Mosaico ARTE
Categoria:
Arte
Elemento decorativo-arquitectónico para cubrir paredes, suelos o techos con incrustaciones de piedras, vidrios o esmaltes varios, que representan motivos figurativos y ornamentales diversos. Esta palabra se deriva del vocablo latino Musivum, que en sus orígenes designaba únicamente un revestimiento decorativo para las paredes hecho de pequeños vidrios o esmaltes de colores en contraposición con el pavimiento para suelos llamado Lithostrotum. Posteriormente empezaron a hacerse pavimentos de lujo para suelos con m. a base de pequeños cubos o piedrecitas de colores, que permitieron crear verdaderas obras de arte imitando de una manera extraordinariamente perfecta las obras pictóricas más famosas de la Antigüedad. A éstos se les dio igualmente el nombre de musivum y también de lithostrotum.Técnicas. Varias son las técnicas utilizadas desde la Antigüedad para la creación de un m. En primer lugar el opus sectile de origen oriental, que consiste en cubrir una superficie con finas losas cortadas siguiendo un patrón o modelo determinado. A este tipo pertenecenalgunas bellas piezas de la col. Lebrija, encontradas en Itálica, con decoraciones geométricas. En el opus teselatum, el más comúnmente empleado, las losas se reemplazan por pequeños cubos de piedra uniformes de 1 cm! de tamaño (teselas). El opus vermiculatum está hecho con teselas de menor tamaño e irregularmente talladas para poder adaptarse al dibujo, que ya no suele ser sólo geométrico como en los tipos anteriores sino que representa escenas con movimiento. El opus signinum es una clase muy simple y barata de m. hecho con pequeñas piedrecitas o teselas de barro cocido incrustadas simplemente en el pavimento de mortero o cemento para reforzarle. Por último, se llamó opus musivum a un tipo especial de ornamentación para paredes y techos que utilizaba inscrustaciones de vidrios y esmaltes de colores, azul, p. ej., para los techos, simulando el cielo. Hermosos ejemplares de este tipo vemos en diversas casas de Pompeya y Herculano. Estas técnicas de la musivaria variaron con el tiempo, pero no siempre es fácil establecer una cronología basándose únicamente en ellas, pues perduraron y se entremezclaron continuamente.Historia. Los primeros ejemplos de m. parece ser que surgirían en Mesopotamia y Egipto, pero no empiezan a generalizarse hasta el helenismo, con la aparición de los diodocos. En Grecia, los pavimentos o decoraciones de m. comienzan a utilizarse hacia el s. IV a. C., empleándose primeramente guijarros de colores incrustados representando motivos de índole muy diversa: mitológicos, de género, históricos, geométricos, etc., como, p. ej., los encontrados en Pella. Alejandría fue una de las principales bases de la musivaria en la Antigüedad y de allí se difundió la técnica por todo el mundo civilizado de entonces, conducida por el Imperio romano, a partir de Augusto. A esta primera etapa helenística podemos atribuir los m. de la casa del Fauno en Pompeya, representando la batalla de Alejandro Magno, y la famosa escena de género atribuida a Dioscúrides de Samos, fechables todos ellos hacia el s. II-I a. C. También son greco-helenísticos los hermosísimos ejemplares de Palestina, representando el río Nilo y peces.En Roma sabemos que, desde la época de Sila, se utilizaba el pavimento de m. hecho con opus signinum. Durante el primer periodo de la musivaria propiamente romana (Augusto-Adriano) se emplea generalmente o bien el opus signinum mezclado con algún motivo geométrico, en forma de franja, de opus teselatum, o bien, como producto de lujo para los grandes señores, el opus vermiculatum, representando pinturas célebres. Esta última técnica estaba muy influenciada por el arte griego, e incluso los mismos artífices solían ser griegos de origen. Algunas veces, se hace la mayor parte del m. con opus signinum o teselatum, y en el centro se comienza a introducir un motivo, generalmente cuadrangular, llamado emblema, hecho con opus vermiculatum e importado directamente de los centros musivarios orientales como Alejandría, Antioquía, Pérgamo, etc. En Ampurias, p. ej., se halló un bello emblema de opus vermiculatum representando el famoso cuadro griego de Ifigenia pintado por Thimantes de Eythis en el s. IV a. C. Con la familia de los Claudios se ponen de moda los motivos en opus teselatum negro sobre fondo blanco que producían una bella sensación de claroscuro. Un poco después empiezan a utilizarse los motivos de trenzas, las postas y los círculos y sobre todo los monstruos como grifos, esfinges, tritones, etc. A esta época pertenecen el m. de la Medusa de Tréveris, los geométricos de Ampurias, las espléndidas piezas de Ostia, el m. de Baco de Sagunto, etc.Adriano difundió de tal manera la moda del m. por todo el mundo, que bajo los Antoninos y durante los s. II y III d. C., los ejemplares mosaísticos adquieren grandes dimensiones y la técnica del teselatum suplantará casi por completo al vermiculatum. El emblema crece ahora tanto que con el tiempo acabará por desaparecer como individualidad dentro del m., por confusión con el resto del mismo. Aflora los cuadros incrustados no serán uno sino varios y desaparece el gusto por el claroscuro que veíamos en la etapa anterior, empezando una gran aficiónpor la policromía conseguida por incrustaciones de vidrios de colores. Todo esto lo vemos ya en los m. del Triunfo de Baco encontrados en Zaragoza e Itálica, en el de Orfeo amansando a las fieras, y en el curioso ejemplar de Barcelona con escenas circenses, entre otros. Igualmente ahora se confundirá la cenefa con el emblema, debido a esta multiplicación de los recuadros que a veces serán de una gran monotonía, repitiendo las escenas con pocas variantes. Entre estos m. destacan las dos piezas del Museo Arqueológico Nac. de Madrid representando a Hércules y las Musas, el m. de Baco de Córdoba y el Rapto de Ganimedes de la col. Lebrija.Ya en pleno s. III y avanzado el s. IV, el confusionismo y movimiento de los temas será tal que todo el m. estará dividido en numerosos recuadros o motivos, ahogando por completo la composición que resultará pesada, recargada y falta de fondo, dando a los suelos la sensación de impedir el paso por exceso de adornos. Los materiales acostumbran a ser ya menos finos, y la totalidad del m. se construye sin demasiado cuidado, siguiendo un modelo determinado, hecho en serie, por lo cual el m. dejará de ser una obra de arte para caer dentro de la mera artesanía. También en pleno s. IV, por influencia de Oriente, se ponen de modalos pavimentos de m. empleando motivos únicamente geométricos y florales, que dan al pavimento el aspecto de un tapiz o alfombra policromo (v. ROMA VI).Con la llegada del cristianismo como religión oficial, el arte musivario decadente del s. IV adquiere una nueva vida y nuevos cauces que luego se sintetizarán en el m. bizantino. No rompen con el arte clásico anterior, pero aportan nuevas técnicas y motivos. Ahora el m. se caracterizará porque da mucha mayor importancia al revestimiento de paredes que al pavimento, y porque técnicamente gustará más del empleo de teselas vítreas policromas que de mármoles. Los temas serán principalmente religiosos de tipo simbólico, aunque no falten tampoco, sobre todo al principio, los profanos, como los de la bóveda de S. Constanza en Roma, o de tipo documental como la procesión de Justiniano y Teodora en S. Vital de Rávena. Sin embargo, los temas preferidos serán la glorificación del Cordero, la Santísima Trinidad, Cristo o la Virgen entronizados, los apóstoles, los santos, etc.Las Iglesias de S. Apolinar Nitovo y S. Vital de Rávena marcan el auge del m. bizantino, el cual perdurará durante el románico dando tan bellas obras como las de S. Marcos de Venecia, la catedral de Monreale o la iglesia de Torcello. Más hacia Oriente se producen los bellos m. de S. Sofía de Kiev y S. Lucas de Fócida (V. PALEOCRISTIANO, ARTE; BIZANCIO IV).M. ALMAGRO GORREA.
BIBL.: B. TARACENA, Arte romano, Ars, II (1947) 154-161; E. SAGLIO-C. DAREMBERG, Dictionnaire des antiquités grecques et romaines, II, París 1909, 2088; A. MICHEL, Histoire de l’Art depuis les prémiers temps chrétiens jusqu’á nos jours, I, París 1905, 191; M. HAUTTMANN, Arte de la Alta Edad Media, Barcelona 1934, 212-318 y 836; R. P. HINKS, Catalogue of the greek and roman paintings and mosaics in the British Museum, Londres 1933; La mosaique gréco-romaine, en Colloques internationaux du Centre National de la recherche scientijique, París 1963 (con bibl. moderna); A. GRABAR, Mosaicos griegos bizantinos, México 1964; E. KITZINGER, Mosaicos israelitas bizantinos, México 1965; H. NEUMAYER, Mosaicos bizantinos, Barcelona 1966.
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