Montañismo
Categoria:
Varios
Concepto. El m. es la actividad de subir montañas, andar por las montañas y acampar entre las montañas. En principio, no necesita más explicación, ni más justificación. Es un deseo, un afán, a veces, incluso, toda una necesidad espiritual y física. El ir a las montañas entraña un porcentaje de aventura y de deporte. Los montañeros son los hombres que buscan en los espacios limpios. Se buscan a sí mismos. Miran el paisaje, sienten el viento en el rostro y vuelven a la vida diaria con nuevas fuerzas. En los tiempos actuales, se considera deporte. En el caso de que esta consideración fuera afortunada, es un deporte con unas características muy especiales. Es un quehacer libre. Puede practicarlo todo ser humano. Nunca excluye a nadie. A las montañas puede ir cualquier persona normalmente constituida y de cualquier edad. Hay muy diferentes cimas. Un hombre de 70 años que se encuentre sano y fuerte puede alcanzar una cumbre de cualquier sierra de España.El m. es marchar por los valles, acampar, subir y llegar a una cúspide; simple esparcimiento espiritual y físico. No exige cualidades excepcionales, ni costosas instalaciones deportivas. Toda la Tierra, estemos en donde estemos, puede ser escenario de esta singular afición. El río, el valle, el bosque y la montaña forman el cuadro en donde se desarrolla.El m. es una actividad muy amplia; no es solamente marchar, acampar o escalar en la montaña. Es una acción física y deportiva, pero sobre ella es una inquietud espiritual de conocer y vivir sobre unos espacios todavía no contaminados. Es, un poco, ir al reencuentro con la Naturaleza. El m. no tiene reglamentación. ¿Cómo sería posible encerrar en un conjunto de normas, tan diversas actividades y vocaciones? ¿Cómo se podría conjuntar en un mismo reglamento el simple deseo de pasear por el monte, y la pasión de un joven por escalar una pared lisa y vertical en cualquier montaña de la Tierra? La normativa del m. la impone la misma montaña. Hay que conocer bien esas leyes altas que no están escritas. Hay un código que existe y que se respeta. Hay todo un rito que se va asimilando.La denominación de m. se confunde con la de alpinismo. En muchos países, incluido España, se utilizan indistintamente. En sentido estricto, alpinismo es hacer m. en los Alpes; en sentido más amplio, es subir a cualquier montaña. Si quisiéramos precisar tendríamos que decir que alpinismo es practicar un m. difícil o de cierta importancia, por lo menos como el que se realiza en los Alpes. Allí nació este deseo de subir montañas. Allí se creó la técnica, su estilo y su ética. De allí emanaron las enseñanzas. En parte es justo que la denominación de alpinismo se emplee en cualquier cordillera de la Tierra. El m. surge cuando las tierras del planeta están ya descubiertas y también los mares. No queda otro reducto desconocido que las altas montañas. Ciertos hombres sienten deseos de aventurarse, de descubrir este vasto mundo, un poco por encima del mundo.Historia. Los precursores del m. son los escasos habitantes de algunos valles de alta montaña, los contrabandistas, y los ejércitos de los conquistadores. Pero el m. es subir a una montaña por el simple deseo de hacerlo. Pedro III de Aragón, tras vencer a los franceses en los Pirineos en 1285, sintió la atracción de subir al Canigó, una bonita cumbre del Pirineo oriental. Sólo quería saber lo que había allá arriba. Alcanzó la cima en solitario, ya que los dos valientes caballeros que le acompañaban se asustaron. Tras Pedro III, en 1336 Petrarca sube al monte Ventoux (1.912 m.), en Francia; años antes, Dante recorre los Dolomitas o Alpes dolomíticos. Rotario de Asti alcanza en 1358 la primera cima superior a 3.000 m., el Rocciamelone (3.573 m.), en los Alpes italianos. En 1492, se realiza la primera escalada importante. Carlos VIII de Francia contempla la silueta del monte Aiguille, de 2.097 m., en el Delfinado. Todo son paredes verticales para llegar a su cumbre. El rey ordena al caballero Antoine de Ville que suba la montaña. De Ville se siente halagado. El héroe, en unión de diez caballeros, corona la empresa tras algunos días de vertical escalada.Pero la verdadera historia comienza mucho después. En 1786 un médico del valle de Chamonix, Michel-Gabriel Paccard, y Jacques Balmat escalan el Mont Blanc (4.807 m.). Esta ascensión alcanzó un enorme eco.. A esta conquista siguieron otras, y cada vez se perfilaba más el verdadero espíritu del m. En 1865 ya no queda, en las gentes que acometen las cumbres, ninguna preocupación para encubrir el gusto de subir por subir. Edward Whymper llega a la cúspide del Cervino (4.482 m.). La montaña inaccesible ha sido escalada al fin. De los seis hombres que acompañan a Whymper, cuatro desaparecen en el abismo, descendiendo. Así nació el m. como ansia de conquista, lucha y superación. Drama, deporte, o actividad no enmarcada, absorbe contingentes de juventud. El m. que comenzó en los Alpes se ha extendido por el mundo y se practica en todos los países cuyo nivel económico y social lo permiten. En España, en 1904, el Naranjo de Bulnes fue escalado por el marqués de Villaviciosa de Asturias. Poco a poco y de forma minoritaria se practica este quehacer, y las principales cimas de España van siendo conquistadas. Cada vez son más frecuentes las expediciones a lejanas montañas, a los grandes macizos del Himalaya, Andes o Cáucaso. Y la historia continúa, llena de sucesos, y de experiencias, plena de contenido auténtico. Y cada vez, más gentes van a las montañas, a sentir el viento y el sol y recuperar su ritmo, y acoplarlo con el de la Naturaleza.Significado y entidades. El m., juego, deporte, aventura o afán, tiene una intensa significación. El joven encuentra en su práctica un medio de perfección física y moral. La gran ilusión de estar en la montaña ayuda al encuentro consigo mismo. El m. permite sentir la curiosidad de las grandes aficiones: meteorología, geografía, espeleología, botánica y geología; templa el carácter, forja la comprensión y la amistad sin relacionarla con la condición social. Aleja de los pequeños vicios de la ciudad, autodisciplina. El m. no entraña competición. Esto lo separa sustancialmente del concepto actual que la sociedad tiene sobre el deporte. Fundamentalmente, por no ser un juego competitivo, no admite reglamentos, en el más puro sentido del término. El m. es el más libre de los deportes. Existen, no obstante, entidades que aglutinan a los que tienen las mismas aficiones. En España, desde muchos años atrás, el Club Alpino Español, o la Real Soc. de Alpinismo Peñalara, o el Centro Excursionista de Cataluña, laboran por el m. En sus locales sociales se organizan actos, conferencias y marchas. Se construyen refugios por las montañas. Actualmente son centenares las organizaciones privadas que tienen como finalidad la práctica del m. En el mundo, igualmente existen clubs, que se relacionan entre sí por medio de reuniones internacionales, ilustraciones y expediciones conjuntas. El Club Alpino Francés, Suizo o Italiano son verdaderos ejemplos de esta clase de entidades. En ellas se encuentran asociadas todas las autoridades en cualquier materia relacionada con la montaña y el m.C. PÉREZ DE TUDELA.
BIBL.: A. FAUS, Diccionario de la montaña, Barcelona 1963; G. MAZZDTrI, introducción a la montaña, Barcelona 1952; C. PÉREZ DE TUDELA, Mi lucha por la montaña, Madrid 1972; íD, ¿Qué pasó en el Aconcagua?, Madrid 1972; íD, Al encuentro con la Tierra, Madrid 1973; G. RÉBUFFAT, Estrellas y borrascas, Barcelona 1955.
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