Montecasino, Abadía de REL. CRIST.
Categoria:
Religión Cristiana
Procedente de Subiaco, S. Benito (v.) levanta una capilla en un lugar dedicado anteriormente al culto pagano, y transforma el templo primitivo de Apolo en un oratorio. Tradicionalmente se fija esta fundación en el año 529; aquí Benito lleva a la práctica íntegramente su ideal de vida monástica expresado en la Regla. El monasterio, que permaneció intacto durante la guerra greco-gótica, fue devastado por los lombardos (ca. 577), y los monjes se refugiaron en Roma. En M. probablemente no desapareció por completo la vida monástica, si bien reducida sólo a forma eremítica. La restauración y renacimiento del monasterio tiene lugar a principios del s. VIII por obra de Petronace de Brescia, animado y ayudado por el anglosajón Willibaldo. En pocos años M. vuelve a florecer, convirtiéndose en el centro fundamental del mundo benedictino, al que acuden de toda Europa ilustres personajes y fundadores de monasterios (Carlomán, Rachis, Anselmo de Nomántola, Ludgero de Werden, etc.). Prueba de esta importancia cada vez mayor del monasterio es la ayuda prestada a la Iglesia de Roma. La actividad cultural adquiere gran relieve en este periodo: M. es el centro de irradiación y el lugar de perfeccionamiento de la escritura llamada beneventana o casinense. La escuela del monasterio recibe notable impulso por obra de Pablo Diácono. La benevolencia de las autoridades políticas beneventanas con el monasterio agrega entre tanto un patrimonio de tierras a la fundación inicial. A la caída de los lombardos, los francos tratan a su vez de vincularse el monasterio como instrumento eficaz para su política en la Italia meridional. El abad Gisulfo (797-817) mantiene la orientación tradicional favorable a Benevento y se ocupa sobre todo de los asuntos económicos y de la construcción. Se llega así a constituir a fines del s. vlii y comienzos del ix un auténtico ordenamiento administrativo de las posesiones de M. Después de Gisulfo, las vicisitudes del ducado de Benevento inducen a los abades a apoyarse preferentemente en los Señores de Capua. El conflicto con los Señores de Benevento estalla en particular por las continuas peticiones de financiación bajo el abad Diosdado (823-834), y prosigue después, sobre todo con ocasión de la guerra de sucesión al ducado beneventano. Como la debilidad del poder imperial en la Italia meridional priva al monasterio de toda protección, éste queda a merced de los asaltos de bandoleros, que son a veces evitados mediante el pago de tributos. En la segunda mitad del s. IX tiene especial relieve la figura del abad Bertario (m. 883), que se preocupa de la reorganización de los bienes monásticos y, siendo él mismo escritor, promueve la vida cultural. Continúa la orientación política favorable a Capua, entrando a veces en colisión con la política meridional de Juan VIII (v.). Bertario intenta organizar la defensa del monasterio contra las incursiones sarracenas fortificándolo, y fomentando un entendimiento y una acción común entre las fuerzas locales. Sin embargo, en una ofensiva sarracena fue saqueado e incendiado (a. 883): con la destrucción y abandono del monasterio se cierra un periodo muy intenso en la vida de M. tanto por lo que respecta a la vida espiritual como a la cultural y económica.La reorganización verdadera de la comunidad casinense no tiene lugar hasta mediados del s. X con el abad Aligerno. En el siglo siguiente es grandioso el desarrollo y auge del monasterio. Desde el punto de vista de la cultura, M. es en este periodo uno de los centros más vivos. Hay en el s. xi una verdadera escuela de medicina, que extiende su influencia no sólo por Italia meridional con la escuela de Salerno, sino también por Francia. Los estudios de gramática y retórica, desarrollados ya con Pablo Diácono y Bertario, conocen entre los s. XI y XIII el mayor florecimiento. En este mismo periodo da copiosos frutos la actividad poética, sobre todo con Alfano, Guaiferio, Alberico. La tradición historiográfica halla numerosos seguidores: Amato compone una Historia Normannorum; León Ostiense recopila una crónica del monasterio, continuada después por Pedro Diácono. Importante es la obra de reforma espiritual y disciplinar emprendida por el abad Riquerio (1038-55). Bajo el abad Desiderio (1058-87), más tarde papa Víctor III, queda ratificado el renacimiento de M. con la consagración de la nueva basílica. Fue muy estrecha durante este tiempo la colaboración entre los monjes casinenses y el Papa en orden a la reforma, sobre todo moral; en esta perspectiva hay que situar los conatos de aliar a los normandos con el papado, para poder realizar en la Italia meridional un programa de reforma. De M. proceden muchos obispos y cardenales de la época, y tres Papas (Esteban IX, Víctor III, Gelasio II) en poco más de 50 años. En el s. XIII comienza un periodo de malestar y dificultades, si bien no de profunda decadencia. El monasterio, asediado y ocupado varias veces a principios de siglo por los ejércitos imperiales, tras la reconstrucción con Bernardo Aiglerio se encuentra mezclado en la contienda entre los Stanfen (Manfredo, Conrado IV y Conradino) y Carlos de Anjou (v.).En 1321 Juan XXII erige a M. en catedral de una nueva diócesis, cuyo obispo es el abad: medida que da escasos resultados, entre otras cosas por la ausencia continua delos prelados. También el s. XIV marca una etapa de languidez. Testifican la crisis varios episodios: el saqueo por los húngaros, la expulsión de los monjes por Jacobo de Pignataro, el terremoto de 1349. La reedificación del monasterio se lleva a cabo en particular por Urbano V (v.), benedictino, que introduce allí monjes procedentes de monasterios sicilianos y envía como abad a Andrés de Faenza para realizar la obra de reforma. La institución, en 1454, de la encomienda no contribuye a la mejora de la situación: al contrario, a fines de siglo es particularmente calamitoso el periodo de encomienda (1486-1504) de Juan de Médicis, más tarde León X (v.). Esta situación negativa se prolonga hasta 1504, en que, renunciando el de Médicis a la encomienda tras fuerte indemnización, M. entra a formar parte de la Congregación de S. Justina, que toma el nombre de Congregación Casinense. El año siguiente tiene lugar la entrada solemne de los monjes de la Congregación en el monasterio. En la historia de M. es éste un momento fundamental, que pone las premisas del posterior desarrollo; con la restauración de la vida regular se abre un largo periodo de paz. No faltan tampoco en esos años dificultades, originadas sobre todo por la inestabilidad de la situación política en la Italia renacentista; pero M. es, con S. Justina, el centro fundamental de la observancia y la espiritualidad monástica del Renacimiento. Fue intensa la participación de los monjes en el Concilio de Trento.La importancia de M. no disminuye en el s. xvit. El monasterio se encuentra en una situación de relativa tranquilidad, que permite desarrollar una actividad grande, especialmente en el campo cultural y asistencial. De esta forma, M. continúa siendo punto de afluencia de toda Europa y modelo de vida monástica. La paz dura también buena parte del s. xvin, produciendo los mismos frutos, sobre todo en el ámbito de la cultura. Se distingue a principios de siglo Erasmo Gattola (1662-1734) por sus estudios archivísticos y de historiografía casinense, continuados en el siglo siguiente por Octavio Fraja Frangipane (1763-1843). En 1727 se inaugura la nueva basílica, cuya construcción se había prolongado largo tiempo. En la segunda mitad del siglo tienen lugar las primeras tomas de posición hostiles por parte de anticurialistas, como Tanucci. Tropas francesas saquean y profanan en 1799 el monasterio, que es ocupado en 1806 y declarado "Establecimiento Nacional". Tras la desaparición del dominio napoleónico, M. se* recupera poco a poco; contribuye eficazmente a tal fin el papa Pío VII (v .), benedictino. En el s. XIX se echan de ver en el mundo monástico las consecuencias de las supresiones llevadas a cabo por el gobierno italiano. En 1886 la abadía es declarada monumento nacional, y algunos monjes pueden quedarse en ella como custodios. Se produce en M., como en todo el monacato benedictino en general, un movimiento de reactivación a fines del s. XIX por obra de abades ilustres, como Bonifacio Krug (1897-1909). El curso de la vida monástica queda interrumpido dramáticamente durante la II Guerra mundial. El monasterio es bombardeado y destruido el 15 feb. 1944. De la abadía sólo quedan escombros, habiéndose salvado afortunadamente en gran parte el archivo y la biblioteca. El año siguiente se comienza la restauración, siendo abad Gregorio Diamare (1909-45). Con la colaboración y apoyo de los papas se reconstruye la basílica. Paulo VI (v.) la consagra el 24 oct. 1964 y proclama en esta ocasión a S. Benito "Padre de Europa".PAOLA VISMARA.
BIBL.: Chronica S. Benedicti Casinensis, MHG, Scriptores rerum longobardorum, 467 ss.; LEONE OSTIENSE, Chronicon Casinense, ed. WATTENBACK, MGH Scriptores, VII,574-844; E. GATTOLA, Historia abbatiae Casinensis, 2 vol. Venecia 1734; íO, Accesiones ad hist. abb. Cas., 2 vol. Venecia 1734; L. TOSTI, Storia della badia di Montecasino, 4 vol. 2 ed. Roma 1888-90; G. FALCO, Lineamenti di storia cassinese nei s.. VIII e IX, "Casinensia" (1929) 457-548; N. Picozzi, Gli abati commendatari di Montecasino (1454-1504), Roma 1946; T. LECCISOTTI, Montecasino. La vita, l’irradiazione, 3 ed. Montecasino 1956.
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