Nicea, Concilios de HIST.
Categoria:
Historia
Con este nombre se designan los dos Concilios universales celebrados en dicha ciudad en los años 325 y 788, primero y séptimo en el orden de los ecuménicos.1. Primer Concilio de Nieea. Fue convocado por Constantino por dos motivos: el de dirimir la disputa arriana que comprometía a todo el Imperio oriental y el de fijar para todos la misma fecha para la fiesta de la Pascua.Contexto histórico. Hacia el año 318 Arrio se había opuesto a su obispo Alejandro de Alejandría (v.), quien al verle contumaz le excomulgó en un sínodo de todos los obispos de Egipto. Arrio huyó de Alejandría y halló refugio en Nicomedia, junto a su amigo el obispo Eusebio. Durante la persecución de Licinio (320-324) la controversia fue extendiéndose por las provincias orientales. Cuando Constantino (v.), después de su victoria contra Licinio, vino a Nicomedia, quedó disgustado al ver tan divididos a aquellos cristianos por razones que a él le parecían argucias despreciables. Encargó a su consejero Osio (v.), obispo de Córdoba, que llevara a Alejandro una carta suya en la que le aconsejaba pasar por encima de cuestiones tan sutiles. Otra parecida escribió a Arrio. Naturalmente la solución diplomática de Constantino no surtió efecto, razón por la cual decidió convocar en su palacio de Nicea a los principales obispos orientales, a los que se unieron unos pocos del Occidente, entre éstos los delegados del papa Silvestre, Vito y Vicente, sacerdotes. Osio era el que propiamente representaba la sede de Roma y el que llevó la dirección eclesiástica del Concilio, aunque la presidencia oficial se la reservó para sí Constantino, quien influyó no poco en el proceso de las sesiones.Entre todos los Padres descollaban Osio de Córdoba, Alejandro de Alejandría, secundado por el diácono Atanasio (v.), Macario de Jerusalén, Leoncio de Cesarea de Capadocia, Eustazio de Antioquía, Marcelo de Ancira, los amigos de Arrio, Eusebio de Cesarea (v.) y Eusebio de Nicomedia, a los que hay que añadir una media docena de condiscípulos de la escuela antioquena y algún occidental, como Ceciliano de Cartago. En total eran unos 300. La tradición algo posterior los ha estereotipado aludiendo al concilio "de los 318 Padres".La solemne inauguración en presencia de Constantino fue el 20 mayo 325. Un obispo autorizado le dirigió un saludo y el Emperador respondió con un discurso cortés invitando a la concordia. Luego se leyó un documento dogmático de Eusebio de Nicomedia que por sus errores fue rechazado. Entonces Eusebio de Cesarea propuso que se aceptara el símbolo bautismal de su iglesia. El documento fue aceptado; pero los Padres quisieron añadir algunos incisos que estuvieran abiertamente en contra de la doctrina arriana. Así nació el Símbolo Niceno, en cuya elaboración tomaron parte todos los Padres, aunque se pueda reconocer un mayor influjo de parte de Osio.Definición dogmática. El Niceno reza así: "Creemos en un Dios, Padre todopoderoso, hacedor de todas las cosas visibles e invisibles; y en un Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, Unigénito engendrado del Padre, es decir, de la sustancia del Padre, Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, que no hecho, consustancial (homousios) al Padre, por quien todo fue hecho, lo que está en el cielo y lo que está en la tierra; quien por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó y se encarnó, se hizo hombre, padeció y resucitó al tercer día, subió a los cielos, vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos: y en el Espíritu Santo. Y a los que dicen: "Alguna vez no existía" y "no existía antes de ser engendrado" y "fue hecho de la nada" o dicen que el Hijo de Dios es de diversa hipóstasis o esencia, o creado o mudable o alterable, los anatematiza la Iglesia católica y apostólica" (Denz.Sch. 125-126).Este Símbolo es. la primera definición dogmática solemne en el Magisterio de la Iglesia. Casi todo él consta de frases bíblicas, pero no faltan algunos términos filosóficos traídos para hacer plena luz sobre los datos revelados. Nótese cómo parte de la verdadera filiación del Verbo para confirmar su estricta divinidad negada por Arrio. Por ser verdadero Hijo, proviene de la esencia del Padre y no es el producto de un acto de su voluntad creadora. Y por ser Hijo, coincide con el Padre en la naturaleza, como está expresado por el vocablo homousios (consustancial), centro neurálgico de este Símbolo y blanco de los ataques arrianos y semiarrianos en los años sucesivos. El término provenía de la literatura gnóstica, pero ya desde el s. iii se usaba entre los teólogos de Alejandría.El Conc. 1 de N. y sobre todo su Símbolo fueron confirmados en especial por los papas Liberio (v.) y Dámaso (v.) en el s. iv. Ya desde el Conc. de Éfeso (431) se tomaba como piedra de toque para juzgar de la ortodoxia de una doctrina. Se puede decir que el Símbolo Niceno condenó el arrianismo y definió la divinidad del Verbo (v. FE II, 1: Símbolo Niceno). Sin embargo, en la práctica no quedó acallada la disputa, sino que se prolongó hasta el Conc. I de Constantinopla (381). En un principio (los eusebianos por respeto a Constantino) todos firmaron el Símbolo de N., menos Arrio y los dos obispos Segundo de Ptolemaida y Teognas de Marmárica, que fueron exiliados por Constantino al Ilírico. Pronto les siguieron al exilio Eusebio de Nicomedia y Teognis de Nicea. La política de Constantino era honrada y coherente. Quería ser el tutor de una Iglesia cristiana bien unida. Por eso, cuando vio que la casi totalidad de los obispos admitía el Símbolo Niceno lo defendió con tenacidad hasta el fin de sus días. Pero la facción de los semiarrianos o eusebianos (de Eusebio de Nicomedia, vuelto del destierro) adoptó una táctica ladina, la de echar de sus sedes con calumniosos pretextos a los más decididos defensores de la fe nicena. Primero fue Eustasio de Antioquía la víctima y poco más tarde S. Atanasio, que desde el 328 había sustituido al difunto Alejandro en la sede alejandrina.El Concilio abordó y decidió el problema de la unificación de la fecha para la fiesta de Pascua. Aparte de los antiguos "cuartodecimanos" que la habían celebrado el 14 del mes de Nishan (Viernes Santo), al estilo judío, había aún a principios del s. iv diferencias en el cómputo de la Pascua. Algunos se atenían al cómputo judío mientras otros partían de la base del equinoccio de primavera. Había habido intentos de concordia entre Occidentey Oriente, pero sin resultado, dado que en aquellos tiempos no era tan sencillo calcular el equinoccio de marzo. El decreto de N. establece que todos los cristianos sigan el uso común observado ya por los romanos y alejandrinos. Como lo explica Constantino en su carta, en adelante todos tomarían como norma los cálculos de Alejandría y del Occidente y en concreto se encomendaba al obispo de Alejandría anunciar cada año el día exacto de la Pascua.Los cánones disciplinares. Los Padres conciliares aprovecharon la oportunidad para legislar en materia disciplinar y canónica por medio de veinte cánones auténticos. Algunos atribuyeron sin razón al Conc. I de N. los cánones del de Sárdica (343). Pero los más famosos cánones pseudo-nicenos son por una parte los siriacos y por otra los árabes. Los siriacos provienen del sínodo que se tuvo en Seleucia-Ctesifonte el 410 en presencia de Maruta de Maikerfat; coinciden sólo en parte con los auténticos nicenos. Los pseudo-nicenos árabes fueron hallados en Egipto y difundidos en Europa en el s. XVI. Son 80. Al principio creyeron en su autenticidad doctos como el Turrianus y Abrahán Echellensis; hoy, en cambio, ninguno la admite. Los auténticos cánones de N. legislan por vez primera para la Iglesia universal. No siguen un orden sistemático, sino que vienen a confirmar costumbres ya en uso y dignas de ser ratificadas.Los cánones 4-7, 15-16 se refieren a las estructuras de la Iglesia. El obispo local con sus sacerdotes y diáconos deben estar fijos en su territorio sin pruritos de traslado. Se prohíbe el de un obispo a una segunda sede. Responde probablemente a la costumbre y al deseo de refrenar posibles ambiciones humanas explicables. Por encima del obispo local aparece la autoridad del metropolitano que preside unas cuantas diócesis (se llamaban entonces a veces "parroquias") reunidas en una eparquía o provincia eclesiástica. Probablemente se calcaba aquí el esquema de la provincia civil. La elección del obispo local está a cargo de los otros de la misma provincia. En casos de urgencia han de acudir al menos tres obispos para imponer las manos, cautela sugerida contra el arbitrio de que cualquier obispo pudiera por su cuenta consagrar a otro. El metropolita debe confirmar la elección de los obispos de su provincia, y convocar cada dos años el sínodo metropolitano. Por encima de la eparquía o provincia los cánones 6 y 7 canonizan las prerrogativas consuetudinarias de las sedes de Roma, Alejandría, Antioquía y Aelia, que así se llamaba la arruinada Jerusalén.Hay una serie de cánones que tienen como finalidad la reputación pública del clero (1-3,9-10,17). Se prohibe que los eunucos, siempre mal mirados, pertenezcan a él. Se prescribe que los obispos, presbíteros y diáconos no puedan habitar con otras mujeres que no sean de su familia, lo que indica que el celibato era regla ordinaria. Se recomienda que no haya precipitación en conferir el sacerdocio y menos aún el episcopado, exigiéndose siempre previos informes. Por ese mismo afán de reputación se prohíbe que los que sacrificaron en la persecución -los lapsos (v.)- formen parte del clero. Éste debe mantener una conducta irreprochable. Si un clérigo comete una falta grave y pública ante dos o tres testigos, quedará suspendido de sus funciones, y si desobedece a esto, se pone en peligro de ser degradado al estado laical. Los cánones 11-14 reglamentan la penitencia pública. Se ofrece el perdón a todos los pecadores, por lo menos en la hora de la muerte. Se clasifican los años de penitencia según la gravedad de la apostasía. Se prescribe que a los "puros" (novacianos) se les pueda reconciliar sin reiterar el bautismo; lo contrario se dice, en cambio, de los "paulinistas", cuyo bautismo se tenía por nulo dados sus errores acerca de la Trinidad. Otros cánones nicenos reprenden a ciertos diáconos que distribuyen la Eucaristía a los sacerdotes y se sientan entre ellos; y a los fieles que el domingo y durante el periodo pascual están de rodillas durante la liturgia.Los cánones del primer sínodo universal han sido como la pauta fundamental que ha servido de norma a disposiciones sucesivas en sínodos locales o ecuménicos.I. ORTIZ DE URBINA
BIBL.: No existen Actas del concilio. Se han conservado:el Símbolo, los cánones, la lista de los obispos participantes, una carta sinodal a la Iglesia de Alejandría y el decreto sobre la Pascua. Aparte la clásica y anticuada obra de HEFELE-LECLERCQ, Histoire des Conciles, I, París 1907, 335-632, véase I. ORTIZ DE URBINA, Nicea y Constantinopla, Vitoria ’1969; íD, El símbolo niceno, Madrid 1947; J. N. D. KELLY, Early Christian Creeds, 2 ed. Nueva York 1960, 205-230; G. L. DosSETTI, 11 símbolo di Nicea e di Constantinopoli, Roma 1967; H. CHADWICK, Faith and Order at the Council of Nicaea: a note on the Background of the sixth Canon, "Harvard Theological Reviewn 53 (1960) 171-195; H. LECLERCQ, Páques, en DACL XIII,1521-1553; S. SALAVILLE, La féte du concile de Nicée et les fétes des conciles, "Échos d’Orientu 24 (1925) 457 ss.; V. C. DE CLERCQ, OSSiUS of Cordova, Washington 1954; I. ORTIZ DE URBINA, La política di Constantino nella controversia ariana, "Studi Bizantini e Neoelleniciu 5 (1936) 284-288; E. PETERSON, El monoteísmo como problema político, Madrid 1966, 27-62; E. HONIGMANN, Recherches sur les listes des Péres de Nicée, "Byzantionn 11 (1936) 429-449.
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