Migración I. Estudio General.
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Varios
1. Concepto. Este concepto deriva, etimológicamente, de la palabra latina migratioonis y se utiliza para designar, de un modo general, los desplazamientos de seres vivos. De todas estas corrientes, las humanas son, sin duda alguna, las más importantes, complejas ,y originales. El hombre es un ser dinámico dotado de espíritu, de imaginación y de iniciativa que le permite buscar en otras partes lo que estima, objetiva o subjetivamente, le "falta" en el lugar de origen. Estos desplazamientos humanos, tanto como el crecimiento natural de la especie, explican muchos de los rasgos de la anárquica distribución demográfica de la superficie terrestre y de la evolución y composición de las sociedades humanas. Permiten corregir, en algunos casos, los desequilibrios originados por los movimientos naturales y son, en definitiva, un intento espontáneo, controlado o dirigido para adaptar la población a los recursos, modificar las estructuras económicas, sociales y demográficas, multiplicar los contactos entre los grupos humanos, y, en última instancia, organizar el espacio y la producción. Por último, no debe olvidarse la importancia ejercida por estos movimientos en la trasformación y los progresos de la civilización.2. Clasificación de las migraciones humanas. Una de las mayores dificultades que plantea el estudio de los movimientos migratorios es la definición del concepto de "migrante" (emigrante: el que se desplaza de un lugar hacia otro; inmigrante: el que llega a un lugar procedente de otro espacio geográfico). Factores tan difíciles de precisar como el tiempo, la distancia o incluso la profesión, que influyen en la consideración de una persona como emigrante, no se ajustan a un criterio uniforme. Así, p. ej., ¿cuánto tiempo ha de trascurrir o qué distancia ha de haber entre el lugar de origen y el de destino para que pueda hablarse de emigrante o inmigrante? Estas dificultades han determinado una multitud de esquemas clasificatorios. Atendiendo al factor tiempo, cabe hablar de movimientos migratorios definitivos, temporales y continuos (v. NOMADISMO); por la forma en que se producen, m. voluntarias y forzadas; violentas y metódicas; masivas o individuales; espontáneas o planificadas. Otra distinción puede establecerse según la amplitud de los desplazamientos, distinguiéndose entre m. interiores (aquellas que se realizan dentro de los límites de un mismo país o región) y exteriores, cuando en estos desplazamientos se atraviesa una o varias fronteras, no sólo de un Estado a otro, sino también de un continente a otro distinto.3. Las grandes etapas de la historia de las migraciones. La historia de las m. suele dividirse en tres grandes fases: la prehistórica, la histórica y la contemporánea o estadística, cuyo se sitúa en torno a 1810-15. Sobre los primeros movimientos migratorios sólo pueden formularse hipótesis. Los desplazamientos humanos venían determinados por la obsesión de encontrar alimentos o buscar tierras fértiles, así como por los cataclismos naturales.Entre estos movimientos cabe destacar el de los pueblos amos, mogoles y vedas, bosquimanos, fueguinos, etc. Estas m. prehistóricas son fenómenos masivos, continuos y forzados. Pueblos nómadas, pastores y cazadores, y tribus guerreras se desplazaban incesantemente rechazando a otros pueblos. Los escenarios más importantes de estos movimientos fueron las estepas de Mongolia y de Turquestán y la faja que se extiende entre Arabia y el Magrib.En la Antigüedad se producen habitualmente oleadas de pueblos invasores, procedentes del Este, que se dispersan por Europa oriental y la cuenca mediterránea y después por Occidente (hicsos en Egipto, filisteos en Palestina; escitas en Asia Menor; griegos en todo el Mediterráneo, etc.). A partir del s. II d. C. se producen los grandes desplazamientos de pueblos bárbaros que amenazan las fronteras del Imperio romano y que en los s. IV y V, bajo la presión de los hunos sobre los eslavos y la de éstos sobre los germanos, se hacen incontenibles (invasiones germánicas).En esta etapa se produjo también la primera invasión mogólica en Europa (pueblo huno). Al lado de estas emigraciones violentas y destructoras tienen lugar las m. colonizadoras (fenicios, griegos, cartagineses, romanos, galos, sirios y judíos), las m. forzadas (esclavitud), y un primer éxodo rural que absorbieron las ciudades del litoral mediterráneo (Atenas, Roma, Alejandría, etc.).La Edad Media constituye un largo periodo comprendido entre dos grandes movimientos migratorios: la invasión germánica y la turca. En esta etapa persistieron los movimientos de pueblos asiáticos hacia Europa (tras los hunos y tártaros, los magiares, mogoles, y turcos). La Edad Media conoce asimismo las invasiones árabes que, procedentes del Asia interior, se extendieron por el norte de África y, posteriormente, por el Suroeste de Europa. Este continente constituyó también durante esta época, un foco emisor hacia Asia (Cruzadas).En el Sudeste asiático se producen movimientos intercontinentales hacia Oceanía e incluso a África (m. malayas que durante 15 siglos poblaron las islas de Melanesia, Polinesia, y del océano índico).Junto a estos movimientos intercontinentales tienen lugar en el interior de los continentes diversos movimientos migratorios. Europa, en la primera mitad del medievo, continúa recibiendo las últimas oleadas de pueblos germánicos (francos, alemanes, normandos y vikingos en Occidente; y eslavos en Europa oriental). Además de estos últimos movimientos migratorios violentos, se producen m. más apacibles (peregrinaciones, ferias, repoblación de espacios conquistados, etc.). Estos mismos movimientos intracontinentales se repiten en Asia (movimiento de chinos), en África (bantúes desplazando a bosquimanos y hotentotes) y en América (pieles rojas y, de modo especial, los aztecas).La Edad Moderna se inicia con el descubrimiento del continente americano, que da lugar a una nueva fase en la historia de las m. Los descubrimientos hechos por los europeos en los s. XV y XVI dieron comienzo a una larga historia de colonización. Esta nueva m. afecta durante estos siglos a españoles (2 millones en toda la Edad Moderna) y portugueses, que se dirigen fundamentalmente a América Central y del Sur. En el s. XVII y sobre todo en el XVIII se desarrolló la emigración británica, holandesa y francesa (instalación de 750.000 colonos, especialmente británicos, en lo que hoy constituyen los Estados Unidos, y de 11.000 franceses en el Canadá). En el s. XVIII se incorporan los alemanes y nórdicos (daneses y suecos), aunque estas corrientes tuvieron una importancia menor y la de los primeros pronto se vio interrumpida.A estas m. europeas voluntarias y espontáneas hay que añadir el tráfico de esclavos negros. Se estima que el número total de esclavos llevados a América fue, desde el s. XVI hasta la abolición de la esclavitud en 1865, de 15 millones, transportados en unas 50.000 expediciones por británicos (incluyendo los Estados Unidos hasta 1783) y portugueses, que van a la cabeza en este tráfico con unos 4,5 millones, seguidos por los franceses (2 millones), holandeses (1,8 millones), españoles (1 millón) y norteamericanos, después de 1783 (1 millón) (cfr. ONU, Population Studies, 17, Nueva York 1953; A. M. Carr-Saunders, World Population, Oxford 1936). Este comercio de esclavos explica la faja de poblamiento negro que se extiende desde el Sur de los Estados Unidos, por las islas del Caribe y América Central y costas de América del Sur hasta Sáo Paulo.Las m. intracontinentales continúan durante la Edad Moderna, aunque sólo son bien conocidas en Europa. Las guerras de religión, las guerras civiles, y la reforma protestante, producen persecuciones religiosas y políticas que inducen a muchos a buscar refugio fuera de sus países (moriscos expulsados de España al norte de África, papistas ingleses y escoceses que se dirigen a Europa, católicos alemanes a Austria, protestantes ingleses a Irlanda del Norte, hugonotes franceses a Alemania, Inglaterra y y Países Bajos, etc.). En esta época se producen asimismo m. motivadas por, el deseo de colonizar nuevas tierras (colonización de Ucrania, colonización de Sierra Morena en España, colonizaciones en Hungría y especialmente la realizada en la Prusia polaca por Federico 11 que instaló en sus Estados unos 300.000 colonos procedentes del Sur y Suroeste de Alemania).Las grandes líneas de los movimientos migratorios prehistóricos e históricos, pueden resumirse en algunos rasgos fundamentales: En primer lugar, la gran importancia de la "divergencia periasiática". Del centro y Este de este continente se propagan oleadas sucesivas de pueblos que se dirigen a Europa y a América respectivamente, y de sus costas sudoccidentales infiltraciones hacia África y el Mediterráneo. El continente americano se comporta, desde el punto de vista de las m. históricas, como un gran centro receptor. Europa, en un principio, constituyó el término final de la emigración procedente de Asia y más tarde desempeñó el papel de "cabeza de puente" de la emigración al continente americano. Por último, África representa el continente de la pasividad, ya que fue primero desposeído de sus hombres (tráfico de esclavos) y más tarde colonizado.4. Las migraciones contemporáneas. Las m. intercontinentales o transoceánicas son las más amplias, las másespectaculares y las que ofrecen menos dificultades de evaluación estadística. Europa se convierte en la reserva principal de hombres, sustituyendo a Asia, y dirige sus excedentes de población a América en un 95%. El Mediterráneo cede la hegemonía al Atlántico en lo referente al movimiento migratorio. La raza blanca adquiere la supremacía del Globo, tomando posesión de los territorios no explotados, o bien sometiendo bajo su dominio áreas de gran tradición histórica. La emigración europea transoceánica, aunque ya se esboza en la segunda mitad del s. XVIII, con los comienzos de la primera revolución agraria, sólo cristaliza después de la Independencia de las colonias hispanoamericanas. El apogeo de estas m. se sitúa entre 1840 y 1914. El movimiento pierde intensidad a partir de este último año, y sobre todo después de la aplicación de las leyes restrictivas a la inmigración por parte de los Estados Unidos. El resultado más espectacular de este movimiento migratorio, fue la creación de nuevos países, prolongación de la civilización europea; hizo posible el imperialismo (v.) de las grandes potencias occidentales y dio impulso a las m. amarillas e indias fuera de Asia.La emigración transoceánica movilizó a contingentes demográficos hasta entonces desconocidos. De 1840 a 1920, salieron de Europa 44 millones de personas. Hasta 1890 el mayor volumen procedía de las Islas Británicas (8 millones entre 1846 y 1890 sobre una emigración total de 17 millones de personas procedentes de toda Europa). Entre 1891 y 1920 se registró la mayor salida de emigrantes europeos: en total unos 27 millones que suponían un promedio anual de 910.000 salidas, a las que contribuían fundamentalmente, Italia con 246.000, Gran Bretaña, 160.000, Austria, Hungría y Checoslovaquia 145.000, Rusia, Polonia, Lituania, Estonia y Finlandia, 118.000 y 139.000 España y Portugal. La mayor parte de estos emigrantes, salvo españoles y portugueses que se asentaron en Iberoamérica, se dirigieron a Norteamérica y especialmente a los Estados Unidos.La I Guerra mundial supuso un corte brusco en este movimiento migratorio y, después del conflicto bélico, la emigración procedente del Sur y Este de Europa fue frenada por las leyes americanas de emigración (Quota Acis de 1921 y la Inmigration Restriction Act de 1924). Sin embargo, muchas personas de la Europa mediterránea continuaron su emigración después de 1924 a Iberoamérica. La gran recesión económica de los años treinta redujo esta emigración a niveles muy bajos y posteriormente la II Guerra mundial la anuló de forma casi total.El segundo gran foco de emigración contemporánea se sitúa en el Extremo Oriente. Aunque estos pueblos son poco dados a la emigración, existen fuera de sus países colonias importantes de chinos, japoneses, indios, sirios y libaneses. Los chinos se infiltraron profundamente en el Sudeste asiático. Sus intentos de instalarse en los Estados de poblamiento de origen sajón constituyeron, sin embargo, un fracaso. En Perú y Brasil tuvieron mejor acogida, y asimismo penetraron en Sudáfrica, aunque en escaso número. La emigración japonesa, concebida durante muchos años como una "política nacional", se orientó fundamentalmente en dos direcciones; por una parte hacia a América (Hawai, Estados Unidos, Canadá) y después a Iberoamérica (Perú y Brasil); por otra parte, otra corriente se dirigió a las regiones limítrofes asiáticas. El final de la 11 Guerra mundial produjo la repatriación de todos los japoneses y el movimiento emigratorio se efectuó después, en proporciones reducidas a Iberoamérica. La emigración india se dirigía antes de 1915 a las colonias británicas de Trinidad, Guayana, África Oriental, Fidji y Mauricio. La emigración actual es esencialmente continental y se orienta hacia Ceilán y Malasia. Otro núcleo de emigración que se caracteriza por su gran difusión, es el de los sirios y especialmente el de los emigrantes libaneses, de los que existen colonias importantes en los Estados Unidos, República sudafricana y en las islas del Indico y Pacífico. Finalmente hay que destacar la movilidad de los judíos, cuya emigración continúa a pesar de la creación del Estado de Israel (1948), que sólo absorbe una proporción escasa de los contingentes migratorios.5. Los movimientos migratorios recientes. En los últimos 30 años las m. adquieren unas características diferentes de las que habían tenido hasta entonces. Surgen corrientes migratorias que si bien no son originales en cuanto a la forma, sí lo son por las masas que movilizan (m. forzadas). A las m. espontáneas y anárquicas suceden m. dirigidas o asistidas por los poderes públicos. A la emigración de carácter individual sucede una emigración de carácter colectivo. Por otra parte, la emigración es fundamentalmente intracontinental e incluso interior, frente a la tradicional emigración transoceánica.Desde la II Guerra mundial hasta nuestros días, cabe distinguir tres tipos de emigraciones: Un movimiento migratorio forzado: transferencias de población determinadas por la voluntad de ciertos Estados, oleadas de refugiados y deportaciones masivas. El segundo tipo es una emigración motivada, en gran parte, por causas económicas y que comporta desplazamientos esencialmente intracontinentales o simplemente interiores (éxodo rural), relacionados estrechamente con una complementariedad entre la oferta de mano de obra y la necesidad por parte de los países más desarrollados de fuerza laboral, generalmente de escasa cualificación. El tercer tipo corresponde a la continuación, aunque debilitada, de las grandes corrientes migratorias intercontinentales de poblamiento del s. XIX y comienzos del XX.a) Migraciones forzadas. E,n estos últimos años, los movimientos de población más importantes fueron sin duda los desplazamientos forzados de hombres durante y, sobre todo, al finalizar la II Guerra mundial. Estos movimientos afectaron de manera especial a Europa y Asia. En Europa, de 1945 a 1967 se desplazaron aproximadamente 46 millones de personas (cfr. L. Dollot, Las migraciones humanas, Barcelona 1971, 112), fundamentalmente alemanes (más de 10 millones), polacos (1,5), fineses, italianos, húngaros, checos, eslovacos, etc.En Asia asistimos asimismo a desplazamientos de este tipo. De 1937 (invasión japonesa en China) a 1946, unos 42 millones de asiáticos, predominantemente chinos, se han desplazado ante el avance, ocupación o retirada de las tropas enemigas. Por otra parte, la repatriación de japoneses tras su derrota afectó a seis millones de personas procedentes de China, Manchuria, Formosa y la Unión Soviética. De 1950 a 1953, la guerra de Corea provocó una movilización de nueve millones de personas. La implantación del régimen comunista en China continental originó la huida de los disidentes a Formosa. La división de la India y la creación de Pakistán provocó entre 1947 y 1950 la movilización de 18 millones de seres (7,5 millones de musulmanes y 10,5 millones de hindúes y sikhs). Otros movimientos de este tipo, tuvieron lugar en Vietnam, Camboya, Java, Tibet, etc. Hemos de mencionar, asimismo, los originados por la creación de Bangla Desh.Fuera de Europa y Asia, las m. de carácter político no revisten esta magnitud. Aun con todo, existen notables excepciones como el caso de los 200.000 cubanos (1964)refugiados en Estados Unidos, los franceses (1,3 millones) repatriados del Norte de África y la existencia de más de un millón de refugiados palestinos.b) Los movimientos de carácter económico. Aparecen sobre todo después de 1950. Este fenómeno, aunque no exclusivo, se advierte particularmente en Europa, donde los países altamente evolucionados de Occidente, a causa del desajuste entre su crecimiento económico y demográfico, deben acudir a los países mediterráneos en busca de mano de obra poco cualificada. En estos últimos, la emigración a Ultramar, poco intensa después de la II Guerra mundial, comenzó a disminuir a partir de 1958 e incluso se aprecia recientemente un mayor número de retornos que de salidas. En Europa, los principales focos de atracción son Alemania (2.937.886 inmigrantes entre 1960 y 1967), Suiza (2.666.991) y Francia (901.185) que se nutren fundamentalmente de italianos (predominantes hasta 1961), españoles y más recientemente de griegos, portugueses, turcos e incluso norteafricanos (cfr. F. Sánchez López, Emigración española a Europa, Madrid 1969). Análogas m. se advierten fuera de Europa, en los Estados Unidos (inmigrantes del Canadá y de Iberoamérica), Argentina (de países vecinos), Ghana (emigrantes de África Occidental, Tanzania y Uganda), República sudafricana, etc. En Asia, sólo la India sigue siendo un país de inmigración; China y Japón han dejado de serlo.Los desequilibrios económicos que han producido estas m. de complementariedad entre distintos países han originado también, a escala nacional, desplazamientos masivos de población rural hacia las ciudades y de habitantes residentes en áreas deprimidas hacia los focos económicamente más dinámicos. Este éxodo rural comporta varios niveles. Hay efectivamente en él una movilidad geográfica, una movilidad ocupacional y profesional, una movilidad social y una movilidad cultural (cfr. V. Pérez Díaz, Emigración y cambio social, Barcelona 1971). El fenómeno del éxodo rural es y ha sido universal, aunque en nuestros días cobra especial significación en los países subdesarrollados.c) Migraciones intercontinentales. Esta emigración sólo ha vuelto adquirir alguna importancia en Europa Occidental. El Reino Unido va a la cabeza (223.000 emigrantes en 1965) de los cuales 193.000 se dirigieron hacia los países de la Commonwealth) seguido de Italia, España, Malta, etc. Los países de inmigración son Australia (2.400.000 inmigrantes entre 1945 y 1968), Canadá, con un volumen anual de inmigrantes semejantes al australiano (146.758 en 1965) y los Estados Unidos, con un volumen anual de entradas de unas 300.000 personas. Desde 1945 la inmigración en Iberoamérica sólo tiene importancia en Argentina y Venezuela.Aparte de estos tipos de m. existen otros desplazamientos que obedecen a una especie de ritmo, por lo que se les da el nombre genérico de "oscilaciones". Éstas pueden ser motivadas por razones de trabajo (desplazamientos estacionales como la trashumancia, m. agrícolas de temporada o expediciones de obreros para determinados trabajos industriales; y m. cotidianas entre el lugar habitual de residencia y el de trabajo, o de ocio (turismo).6. Los movimientos migratorios españoles durante el siglo XX. Los movimientos migratorios exteriores españoles han tenido como destino fundamentalmente, hasta hace muy pocos años, los países hispanoamericanos. De 1900 a 1970 (datos del Inst. Español de Emigración) el número de emigrantes transoceánicos por vía marítima fue de 3.557.151. La época de mayor apogeo corresponde al primer tercio de siglo (2.637.977 en 190030). No obstante, a partir de 1926 se observa ya una disminución que se continuará hasta 1949, fecha a partir de la cual la emigración experimenta una ligera recuperación hasta 1957. Desde esta última fecha, la emigración desciende hasta 1964, año en que se estanca en torno a los 20.000 emigrantes anuales, al mismo tiempo que se registra un aumento del número de retornados.Todos los países iberoamericanos han acogido emigrantes españoles, destacando de forma especial Argentina y en la actualidad Venezuela, que ocupa el primer lugar. La emigración a Ultramar está constituida fundamentalmente por emigrantes procedentes de la España atlántica y en particular de Galicia, región cantábrica y Canarias, incorporada más recientemente (1951). Esta emigración ha experimentado cambios sustanciales en los últimos años en cuanto a la composición demográfica y profesional. Antes de la Guerra civil, los emigrantes eran predominantemente población masculina, joven, activa y rural. En la actualidad es una emigración, más equilibrada en cuanto a la composición de sexos y edades, tiene un carácter de reagrupación familiar y una mayor cualificación profesional (predominio de obreros industriales, técnicos, profesionales, etc.).Frente a la escasa importancia en nuestros días de la emigración transoceánica, destaca el auge adquirido, a partir de 1960, por la emigración hacia Europa, la cual ha permitido alcanzar volúmenes medios anuales semejantes e incluso superiores a los alcanzados por la emigración a América de principios de siglo. De 1960 a 1970, el total de emigrantes asistidos por el Inst. Español de Emigración a Europa, ascendió a 752.504, a los que hay que añadir la salida de 865.772 (1962-70) obreros para las campañas agrícolas de Francia. Esta emigración se dirige fundamentalmente a Alemania (45,51en 1961-70), Suiza (25,07%) y Francia (22,70). La participación regional en esta emigración acusa un predominio de las regiones andaluza (29,56%), gallega (20,62%) y central (Castilla la Nueva, Segovia, Ávila, Soria y Extremadura), con un 12,78%. Esta emigración se realiza con población activa (98,5%), masculina (80,82%) y de escasa cualificación.Simultáneamente a estos movimientos exteriores se registran en España corrientes migratorias interiores que afectaron de 1900 a 1960 a unos 7 millones de personas (cfr. García Barbancho, Las migraciones interiores españolas, Madrid 1967). Los valores máximos correspondieron antes de la Guerra civil, al decenio 1921-30 (1,17 millones). Tras el periodo de posguerra, la emigración interior muestra a partir de 1950 un ritmo acelerado de crecimiento que culminará en el decenio 1961-70 con el desplazamiento de 3.719.725 personas (Datos del Inst. Nac. de Estadística). Existen en España unas regiones tradicionales de emigración localizadas en la mitad norte del país (Galicia, Valles del Ebro y Duero) a las que hay que añadir Andalucía oriental, y unas regiones incorporadas modernamente a las anteriores, situadas en la mitad meridional (Valles del Tajo y Guadiana y toda Andalucía). Al mismo tiempo que se produce una ampliación del área emigratoria, los focos de atracción han permanecido inmutables (Madrid, Barcelona y el País Vasco), siendo cada vez más reducidas las áreas de inmigración. Ésta afecta a familias enteras y está compensada en cuanto a su composición por sexos (52,48% de varones). Es una emigración de personas jóvenes (50,51% de menos de 25 años) y con un predominio de obreros de escasa cualificación (porcentajes referidos al periodo 1962-70).RAFAEL PUYOL
BIBL.: Anuario Demográfico de las Naciones Unidas; Statesman’s Year Book Almanae; ÍNST. NAC. DE ESTADÍSTICA, Anuarios estadísticos; M. REINHARD, y R. ARMENGAUD, Historia de la población mundial, Barcelona 1965; J. BEAUJEAU-GARNIER, Géographie de la population, París 1956; L. DOLLOT, Las migraciones humanas, Barcelona 1971; 1. NADAL, La población española, Barcelona 1971; A. GARCÍA BARBANCHo, Las migraciones interiores españolas, Madrid 1967; J. GARCÍA FERNÁNDEZ, La emigración exterior de España, Barcelona 1965
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