Muñoz Seca, Pedro
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Biografía GER
Comediógrafo español; n. en Puerto de Santa María (Cádiz) el 20 feb. 1881. Estudia en el colegio de los padres jesuitas de su ciudad natal y al terminar los estudios medios se traslada a Sevilla para seguir en la Universidad los cursos de Derecho y Filosofía y Letras. En estos años comienza su actividad teatral. En Sevilla estrena Las guerreras (1901), escrita en colaboración con José Luis Montoto de Sedas y con música de M. del Castillo. El 6 die. 1903 pone en escena en su ciudad natal el juguete cómico en un acto El maestro Canillas. Al terminar sus estudios de licenciatura en las dos especialidades emprendidas simultáneamente, se establece en Madrid, donde obtiene el doctorado en ambas. Se inicia como abogado actuando de pasante en el bufete de Antonio Maura (v.). Ejerce durante varios años como profesor de griego y literatura griega y latina en la academia particular Valdeavellano. Consigue un cargo burocrático como jefe de administración y es inspector jefe de seguros.Su vida literaria en Madrid comienza con las colaboraciones enviadas a Blanco y Negro, Nuevo Mundo y la Ilustración Española y Americana, hasta que el 28 nov. 1904 estrena con éxito extraordinario en el teatro Lara El contrabando, escrita en colaboración con Sebastián Alonso Gómez. A partir de este momento M. se entrega definitivamente al teatro. Hombre metódico, pone todo su esfuerzo para asegurar su consagración popular y se somete a un ritmo disciplinado, reñido completamente con cualquier actitud bohemia. Dotado, además, de gran talento teatral, hábil para manejar las situaciones, dueño de un gracejo natural para la expresión chispeante y con gran facilidad para el planteamiento de las obras, une estas cualidades al esfuerzo creador hasta conseguir una producción de considerables dimensiones. En 1917 comienza el año estrenando Los bravos, en colaboración con Enrique García Álvarez, y al término del mismo había entregado a la escena 10 obras más, fijándose su producción hacia 1920 en 10 obras anuales.La vida teatral madrileña, en su aspecto más popular, gira en torno a este teatro fácil, fruto y representación de un momento de la vida española. Fiel a la tradición cómica de los hombres que le precedieron, le une con ellos el interés por las situaciones teatrales, la inclinación a lo popular y una cuidadosa atención a la arquitectura teatral. Antecedente de la audacia humorística de Jardiel Poncela (v.), la aportación de M. al teatro es el astracán ó astracanada (farsa teatral disparatada y chabacana). Con Enrique García Álvarez, colaborador suyo en varias obras, da el paso hacia el humor fundamentado en la exageración de las situaciones, el diálogo y los personajes. En sus manos, el juguete cómico se llena de excesos de todo tipo, en los que abundan sobre todo las dislocaciones de lenguaje y las asociaciones jocosas, apuntadas ya en los mismos títulos de las obras. La distorsión hacia lo bufo que experimenta la materia real incorporada al juguete cómico y, por ello, la despreocupación por la objetividad, hace que este tipo de obras esté lejos del cuadro de costumbres y del sainete realista, aunque por distintos motivos su conjunto puede servir como fuente de información para conocer la época en que alcanzó su máximo desarrollo. Carente de auténticos caracteres y de calidades literarias estimables, superficial y ligero en todo, el teatro de M. queda reducido a un chispeante juego de palabras sin otro sentido que buscar la carcajada del espectador, a cuya finalidad quedan subordinadas las normas tradicionales del buen quehacer dramático. Podrían espigarse en su producción, aisladamente, pensamientos con un fondo ético, y en algunos aspectos, implícita, una moraleja aparentemente inintencionada, pero lo que sobresale sobre todo es la utilización de la vida cotidiana para estructurar cómicamente un análisis crítico desde la fina ironía, la parodia o la sátira despiadada.El astracán, pasada la primera época del autor, tuvo en manos de M. un destino diferente cuando se instauró en España la República. Utilizó entonces su maestría para satirizar desde sus propias convicciones e ideales (conservador, hombre de religiosidad acendrada y práctica) cuanto sucedía en la vida del país en contradicción con los mismos. Sus astracanadas se cargaron de intención y abundó en la parodia y el ridículo, a veces, con alusiones casi personales. Cuando comenzó la Guerra civil fue detenido en Barcelona, trasladado a Madrid y condenado a muerte por los republicanos el 26 nov. 1936. La sentencia fue cumplida en Paracuellos de Jarama (Madrid) el 28 del mismo mes.Aunque buena parte de las obras que se conservan están escritas íntegramente por él, gustó de la colaboración con otros autores. Sus colaboradores más frecuentes fueron Pedro Pérez Fernández (1885-1956), Enrique García Alvarez (1873-1931) y Sebastián Alonso Gómez. De manera ocasional colaboraron en sus obras: Azorín (v.) en El clamor (1928); Carlos Fernández Shaw, coautor de Las tres cosas de Jerez (1907), Enrique García Velloso,en La cura (1927); Rafael de Santa Ana, en El lagar (1907); J. R. Izquierdo Garrido, en El jilguerillo de los parrales (1910); J. López Núñez, en El Rayo (1917); Rafael García Rodríguez, en La mujer (1920), y Rafael López de Haro, en Poca cosa es un hombre (1926).Las obras más importantes del primer periodo son: La frescura de Laf uente (1915), Pastor y Borrego (1915), El verdugo de Sevilla (1916), El último Bravo (1917), La barba de Carrillo (1918), Los misterios de Laguardia (1920), Los extremeños se tocan (1926) y, sobre todo, La venganza de Don Mendo (1918), sátira regocijante del teatro versificado de la época. El grupo fundamental de la segunda etapa está formado por La Oca (1931), visión burlesca del problema campesino andaluz, Anacleto se divorcia (1932), sobre la ley de separación conyugal votada por las cortes republicanas, y El ex... (1933), sátira de los diputados ineptos. En la misma línea cómica, trató temas tradicionales en Faustina (1919), sobre el mito de Fausto; La plasmatoria (1935), sátira del espiritismo; Usted es Ortiz (1919), sobre el tema de la coexistencia de dos almas en la misma persona; Calamar (1927), crítica del mundo del cine. Intentó el teatro en serio a la manera de la alta comedia en El conflicto de Mercedes (1922), del costumbrismo en El roble de la Jarosa (1915) y del melodrama en La razón de la locura (1919). En todas ellas fracasó estrepitosamente. Su espíritu era eminentemente cómico y en obras de este tipo dejó lo mejor de su teatro.J. M. SANTANO CILLEROS.
BIBL.: Obras completas, Madrid 1948; A. VALBUENA PRAT, Historia del teatro español, Barcelona 1956, 6, 30, 631; G. TORRENTE BALLESTER, Teatro español contemporáneo, Madrid 1957, 36-37; 84 ss.; N. GONZÁLEZ Ruiz, El teatro de humor del siglo XX hasta Jardiel Poncela, Madrid 1966; J. MONTERO ALONSO, Pedro Muñoz Seca, Madrid 1940; A. PASO, El astracán, género de abrigo, "La Estafeta Literaria" 282-283 (1964).
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