Obrero I. Estudio General. SOCIOL.
Categoria:
Sociología
Noción e historia. Una primera acepción de la palabra o., la más amplia, es la del hombre en cuanto contribuye con su obrar a la producción de bienes, entendidos éstos, -también, en su sentido más amplio. En un sentido más restringido se utiliza el término o. no simplemente como sinónimo del hombre que trabaja, sino de aquel que realiza un tipo de trabajo determinado: un trabajo manual y técnico bajo la dirección de otros y sin ser él mismo propietario de los bienes sobre los que ejerce su actividad. En este sentido se equipara también a trabajador (v.). A veces también se restringe el calificativo de o. a los trabajadores de la industria, contraponiéndolos así a los campesinos.Dada la amplitud del tema, las diversas cuestiones que se refieren al o. tienen en esta Enciclopedia su estudio propio en otros apartados. Para una visión de conjunto v. TRABAJADOR, donde se analiza el tema con amplitud. Aquí únicamente se darán unas breves indicaciones.El trabajo, como tal, tiene una dignidad, no es algo deshonroso, aunque pueda ser costoso; en relación con este aspecto puede verse la VOZ TRABAJO HUMANO. El trabajo, también, siendo algo obligatorio y necesario, debe constituir uno de los derechos primarios del hombre, que la sociedad debe proteger y reglamentar. Para este aspecto V. DERECHO DEL TRABAJO; SINDICATO; DERECHO SINDICAL; LEGISLACIÓN SOCIAL. Respecto a la retribución económica v. SALARIO. Cabe analizar también cómo ha surgido el llamado problema o. en la época industrial, es decir, la situación de la persona que trabaja sin ser propietaria, cambiando su trabajo por un salario, según las reglas de juego de un mercado libre, ateniéndose a las condiciones que se estipulen, con el peligro de que ese trabajo o, bien no esté suficientemente retribuido, de manera que no llene las necesidades más urgentes de su vida o, bien, aun cumpliendo estas exigencias, sus derechos de hombre libre sean vejados o impida este trabajo una auténtica realización interior, la maduración espiritual de su persona. Para esta parte histórica pueden consultarse las voces INDUSTRIALISMO; PROLETARIADO; CUESTIÓN SOCIAL; SINDICALISMO; TRABAJADOR.A continuación se exponen las orientaciones de la doctrina social de la Iglesia, referidas al problema o.: desde un punto de vista más amplio pueden consultarse también las voces Moral social, en MORAL III, 2 y justicia social, en JUSTICIA IV, 2.Orientaciones de la doctrina social cristiana. La solución al problema o. se ha acometido en dos direcciones, llamadas a ser solidarias. Por un lado se ha visto la solución tomando en cuenta la sociedad misma y tratando de modificar o reformar sus estructuras, particularmente las económicas, en orden a conseguir una mayor igualdad. La solución, del otro lado, se ha buscado a partir de la moral, insistiendo en las condiciones de una vida humana digna, con acento en la libertad. Estas dos orientaciones están llamadas a complementarse.La Iglesia, desde la enc. Rerum novarum (León XIII), ha hecho hincapié, como es natural, sobre todo en el aspecto moral de la cuestión. Las instancias éticas, relativas a los fines -realización de la justicia (v.) dentro de un régimen de bien común (v.)-, tuvieron primacía sobre -las referentes a las técnicas mediadoras para conseguirlos. Determinadas orientaciones arbitradas por los documentos pontificios en este segundo aspecto, eran subsidiarias del punto de vista moral. Dependían de la situación económica de cada momento; nunca pretendieron, y desde luego no tuvieron, sustantividad. La Iglesia, en consecuencia, ha tendido cada vez más a afianzarse en la posición moral, dejando que los técnicos resuelvan los problemas de medios contando con las posibilidades reales.Para la valoración positiva del trabajo se encuentra apoyo en la Escritura, y el ejemplo de Cristo constituye poderoso incentivo. Desde esa posición moral, anclada en la concepción cristiana de la dignidad del hombre y su misión personal y social, la Iglesia observará los sistemas económicos para aplicar en atención a ellos los principios o, llegado el caso, para denunciar sus insuficiencias e injusticias. De esta manera la doctrina puede adaptarse a las condiciones reales de vida. Pero sin abandonar el terreno de las indicaciones pragmáticas conducentes a la mejora de la condición del trabajador, la Iglesia insiste en urgir las exigencias normativas que se imponen, cualesquiera sean las situaciones reales. La Octogesima ad= veniens (Paulo VI) subraya, por una parte, la autonomía relativa que compete a las ciencias humanas en la propuesta de modelos sociales encaminados a resolver los problemas del hombre; aunque, por otra, atribuye a la moral la función crítica de esos modelos a los que no puede dejarse fiada la normatividad última. No son esas ciencias y técnicas las llamadas a colmar "el misterio del corazón humano", ni pueden aportar "la respuesta completa y definitiva al deseo que brota de lo más profundo del ser" del hombre (n° 40). La Constitución del Vaticano II Gaudium et spes (no 67 ss.) había trazado ya la línea de comportamiento en este sentido. En la enc. Mater et magistra Juan XXIII marcó la pauta en orden a desolidarizar la doctrina católica de cualquier sistema histórico en asuntos económico-sociales. El magisterio de Paulo VI no ha hecho más que secundar esta iniciativa, prolongando las directrices de la Constitución conciliar. Determinados expositores, aunque a título personal, tienden hoy a acentuar esta tendencia.La doctrina social de la Iglesia se encamina a "servir al hombre". La Gaudium et spes sitúa el trabajo en rango superior a los demás elementos de la producción; ve en éI la expresión inmediata de la persona (v.), asignando al hombre el deber de trabajar y otorgándole el derecho al trabajo. Reconoce las defensas legítimas en que el trabajo y el trabajador pueden ampararse para proteger la dignidad y los derechos que les son inherentes: asociaciones obreras y, en su caso, la huelga (v.). No canoniza ninguna forma de propiedad (v.), pero postula el acceso de individuos y comunidades "a algún dominio sobre los bienes externos", como necesario para "la autonomía personal y familiar". Denuncia aquellas aplicaciones del régimen de salariado en sectores de producción como el agrícola, donde los braceros o arrendatarios de latifundios reciben un beneficio "indigno del hombre". El acceso al dominio de los bienes ha de unirse con la responsabilidad en la gestión y decisión de las empresas (v.).Esta enseñanza tiende a suprimir las discriminaciones provocadas por la injusticia, pero insistiendo cada vez más en la exigencia dignificadora que tiene la libertad (v.). En este sentido, y ante la amenaza de que, al resolver el problema de la desigualdad, se incida en nuevas formas de esclavitud, la moral pide que el acceso a poseer se complete con la participación en producir y en decidir. Ello es consecuente con el relieve sucesivo que esas diversas instancias van teniendo en el ordenamiento económico. La moral no puede tolerar que toda la vida del hombre auede absorbida Dor el trabaio material. La comunicación en los bienes económicos a partir de un régimen justo, por la que se provee a la satisfacción de las necesidades materiales del individuo y de la especie, ha de quedar abierta a la comunicación en los bienes de cultura, en los cuales encuentra su espacio propio la libertad, y a la vida religiosa. Una sociedad jornalizada o mensualizada, pero manipulada a la vez mediante una distribución de la riqueza que, aunque no vejatoria desde el punto de vista material, condicione el bienestar material todas las aspiraciones de la vida, será también injusta por atentatoria contra la dignidad humana. Se incidiría de esta forma en una reproletarización de la sociedad de carácter, sin duda, no menos denunciable por cuanto afecta a las exigencias que brotan de lo más profundo del ser del hombre y de cuya satisfacción depende que viva como hombre
El problema o. o, la proletarización en el primer sentido de los indicados, subsiste, aunque en cierta medida desplazado de área. En la Populorum progressio se ocupa Paulo VI de esa realidad, advirtiendo cómo la cuestión social ha tomado hoy una dimensión universal. Para resolverla no son suficientes reformas oportunistas realizadas desde el exterior, sino una política del desarrollo (v.) que permita a los pueblos más pobres o a las capas más desheredadas de la sociedad "proveer, ellos mismos y para sí mismos, a su progreso" (n° 5), y ello no sólo en cuanto al goce de los bienes, sino en cuanto a la participación responsable en la gestión de las tareas colectivas.
V. t.: CUESTIÓN SOCIAL; JUSTICIA IV, 2; SALARIO IV; TRABAJO HUMANO VI; LEGISLACIÓN SOCIAL; MORAL III, 2; TRABAJADOR.S. ÁLVAREZ TURIENZO.
BIBL.: CONC. VATICANO II, Const. Gaudium et spes, 7 dic. 1965: AAS 58 (1966) 1025-1120; LEEN XIII, Enc. Rerum novarum, 15 mayo 1891; Pío XI, Enc: Quadragesimo anno, 15 mayo 1931; AAS 23 (1932) 177-228; JUAN XXIII, Enc. Mater et magístra, 15 mayo 1961: AAS 53 (1961) 401-464; PAULO VI, Enc. Populorum progressio, 26 abr. 1967: AAS 59 (1967) 257-299; G. BARAUNA (dir.), La Iglesia en el mundo de hoy, Madrid 1967 (colaboraciones doctrinalmente desiguales); J. MESSNER, Ética social, política y económica a la luz del Derecho natural, Madrid 1967; VARIOS, La vita económica nel Magistero della Chiesa, Milán 1966; F. L. PLAY, Les ouvriéres européens, París 1850; G. FRIEDMANN, Problémes humaines du machinisme industriel, París 1947; E. JUNGER, Der Arbeiter. Herschaft und Gestalt, Hamburgo 1932; J. ARELLANO, La acción de los cristianos y el futuro del proletariado, Madrid 1957.
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