México (estado y Ciudad) Iv. Arte. ARTE
Categoria:
Arte
En Tenochtitlán, centro principal del imperio azteca, se estableció la capital del virreinato de Nueva España. Durante toda la colonización española en América fue la ciudad más importante; sus monumentos, ejemplares de primer orden en el desarrollo del arte hispanoamericano, ejercieron una profunda influencia no sólo en la comarca, sino en todo M.M. fue la primera gran ciudad con trazado urbano a cuadrícula que se levantó en América. Como es sabido, a excepción de los núcleos urbanos mineros, esta organización fue la común a los principales centros de América. Alonso García Bravo fue quien la trazó. Las obras se iniciaron en 1522 y, no muchos años después, la ciudad contaba con un buen número de monumentos que tuvieron como problema de su construcción el terreno pantanoso sobre el que se asientan. La ciudad se proyectó con una gran plaza en la que se situarían las principales construcciones: catedral, edificios oficiales, etc. La catedral era el principal de todos ellos. El actual templo no se comienza hasta 1563, sustituyendo a otro anterior que resultaba insuficiente. Las obras se llevaron a cabo con celeridad, dado que en los primeros años del s. xvii parte de la cubierta estaba realizada, si bien su construcción, en lo que a detalles y obras de adorno se refiere, se prolongó por mucho más tiempo. Fue consagrada en 1667 y terminada en 1813. La traza es de Claudio de Arciniega, que proyectó un templo de tres naves con capillas, sin girola, rematado en un ábside poligonal. Es el edificio más importante del s. XVI conservado en la ciudad de M. dado que no quedan otros de interés de esta centuria.M. es una ciudad eminentemente barroca. Las reformas urbanísticas posteriores al s. XVI configuraron su fisonomía. Aunque no pueden compararse por su número ni importancia las obras realizadas durante el s. XVII con las de la centuria siguiente, algunas deben ser registradas. Uno de los aspectos más importantes de la actividad arquitectónica de esta centuria es la serie de fundaciones conventuales que se realizan entonces. Los conventos de monjas presentan una estructura muy generalizada: una nave con dos portadas, en las que se centra todo el interés decorativo del edificio, según la visión de sor Juana Inés de la Cruz (una está dedicada a la Virgen y otra a S. José: La Encarnación, 1632; Balvanera 1648); junto a ellos no faltan los de portada única (S. Jerónimo, 1626). Todas estas fundaciones, como las de S. José de Gracia, la Concepción o S. Teresa, constituyen un importante capítulo del desarrollo de la ciudad de M. La arquitectura conventual del s. XVII que se desarrolla en la ciudad viene a ser como un intermedio, entre el de los grandes programas constructivos llevados a cabo poco después de la conquista y el esplendor barroco del s. XVIII. En ellos se abandonan las formas del Renacimiento pero no se produce una plena integración a las soluciones del edificio barroco como veremos generalizarse en la centuriasiguiente; incluso subsisten elementos mudéjares, representados por la figura de fray Andrés de San Miguel, como en la derribada iglesia de La Merced, cuyo artesonado era uno de los más expresivos ejemplos de la pervivencia en pleno s. XVII de este elemento arquitectónico de tanto arraigo en la arquitectura española.Tras este preludio, la trasformación urbana experimentada a lo largo del s. XVIII determina un carácter, en muchos aspectos casi definitivo, de la estructura urbana de M. Junto a los edificios públicos (Aduana, Casa de la Moneda), que se levantan gracias al impulso de los virreyes, surgen una serie de casas con bellas portadas que levantan las familias enriquecidas con la minería y la agricultura. Desde el punto de vista urbanístico, se realizan reformas importantes, como la mejora de la Alameda y realización de un nuevo paseo en las afueras, impulsado por el virrey Bucarelli. También la construcción de un nuevo mercado, El Parian, existente hasta el s. XIX, el palacio de los virreyes que sustituye al que había sido incendiado por los indios en 1692, el palacio arzobispal, los colegios de S. Ildefonso y de las Vizcaínas son ejemplos expresivos del impulso constructor que, con nuevo brío, se despierta a lo largo de esta centuria.En una primera etapa, Pedro de Arrieta (autor de La Profesa) marca el paso del clasicismo del s. xvit al barroquismo dominante en la centuria siguiente. Elementos propios del barroco mexicano, como el arco semioctogonal, lo hallamos en el edificio de La Inquisición, realizado en la cuarta década del siglo. Continuador de su estilo, pero dando un importante paso hacia el triunfo del barroco, Miguel Custodio Durán introduce en las pilastras onduladas (S. Lázaro, S. Juan de Dios) una dinámica en la ornamentación de las portadas, al igual que Luis Díez Navarro lo hace en la estructura de algún edificio, como la desaparecida iglesia de S. Brígida; a este arquitecto pertenece la Casa de la Moneda.Sin embargo, la culminación del barroco está representada por Lorenzo Rodríguez (v.), quien impone el estípite en la decoración de las portadas. Este elemento, que triunfa en la ciudad de M., se impone en todo el virreinato hasta ser característico de la arquitectura barroca mexicana. Con Lorenzo Rodríguez, las portadas se convierten en auténticos retablos labrados en piedra; la del Sagrario, su obra maestra, es uno de los más logrados ejemplos de toda la decoración barroca del s. XVIII. Estas portadas, los edificios civiles, con sus torreones en ángulo y portadas, los edificios públicos, cambian la fisonomía de la ciudad, en la que pronto se deja sentir una reacción, contra lo abigarrado de la decoración, en la vuelta, o evolución, hacia una mayor severidad ornamental que representa la obra de F. A. Guerrero y Torres (v.). Hemos de tener en cuenta un hecho importante para comprender la evolución de la arquitectura mexicana del último tercio del s. XVIII y primeros años del XIX: la fundación de la Acad. de S. Carlos y la polémica entre barrocos y neoclásicos. El neoclasicismo de M. Tolsá (v.) y F. E. Tresguerras (v.) marca un nuevo sentido a la arquitectura de la ciudad dominante cuando sobreviene la independencia. A partir de entonces, se deja sentir una actitud antiespañola con el triunfo del neogótico y la aparición de una arquitectura burguesa que produce una trasformación del carácter barroco de la ciudad. Concretamente en 1851 se emprenden una serie de reformas que destrozaron buen número de edificios de carácter. Y bajo Porfirio Díaz hace su aparición el Art nouveau (palacio de Bellas Artes), que incorpora arquitectónicamente la ciudad a las modas europeas. Con posterioridad, la arquitectura moderna (p. ej., Bibl. de la Universidad, de Mario Pan¡ y del Moral, Museo de Arte Moderno) ha dado a la ciudad ese carácter de ciudad histórica, pero integrada a los nuevos tiempos, que define a todo el país.V. NIETO ALCAIDE
BIBL.: D. ANGOto, Historia del Arte hispanoamericano, Barcelona 1955-56; L. CASTEDO, Arte precolombino y colonial de la América Latina, Barcelona 1970; F. DE LA MAZA, Sobre Arquitectura art-nouveau, "Anales del Inst. de Investigaciones Estéticas", 1957; A. BONET CORREA, La arquitectura de la época porliriana en México, Murcia 1966
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.