dignamente su oficio, según un interrogatorio que es hecho por aquél y en el que se presentan los puntos más principales de la misión del presbítero, como: ser colaboradores de los Obispos en la dirección del pueblo de Dios; celebrar los misterios de Cristo para gloria de Dios y santificación de los fieles, según la tradición de la Iglesia; predicar el Evangelio y exponer la fe cristiana; consagrarse a Cristo sumo Sacerdote. Con la oración de todos los fieles por los ordenandos se concluyen los ritos introductorios. Los ritos esenciales no sufren cambios notables. Después de la imposición silenciosa de las manos por parte del Obispo u Obispos sobre cada uno de los candidatos, se dice la plegaria consecratoria que permanece la misma, salvo algunas correcciones textuales y una nueva conclusión para poner de relieve el carácter eclesial del servicio sacerdotal. En cuanto a los ritos explicativos se conservan, con diversas modificaciones, la unción de las manos, la imposición de la estola de modo sacerdotal y la casulla (sin plegar y no por el Obispo) y la ofrenda para la celebración eucarística. No se usa en la unción el llamado óleo de catecúmenos, sino el santo crisma (v. ÓLEOS, SANTOS), con una fórmula en relación a la santificación de los fieles y a la celebración del sacrificio de la Misa. Se suprimen algunos ritos explicativos que tenían lugar después de la comunión, como la segunda imposición de manos, el despliegue de la casulla, la recitación del símbolo apostólico y las recomendaciones y bendición final; se conservan la promesa de obediencia al Obispo, y el beso de la paz con el responsorio Iam non dicam vos servos.c) El episcopado. La introducción del rito de Ordenación episcopal tiene la misma estructura que en las anteriores: presentación del candidato, petición para que sea ordenado, alocución e interrogatorio. La petición es hecha no por uno de los Obispos presentes en la ceremonia, sino por un presbítero; naturalmente, según la legislación actual, el Obispo consagrante no manifiesta que elige al candidato para el episcopado, sino que pregunta si hay mandato apostólico y que se lea, después de lo cual todos responden Déo grabas. Según tradición de la Iglesia, al menos desde el Cone. de Nicea, se prescriben la asistencia y participación en la ceremonia de dos Obispos, pero el nuevo rito exhorta a que participen todos los Obispos presentes. En el interrogatorio se tocan los puntos más importantes de la misión episcopal, como; predicar el Evangelio, guardar intacto el depósito de la fe, trabajar con los demás Obispos en la edificación de la Iglesia, guardar obediencia al sucesor de San Pedro, gobierno espiritual del pueblo de Dios, cuidar los pobres y necesitados, atraer las ovejas errantes, orar por todo el pueblo de Dios y sobre todo permanecer fiel hasta la muerte en la misión que va a recibir. La imposición de las manos se hace en silencio sobre la cabeza del candidato; sigue inmediatamente la imposición del libro de los Evangelios y a continuación la plegaria consecratoria que ha sido modificada. La fórmula del Pontifical anterior se formó de la unión de dos fórmulas antiguas: una romana y otra galicana, de aspectos diferentes; algunos elementos de la fórmula galicana enriquecían la fórmula romana, pero otros la hacían difícil; por otra parte no se podía prescindir por completo del texto galicano, pues en el romano no se revalorizaba suficientemente el aspecto cristológico. Una acomodación parcial no pareció suficiente, por eso se pensó en sustituirla por la que se encuentra en la Tradición Apostólica (del s. iii) ligeramente reelaborada, con lo cual se reasume de nuevo la fórmula base que fue objeto de muchas amplificaciones ulteriores. En realidad la reforma litúrgica posconciliar hace una buena poda de elementos galicanos. Entre los ritos explicativos están: la unción de la cabeza, con una bella fórmula, pero se suprime aquí la unción de las manos, ya hecha en la Ordenación de presbítero; a la unción de la cabeza sigue la entrega del evangeliario, del anillo, del báculo y de la mitra (pero no de los guantes); si la Ordenación se realiza en la diócesis para la que se le ordena, el Obispo consagrante lleva al nuevo Obispo a su cátedra episcopal, en caso diverso le indica que se coloque a su derecha.d) El rectorado y acolitado. En los ritos para la colación de estos ministerios se sigue la misma estructura que en el Pontifical anterior, es decir: admonición, bendición y entrega de los instrumentos; aunque el formulario se ha modificado.Los bellos ritos referentes a las órdenes sagradas, como hemos ido viendo, se han desarrollado y enriquecido a través del tiempo de acuerdo con la fe y la piedad tradicional de la Iglesia, uniéndose en ellos los estudios litúrgico-históricos con los de teología y pastoral. Los ritos del sacramento del O. promulgados por Paulo VI han querido responder al deseo del Conc. Vaticano II; éste decía de los ritos en general que "deben resplandecer con una noble sencillez; deben ser breves, claros, evitando las repeticiones inútiles, adaptados a la capacidad de los fieles, y, en general, no deben tener necesidad de muchas explicaciones" (Const. Lumen gentium, n° 34); y en concreto, por lo que respecta a los del sacramento del O.: "Revísense los ritos de las Ordenaciones, tanto en lo referente a las ceremonias corno a los textos. Las alocuciones del Obispo al comienzo de cada ordenación o consagración pueden hacerse en lengua vernácula. En la consagración episcopal, todos los Obispos presentes pueden imponer las manos" (ib., n° 76).Otros temas relacionados con el sacramento del O., pastorales y también litúrgicos, pueden verse en SACERDOCIO TV-VI; PASTORAL, ACTIVIDAD; etc.M. GARRIDO BONAÑO.
BIBL.: J. MORIN, Commentarius historicus ac dogmaticus de sacris Ecclesiae ordinationibus secundum antiquos et recentiores Latinos, Graecos, Syros et Babilonios, París 1655; F. TIXERONT, L’Ordine e le Ordinazioni, Brescia 1939; B. BoTTE, Le rituel des ordinations des Statuta Ecclesiae antiqua, "Revue de Théologie Ancienne et Médiévale", 11 (1939) 223-241; P. DE PUNIET, Le Pontifical Romain, I, Lovaina-París 1930, 102-296’ G. DIx, Le ministree dans 1’Église ancienne des années 90 a 410, NeuchátelParís 1955 (anglicano); VARIOS, Études sur le sacrement de Pordre, París 1957; J. GóMEz LoRENzo, Las órdenes Sagradas, Salamanca 1957; P. JOUNEL, Les ministres dans 1’assemblée, "La Maison-Dieu", 60 (1959) 35-68; B. KLEINHEYER, La riforma degli Ordini sacri, "Rivista liturgica", 56 (1969) 8-24; E. J. LENGELING, Teologia del sacramento dell’Ordine nei test¡ del nuovo rito, íb. 25-54; M. RIGHETTI, Historia de la Liturgia, II, Madrid 1956, 905-998.
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