Ocio Ii. Educación y Enseñanza. EDUC.
Categoria:
Educación
Aristóteles se refiere al o. relacionándolo con la felicidad: "La felicidad perfecta consiste igualmente en el ocio. No nos privamos de los ocios más que para conseguirlos, y es para vivir en paz para lo que hacemos la guerra" (Mica a Nicómaco, X,7,ll77b4-6). En un principio, o. no significó oposición al trabajo, como actualmente se cree. Se piensa que el o. es. algo negativo, el que no trabaja está ocioso, pero en el ámbito cultural clásico ocurría todo lo contrario; el trabajo útil, negotium, suponía la supresión de otro estado vital contemplativo y plenamente humano, el otium, o actividad no útil en latín.También Aristóteles afirmaba que en Egipto la casta sacerdotal se dedicaba al eskolé, actividad no útil u o. en griego, en contraposición a las actividades artesanales, comerciales y en general útiles. El o. se consideraba como un estado superior a las demás actividades útiles. Este tipo de actividad "inútil" posibilitaba entre los filósofos las actitudes especulativas ante las cosas y ante ellos mismos. Además, el o. conllevaba la feciidad perfecta haciendo a los hombres semejantes a los dioses. Los dioses según la concepción clásica conocían "contemplando"; por mantenerse en un estado ocioso podían dedicarse a la contemplación. El o. posibilitaba la función más noble del entendimiento, el último estadio del proceso cognoscitivo, el reposo absoluto después de una fatigosa actividad intelectual.En la educación y en la familia. No parece necesario insistir en la importancia del o. en los pilares de la cultura occidental, no sólo desde el punto de vista filosófico, sino desde el pedagógico. La palabra latina schola, escuela, tiene sus raíces en la griega eskolé. El que asiste a la escuela, el escolar, debe mantenerse durante bastante tiempo alejado de la actividad productiva. La enseñanza y el aprendizaje necesitan del o. para poder realizarse. Cualquier tipo de actividad investigadora necesita también separarse durante un tiempo, o toda la vida, de la producción "fabril"; el o. es imprescindible en cualquier campo de progreso humano llevado hasta sus últimas consecuencias.De ningún modo puede enfocarse el o. como no actividad, actividad sin sentido, como pereza (v.), o como sólo descanso (v.). Estas acepciones peyorativas, tan enraizadas en la mentalidad actual, que centra todo el valor en el resultado útil del trabajo una vez que culmina el esfuerzo, son corrientes, pero equivocadas. Por el contrario, el o. se debe considerar actividad contemplativa,y esto no concuerda en absoluto con el concepto de holgazanería, sino con la función más alta del entendimiento que es capaz de descansar activamente en una visión profunda de las cosas conllevando estados de felicidad.
Si consideramos el o. como actividad del espíritu no útil, podríamos ver brevemente cómo un cambio de actividad que se salga de la habitual y no tenga como fin lo útil produce descanso. El descanso se puede conseguir a través del o., pero el o. no debe ser confundido con el descanso. Actualmente el o. no se plantea como medio de descanso entre la mayoría de las personas, aunque, con la proliferación de publicaciones económicas, libros de bolsillo, emisiones culturales radiadas y conciertos populares, algunos países han conseguido que personas sin una formación cultural específica puedan acercarse en sus ratos libres a distintos ámbitos culturales que les ayudan a ejercitar actividades espirituales, por decirlo de alguna manera. Esto abre nuevas posibilidades dentro de la excesiva tecnificación en las naciones, de un retorno al o. como actividad del espíritu y revaloración de lo cultural y humano ante lo técnico.Aun así no se puede olvidar que la mayoría de las personas que se dedican a actividades productivas ejercen un tipo de descanso basado muchas veces en la pérdida de tiempo, o en actividades sin sentido como el alcoholismo, espectáculos excitadores, el uso de drogas, y otros tipos de evasión de la realidad creando un mundo egocéntrico y fantasioso. Se ve la urgente necesidad de educar en el o., máxime si se piensa que el tiempo de descanso aumenta proporcionalmente con la disminución de horas de trabajo en los grupos industriales, y estas horas "no laborales" son normalmente "horas perdidas", ya que no se sabe qué hacer con el tiempo.Educación en el o., hacia un nuevo humanismo dentro de las sociedades posindustriales, haciendo ver la necesidad de ocupar muchas de las horas libres en la propia formación cultural, y en la transmisión de esa cultura a los que más la necesitan con espíritu de servicio, puede ser una de las soluciones. El o. no sólo no pierde vigencia en las circunstancias actuales, sino que posibilita uria existencia más humana en los diversos campos del ámbito cultural. Esto se puede explicar, si consideramos la actividad ociosa como la menos planeada, y estar ociosos en el sentido al que anteriormente aludíamos supondría una liberación del plan de trabajo habitual que muchas veces ata excesivamente, produciendo trastornos psíquicos, fisiológicos y desavenencias en el orden convivencia¡.Ya que la familia conserva una cierta independencia con respecto a la estructuración del trabajo en la sociedad industrial, se ve que no es difícil relacionar, en razón de mutua dependencia, la familia con el ocio. Es indudable que la familia necesita del o. para subsistir, ya que si todas las instituciones quedaran plenamente subordinadas a los esquemas de producción industriales acabarían por desaparecer, al serles impuestas estructuras desproporcionadas e inadecuadas a ámbitos tan distintos, que pueden incluso llegar a ser incompatibles. Un ejemplo lo vemos en los desequilibrios familiares que produce el que una madre trabaje fuera del hogar durante el día, y no pueda mantener el contacto con sus hijos, o el marido que por razón de sus ocupaciones aparece en el hogar a última hora de la noche. Delincuencia juvenil (v.) y divorcio son productos típicos de estos desfases, y los estudios realizados por la psicología social en los últimos años atribuyen en gran parte a la falta de contacto familiar numerosas anomalías de la sociedad.Por otro lado, el o. depende también de la familia, ya que el carácter independiente de ésta permite la reflexión profunda, el conocimiento mutuo y el propio, la posibilidad de dedicar tiempo a la lectura y otras actividades no productivas. La familia (v.) es un ámbito de protección de valores humanos, y también transmisora de cultura y valores espirituales. La destrucción de la familia conlleva siempre pérdida de valores espirituales y culturales. Los índices de actitudes agnósticas aumentan paralelamente a las separaciones matrimoniales. Por tanto, en líneas generales vemos que la familia y el o. son prácticamente inseparables tanto en la sociedad industrial como en la posindustrial que ya empezamos a vivir.Ocio y libertad. Ya hemos indicado al comienzo que, en la actualidad, es corriente considerar el o. como algo negativo, en contraposición al trabajo productivo, que se valora hasta límites insospechados que rozan lo mítico. Ahora bien, si tenemos en cuenta que muchos de los planes de trabajo impuestos en la sociedad industrial rozan lo inhumano, por la excesiva especialización, el intenso ritmo productivo, la falta de consideración del individuo ante la organización capilarizada, y en general el desprestigio de casi todo lo que no sea útil o funcional, el hombre en muchas ocasiones se siente fuertemente atado y llega a sentir como una falta de libertad en la pérdida de valores fundamentales. Algunos ven en el o. un despego del hombre ante las necesidades que le apremian, como una liberación de lo no humano.No están muy desencaminados quienes así piensan, si recordamos que en un principio el o. tuvo más valor que el negocio, hasta tal punto que para hablar del trabajo útil había que hacer referencia al o., negándolo. "El hombre que trabaja se ocupa a sí mismo con la mira puesta en algún fin, que no está en su posesión, mientras que la felicidad, a la que se llega por el ocio, es un fin perfecto, que todos los hombres creen está acompañado de placer y no de dolor" (Aristóteles, Política, VIII,3,1338al-6). No hay que olvidar que o. y trabajo posibilitan los fenómenos .culturales; por ello, el trabajo productivo es importante siempre que se articule con sentido, y tanto como el o. puede ayudar al hombre a ser más libre (v. TRABAJO HUMANO).V. t.:JUEGO;DESCANSO.JAVIER DE ALBA.
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