Munch, Edvard
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Biografía GER
Gran pintor y grabador noruego, n. en Lóten, Hedermarken, el 13 dic. 1863, m. en Ekely, cerca de Oslo, el 23 en. 1944. Hijo de un médico, la familia se traslada tempranamente a Oslo, entonces Cristianía, y el niño pasa por la amargura de ver morir de tuberculosis a su madre a los cinco años y a su hermana Sofía a los 13, lo que puede ser una explicación de su pintura, generalmente pesimista. De 1880 a 1882, cursa estudios en la Escuela de Artes y Oficios, y en la que mantenía el escultor Julius Middelthun. Más tarde, ya pintor, se deja arrastrar por el estilo de los impresionistas noruegos, esto es, de Kristian Krogh (1852-1925), Erik Théodore Warenskiold y Hans Olaf Heyerdahl. Constituían tales artistas el sector más avanzado del arte noruego a la sazón en los a. 80, y no exclusivamente por lo que se refiere a la plástica, sino también en cuestiones éticas, morales y sexuales. En 1885, M. hace su primer viaje a París, donde permanece unas pocas semanas, pero no profundiza en su vida artística y casi se limita a visitar el Louvre, del que le impresionan particularmente Rembrandt y los maestros españoles. En 1886 presenta en el Salón de Otoño de Oslo su primera Obra maestra, El niño enfermo, es decir, la primera de sus cuatro versiones que realizó de este tema; lo que ya basta para dar a conocer su garra. Fue seguido, en 1889, por Primavera y Noche, que, como acertadamente dice su biógrafo Otto Benesch, integran todo un periodo azul del artista, anterior al de Picasso (v.).En el mismo a. 1889 vuelve a París, donde, con alternativas, reside hasta 1892. Sigue allí los cursos de Bonnat, pero sobre todo conoce bien el impresionismo, o, mejor dicho, el posimpresionismo de Gauguin (v.) y Seurat (v.). De regreso a su país, hace una magnífica y resonante exposición monográfica en Cristianía, y su eco motiva que la Asoc. de Artistas Berlineses le invite a su Salón. Tal intenta hacer M. en 1892, pero el escándalo provocado por su pintura determina la clausura de la exposición. El hecho tuvo ulteriores consecuencias, la más importante de ellas, la fundación de "La Nueva Secesión" (V. MODERNISMO IV). De todos modos, M. permanece eri Berlín desde 1892 hasta 1895, cada día más inserto en la mejor intelectualidad germana. Y es allí donde extrae de lo más hondo de su ser el capítulo plástico del que resulta ser inconsciente fundador: el expresionismo (v.), luego convertido casi en doctrina fundamentalmente alemana. Aunque toda la obra de M. no hubiera hecho hasta el momento sino presagiarlo, tenemos sus principios bien documentados.De 1893 data su pieza inicial, El grito (Oslo, Galería, Nacional), obra de aparente elementalidad de asunto, muy rica de color, y confluyendo todo el sistema gráfico de diagonales y de ondulaciones en el hiriente alarido que diríase oírse tanto como verse. Ha quedado cimentado el expresionismo nórdico, una de las grandes corrientes de la pintura novecentista, y M. continúa su labor. De 1894 data Ansiedad (Oslo, Museo Municipal), otra obra maestra de perforante intención y angustiante sensación de espera. Estas y otras obras del periodo estaban pintadas con una cálida paleta, pero cuando el artista aprende, y domina fácilmente, la técnica del grabado, las repite por este procedimiento, y la virtualidad del gesto expresivo es tanta que nada pierden vertidas a tan sólo el blanco y el negro. El orden será el de aguafuertes a partir de 1894, y litografías y xilografías, desde 1895. En 1896 realiza una sonada exposición en París, que da lugar a un ensayo simbolista de J. August Strindberg (v.) en "La Rev. Blanche", y graba un retrato de Mallarmé. M. detecta el nuevo ambiente del "art nouveau" (v. MODERNISMO IV) y se deja influir un tanto por el mismo, sobre todo en su Ciclo de la vida, que expone en Berlín en 1902. Dejándose llevar quizá un tanto por preocupaciones simbolistas, en un lado de la estancia mostraba las pinturas alusivas a la vida, y, en el opuesto, las referidas a la muerte. Sigue una temporada fecunda en viajes por Alemania -donde reside durante el periodo 1898-1908-, Francia e Italia, no sin pasar los veranos en Noruega. Hacia 1907, su estilo se hace menos gráfico y más vago de lineaciones, quizá prolegómeno de la crisis nerviosa que le afecta intensamente en Copenhague en 1908 y que persevera en 1909, debiendo pasar seis meses en la clínica del Dr. Jacobsen. No otra fue la razón de que el artista se retirase al campo ya en Noruega y, en cierto modo, hiciera vida de granjero. En cierto modo sólo, ya que continuaba pintando y grabando con su habitual profundidad.Su máxima empresa, en nuestro siglo, fue la decoración mural, en 1912, de la Univ. de Oslo, que desarrolla un ambicioso ciclo de contenido nietzscheano que había de emocionar a Strauss cuando dirigió un concierto sinfónico en este ámbito. En 1918, M. expone en Oslo una versión más completa del Ciclo de la vida, en el que ha estado trabajando no menos de 30 años, y, en 1921-22, emprende la decoración mural del comedor de una fábrica de chocolate, cuando su estilo ha llegado a ser casi exactamente fauve. Los 20 últimos años de la vida de M. tampoco fueron estériles; el gran creador no dejó de pintar y de grabar, en una soberbia demostración de su indiscutible genialidad.Para comprender en todo su debido y pertinente alcance el aserto de que M. fuera el fundador del expresionismo nórdico basta con repasar su temática, genéricamente pesimista. Puede ser que ningún otro haya pintado tal número de personajes en la cama, pero no en actitudes placenteras, sino dolientes, y el solo hecho de que haya repetido cuatro veces el tema de El niño enfermo, confirma nuestra opinión. Incluso cuadro con título tan engañosamente optimista como La danza de la vida, de 1899-1900 (Oslo, Galería Nacional) es sumamente deprimente. En la obra de M., todos sus protagonistas esperan algo o están conmovidos por algún sentimiento, hecho visible con entera deliberación. Gusta de un grafismo ondulante y rotundo, encerrando masas de color muy vivo, con escasos accidentes de detalle, y todas estas características, sin duda agudizadas, muestran bien patente el camino a seguir por el expresionismo germano. En cuanto a las preocupaciones simbolistas de M., si existieron, han sido gravemente agigantadasa partir del mencionado ensayo de Stridberg, que pretendía obtener consecuencias de este carácter hasta en los cabellos rojos pintados por "el pintor esotérico del amor, de la envidia, de la muerte y de la tristeza"; era pintor de todo ello, cierto, pero no para construir simbolismo deliberado, sino el sillar cimental del expresionismo.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: J. THIIS, Edvard Munch og hans Samtid, Oslo 1933; F. B. DEKNATEL, Edvard Munch, Nueva York 1950; O. BENESCtt, Edvard Munch, Londres 1960; ín, Munch, "L’Oeiln IX, enero 1963, 48-57 y 68; G. W. DIGBY, Edvard Munch, en Meaning and symbol, Londres s. a., 25-58.
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