Montemayor, Jorge de
Categoria:
Biografía GER
Escritor del s. XVI; n. en Montemor-o-Velho (Portugal) alrededor de 1520 y m. en el Piamonte (¿26 febr. 1561?). Cuando todavía era joven se trasladó a Castilla, quizá en el séquito de la infanta doña María, primera mujer de Felipe II. Fue cantor de capilla en la corte española y es probable que en 1554 viajara a Inglaterra entre los acompañantes de Felipe II. Por estos años tradujo del catalán los Cantos del amor de Ausiás March (v.), obra que recoge una amplia casuística amorosa que influyó de modo importante en la Diana. Al igual que otros compatriotas suyos, M. usó el castellano como lengua literaria. Después de un viaje a Flandes lo encontramos de nuevo en la corte de Felipe II y varios meses después en la región italiana de Piamonte, donde murió a manos de un amigo, al parecer por una cuestión de celos.No se conocen muchos más datos sobre la personalidad de M. Se ha dicho que llevó una intensa vida amorosa con distintas mujeres, a las que luego representó bajo nombres pastoriles en la Diana, pero no hay pruebas de que tales nombres aludan a otros tantos amores reales. También se ha afirmado, interpretando literalmente unos versos del propio M., que éste era poco versado en materias humanísticas, mas la Diana prueba que conocía los más importantes tópicos humanísticos del Renacimiento (v. III) y se movía con soltura por la mitología grecolatina. Conocía, además del portugués y el castellano, la lengua catalana y posiblemente la italiana, dato que de ser confirmado contribuiría a aclarar la verdadera relación entre M. y Sannazaro (v.), autor de la Arcadia, obra que marca el comienzo de la narración pastoril en la Europa del Renacimiento.En cuanto al bilingüismo de M., la crítica más reciente lo viene considerando, más que como un rasgo negativo, como un elemento de estilo que define su peculiar expresividad; el lusismo original que late de modo soterrado bajo su castellano, no se limita al mero uso de formas y expresiones escapadas al control del autor y fácilmente recambiables por las correspondientes castellanas, sino que es fundamentalmente el vehículo expresivo de una cultura y una tradición literaria decisivas para el desarrollo del género pastoril en España. Resta decir que el pluralismo lingüístico y la vida azarosa hacen de M. una figura característica del momento renacentista del reinado del Emperador (v. RENACIMIENTO IV); una de esas personalidades que denotan, a juicio de López Estrada (o. c. en bibl.), "la oposición existente entre una obra de pensamiento estático y contemplativo, perteneciente al mundo de lo universal poético, y una vida de dinamismo y acción".Como poeta, M. refleja en su Cancionero (Amberes 1554) la doble corriente tradicional e italianizante que se da armónicamente en algunos autores de su tiempo y usa, por tanto, versos de ambos tipos. Sus composiciones de corte cancioneril (v. CANCIONERO) encierran con frecuencia una temática de clara inspiración renacentista. Escribe también poesías religiosas, que fueron prohibidas por la Inquisición por contener errores teológicos. Algunos críticos consideran, en efecto, que era judío converso.La obra más importante de M. es la titulada Los siete libros de la Diana (Valencia, 1559?), que inauguró en España el relato pastoril en prosa. La Diana, como habitualmente se conoce, es un "libro de pastores" que recoge el amplio desarrollo de la tradición bucólica culta desde los clásicos Teócrito (v.) y Virgilio (v.) hasta los italianos Boccaccio (v.) y Sannazaro (v.), sin olvidar a Bernardim Ribeiro (v.) ni ese otro bucolismo popular de la tradición española que aparece, p. ej., en las églogas de Juan del Encina (v.). La Diana está dividida en siete partes o libros cuyo núcleo argumental lo constituyen los. amores de la pastora Diana, que "habita en los campos de la principal y antigua ciudad de León", con el pastor Sireno y después, en ausencia de éste, con otro llamado Delio. La acción se complica con la intervención de otros pastores (como Silvano, Filemón), personajes fantásticos y novelescos (como la sabia Felicia) y la alusión a figuras históricas y literarias (el Cid, Fernán González, Abindarráez). Como la narrativa bucólica en general, la Diana no destaca por la originalidad de su contenido, que responde en líneas generales a esquemas y tópicos de carácter convencional acerca del amor entre pastores en medio de una naturaleza placentera calcada de la Arcadia clásica. El género pastoril (v. GÉNEROS LITERARIOS) refleja una visión idealista del hombre y del paisaje y se complace en la creación de un mundo irreal de pastores cultos y acontecimientos maravillosos, a través del cual es posible sublimar los propios sentimientos del autor sin desligarse de una tradición literaria prestigiosa. En un sentido amplio, casi nada original hay en la Diana, pero mirada dentro de la perspectiva del género ofrece peculiaridades que la distinguen. Así, M. pudo tomar de Sannazaro la disposición alternativa de prosa y verso, tan característica del género, y otros detalles de menor importancia, pero en la concepción del relato se aparta del modelo italiano y amplía sus posibilidades novelescas concediendo más importancia a la prosa y multiplicando acciones y lugares. No da tanto valor a la naturaleza (aparece el paisaje urbano) y dramatiza personajes y sentimientos, ligándose en ello a la tradición literaria española. Se acerca al mundo pastoril con una actitud que trasciende el bucolismo por sí mismo, y enriquece la acción con elementos tomados del ambiente de la época. El pastor no es ya un mero tipo literario que presta realce al conjunto, sino el elemento fundamental del relato, en torno al cual giran los acontecimientos exteriores. A ello hay que añadir que M. incorpora a su libro el platonismo amoroso de los Diálogos de amor de León Hebreo (v.), que junto a la influencia de Ausiás March prestan riqueza psicológica al relato. En cuanto al estilo, la Diana ofrece un tipo de prosa elegante, rítmica, equidistante por igual de la latinización y del vulgarismo, con indudable sentido musical. En el uso indistinto de versos cancioneriles e italianos, López Estrada ve un puente de enlace entre el conceptismo del s. XVII (v. BARROCO III) y ese otro conceptismo de carácter tradicional, "constante en la literatura española", "que se extravasa al nuevo metro" (el italiano). La Diana fue obra de gran fortuna durante los s. XVI y XVII, como lo prueban sus continuaciones en castellano y las traducciones a los idiomas cultos de la época.R. REYES CANO.
BIBL.: Los siete libros de la Diana, ed. pról. y notas de F. LÓPEZ ESTRADA, Madrid 1967 (contiene bibliografía); El Cancionero, ed. y pról. de A. GONZÁLEZ PALENCIA, Madrid 1932; 1. B. AVALLE-ARCE, "La Diana" de Montemayor, en La novela pastoril española, Madrid 1959, 55-82; M. BATAILLON, Melancolía renacentista o melancolía judía, en "Estudios Hispánicos" (1952), 39-50; M. RICCIARDELLI, Notas sobre la "Diana" de Montemayor y la "Arcadia" de Sannazaro, Montevideo 1965.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.