Natalidad. Introducción. FIL.
Categoria:
Filosofía
¿En relación con qué coordenadas fundamentales se sitúa el hecho de la n.? La humanidad debe crecer y desarrollarse. El hombre tiene derecho a tener hijos. El niño tiene derecho a nacer y a recibir una educación. La procreación debe darse en el seno de una familia. Procrear debe ser una consecuencia de un acto de amor. Estas son verdades que pertenecen a los derechos inalienables del hombre. Y, sin embargo, muchas veces son impugnadas y atacadas. El planing familiar y sus campañas masivas de anticonceptivos en los países subdesarrollados, en nombre de un pretendido problema de superpoblación; el aborto provocado, impuesto en algunos países, aceptado en otros; los ataques a la familia calificada de tradicional acusándola de opresora y constriñente; la disociación entre el acto sexual y la procreación -ion los medios artificiales adecuadosson situaciones frecuentes que, por su difusión, empiezan a no escandalizar, y que constituyen otros tantos ataques a los derechos humanos. Y todo ello, en culto a una libertad personal exaltada a través de una deificación del sexo. La partenidad, en consecuencia, debe ser también voluntaria, libre. La exaltación de esta libertad de hacer lleva a unas consecuencias contradictorias: se mata al niño, se impide su derecho a nacer; se mata al hombre, mutilando su capacidad de asumir lo corporal en lo espiritual. Pero el espíritu no muere: llama a la puerta, según la edad, según la circunstancia. Y la insatisfacción que se sigue -hay abundantes testimonios en la falta de alegría y esperanza de muchos (recordemos a Simone de Beauvoir en La force des choses)- nos lleva a concluir que ’algo falta en esa libertad. Falta la responsabilidad.Precisamente por ser libres somos conscientes de unos derechos, los cuales conllevan también unos deberes, que son los derechos de los demás. Esa toma de conciencia nos lleva a responder: responsabilidad (responder de) con actos de servicio a los demás, lo cual limitará nuestra libertad de hacer, pero hará más rica la libertad de ser, si voluntariamente aceptamos esas limitaciones. Más aún, nos enriqueceremos más si las hacemos nuestras por la convicción profunda, y orientamos nuestra vida a ese servicio. Porque seremos "dueños de nosotros mismos para mejor servir a los demás".En el tema concreto de la n., en el matrimonio (v.) el amor, que lleva a la entrega, se concretará en la fecundidad: felicidad conyugal, procreación. No es, pues, limitar la propia libertad el tener hijos, sino potenciarla con un esfuerzo, con un sacrificio, con un renunciamiento a los fines personales. Es un acto responsable, precisamente lo que falta a los partidarios de la paternidad meramente voluntaria. De ahí que el concepto de paternidad (v.) entrañe un sentido de generosidad. Paternidad que debe darse en la familia, pues el niño tiene derecho a nacer en ella, núcleo de amor, que es el alimento esencial de todo hombre, especialmente de los pequeños (recuérdese la conocida experiencia del hospitalismo). No sólo para ser protegido y cuidado, sino también para recibir una educación que le prepara para la vida.El desconocimiento, o ataque, a la visión ética de la n., que se acaba de esbozar, proviene de la difusión de algunas ideas que han llevado a presentar la n. como un hecho negativo, que es necesario controlar, ya qúe amenaza con destruir . a la humanidad. Tales ideas provienen en parte de una interpretación simplista de algunas afirmaciones de Malthus (v.), separadas de su contexto, y en virtud de la cual se afirma que la población crece en progresión geométrica mientras que los recursos crecen en progresión aritmética, y se pronostica, por tanto, una catástrofe mundial si se deja que el crecimiento biológico siga su curso natural. Afirmaciones todas ellas que carecen de base científica, como ponen de relieve los estudios realizados por los especialistas.La n. es un hecho positivo y un factor de progreso, aunque accidentalmente pueda dar lugar a problemas, que, cuando se planteen, deberán ser resueltos desde una perspectiva ética y moral, que es la única digna del hombre. Hace falta también una voluntad política que lleve a enfrentarse valientemente con los problemas del hambre en el mundo, del aprovechamiento de los recursos naturales, de la distribución de las riquezas, de las diferencias de nivel entre países desarrollados y en vías de desarrollo, etc. Pero "estos problemas no se han de afrontar y estas dificultades no se han de vencer, recurriendo a métodos y a medios que son indignos del .hombre, y que sólo hallan su explicación en una concepción puramente materialista del hombre mismo y de su vida. La verdadera solución se halla solamente en el desarrollo económico y en el progreso social, que respeten y promuevan los verdaderos valores humanos, individuales y sociales; es decir, desarrollo económico y progreso social realizados en el ámbito moral, en conformidad con la dignidad del hombre y con el inmenso valor que es la vida de cada uno de los seres humanos, y en una colaboración a escala mundial que permita y fomente una circulación ordenada y fecunda de útiles conocimientos, de capitales y de hombres" (Juan XXIII, Enc. Mater et magistra, 15 mayo 1961).Al implicar una visión materialista de la vida, muchas veces, las ideas contrarias a la n. han contribuido a promover -o a facilitar la promoción- de una consideración meramente hedonista del matrimonio, sobre el cual, en última instancia, revierte el tema de la natalidad. De hecho, en muchas ocasiones -sobre todo en los países desarrollados- la decisión de evitar los hijos, aunque se justifique externamente haciendo referencia al tema del crecimiento demográfico, procede en realidad de motivos muy diversos, relacionados con la comodidad, el deseo de un mayor confort, el erotismo, etc.; es decir, en algo carente de todo valor moral, y que abre la puerta a una inmoralidad absoluta. De ahí que en más de una ocasión, aunque la terminología empleada sea la de regulación de la n., se trata, en la práctica, de un ataque directo a la vida humana, de una forma u otra, antes de ser concebida o después, sin importar cómo. Así, no es de extrañar que se desarrollen en la prensa, por un lado, campañas contra los contraconceptivos orales por sus graves efectos secundarios, cuyo resultado inmediato es aumentar los abortos, y, por otro lado, se dramatiza la situación del aumento de abortos para fomentar la difusión de contraconceptivos, independientemente de que también éstos puedan ser abortivos. En general, se observa en la práctica que algunas personas, dispuestas a evitar los hijos, no tienen inconveniente en utilizar cualquier medio, es decir, pasar de la píldora a los dispositivos abortivos intrauterinos, o en seguir utilizando la píldora aunque tenga efectos abortivos. En otros casos ante la desproporcionada divulgación de los procedimientos anticonceptivos, presentados como reguladores de la n., cabe pensar que tras la cortina de regulación de la n. se esconde una calculada actitud hedonista en el ejercicio de la sexualidad.Conviene, también, como visión de fondo, clarificar algunos conceptos, p. ej., el de regulación de la n., sin limitarlo a la eliminación de los nacimientos; regular un fenómeno no significa suprimirlo, sino favorecer por todos los medios que éste se desenvuelva con normalidad y naturalidad. A veces también algunas expresiones usadas en relación con la n. se utilizan de forma equívoca o negativa. Así, el de planificación familiar ha sido restringido al de control de la n., cuando en realidad debería entenderse en relación con la paternidad responsable (v.) en su sentido positivo.Dada la complejidad del tema, el fenómeno de la n. debe ser, por tanto, estudiado desde diferentes puntos de vista: aquí lo hacen varios especialistas abordando el aspecto médico, sociológico, moral y legal, con objetividad.ANA MARÍA NAVARRO.
BIBL.: No aplica.
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